Más notas (no meteorológicas) de un eclipse

Eclipse de luna, 14 de marzo de 2025. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubdebate.
Este 3 de marzo de 2026 le fue posible observar, si estuvo despierto en plena madrugada, en toda Cuba un eclipse lunar total. Si no lo vio, no se preocupe que en agosto tendremos otro.
Llevándolo a una definición directa un eclipse ocurre cuando uno de estos dos cuerpos celestes se interpone en el camino de la luz del Sol que va hacia el otro: la Tierra o la Luna. Esto ocurre cuando los tres quedan completa o parcialmente alineados: la Luna interponiéndose entre la Tierra y el Sol, que deriva en un eclipse solar o la Tierra entre la Luna y el Sol, cuando ocurre un eclipse lunar.
En el caso de los eclipses lunares, la Tierra cubre una parte de la radiación solar que llega a la Luna, pero nunca toda, incluso en aquellos que son clasificados como totales. Este es un detalle que vamos a dejar para más adelante.
Las diferentes “combinaciones” posibles de posiciones son las que definen los tres tipos de eclipses lunares: penumbral, parcial y total. En el primero la Luna transita (porque recuerden que no está estática todo el tiempo) por la sombra de la Tierra, pero solo por la penumbra: la sombra más tenue y difusa, por ello puede pasar prácticamente inadvertido ya que solo se ve como si disminuyera la intensidad de la luz del Sol que refleja la Luna o como si estuviera cubierta por un velo fino de nubes. Durante el eclipse parcial la Luna sí se mueve sobre la sombra (la umbra) de la Tierra, pero solo una parte de su superficie y por eso una porción permanece brillante y la otra se oscurece. En los eclipses lunares totales, la Luna “entra” completamente en la sombra más oscura de la Tierra, pero como dijimos no se oscurece totalmente ¿por qué? Primero vamos a aclarar que no debemos confundir este acontecimiento con los cambios en la iluminación de la Luna durante las diferentes fases. En ese caso no hay ningún astro o cuerpo que se interponga, sino que cambia la posición relativa de la fuente de luz (el Sol) y la cara visible de la Luna.
Por ejemplo, durante la fase de Luna Nueva ambos cuerpos: el Sol y la Luna están simultáneamente en el cielo durante el día, la segunda es invisible para nosotros porque la fuente de luz está “detrás” de ella. Si estos quedarán alineados tendríamos un eclipse, en ese caso solar, proyectando su “sombra” sobre el planeta.
Pero volviendo al porqué no desaparece la Luna en los eclipses totales…
Es una consecuencia de la atmosfera terrestre, cuando la luz del Sol queda “bloqueada” por el planeta, pero la atmosfera que la rodea sigue siendo “transparente” en cierta medida a esa luz.
De no existir la atmosfera, la sombra proyectada del planeta sobre la Luna sería más definida, como cuando la Luna (carente de atmosfera) cubre el Sol en los eclipses solares y cuando este fuera total la veríamos desaparecer completamente.
Durante el tránsito de la luz a través de la atmosfera terrestre, ocurren dos fenómenos físicos: refracción y dispersión de la luz solar. En el primero, la luz al pasar del vacío del espacio a la atmosfera cambia de dirección, como mismo ocurre en uno de los experimentos básicos de física que vemos en las primeras enseñanzas: introducir parcialmente un objeto en un vaso de agua hace que se vea cortado o partido. Esta variación curva o dobla el rayo de luz, dirigiéndolo a la zona de sombra en donde se encuentra la Luna, a la que llega una parte de esa luz, haciendo como si fuera una especie de lente.
El segundo es el motivo por el cual entrecomillamos la palabra transparente, ya que la luz al atravesar la atmosfera terrestre sufre ciertas modificaciones. Algunos gases y partículas que forman parte de la composición normal de la atmosfera la dispersan, pero recuerde que la luz, aunque la vemos blanca está compuesta por todo un espectro de colores. Cada uno de esos colores interactúa de manera diferente, vamos a explicar brevemente el motivo. La luz visible como la vemos nosotros está compuesta y puede ser descompuesta a su vez en una gama de colores, que van desde el violeta hasta el rojo, en longitudes de onda más cortas hacia más largas. El diferente comportamiento de cada uno de los colores es el que también crea otros fenómenos interesantes como los arcoíris.
Los colores con longitudes de onda más pequeñas, desde el violeta al azul, son dispersados por partículas que componen la atmosfera terrestre y algunos “contaminantes”, aquellos que no forman parte de la composición de la atmosfera pero que igualmente están en ella, como pueden ser polvo y hasta humo. Este fenómeno, que es precisamente el que le da el habitual color azul al cielo, “filtra” la luz de esos colores dejando otros que van desde el naranja hasta el rojo. Un ejemplo de este filtrado lo vemos diariamente dos veces: al amanecer y al atardecer, produciendo el cambio de coloración del cielo, las nubes y el Sol, e incluso la propia Luna también cuando está saliendo sobre el horizonte, mayormente en los momentos más cercanos a la Luna Llena. Por ello la variación de las concentraciones de estos “contaminantes” hace que en días adyacentes puedan ser diferentes las condiciones.

Imagen: NASA.
Esta dualidad de funciones: de filtro y lente, hace que hacia la sombra de la Tierra (umbra) en donde se encuentra la Luna llegue luz solar “rojiza” y ahí tiene la explicación del tono que adquiere la Luna. En la imagen anterior podemos ver este proceso combinado.
En todos los eclipses lunares totales ocurre lo anterior, por tanto el término “Luna de Sangre” se les podría aplicar a todos, aunque su notoriedad mediática da la idea de que estaremos ante algo poco común.
En todos los eclipses lunares totales, varía la tonalidad y la intensidad: en una atmosfera “limpia”, esta luz roja llega con mayor intensidad a la Luna, que puede tomar un espectacular color rojo o naranja. Cuando en la atmosfera están presentes más partículas de lo habitual, el tono es más apagado, con una tendencia hacia el marrón.
Todo lo que hemos explicado para el caso de la totalidad se aplica para cuando este es parcial, quedando con un tono rojizo la porción del disco lunar que queda oculta.
El tono que toma nuestro satélite natural incluso tiene su propia escala: la escala de Danjon, valiéndose de la intensidad del brillo y apariencia más o menos rojiza. Es un valor que estiman los astrónomos a partir de las observaciones y que oscila desde el 0 con la Luna muy oscurecida hasta el 4 con la Luna brillante y de tono rojo intenso, como puede ver en la imagen siguiente.

En la antigüedad, sobre todo en los eventos en que tomaba el rojo más intenso similar al de la sangre, se le atribuía a su aparición la ocurrencia futura de eventos trágicos. Hoy en día todavía en una simple búsqueda en internet podemos ver como las personas se “interesan” por los efectos negativos de los eclipses y otras teorías. Aquí tiene un ejemplo:

Claro, en esa lista hay preguntas muy válidas, cuando nos referimos a un eclipse solar en que observarlo directamente sin los medios correctos de protección conlleva a daños, en algunos casos irreversibles en la visión.
Son los eclipses además una de las pruebas de que la Tierra es redonda y quizás le parezca increíble, pero en pleno 2026, entre tantas corrientes de pensamiento, todavía hay quien cree que el planeta es un disco. Solo un objeto con forma esférica o aproximadamente esférica como es el caso de nuestro planeta, puede proyectar en todo momento una sombra en forma de circunferencia sobre la superficie lunar.
Los eclipses y la meteorología
Como ya conversamos a raíz del último eclipse solar vivido en Cuba en octubre de 2023, cuando se da este tipo de eventos con cierta magnitud más cercana a la totalidad, la disminución rápida de la radiación solar tiene incidencias en la temperatura. Esta es mayor sobre todo si ocurre en las horas cercanas al momento de máxima insolación, en las horas “centrales” del día, produciéndose un cambio más brusco. En aquella ocasión a pesar de marcar el reloj unos minutos pasada la una de la tarde, parecía un día nublado y “sin calor” aunque estaba completamente despejada la bóveda celeste
Sin embargo, los eclipses lunares no producen efectos notables en el tiempo meteorológico, al menos en la Tierra, ya que si usted estuviera en la superficie lunar sí se produciría un cambio muy drástico en la temperatura. Esta podría descender en muy poco tiempo desde valores de más de 100 grados Celsius (la habitual durante el día) a valores similares pero negativos.
En la Tierra, como la contribución de la radiación solar que llega reflejada desde la Luna es insignificante, su disminución momentánea tampoco influye, por lo que se queda en un fenómeno completamente astronómico.
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Hermoso como todos.Gracias cubadebate.
Gracias Elier por tan excelente explicación. Pude ver parte del eclipse del 3 de marzo...ahora a esperar el de agosto. Disfruto mucho todos esos eventos astronómicos.