Artículos de Goles son amores
Para conversar de fútbol y algo más...
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El partido finalizaba. El árbitro Davide Massa dice que se jugará hasta el 94. En el minuto 95, después de un rebote, Lichsteiner recoge la esférica por la derecha y busca mandarla al área. Pega en el brazo izquierdo de De Sciglio y sale por la línea final. Los jugadores de la Juve piden penal de manera airada. El juez lo concede. Dybala lanza. Nuevo triunfo.
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Sin darle muchas más vueltas: el funcionamiento del Liverpool se basa en Roberto Firmino y Adam Lallana. El brasileño es, quizás, el mejor falso nueve de los años en que nadie utiliza falsos nueve. No es la referencia ofensiva. Digamos que en los reds no existe referencia ofensiva y eso podría ser una virtud.
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Los dos últimos partidos del Barcelona parecen un guion escrito por Martin McDonagh: asesinos brutales a la espera de qué matar, entretenidos mientras llega la orden. Lo único obvio en esa narrativa es que algo debe morir. Algo que quizás, de un momento a otro y cuando menos lo esperemos podría, incluso, sacarnos la lengua y burlarse de nosotros.
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El último día del mercado invernal de fichajes (31 de enero), apareció una carta en la cuenta oficial en Twitter del Rayo Vallecano. "Llegué al aeropuerto de Sevilla con una camiseta con el escudo de mi país y unos versos del poeta Taras Shevchenko, estudiado en todas las escuelas de la Unión Soviética", escribe Roman Zozulya.
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David Lagercrantz era un periodista de homicidios. A ratos, quizás lo siga siendo. Después de la muerte de Stieg Larsson –autor de la vendida trilogía de libros Millenium- le fue encargada la cuarta entrega de la saga. Antes, entre 2010 y 2011, había dedicado la mayor parte de su tiempo a hablar con Dios.
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Después de que pase un tiempo, puede que se necesite a alguien que lo cuente todo. No lo debería contar Montoya, ni Santi Mina, ambos protagonistas en la penúltima victoria, ante el Espanyol. El primero, un esporádico. Con una frase del segundo, bien podría armarse una pancarta de autoayuda: “O sacamos orgullo (…) o vamos a la mierda”.
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Hace unos meses, Eden Hazard agarró un micrófono de Chelsea TV después del triunfo ante Hull City en la Premier. Acorraló a Willian en un pasillo y luego a Diego Costa. Le preguntó a este último sobre el gol que consiguió (el segundo del partido). Costa dice “No comprendo”. “Beautiful or not beautiful?”, pregunta Eden. “Golazo, beautiful”responde el atacante antes de comenzar a ladrar y marcharse.
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En la última década que, para ser justos con las épocas, debería comenzar en el momento exacto en que Il Capitano levantó la Copa del Mundo, el fútbol en Italia ha conocido tres momentos climáticos. El más triste, el corte de cabello de Camoranesi, segundos más tarde del último pitido de Alemania 2006. El más feliz, el llanto de Bonucci en la Euro 2012 después de salir lesionado en el partido final. El más falaz, la victoria conseguida sobre España en el último campeonato europeo.
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