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Revisitando la historia, con sequía de huracanes

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Imagen referencial. Foto: Archivo.

Aunque será la próxima entrega la que le dedicaremos al resumen mensual habitual, ahora de septiembre, en esta ocasión tenemos que adelantarnos ligeramente. Septiembre siguió su comportamiento climatológico y ha sido el mes “más activo” de la temporada ciclónica. Así que este resumen promete ser ligeramente más extenso, ya que vio la mitad de ciclones formados hasta la fecha.

Pero mientras que esperamos 7 días para analizar este mes que cerramos hoy, vamos a seguir conversando de ciclones, en una temporada que apunta a ser récord, no precisamente por la cantidad ni intensidad de sus sistemas. Un tema candente que quizás ya se ha enfriado es la ausencia de huracanes hasta la fecha, lo que llevó a revisar las estadísticas en busca de situaciones similares.
Y ahí comienza las contradicciones o divergencia de opiniones, sobre el periodo en que se debe hacer la comparación: considerar la era satelital o toda la cronología.

Fue el 11 de septiembre la fecha más tardía en la que se había formado un huracán en la era satelital con Gustav, no la versión de 2008 sino de 2002 que fue huracán por apenas unas horas, un puesto compartido con Humberto de 2013.

Decimos fue porque ya 2026 cruzó hace tiempo esa casilla del calendario y se va acercando al 8 de octubre, el récord absoluto de formación más tardía de un huracán, que data de 1905.

De formarse alguno posterior a esa fecha, subiría al primer lugar de todos los tiempos, sino se formase ninguno…, entonces el récord permanecería “intacto” y se uniría a la corta lista de temporadas sin un huracán documentado. Hay solo dos temporadas ciclónicas en la historia, desde 1851 hasta la fecha, en las que no se reporta ningún huracán: 1907 y 1914.

Algunos estudios han estimado que para ambas temporadas hay una probabilidad de que al menos haya existido un huracán que se escapó de la cronología, por la cantidad de área ciega sobre los océanos, por lo que bien la de 2026 podría ser la más tranquila de la historia.

Aunque tomando los datos históricos sí verificados, no sería la única, siempre con la advertencia de que anterior a 1950 con la no existencia de información satelital ni de vuelos de reconocimiento, crece grandemente la posibilidad de que la información se haya subestimado.

Es precisamente cuando se hablan de datos históricos que las estadísticas de distintos periodos chocan, en algunos pasos por el nivel de fiabilidad o incertidumbre en sus mediciones o datos. Para muchos se toma como referencia la era satelital para cualquier análisis estadístico, ya que fue en la década del 60 del pasado siglo cuando las observaciones regulares desde el espacio permitieron ver lo que ocurría en el océano.

Si bien los satélites nos ayudamos a ver mejor, no son infalibles sobre todo en aquellas épocas tempranas en que la calidad y cantidad de información eran muy pocas comparadas con las de décadas más recientes.

Revisando el pasado

Aunque pareciera que todo ya estaba visto entre cielo y tierra, es parte de la propia ciencia el revisitar el pasado, analizando en busca de información y re-analizándola en busca de una mayor certeza.

Por ejemplo, recientemente un comité de expertos del Centro Nacional de Huracanes (NHC) culminaron la revisión de los ciclones tropicales del quinquenio 1971-1975, lo que trajo cambios a la climatología. Por ejemplo, se añadieron a la lista 14 nuevas tormentas tropicales o subtropicales, 11 de ellas a partir de depresiones tropicales existentes, las que se determinó que sus vientos fueron subestimados.

Por otro lado, se eliminaron 21 depresiones tropicales y el huracán Dawn de 1972 fue degradado a una tormenta tropical. El caso contrario fueron Delia de 1973 y Amy de 1975, dos tormentas tropicales ahora clasificadas como huracanes, así como Ginger (1971) y Doria (1975) que fueron clasificados como huracanes de gran intensidad a partir de ahora. Estos son los cambios que más saltan a la vista, pero incluyeron muchas correcciones menores en valores de vientos, presión central trayectoria etc.

Revisiones de décadas anteriores ya habían producido algunos cambios, quizás en todos los casos no tan llamativos. Por ejemplo, un nombre que recordarán los cubanos: Flora, el huracán más mortífero de la década de 1960 y uno de los más letales de toda la cronología.

En el análisis de la temporada de 1963, arrojó que su intensidad la primera vez que tocó tierra en la isla de Tobago, era inferior a la que se tenía hasta ese momento, disminuyendo su categoría de tres a dos en la escala Saffir-Simpson. Cuando lo hizo por Haití fue lo contrario, se había subestimado ligeramente la fuerza de sus vientos, al igual que cuando visitó por segunda vez el suelo cubano, elevando la fuerza de sus vientos de 150 a 160 kilómetros por hora.

Los ciclones tropicales siempre han existido, de hecho, el nombre de huracán proviene de la lengua taína, los habitantes originarios que vieron a los “descubridores” llegar a sus tierras. Estudios de sedimentos en algunos puntos del mar Caribe permiten seguirles la pista a estas tempestades tan “hacia atrás” como unos 5000 años, si bien no se puede comprobar su presencia, pero no estimar ni su intensidad ni conocer ningún aspecto de sus trayectorias.

El primer “reporte” de un huracán proviene del propio Cristóbal Colón en 1495, en su segundo viaje al Nuevo Mundo, aunque hay evidencias que el año anterior un fenómeno similar pudo golpear La Española, la isla que comparten actualmente República Dominicana y Haití.

Otros datos anteriores, tomados de documentación no especializada como el Archivo General de Indias, permitieron conocer de huracanes que ocurrieron desde los primeros años de la colonización, por crónicas de daños a ciudades y convoyes.

Si en algún hallazgo arqueológico precolombino se encontraran evidencias consistentes de un huracán y sus efectos, no sería posible construir su trayectoria ni otras variables, salvo estimar su intensidad en algún punto.

Es desde 1851 es que se tiene la cronología más extensa de estos sistemas, una fecha no seleccionada por factores meteorológicos, sino organizativos. Fue el momento en que se empezaron a llevar registros sistemáticos y centralizados que permiten construir una serie internacional. Es por ello que cuando se trata con la historia meteorológica, cada periodo es válido siempre con las limitantes de la información disponible en cada caso.

Nos vemos en la próxima entrega, ya con septiembre totalmente cerrado y quizás a pocas horas de que 2026 suba al tope de la tabla de las temporadas con el huracán más retrasado de la historia.

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Elier Pila Fariñas

Elier Pila Fariñas

MSc., Investigador Agregado del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba.

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