Fidel nos “mal acostumbró” a tener la seguridad que nos dirigía un ser extraordinario —dígase pronto: un genio—, pero en el mundo los gobiernos están copados por personas normales y hasta normalitas. Llenar el vacío que inevitablemente la muerte del Comandante nos dejaría, refuerza el deber que tenemos de cuidar colectivamente la limpieza del proyecto.
“Es uno de los más grandes personajes del Siglo XX. En Francia, no existe ninguno de su talla, ni siquiera Charles de Gaulle. Se quiera o no a Fidel Castro, este hombre es un mito vivo…” Esto me lo expresó el gran actor francés Pierre Richard, durante una entrevista que realicé hace unos años.
Desde su perspectiva, el Informe MacBride (Many Voices, One World: Towards a New More Just and More Efficient World Information and Communication Order, 1980) conserva una actualidad extraordinaria. Su defensa de una comunicación más justa advierte que la desigualdad informativa no era un accidente técnico.
Resulta un inmenso honor, pero aún más un compromiso, presentar en un año tan relevante para el pueblo de Cuba como el del Centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, las Obras Escogidas de quien ha sido el más preclaro hijo de Cuba desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. (Palabras de Presentación de las Obras Escogidas del Comandante en Jefe, 12 de agosto, Palacio de las Convenciones) »
Fidel Castro duerme vencido por el cansancio mientras varios jóvenes lo rodean con la curiosidad alegre de quienes descubren que el héroe también cierra los ojos. En otras fotografías come con campesinos, monta a caballo en una cooperativa, se toma un helado, alimenta a un elefante en Nueva York o improvisa, con un par de cucharas, el baile de Alicia Alonso. No aparece en esas escenas una carga al machete ni una columna guerrillera avanzando sobre la montaña.
Imposible conmemorar este acontecimiento de tan honda resonancia universal en solitario. Fidel no es solo de Cuba. Fidel es de todos los revolucionarios del mundo que admiran su obra y comparten sus ideas. ¡Fidel es de toda la humanidad! Ser fidelista no es profesar una fe ciega. Es una honorable actitud ante la vida. Ser fidelista es definirnos como permanentes luchadores antimperialistas y contra todas las injusticias del mundo.
Ensayo sobre la vida, la obra y el pensamiento de Fidel Castro, en el centenario de su nacimiento: Fidel Castro pertenece a esta estirpe de personas que no caben en un libro de historia, la de quienes convierten su propia vida en un territorio tan vasto que ninguna biografía alcanza a cercarlo del todo.
La grandeza de Fidel no solo se medía en discursos o victorias políticas, sino en gestos silenciosos que conmovían al mundo. Uno de esos momentos fue su entrega total a los niños ucranianos afectados por la radiación de Chernóbil. No se limitó a recibirlos en La Habana: los visitó en Tarará, conversó con sus familias, reunió a los mejores especialistas y creó un programa de atención con el más alto nivel científico. Así era Fidel: un líder excepcional, un maestro, pero sobre todo, un ser humano profundamente comprometido con el dolor ajeno, sin importar fronteras.