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Viaje al centro del lugar común

En este artículo: Cuba, Periodismo
15 julio 2011 | 22
Lugar Común. Ruby Rumié y Justine Graham

Lugar Común. Ruby Rumié y Justine Graham

Todo se ha dicho ya. O al menos todo lo importante. Cuesta pensar que en la historia del hombre de veras hubo un momento de auténtica creación. Un sitio donde se nombraban las cosas, se trastocaban los sentimientos, se distorsionaban las ideas. El mundo debió ser, entonces, un lugar feliz.

Pero hoy existen verdades inalterables. Duras certezas. Auténticas y consabidas certidumbres. A excepción de los fundamentalistas y los millonarios, casi nadie niega que la vida sea una sola y para colmo, del carajo. Mucho menos que, tanto visto de cerca como de lejos, a la larga no seamos absolutamente nada.

Ambas definiciones, más allá de las analogías, son tremendísimos lugares comunes.

No hablo ya de los horóscopos, ni de las novelas brasileñas, ni de las datas de dominó, ni de los malos versos de Tagore, ni de la Torre Eiffel, ni de las lunas llenas, porque esos son los aliviaderos públicos, el homicidio de la metáfora.

Me refiero a las palabras que un día significaron algo, a las frases que entraron al ruedo en un derroche de imaginación, pero que gracias al tiempo, a la costumbre, y a los malos imitadores, han perdido la identidad. Ya no dicen nada. Son falsas. Como la ONU y como las fiestas de quince.

Por ejemplo, para el que no lee mucho y en un momento dado quiere dárselas de lector, no hay mejor obra que Cien años de soledad. Quizás el sujeto no sepa ni quién es José Arcadio, pero ese es su libro, y así fusila a tantos devotos verdaderos de la monumental novela. Algo similar pasa con Rayuela, pero en menor medida.

Martí, a su vez, de tan universal, se ha vuelto para ambos lados un lugar común. Me explico. Está el que prostituye sus versos, y descontextualiza sus ensayos, y para desacreditar al contrario, o para darse ínfulas de cubano, de patriota a ultranza, lo cita en cuanto foro público sea posible, cuando lo más seguro es que no haya chocado ni con los Versos sencillos.

Y está el sujeto clásico, el altanero a la vuelta de todo que no lee a Martí porque todo el mundo lo hace, o porque no lo necesita, o porque él prefiere a los contemporáneos. Y lo peor. Se ufana de ello como otros se ufanan de las prendas, de las buenas notas o del complejo militar-industrial.

Se ha hecho costumbre que en las malas películas de suspense se juegue, bajos luces mortecinas, una partida de ajedrez. Los rostros de los jugadores no se ven, solo las manos, lo cual le otorga a la escena un ridículo aire de misterio. De repente, en dos segundos, una voz grave dice: “jaque mate”. Esto, para el que ha visto al menos tres películas del sábado, prefigura un asesinato atroz. El muerto viene que se manda.

Pero el que ha visto tres películas del sábado y también, de paso, ha enfrentado en solitario a Capablanca, sabe que no hay nada más pacífico que un ajedrecista. Y que a los buenos jugadores nunca se les da jaque mate. Ese ardid de los filmes de tercera categoría, muestra, entre otras cosas, una absoluta ignorancia deportiva.

Que un artista de renombre le arranque los aplausos al público es (me parece) una catacresis. A saber: metáfora que por su uso cotidiano ha perdido su significado primario, su sentido original.

De ahí que los bateadores ecuánimes tengan nervios de acero, y las buenas bandas de música para los malos críticos transmitan una energía magnífica, una sincronización casi perfecta, una melodía sugestiva.

A las buenas bandas de música les sucede con este tipo de críticos lo mismo que a los buenos equipos de voleibol y de pelota con sus sempiternos narradores.

Parece que los cubanos son los únicos con garra, con empuje, con amor a la camiseta. No importa. Aunque perdamos aparatosamente, como en el fútbol, siempre habremos hecho un buen papel.

Después de Juantorena y Montreal 76´, el short stop fildea con el corazón, el opuesto ataca con el corazón, el vallista corre con el corazón. Cuando lo normal es que se fildee con el guante, se ataque con la mano y se corra con los pies. Eso sin contar que el corazón se ha vuelto, por obra y gracia de la abulia imaginativa, el utility de los órganos, la deidad cardiovascular.

Los lugares comunes son convenios sociales. Cláusulas inquebrantables que se deben asumir si uno quiere pertenecer a una institución o a un grupo determinado. Antes de entrar a la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, usted debe haber leído, por lo menos, las crónicas dominicales de Ciro Bianchi, debe profesar, aunque aún no la entienda, un profundo e innato amor por la noticia, y debe repetir, en cuanto pasillo se presente, que para Alejo Carpentier los periodistas eran los cronistas de su tiempo. Si no lo ha hecho, entrará con mal pie.

Ya con los cursos, se vuelve inevitable emplear ciertos términos: epistemología, Martín Barbero o Martín Serrano (da igual), estructuralismo, aguja hipodérmica. Eso en principio. Si puede decir a priori, dígalo. Si puede decir a posteriori, dígalo también. Es parte de la belleza de la vida, de la comedia humana, según Balzac.

Por su parte, Horkheimer y Adorno son poco menos que imprescindibles. O sea, tal como pudiera parecer, no se trata de una sola persona, al estilo de Ortega y Gasset o Herrera y Reissig. De ahí que los teóricos frankfurtianos estén más cerca de Piloto y Vera que de La deshumanización del arte.

En los medios de información las rutinas varían. Se vuelve común que un periodista adulto le diga a un periodista joven: “no haga esto, no haga aquello, no haga lo otro. Usted es una figura pública”. Esto supone un deseo reprimido, un esquema de la profesión o una soberbia ingenuidad.

Los periodistas, como los médicos o los constructores, solo se conocen entre ellos. A excepción de los del noticiero, ningún periodista cubano es una figura pública. Lo cual no es un demérito, sino todo lo contrario. Solo que en Cuba el anonimato no se aprovecha. Por eso, sin venir al caso, hay quien proclama con insolencia:

-Yo soy periodista.

Para que socarronamente le respondan:

-Sí, y yo soy camarero, ¿qué pasó?

Esto, después de todo, se ha vuelto una triste recurrencia.

Lo cual subvierte el significado primario, el sentido original del lugar común. Que siempre, a pesar de los pesares, expresa una incontrastable y desenfadada realidad.

Por eso yo, que nunca quise ser periodista, sino artista de la televisión para que me invitaran a Mediodía en TV, le dedico estas líneas a mi familia, en especial a mi abuela, y a los socios del barrio y a toda la gente linda que ahora me está leyendo, porque en definitiva, ustedes, los lectores, son los que hacen posible que nosotros existamos. Ustedes son mi gente.

Y ya, pues nada, la poesía es el opio de los pueblos. Y con dos que se quieran… sobra.

Se han publicado 22 comentarios



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  • fide dijo:

    Yo creo que hay que aprender a leer la cultura, y más aun la cultura de los lugares comunes, de las repeticiones, de la escasa originalidad, de la reinvención cotidiana, porque uno no debe andar apostando por la miseria cultural del universo en que vive (la casa, la familia, la escuela, los medios, y todo lo demás?)porque corre el riesgo de perderse mucho y no comprender nada, encerrado en el estandar de lo que cree correcto.
    Esto no es una aceptación acrítica de la vida. Participar y consumir de las culturas en los tiempos “de las superficialidades”, como se dice a veces, es un acto complejísimo y nada “superficial”.
    Claro, también son los tiempos de la simulación y del aparentar para ser, y bueno, hay dos o tres novelas que son herramientas del proceso. Tal vez tenga que ver con que andamos contruyendo paradigmas cerrados de conocimientos antes de preguntarle a los demás que saben, para que les sirven lo que saben y cuestionarnos a nosotros lo que sabemos.
    Creo que esa debería ser una de las cosas básicas a aprender en este oficio. Gracias Carlos por el comentario!

  • Carlos Gutiérrez dijo:

    CARLOS MANUEL; Cuando yo tenía más o menos tu edad, me parecían grotescas y adocenadas casi las mismas cosas que tu describes aquí. Es que los tipos verdaderamente originales, como tú y como yo, no soportamos la mediocridad. Nos causa “profundo hastío”. Y he tenido el privilegio de conocer algunos otros miles de casos como nosotros dos. Parece que ese nihilismo de lo ordinario es parte del proceso de desarrollo mental. Y es también una forma de incurrir en el mismo esnobismo que se está criticando. No te preocupes, que eso se va quitando con el tiempo. Experiencia propia.
    Me gusta el sarcasmo del último párrafo. En realidad me gusta todo sarcasmo que no esté dirigido contra mí.
    !Ah¡ y una de mis novelas preferidas es precisamente Cien Años de Soledad, a pesar de que estoy seguro de haber leído bastante en mis cincuentaipico de años. Saludos cordiales.

  • lory dijo:

    No he dejado de sonreir desde que comnecé a leer su artículo, es que en tanto coincido y concuerdo con usted que no puedo menos que decirle que es de lo mejor que he leido en largo tiempo. Excelente!!. solo me llama la atencion una cosa y es que si realmente como usted menciona entre sus dedicados receptores, entiéndase lectores estan los socios del barrio: con esa gala y derroche de dominio del lenguaje y uso exquisito de términos y figuras cual literato devenido ganador del premio casa, realmente le entenderan?.
    Su artículo….. excelente, como un título de Hollywood, Mejor imposble.

  • none dijo:

    Magnífico artículo! Deslumbrante derroche de modestia! Aunque te confiezo que no me queda en claro muchas cosas, la verdad que soy un poco bruto…

    Saludos

  • MariaC dijo:

    Excelente articulo!!!

  • Carlos Manuel Álvarez dijo:

    Carlos Gutiérrez: Cien años de soledad es una de mis novelas, un grandísimo y exquisito derroche, lo cual no quita que también sea -entre la buena literatura- el best seller del snob. La gente, sin siquiera leerla, o leyéndela a saltos, se despachan en elogios, gratuitamente. Que tampoco está mal, hay cosas peores. Al final es otro tipo de homenaje, ya quisiera yo que alguien hablara de mis crónicas sin haberlas ojeado siquiera. Saludos.

  • say-so dijo:

    Carlos Manuel:
    Ni tú, ni yo, nadie, está por encima o al margen de los lugares comunes. Lo confirma el título de tu ¿comentario? Porque son el resultado de una construcción social, que pasa por relaciones de poder, consenso y disenso, hegemonía, en fin… y nadie está fuera de esa poderosa palabra que es sociedad, acaso también un ¿lugar común?.
    Un lugar común puede serlo todo, o puede ser nada. Y como catarsis bien escrita, fresca y enjundiosa a veces, me gusta lo que suscribes. Pero de ahí a sentarte encima de la cima del mundo físico, espiritual, teórico, conceptual, gnoseológico ( y por ahí para arriba para qué seguir), mirar y hablar como si se hubiera visto TODO, pues… no sé…
    Esos lugares comunes que describes existen porque falta talento, creatividad, sentido crítico ante la complejidad de la existencia misma, y porque no todos tienen la conciencia despierta, inmune a la somnolencia de estos tiempos.
    En fin… que a la facu si entras con todas esas lecturas, bien, !que bueno!, un camino ya transitado y del que si te ufanas, amigo mío, confirmarías la regla que expones. Pero si no, no pasa nada. Lees lo que te alcance la vida, al fin y al cabo eso tampoco te define.
    Martín Barbero y Martín Serrano no son lo mismo, y eso, lo sabes.
    Si de veras crees que todo lo importante ya se ha dicho, no entiendo que gastes tu tiempo y el de quienes te leemos, con más lugares comunes.
    De lo contrario, y si solo se tratara de una provocación, por estos días también bastante común, pues pon tu talento al servicio de un periodismo que saque de los lugares comunes a los temas imprescindibles y definitorios (si es que consideras que quede alguno). Los lectores de cubadebate lo agradeceríamos (perdona si soy, otra vez, soy demasiado común.

  • Miguel dijo:

    No soy cubano, pero vivi en la isla durante 7 años, la cronica es de alto nivel. Pero como el ejercicio critico, (ni eso en realidad) quisiera apuntar algo: En cuba los narradores no son sempiternos, en realidad no crean el fanatismo vil de otras naciones, lo que he visto con mi percepcion, es que al contrario de otros paises que he vivido, en Cuba siempre se está hablando de lo bien que van los demás equipos, de la fuerza y garra, y siempre hay una mayor imparcialidad.
    Solo eso, lo demás felicitaciones por tan excelente trabajo.

  • Carlos Gutiérrez dijo:

    !Bravo, tocayo¡ Acusaste el golpe con elegancia. En realidad, me gustó tu artículo y comprendí muy bien lo que quisiste decir sobre la novela. Sólo quise hacerte saber,(con mi puñetera ironía habitual) que tú no eres el único joven a quien le ha jeringado la mediocridad, lo cual es una forma de estar de acuerdo contigo. Lo que pasa es que según va pasando el tiempo, no queda más remedio que acostumbrarse, so pena de perder el hígado, pero esa amargura acumulada nos pasa la cuenta, haciéndonos escépticos y mordaces. Saludos.

  • Guillermo Enrique Arbella Salazar dijo:

    A nuestro Martí le ha sucedido como a la Santa Biblia, todos andan con ella debajo del brazo contaminándola de malos olores del sol veraniego, dándoselas de entendidos y fornicando con su contenido, un bando y otro le arrancan el corazón con que vivió, porque nadie se preocupa que es más importante vivir a Martí que esgrimirlo como lanza o escudo, y es lo que se hace y es lo que ha hecho que solamente sea una cabeza de cemento en un rincón olvidado de la cuadra, y digo cuadra en amplio sentido de la palabra, por ejemplo en Regla, lo tienen encarcelado en un parque cito en Simpatía y agramonte, y en poblaciones rurales lo he visto convertido en vertedero de deshechos sólidos. Hagan una encuesta entre nuestros maestros noveles y les dará un infortado al constatar el desconocimiento que tienen de Martí (vida y obra y pensamiento) y son los encargados de “educar” a las futuras generaciones.

  • Osvaldo dijo:

    Carlos Manuel:
    Te felicito por tu artículo!
    Esa galleta sin mano, o con guante fino de seda a tus numerosos detractores de Cubadebate (recuerden “La Habana no es ciudad para turistas” o “De qué se ríen los coreanos?”) está difícil de ripostar!

    Y sin embargo, se mueve!

    Un saludo

  • Rosa C. Báez dijo:

    Te faltó la matriz de Dafo jajajajaja ah, y “un poco” hablar de Kafka, tal vez…
    Genial la frase de tu comentarista “es más importante vivir a Martí que esgrimirlo como lanza o escudo”…
    Y para seguir los lugares comunes, en mi pared hay un pequeño cartel que reza:
    MEDIOCRES, ABSTÉNGANSE

    Saludos cordiales,
    @LaPolillaCubana

  • Michel Contreras dijo:

    voy a usar un lugar común para referirme a la crónica de carlitos: excelente!!!

  • Pancho Majagua dijo:

    Carlos Manuel, aunque no venga al caso, debes agradecerle a tus padres que te bautizaran con el nombre del Padre Fundador y no cayeran en ese comunsísimo lugar de las x, las y, patronímicos al revés, jeroglíficos y otras lindezas que inundaban los registros civiles del archipiélago por la época en que naciste. Aunque por lo general soy un forista poco productivo, he seguido con goce espiritual tu incipiente carrera en CD. Y padecido los ataques verbales, las incomprensiones y los fundamentalismos que escogieron de diana tu escuálida anatomía. Hay tanto ladrillo en nuestros medios que podríamos construir una muralla tan grande como la china, lo malo es que sería para librarnos del ataque del buen gusto y el brillo del idioma más lindo del mundo (perdona si me apropié del lugar común de los narradores futboleros de la ESPN). Hago constar que me hiciste reír dos o tres veces cuando hiendes el escarpelo de tu ironía en la carne fétida del lugar común, ese camino trillado también llamado clisé. Concuerdo con la calificación que acaba de darte el profesor de Mulgoba. A ambos los espero por acá el 20 de octubre ustedes saben para qué, aunque el periodista que más poncha en Cuba tal vez para esa fecha esté regalándole joyas a su alma culé. Un abrazo. Francisco

  • José A. Cabrera Hernández dijo:

    Cada uno se divierte a su manera. La vida cotidiana está llena de muchas aristas y cada cosa tiene el color del prisma con que se quiera mirar. Redactar bien, utilizar ejemplos de la literatura, demostrar sapiencia, puede inducir a que se interprete como una cursilería.

    La vida cotidiana es la que debemos mejorar, aunar voluntades en torno a lograr un mayor desarrollo económico y de convivencia social con toda la justicia del mundo; ahí es donde tenemos que afincarnos, y mucho más, cuando hay juventud y ganas de vivir. Sin exageraciones de ningún tipo, justamente con los parámetros socialmente aceptados.

  • Lili dijo:

    No sé por qué, pero me ha dejado un sabor amargo leer, sobre todo los últimos párrafos, parece que hay un lugar común en el cronista: alejarse con absoluta indolencia de sí mismo… o de sus pertenencias? no sé si eso es bueno o malo, sólo recuerdo unas palabras que leí alguna vez, un lugar común quizás: los poetas no defraudan… :-(

  • Carlos Manuel Álvarez dijo:

    Lili: los poetas sí defraudan. Todo el tiempo. Si uno los observa, apenas de soslayo, dará cuenta de ello. Y si uno los mira, digamos, como con una lupa, a desfallecer, lo más probable es que acabe sumido en la decepción. Lo cual es, me temo, mucho más complejo. Pero no eso, porque hasta los poemas defraudan. Hasta los más grandes poemas de la humanidad defraudan. Hasta los haikus. Hasta Baudelaire y Villena defraudan, que es mucho decir. Lo que sí no defrauda, pero eso ya es otra cosa, es la poesía. “Sólo la poesía no está contaminada, sólo la poesía está fuera del negocio. No sé si me entiende, maestra. Sólo la poesía, y no toda, eso que quede claro, es alimento sano y no mierda”. Y no lo digo yo, lo dice un personaje. De ahí, tal vez, se desprenda lo demás. En fin, un abrazo: dicho literalmente, el único lugar común.

  • Lisandra dijo:

    Me hubiera gustado que en el artículo se hubiera profundizado más. Y mira que en nuestro “periodismo” hay ejemplos para analizar y debatir. El título está muy bien, pero siento que el relleno se quedó en eso:ramas.

  • alain dijo:

    Carlos Manuel, la verdad es que no pude terminar de leer tu artículo…disculpa la franqueza, no hay una manera más privada de decírtelo que esta y me gustaría de verdad que te sirviera de algo, por eso te lo digo. solo pasar el primer párrafo me costó varios, interminables minutos; cómo leer algo donde desde el primer párrafo me dicen que no hay nada nuevo en la vida, que todo está dicho, y todos los días veo tantas cosas nuevas, que me hacen admirarme de la vida y sonreir…no ya nombrarlas que no me interesa, creo que es mas importante sentirlas y vivirlas.
    alcancé a leer la parte donde hablas sobre Martí…que superficial encontré esas palabras, te confieso que las leí de reojo, pero estoy tan seguro de que muchos sentimos a Martí tanto…no lo cito porque prefiero hablar con mis propias palabras, pero quisiera que saliera mezclado siempre en lo que digo…
    por tu manera de “hablar” cualquiera diría que tienes cien años y que los sabes y lo has visto todo…creo que ni con docientos…

  • cnk dijo:

    Carlos no me gustó este artículo tuyo, pereciera que lo ha escrito otro y no tu, te manifiestas altisonante y poco humilde, la verdad…

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Carlos Manuel Álvarez

Matanzas, 1989. Graduado de Periodismo (2013) en La Universidad de La Habana y colaborador de Cubadebate.

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