Goles son amores  »

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Aynel Martínez Hernández

A Harry Kane, el salto probablemente le importe de un modo casi ridículo: para parecer remoto. Un tipo remoto, bien podría ser un ermitaño o un dios. La diferencia entre uno y otro es, por lo general, mínima. Está relacionada, de forma casi exclusiva, con la trascendencia que el resto le otorgue al despegue.

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Aynel Martínez Hernández

Cuando uno ve los ojos de Martínez en la presentación con el club vizcaíno no lo nota orgulloso, ni feliz, ni traidor. Íñigo solo habla de orgullo. Del orgullo que implica ser el fichaje más caro en la historia del Athletic. Un orgullo, por lógica, esporádico, precario. En los ojos del central solo hay indicios parcos, que son, como sabemos, los más determinantes.

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Aynel Martínez Hernández

El 'enganche' es, por definición, un nómada modal. No pertenece a ningún lugar específico y eso los vuelve cuestionables. No se complace, generalmente, con el sacrificio y transforma al nomadismo, de una forma de vida a un capricho táctico. En eso confían los errantes: en administrar el sedentarismo para convertirse en extraños temporales, casi efímeros.

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Aynel Martínez Hernández

Cuando anunciaron el retiro de Ronaldinho acabó una etapa que había acabado hacía muchos años. Aún no sabemos por qué y, lo peor, es que tal vez no nos interese. Posiblemente tenga que ver con la apatía de la precepción selectiva.

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Aynel Martínez Hernández

Cuando James Rodríguez no fue más lo que Louis-Ferdinand Céline llamaba un individuo (“muchacho sin importancia colectiva”), el Bayern dejó de ser hosco y comenzó, sin darse cuenta, a “complacerse” a través de espasmos delirantes. Delirante mientras durase lo frenético, lo impulsivo, lo impetuoso.

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Aynel Martínez Hernández

El Madrid de la temporada anterior jugaba a pensar que el fútbol era una cuestión de controlar zonas para, a partir de ello, controlar tiempos; ahora intenta volverse fluido sin reconocer el terreno, volverse volátil sin asentarse en las áreas desde donde comienza a todo.

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Aynel Martínez Hernández

El Barcelona de Valverde, ante el Madrid de Zidane, acabó por confirmar que la conciencia colectiva conduce al estrago recóndito de los otros. Sus rivales intentaron propiciar la catástrofe en términos de forcejeo específico: salieron a presionar a ídolos que aspiraban a no serlo.

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Aynel Martínez Hernández

Cuando Cristiano Ronaldo dice que es el mejor jugador de la historia, quizás en realidad esté hablando, aunque no lo parezca, de conformidad. Asumamos la conformidad como la aceptación de un conjunto de posibles verdades a medias, o verdades sin forma, o posverdades.

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Aynel Martínez Hernández

Hay tramos en que los movimientos de Asensio parecen ramplones, ordinarios. Es, también, en esos propios tramos donde comienza a disentir contra la moderación. No tiene que ver con el abuso de confianza. No tiene que ver con algún atrevimiento.

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Aynel Martínez Hernández

En mayo pasado, Dybala compuso algunas rimas desquiciadas que aparecieron en el diario italiano La Repubblica. Las frases de Dybala provenían del dictado ambiguo que son las entrevistas: “me gusta todo lo que representa lo opuesto a mí (…) Los killers no me disgustan; los que actúan con resolución, los que no sudan, los que matan sin ser barrocos”.

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Aynel Martínez Hernández

Lo del Valencia podría volverse insustancial en el momento exacto en que decidan creer lo contrario. Debe existir, en ese tiempo posible, un regodeo casi ingenuo, similar al de los últimos minutos ante el Barcelona: demasiada fe puede asumirse, en ciertas circunstancias, como una certidumbre irracional.

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Aynel Martínez Hernández

Lo ordinario de los penaltis, digámoslo así, es la decadencia temporal de alguien. Lo ridículo es, por antonomasia, cualquier ademán de absolución pública. El derechazo del delantero de la Lazio, por otro lado, debe formar parte del halo residual que dejó el empate ante Suecia.

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