Nadie que sienta a la pelota dentro del pecho, y en Cuba ella vive en el mismísimo corazón del sentimiento nacional, puede dejar de avergonzarse por el desenlace del equipo Cocodrilos de Matanzas en la tercera edición de la Champions League de América. Traicionaríamos a lo que hemos definido, con justeza, como Patrimonio Cultural de la nación, si vemos con indiferencia lo ocurrido. No es de cubanos dignos mirar a otro lado, ni dejar de asumir responsabilidades.
Trump es fácil de detestar. Tiene un estilo grosero, una actitud hacia el mundo que de un solo golpe, descarta las sutilezas de la diplomacia y el derecho internacional. De una forma u otra, vamos a tener Groenlandia, dijo a mediados de enero de 2026; realmente creo que tendré el honor de tomar Cuba, dijo en marzo.
La disputa regional que tiene a Estados Unidos, Israel y la República Islámica de Irán como protagonistas beligerantes muestra a dos de esos actores en búsqueda de un acuerdo para suspender los combates, y al tercero, Tel Aviv, intentando extender el conflicto el máximo tiempo posible.
Cuando uno piensa que el cinismo y la perversión tienen límites, la realidad nos sorprende. El Secretario de Estado estadounidense dice que su gobierno no ha hecho nada punitivo contra Cuba. El Secretario de Guerra define que desde Groenlandia hasta Ecuador somos el "perímetro de seguridad" del imperio.
Solidarizarse con Cuba no es un gesto accesorio ni una concesión sentimental en la retórica de la beneficencia; es, en su sentido más profundo, una afirmación histórica del porvenir. No se trata de un acto moral aislado, sino de una práctica consciente que interpela la estructura misma de las relaciones sociales contra el capitalismo contemporáneo.
Hace un tiempo sufro una extraña sensación de ahogo, ocurre en diferentes momentos del día, puedo estar sentado informándome, concentrado y trabajando en alguna cuestión particular o contemplando la nada. Aparece suavemente, como pidiendo permiso, sin embargo, se apodera irremediablemente de mi pecho y me impide respirar con normalidad.
Hace ya varios años publiqué en el periódico Granma un pequeño texto titulado “Teoría y discurso del Estado fallido”. En aquel entonces lo escribí movido por el uso indiscriminado de ese término en relación con Cuba, en condiciones que —si bien complicadas— eran mucho mejores que las actuales. Hoy es comprensible que etiquetas idénticas o similares se sigan “popularizando”.
A veces escucho o leo argumentos que no comprendo. A veces un periodista pregunta escandalizado: ¿y qué va a hacer el gobierno cubano para dar soluciones a su pueblo? Es algo así como si en un patio de recreo donde un grupo grande estuviera pegando a un menor solo porque es distinto apareciera un periodista y en lugar de preguntar: ¿y qué vamos a hacer para que dejen de pegarle? »