El capitalismo es el lobo del hombre

Banderas de Cuba y Estados Unidos. Foto: AP
¿Es, para el caso de Cuba, la rentabilidad inmediata el objetivo fundamental del imperialismo (estadounidense) o, en cambio, la aniquilación de una forma genuina de alternativa al capitalismo?
La universalización de la forma mercancía y la necesidad de obtener siempre una cuota mayor de plusvalía ha sido el motor de la burguesía históricamente.
El sentido común diría que, a través del sector privado en Cuba, encontraría el capital, no solo esa posibilidad de maximizar las ganancias materiales, sino a la vez de maximizar las espirituales: la penetración ideológica en un sistema político opuesto.
Sin embargo, las recientes sanciones del gobierno estadounidense demuestran cuál es el objetivo supremo de dicho gobierno (representante actual de los intereses hegemónicos de la burguesía en ese país): prefieren sacrificar la economía por la política (planteándolo en términos esquemáticos).
De ello extraigo 5 conclusiones (muy de prisa):
1) el sector no estatal en Cuba, a pesar de ser privado, forma parte de un único sistema político-económico y funciona (se subordina) de acuerdo a las normas y regulaciones que crea el Estado (socialista) cubano. No es (aún) un sujeto capitalista autónomo con identidad político-ideológica propia como clase social antagónica al sistema nacional.
2) les llevaría mucho más tiempo (en su mentalidad de psicópatas imperialistas) fragmentar a la Revolución con el método Obama, en tanto entienden que las actuales aperturas cubanas a las relaciones sociales de producción privadas (capitalistas) están en función de fortalecer el sistema político nacional y resolver la crisis económica actual (provocada e intensificada al extremo por el mismo bloqueo y no por una “ingobernabilidad interna” como gustan hacer creer).
No están viendo en el sector privado el camino más rápido para acabar con la Revolución, sino un arma de doble filo que (debidamente controlada por el Estado cubano) perfectamente puede contribuir a la estabilidad económica del país y, por tanto, a la prolongación de la Revolución.
Por alguna razón, que puede ser económica, política, ideológica, psicológica… (todas juntas) o tan simple como el estado fascistoide del imperialismo, no ven hoy en ese sector privado (en ascenso y fortalecimiento) un vehículo expedito para que “la transición cubana al capitalismo” que tanto anhelan se dé de manera efectiva e inmediata.
3) la ultra derecha rancia y amargada de EE.UU. detrás del poder que encabeza el no-Rubio, la mayoría contemporánea con la Revolucion, ve pasar —de terminarse al fin el periodo de esta administración yanqui— su última oportunidad para destruir el proyecto subversivo cubano. No quiere decir que los gobiernos futuros no lo seguirán intentado quizás —está en su naturaleza hacerlo—, sino que los principales resentidos contrarrevolucionarios están viejos y se autoperciben al final de sus vidas sin el “esperado cambio de régimen cubano” y que, además, el efecto psicológico que se generaría de fracasar la actual administración estadounidense con todas sus políticas de máxima asfixia será de un pesimismo tal en el gremio anticubano que no les sería sencillo recuperarse de semejante golpe a su autoestima.
Para ellos es una cuestión de tiempo: “ahora o nunca”. Están desesperados, tienen muchos intereses en juego y se les ha ido la vida en eso. Pero para no sonar demasiado romántica, sobre todo, se les van las suntuosas ganancias en estas jugadas. Han creado toda una lucrativa industria muy rentable sobre el sufrimiento del pueblo cubano que no quieren/pueden perder.
4) si la fórmula siempre fue “engordar” al sector privado criollo como caballo de Troya, ¿por qué ahora “traicionarlo” con sanciones que limiten su capacidad de actuar y de ser?
Porque el objetivo siempre ha sido el mismo: destruir cualquier atisbo de contrahegemonía, y el socialismo en Cuba ha sido, y es, el mayor miedo del imperialismo “Made in USA” en este continente (del cual se cree el dueño absoluto); un ejemplo demasiado poderoso que, en la misma medida que arrecian la política de estrangulamiento, si el país resiste, mayor será el descrédito para el emperador matón del mundo y su sistema. Los “emprendedores cubanos” les importan un comino.
5) en “último caso”, para el imperialismo, los intereses comerciales y económicos (en general) quedan subordinados a los intereses políticos del sistema (capitalista). “Lo que me haga sombra se va”, diríamos aquí; y no importa el precio que tenga que pagarse. No le importa al capitalismo si tiene que frenar, reducir, o subordinar las ganancias económicas —si tiene que negarse a sí mismo— en función de un bien mayor para sí: preservar su sistema.
Conservar el capitalismo: que cambie todo en apariencias para que no cambie nada esencial; o sea, que no cambie la esencia del modo de producción capitalista. Ese es el verdadero objetivo del sistema: autopreservarse. Y para eso arrasará (verbo del emperador naranja) con lo que sea necesario; le da igual si el obstáculo es la Revolución Cubana, el pueblo entero, o el propio mercado capitalista. Su meta es sobrevivir negando cualquier freno a su ser.
La próxima vez que alguien vaya a hablar en términos de “libre mercado”, “el mercado se regula solo”, “en el capitalismo no hay obstáculos para las fuerzas productivas”, “el bloqueo no existe”, “la Revolución Cubana está muerta”, “el socialismo es un fracaso”, o cualquiera de las trasnochadas máximas de moda: que lo piense mejor antes, que revise muy cuidadosamente intelectual orgánico de qué sistema prefiere ser y que no se olvide que el capitalismo es el lobo del hombre, incluso de sí mismo.
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