André Breton pertenece a esa estirpe excepcional de hombres para quienes la revolución nunca fue solamente un cambio de gobierno, una redistribución de la propiedad o una modificación de las instituciones, es una conmoción mucho más profunda.
La tecnología es asombrosa. Bastan unas rápidas digitalizaciones para saber si va a llover la próxima semana, cuál es la distancia entre París y Londres, cómo se prepara una deliciosa sopa cordobesa llamada salmorejo. Ahora la evolución de la tecnología ha avanzado tanto que, según algunos entendidos, puede predecirse el fin del mundo.
El tono sobregirado de los discursos en la Asamblea General de la ONU fue una fotografía de la tensión extrema en un planeta sacudido por los reacomodos en la circulación del poder, las guerras y el surgimiento de una súperherramienta como la inteligencia artificial “que se desarrolla sin comprender sus consecuencias” como afirmó Javier Milei. Por su parte el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó a América Latina con intervenir militarmente en cualquier país de la región.
El recinto de la Asamblea General de la ONU ha escenificado momentos que la hacen cuestionable y hasta repudiable por lo que allí se permite. Ejemplos hay muchos, y el último de ellos, es que el premier del gobierno sionista de Israel, Benjamín Netanyahu, usara de la palabra esta semana, cuando es el máximo responsable del genocidio que se comete en Gaza contra la población palestina.
El sistema político cubano, concebido e impulsado por el líder histórico de la Revolución, el comandante en jefe Fidel Castro Ruz, constituye una de las creaciones más originales del proceso revolucionario. Fidel delineó un sistema basado en la participación directa del pueblo, la rendición de cuentas constante y la unidad.
En Cuba, como es conocido, encaramos una agresión multidimensional del gobierno de Estados Unidos, una hostilidad permanente, abusiva y despiadada que dura ya casi siete décadas. Desde enero de 2026, se ha intensificado y vuelto más cruel y peligrosa con el establecimiento de un bloqueo energético que prohíbe a todos los países la exportación de combustibles a Cuba.
Si se permitiera al gobierno de Estados Unidos destruir a una pequeña nación con el propósito de cambiar su sistema político, o con cualquier otro, el mundo se tornaría aún más peligroso de lo que ya es. ¿Qué vendría después, quién sería el próximo? Podemos preguntarnos.
No fue una huida ni un arrebato: fue un gesto político. Trump había calificado a Cuba como “Estado absolutamente fallido” y había anunciado presión y negociaciones desde Washington. Ese gesto de hoy de la delegación cubana (mi delegación) me recordó la frase del canciller cubano Raúl Roa en la OEA: “Me voy con mi pueblo y con mi pueblo se van también los pueblos de nuestra América”.