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La Habana no es lugar para turistas (I)

23 mayo 2011 | 79
La Guagua y Cuba (Foto: Kaloian)

La Guagua. Foto: Kaloian

No utilicé viejos y deplorables trucos. Cuando un periodista se quiere inventar una situación determinada la coloca en una guagua. (…) Todo esto es absolutamente inverosímil y falso.

El autor.

Era La Habana en una noche cuya fecha no puedo precisar. Había salido a la calle sin motivo aparente. Corría un aire distinto, más incierto, más sólido. Un aire venido de otro mundo, de una época futura o quizás de un tiempo muy remoto, de una era anterior o posterior a todo rastro de vida: blanca, presuntuosa, inapresable para la imaginación, no digamos ya para la memoria.

Había salido, tal vez, para provocar al destino. Anduve entre riscos, sobre la húmeda frontera de la costa. Introduje los dedos en el agua, y los mantuve así, lejos de mi cuerpo por unos segundos, como algas moribundas, separadas del resto por el cuchillo líquido e inestable de la superficie. Pero no hubo una señal, no pasó nada.

Me levanté -si tal término es dable-, tácitamente, en apariencia distraído. Bordeé la Oficina de Intereses, atravesé la Tribuna Antimperialista, miré hacia arriba pero no vi ningún monte de banderas, solo astas vacías y afiladas hincando la distensión del cielo. Escapé de varios borrachos, de algunos cantores, de la indiferencia de ciertas parejas en la flor de sus únicas edades, y alcancé sin mucho esfuerzo la bocacalle de Línea.

Dos luces intensas y siniestras, dos focos delanteros alumbraron mi cara. Cerré los ojos.

(Cerrar los ojos siempre es una forma de entrar a algún lugar.)

Podía tratarse de un P-1 o de un P-5, de una de esas rutas habituales, pero lo cierto, lo que pude percibir, fue un ómnibus sin color, o del color de los minerales antiguos, un ómnibus que no parecía ir ni venir de ningún lugar.

Supongo que pagué cuarenta centavos. Después entré.

No había muchas personas. Las cosas se tornaban de una vaguedad absoluta. No había asientos. No había bocinas. Sin embargo, una tristísima música se dejaba escuchar. Andaba de prófugo y con unos pocos centavos en los bolsillos, en una ruta desconocida, entre sujetos estrafalarios que levitaban como otros se toman un vaso de agua, y sospeché que no podía pedir más.

Entramos en callejuelas malolientes, merodeamos por el casco histórico, enfilamos hacia los barrios altos, cruzamos varias avenidas. Nadie protestaba. No había apuro entre aquellas personas. Sobrevolamos azoteas, y luego vislumbré, más allá del parabrisas, sucesivos y extraños lugares: la niebla densa de Londres, el Lavapiés madrileño, una esquina de New Jersey, los mercados de Quito, la pobreza de Puerto Príncipe, una mezquita en Karachi.

Hablé con el chofer, balbuceé frases sueltas, que cómo era posible o algo así. Y el hombre dijo es posible, perfectamente posible. Me quedé callado e intenté descansar. Igual no pude. Viajaba a una velocidad espantosa, inaccesible. El resto de los pasajeros conversaba. Algo en sus gestos, la naturalidad tal vez, esclarecía que para ellos el recorrido se había trocado en costumbre. Nunca he vuelto a ver rostros semejantes. De una hermosura atroz, de una serenidad inconfesable. Rostros al regreso de cualquier estética.

Por un momento sospeché que no avanzábamos, que habíamos anclado en la sensatez de un loco, atados a un punto, dando vueltas sobre nuestros respectivos cuerpos, sobre nuestras respectivas ideas, y que la carretera se escurría clandestinamente bajo las invisibles ruedas de la guagua.

Pensé: una ruta sin sentido. Pensé: estoy en ella. Pensé: no sé hacia dónde voy y sería bueno ir aprendiendo ciertas cosas. Pensé: cada hombre es una isla, cada hombre está detenido en el tiempo y solo los lugares emigran, de trance en trance, de persona a persona, de despedida en despedida.

Entonces, algo decompuesto, o con ademanes más bien propios de la histeria, dije que no entendía nada, pero me arrepentí, porque en determinadas situaciones decir algo equivale a cuestionar, y lo inexplicable de la realidad no se cuestiona; lo desconocido entraña la más terrible de las tiranías.

El chofer dijo es fácil, y yo dije cómo este trayecto y estos parajes han podido confluir en una noche común y corriente, una noche para el olvido, una noche de las que si se recuerdan demasiado pueden llevarnos a la locura o a la incoherencia total. Y el hombre (que se veía un habanero legendario, curtido por el salitre del puerto o por las rumbas de Jesús María, y que si no presenció la toma por los ingleses al menos tuvo que haber visitado los burdeles de la República) dijo que La Habana era un trazo volátil, dispersa como una ola, y que esa, cambiando de tema, era la intrínseca similitud entre las grandes urbes de este mundo, y también, agregué yo, una evidente muestra de eternidad, pero luego, caído en la cuenta, le dije que La Habana no era una gran urbe, que quizás fuera maravillosa pero para nada una gran urbe, y él dejó que pasaran varios segundos (en los cuales no supe cómo comportarme) antes de decir que lo sería, no desesperarse, para el siglo XXV lo sería, y transcurrió otro lapsus de tiempo y quizás hasta sobrevoló una gaviota, aunque yo no vi ninguna, y después también dijo que en ese instante ambos pisábamos el corazón de la ciudad, y entonces le pregunté si estábamos en 23 y M, y sonrió o hizo como que sonreía o como que me perdonaba tamaño desliz y se limitó a aclarar que 23 y M era si acaso un eslogan de la televisión, nada más, y me quedé callado, en absoluto silencio, solo y aturdido como una tumba vacía, y luego agregó otra cosa, dijo que él, yo y los demás semejábamos a lo sumo pequeños poblados de provincia, presas del azar y la memoria, presas del dolor y de un brutal arraigo (aunque yo hubiera preferido desarraigo, pero eso no fue lo que dijo).

Después volvió a callarse y me dio por dudar y terminé convencido de que el chofer no había articulado frase alguna -en todo caso dos o tres parlamentos siempre ondeados sobre el mástil de un tono bien diferente-, y que aquellas palabras no eran más que la resaca o la traducción de su manera de agarrar el timón, de su despreocupado modo de fijar la mirada en el espacio.

Entonces descendí; de vuelta frente al Malecón, en el mismísimo nacimiento o en la mismísima muerte de la calle Línea, en una de las tantas e irrepetibles esquinas de lo que todos convenimos en llamar La Habana. Un Martí de bronce, con un niño de bronce encima, señalaba hacia un punto de bronce.

Olfateé el mar. No había oleaje. Me acerqué y tampoco había agua. Se extendía, en cambio, un árido terreno de sal, la contratapa del cielo, y en medio de aquel panorama desolado se alzaban anaqueles de libros. Y entre los anaqueles de libros, despreocupadamente suspendida en el vacío, la veladora, una anciana de piel muy blanca y canas amarillas, se recogía bajo sus telas. Me pareció que estaba muerta, o muy dormida, y no le presté atención.

Después de mucho rastrear, de haber desandado catálogos, estantes y entresijos, cargué con las tres mejores piezas de cualquier biblioteca. La Odisea, ¿de Homero?, Los detectives salvajes o 2666, no recuerdo cuál de las dos (tampoco recuerdo al autor), y un deteriorado ejemplar de una revista de inicios de siglo, presumiblemente La gaceta de Cuba, donde aparece el esclarecedor ensayo de Virgilio Piñera titulado De la destrucción, y un breve poema contemporáneo que concluye del siguiente modo: “…Entonces sentimos una piedra halando nuestro cuerpo. Aprendemos que la vida también se organiza por debajo del horizonte.”

Leí aquello y me fui a casa. Vale aclarar que yo no tenía casa, pero que igual salí a buscarla. Atravesé la ciudad, atravesé la húmeda noche habanera.

Luego las cosas tomaron un color distinto, y auguré un fósforo prendido debajo o encima de los aires. Un fósforo que combustionaba con la brisa, manchando el firmamento de un color naranja que si se miraba bien no era naranja, de un color que se vertía sobre el mundo hasta ahora conocido y sobre el mundo por conocer, y la verdad, mientras se me revelaba lo impersonal o lo neutro que puede llegar a ser el futuro, sentí un poco de pena y suspiré, no como nostalgia sino como expectativa, observando el despliegue de formas que se erigía imponente sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras inermes cabezas, elucubrando cuestiones de ese tipo, y pareciéndome también que aquel espectáculo absurdo ya no tendría para cuando acabar.

Se han publicado 79 comentarios



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  • Iraldo dijo:

    Me parece una crónica muy interesante pero les juro que con el titulo que publica CUBADEBATE van a tener muchos visitantes. Habitualmente no leo este tipo de cosas por falta de tiempo, pero este tuvo un gancho espectacular, de verdad que por ese camino nos vamos pareciendo bastante a quienes criticamos dia a dia

  • VICTOR RAMOS dijo:

    Bueno, aparte de lo que parece sugerir un sueno, que podra interpretarse de muchas maneras, o simplemente podria no haberse publicado, porque a la vista de otros ojos quizas no diga nada, le sugiero al culto autor que vaya al diccionario. Eso de lapsus de tiempo es un disparate, amigo mio.

  • David dijo:

    Si realmente la Habana impreciona tanto como su relato o debo decir cronica o historia, en hora buena me adentrado tanto que he visto mis propias vivencias

    Gracias

  • JLW dijo:

    Realmente no entendi nada de lo que al parecer se quiere decir.

  • Dennis dijo:

    Maravillosa descripción de La Habana. Creo que si el autor hace un libro se ganaría un BestSeller aquí en nuestra isla. Verdaderamente nuestra capital ha sufrido un desgaste imnegable, que por años la corroido hasta las entrañas. Yo espero que no haya que esperar al siglo XXV, quizás en el XXII se logre algo mejor, aún cuando no sea una “gran urbe” por lo menos un poco más decente en su totalidad, y no solo parcialmente.

  • MARIA CLARA dijo:

    Mis respetos al periodista, pero no entiendo nada. Esta es la primera parte, puede irse esclareciendo, pero de verdad que no veo el sentido, la intención o lo que trata de transmitir.

  • Bernal Valdivia dijo:

    Carlos, ¿Cuál es la moraleja?. No te entiendo

  • alejandro Quevedo Fonseca dijo:

    Me gustaría que el autor explicara el título , y fuera mas claro en lo que quiere decir , no creo que todos los que lean el artículo lleguen al fondo de lo que que desea expresar.

  • gustavo martinez dijo:

    aunque no acabo de entender el sentido final de su escrito, solo diria que existen cuestiones que son reales referentes al deterioro que ha sufrido nuestra ciudad producto de lo que todos los cubanos conocemos, pero seria honesto tambien decir que nuestro pueblo se esfuerza por rescatar todos los valores patrimoniales, y que en la actualidad se realizan esfuerzos grandisosos por lograr esos objetivos..vease el malecon habanero ahora mismo y se veran los cambios sustanciales de las obras que se ejecutan, que van cambiando esos criterios.-
    caminese por las calles del centro historico y apreciara la restauracion hermosa que ejecuta la oficina del historiador de la ciudad.
    solo agregaria que se hace necesario la comprension responsable de una pequeña parte de nuestra sociedad, que no ha tenido un nivel cultural aceptable, para cuidar esa hermosas cosas que se estan haciendo…ahahahah y diria… no tienen un nivel cultural aceptable por muchas razones que seria largo evaluar aqui, pero no le quedaria dudas a nadie que en nuestro pais, la educacion ha sido gratuita desde el mismo año 1959 y las clases sociales, aunque no todas son iguales, si tienen iguales derechos . existe una formacion de una parte de una generacion de jovenes, que desgraciadamente,no han tenido en cuenta lo que esta revolucion ha hecho por nosotros, y habria que preguntarle a algunos…¿ y tu que has hecho por tu generacion en interes del desarrollo de nuestra sociedad justa ?????
    a esta altura de nuestro proceso revolucionario, todavia existen quienes les hacen el juego al enemigo,,,y cada vez que observo lo que han hecho en iraq, afganistan y hoy en libia, me pregunto? que hubiera pasado si en cuba estos señores del poder pudieran poner sus manos sobre los destinos de nuestro pais….sencilamente…arrasarian con todo lo bueno que hemos logrado….mi nieta va a la escuela todos los dias y no tiene que escuhar el sonido de las bombas…gracias a la revolucion y a ese lider que es fidel y su pueblo.

  • demetrio Peralta dijo:

    Cuidado con lo que se publica, se dice, se sugiere, o se pretende que se interprete y tenga relación con el Turismo. Estos ensayos son para otras publicaciones.
    Hay que pensar y actuar como en Costa Rica, donde existe una complicidad o conspiración para siempre, en todos los medios de comunicación, vender a Costa Rica, que poco se diferencia de otros países de Centroamérica, como si fuera el paraíso terrenal, ya desde muchos años atrás fueron tan pretenciosos de llamarla la Suiza de América. ¿Me explico?

  • Dennis dijo:

    Me parece que se hizo un comentario negativo en contra del autor sin siquiera investigar un poquito del tema antes de expresarse. Le dediqué unos minutos a buscar un significado más profundo de “lapsus” y encontré lo siguiente:

    1.Lapsus (palabra latina cuyo significado original es resbalón), alude actualmente a todo error o equivocación involuntaria de una persona, en tal sentido también se suele hablar de “acto fallido”.
    2.Lapsus: lapso, olvido, omisión, error, desliz, falta, gazapo, descuido, errata, traspié.
    3.Lapso: tiempo entre dos límites.

    El problema es que tiene el mismo origen que lapsus (“equivocación”), conviene no confundir ambas palabras en el uso actual para evitar malas interpretaciones.

  • F. JUAN ÁGUILA dijo:

    En una ocasión, hablé sobre “La Habana”, esa que dije que jamás pude escribir en mis publicaciones Ciudad de la Habana porque en el exterior me preguntaban ¿y cual es la “Habana” entonces?. Contesté que era “Habana” Campo. Escribí esto porque el tema era la División Politico-Administrativa de 1975.

    Intentaba explicar que la repetición de no solo grandes hospitales, si no hasta las heladerías “Coppelia” con el ánimo de acercar todo a los habitantes de lugares remotos que antes no tuvieron acceso a, prácticamente nada, y la “descentralización” administrativa también para enterarse pronto de las dificultades habían hecho de “La Habana”, “la Urbe”, la “Poma”, llena de “barbacoas y balcones apuntalados como si miles de “Lázaros” los soportaran era lo que hoy todavía es.

    La Habana siempre lo tuvo todo y de la Vírgen del Camino, hacia el este, muchos habaneros nos decían “guajiros”, aunque hubieramos nacido en Matanzas, Santa Clara o Camagüey.

    Siempre entendí el ¿por qué? del primer 26 de julio en la capital con todos los campesinos alojados en todo tipo de viviendas por el pueblo habanero, que otrora, como dije, nos llamara “Guajiros”.
    Con ello muchos cientos de miles de personas no morirían sin haberla conocido.

    Por lo menos, en los más de 40 países visitados en 4 Continentes, y algunos hasta en 21 ocasiones, muchos nunca llegan a conocer, ni siquiera, la cabecera de su “provincia”. No mencionaré alguno para no herir susceptibilidades.

    El “Casco histórico”, que un día me quejé de que todo el mundo creyera que se recuperaba, únicamente, con dinero de la “UNESCO” y por suerte un gran programa de la “Mesa Redonda” con el historiador de La Habana “Eusebio Leal” discipulo eminente de ” Emilio Roig de Leuchsenring”, ilustre historiador, periodista y comunista, lo que le enorgullesía; como era lógico había que comenzar por recuperar lo de siglos atrás.
    Los planos de “Centro Habana” han quedado aparcados y solo piudieron ser construídos “montones” de círculos infantiles (guarderías para los extranjeros) y bloques de pisos bajos o altos en innumerables solares yermos, en principio, después se han ido realizando otras cosas.
    Me dí cuenta, y lo escribí aquí, cuántos “Círculos” hacían falta por mi programa “Comunidad y Ortodoncia”; pero tuvieron que esperar algunos años.
    Cuando insistía en ello, lo repito, me decían que estaba creando problemas políticos. ¿En qué te basas tú para decir eso?. Contestaba: .. en que controlo todos los niños desde 15 días de nacidos hasta 11 años de edad. A partir de 12 hasta adultos.

    Ha habido muchas “Plazas del Sol” en el mundo, como la del 15M en madrid. Les llaman los “indignados”, eufemística palabra. si por lo menos les hubieran llamado los “Encabronados”, si rebeldes era mucho, hubiera sido mejor.

    RECUERDEN QUE PROTEHER LOS AVIONES DE COMBATES (MIGS) DE ALTA TECNOLOGÍA COSTABAN EN MATERIALES SOLAMENTE, LO SUFICIENTE PARA UN BLOQUE DE 30 APARTAMENTOS CADA UNO.
    PARA QUE NO NOS LOS DESTRUYERN EN EL SUELO COMO EN LA GUERRA DE LOS 6 DÍAS DE ISRAEL CONTRA LOS ÁRABES..

  • Carlos Gutierrez dijo:

    !PERMISU¡ ¿QUÉ HA TOCAO ESE?

  • alexei dijo:

    estoy de acuerdo con jlw, maría clara y victor ramos, tal vez para los que son de la capital este escrito tenga más significado y hay que esperar por las otras partes a ver si no se pierde tanto en sueños el periodista y concreta porque hubo ocasiones en que bostecé y no son las 10 am, como dijeran foristas uno no tiene tiempo para leer todo lo que sale y sin embargo este escrito tiene un título atrayente, esperemos las demás partes o corremos el riesgo de mal interpretar.

  • amb dijo:

    No sé si escribir un comentario cultural amerita un lenguaje extremadamente rebuscado y metafórico, que en la concreta y en buen cubano no hay quien lo entienda, pero no me parece que artículos como este aporten mucho. Da la impresión de que el autor trata de usar el lenguaje más metatrancoso que se le ocurre, para hacerse el elitista. Lo peor es que miro otros artículos del mismo periodista y el hombre tiene la capacidad de convertir temas populares en verdaderas disertaciones Lezamianas. Discúlpenme si es falta de cultura de mi parte, pero no le veo mucho sentido a escribir así sin que el tema lo merezca.

  • Henry Acosta Gutierrez dijo:

    Mis felicitaciones al autor que ha desentrañado esta cronica casi poetica de una ciudad que el tiempo maltrata, espero encontras otras cosas suyas con la misma calidad y estilo.

  • OLIMPIO RODRIGUEZ SANTOS dijo:

    Algunos se preguntaran ¿Y qué tiene que ver esto con el articulo de Carlos Manuel?. Allá va:
    En Nueva Zelanda, el transporte público está muy desarrollado, llegando incluso a los distritos más alejados. El recurso natural más importante de Nueva Zelanda es su propia tierra. Los niños que viven en zonas alejadas o están incapacitados para asistir a sus clases, reciben educación a través de la Escuela Estatal a Distancia que trabaja con emisiones radiofónicas y clases por correo.

    Escribe Carlos Manuel “… Anduve entre riscos, sobre la húmeda frontera de la costa. Introduje los dedos en el agua, y los mantuve así, lejos de mi cuerpo por unos segundos, como algas moribundas, separadas del resto por el cuchillo líquido e inestable de la superficie. Pero no hubo una señal, no pasó nada…Podía tratarse de un P-1 o de un P-5, de una de esas rutas habituales, pero lo cierto, lo que pude percibir, fue un ómnibus sin color, o del color de los minerales antiguos, un ómnibus que no parecía ir ni venir de ningún lugar…”

    En Nueva Zelanda, la esperanza de vida es de 76,1 años para los varones y de 82,2 para las mujeres. Nueva Zelanda fue el primer país del mundo que introdujo el Estado del bienestar en 1936. Hasta 1990, los aspectos que cubría eran los considerados más necesarios, como asistencia médica y hospitalización gratuita, pensiones de jubilación y prestaciones por desempleo, además de ayudas a la familia, a personas discapacitadas o con enfermedades crónicas.

    ¿No se les parece a Cuba en muchas de las cosas que han quedado como esa vieja Habana de Carlos Manuel?

    El tiempo y solo el tiempo… dejará ver con el tiempo la erupción del castillo del Príncipe, en niebla perpetua. De la cima de su elevada montaña brotarán las pepitas de oro y plata como del Potosí… ¿en marcha hacia otros continentes?

    ¿El agua, de madrugada, habrá subido a las zonas altas de la ciudad para que el anciano llene sus tanques? Los niños duermen.

  • Socorro dijo:

    creo que el título que tiene la crónica no es el más adecuado, ya que nuestra capital es referencia a nivel mundial, primero por el sistema que defendemos y segundo por la cultura e identidad del cubano. aunque en realidad loq se escribe nos hace una pauta para reflexionar.

  • susana dijo:

    ¿Ciencia Ficción o falta de respeto a mi inteligencia?

  • Alexander dijo:

    Ah me dormí, será mi incultura o que no está escrito en español? Que manera de perder el tiempo con tantas cosas por dar a conocer.

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Carlos Manuel Álvarez

Matanzas, 1989. Graduado de Periodismo (2013) en La Universidad de La Habana y colaborador de Cubadebate.

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