Artículos de Carlos Manuel Álvarez

Matanzas, 1989. Periodista y colaborador de Cubadebate.

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| 59

Antes -no lo puedo recordar, solo lo intuyo-, yo le iba a Alemania, o a Holanda, o a Bélgica. Antes yo le iba a Islas Fiji. Antes, dicho de otra manera, yo no le iba a nadie. El fútbol no existía. Después, con algo más de lucidez, me empezó a gustar Brasil. Pensé que Brasil sería mi equipo, una buena elección, una elección, a todas luces, coherente, previsible. Una elección mundana, sí, pero incuestionable. Hasta que leí la biografía de Maradona. De ahí que yo, futbolísticamente hablando, haya terminado argentino.

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| 22

Todo se ha dicho ya. O al menos todo lo importante. Cuesta pensar que en la historia del hombre de veras hubo un momento de auténtica creación. Un sitio donde se nombraban las cosas, se trastocaban los sentimientos, se distorsionaban las ideas. El mundo debió ser, entonces, un lugar feliz. Pero hoy existen verdades inalterables. Duras certezas. Auténticas y consabidas certidumbres. A excepción de los fundamentalistas y los millonarios, casi nadie niega que la vida sea una sola y para colmo, del carajo.

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| 38

La Historia, entre otras cosas, gracias a la casualidad, o mejor, a la causalidad, se vuelve una asombrosa recurrencia, un cúmulo de evocaciones, una excusa temible. Han pasado doscientos años, doscientos años son un soplo, en doscientos años cabe la palabra independencia, sus múltiples signos, los rostros de próceres, los próceres sin rostro, los países, un continente. Y también Bolívar, el Bolívar de 1811, sus breves palabras, su inquisidora pregunta: "¿Trescientos años de calma, no bastan?".

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| 28

Aunque pierdan por diez puntos de diferencia, aunque no quede la más remota esperanza, aunque un servicio potente los golpee, o, en el mejor de los casos, los descoloque. Así le ocurrió a O. H. Yeo -quien, dicho sea de paso, por su efectiva plasticidad linda con lo surrealista- en el encuentro de la madrugada del domingo, tras un saque de Fernando Hernández. Y cuál fue, de inmediato, la respuesta del líbero. Pues ni más ni menos. Una sonora carcajada.

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| 24
La Liga Mundial: un alto en el camino

Si la selección nacional logra enraizarse en sus posibilidades, el periplo final de la ronda eliminatoria arrojará mejores dividendos. Los coreanos están a la mano. Y, por otra parte, de no alcanzar a los italianos en la cima del apartado D -tarea que parece casi imposible-, los cubanos al menos pudieran dirimir esfuerzos con los segundos lugares de los restantes grupos en aras del último cupo para la fase final de la Liga.

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| 53

Fue hace mucho tiempo. Si no me falla la memoria corría el año 2011. Yo quería ser escritor. Era joven. Todo el mundo quiere o ansía algo cuando es joven. Lo mío era la literatura. Estudiaba periodismo y me gustaba, pero soñaba con escribir grandes cuentos y grandes novelas. Por aquella época, gracias al azar, o a algunas influencias, publicaba en Cubadebate. Un medio que hoy no sé si existirá, pero que en el 2011 era bastante leído. En Cuba y en el mundo. Pues publicaba ahí y aunque no cobraba un medio tampoco me interesaba.

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| 110

Debimos ganar. O mejor: merecimos ganar. El juego de hoy parecía determinante. Por muchas razones. Hubiera sido un golpe de estima. Y hubiera colocado a la selección en posiciones de vanguardia. Bien cerca de Italia y de Corea, mordiéndoles la sombra. Con el partido 15 a 14 el ataque de Bell debió ser bueno. Todavía no sé cómo ese balón, por unos centímetros, cayó afuera. El auxiliar cubano despegó a sus anchas, el pase holgado, y el bloqueo, agrupado a duras penas, le dejó abierta la línea.

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| 96
Voleibol masculino: entre la afición y la realidad

Me gustaría creer que el equipo cubano de voleibol quiere, pero no puede; o puede, pero por ahora no quiere. Aunque, en verdad, tal parece que el equipo cubano de voleibol ni quiere ni puede. Me gustaría creer que Henry Bell (cómo despega Henry Bell, ¡Dios mío!, y como le pone riñones a cada encuentro) no será el único guerrero, el único Quijote de estas huestes diezmadas. Me gustaría creer que esta selección es fuerte sicológicamente, que confía en su talento, pero lo cierto es que se muestra cabizbaja, incompleta, huérfana de alma.

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| 72

En La Habana hay guaguas de todo tipo: las del amanecer son acogedoras. Afuera, las calles despejadas, el frío tenue, las personas que retornan, las que parten, los que a diario se entregan, sin que medien palabras, la supervisión del mundo, la continuidad de la vida. Pero en verdad, las casi poéticas guaguas de las siete de la mañana son las confrontas de la madrugada. Esas rutas lúgubres que recorren la ciudad con mucho sigilo, a buen tiempo cada dos o tres horas, y que llevan encima, como gravitando, un extraño sino, algo fantasmal.

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| 18

Entonces se hizo la luz, y la debacle no llegó a mayores. Cada cosa ocupó su sitio, y los voleibolistas cubanos derrotaron a Corea en la Liga Mundial, tal y como se esperaba, a pesar de la inexperiencia y la renovación colectiva. Tras caer estrepitosamente en la madrugada del sábado, y ceder el primer parcial del segundo encuentro, la selección nacional arrasó en sets corridos y pudo emparejar un duelo a las claras insólito.

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| 81

Dos luces intensas y siniestras, dos focos delanteros alumbraron mi cara. Cerré los ojos. Podía tratarse de un P-1 o de un P-5, de una de esas rutas habituales, pero lo cierto, lo que pude percibir, fue un ómnibus sin color, o del color de los minerales antiguos, un ómnibus que no parecía ir ni venir de ningún lugar. Supongo que pagué cuarenta centavos. Después entré. No había muchas personas. Las cosas se tornaban de una vaguedad absoluta. No había asientos. No había bocinas.

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| 43
El reguetón y la poesía

El reguetón me embriaga con sus asociaciones surrealistas, al estilo del paraguas y la máquina de coser sobre la mesa de disecciones: "mi caramelo se suelta el pelo, dale arroz con hielo..." o con su ironía conversacional: "...si tú me dejas y me das permiso, podemos tener hasta trillizos." Algunos desamarran sus cuerpos juveniles. Ritmo. Cadencia. Dan ganas de aplaudir. Sobre todo a las negras y a los negros. Creo que son realmente superiores en el baile. La piel es un espejismo.

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