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La Habana no es lugar para turistas (III)

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De pie, Luis Rogelio Nogueras. Sentados, de izquierda a derecha: Germán Piniella, Víctor Casaus, Silvio Rodríguez, Eduardo Heras León

De pie, Luis Rogelio Nogueras. Sentados, de izquierda a derecha: Germán Piniella, Víctor Casaus, Silvio Rodríguez, Eduardo Heras León. Foto tomada del blog Segunda Cita.

Una muerte digna es siempre una buena historia para contar, aunque sea la muerte digna de un hijo de puta.
Eduardo Galeano

Le dije que La Habana no era una gran urbe (…), y él dejó que pasaran varios
segundos antes de decir que lo sería, no desesperarse, para el siglo XXV lo sería.
De La Habana no es lugar para turistas (I)

Fue hace mucho tiempo. Si no me falla la memoria corría el año 2011. Yo quería ser escritor. Era joven. Todo el mundo quiere o ansía algo cuando es joven. Lo mío era la literatura. Estudiaba periodismo y me gustaba, pero soñaba con escribir grandes cuentos y grandes novelas.

Por aquella época, gracias al azar, o a algunas influencias, publicaba en Cubadebate. Un medio que hoy no sé si existirá, pero que en el 2011 era bastante leído. En Cuba y en el mundo. Pues publicaba ahí y aunque no cobraba un medio tampoco me interesaba. No me faltaba el dinero, y, por otra parte, mis artículos no eran ni mucho menos imprescindibles, por lo que no podía aparecerme un día exigiendo un salario y dándomelas de importante.

Pero como lo mío, digo, era la literatura, justo por esas fechas me inscribí en el curso de técnicas narrativas que se impartía en 5ta y 20, en una casona de Miramar devenida centro literario. Llevaba el nombre de un escritor reconocido: no sé si Onelio Jorge, o Novás Calvo, o Luis Felipe Rodríguez.

Tras cuatro o cinco meses de clases, después de haber estudiado el punto de vista, los niveles de realidad, los tipos de narradores, y algunos relatos de Hemingway y Maupassant, el profesor principal y director del curso, Eduardo Heras León, y su esposa -muy amable y carismática-, invitaron a su casa a todos los alumnos. Fijaron la cita para un sábado en la noche.

Por varias razones, tuve mis reservas. Dudé en asistir. Heras: un escritor reconocido. Yo: nadie. O sea, mirándolo desde la distancia, Heras: un mecenas, yo: un epígono. Heras, la figura, y yo, el discípulo empedernido, el aprendiz que, mientras se instruye en los gajes del oficio, le hace el juego a los consagrados, le carga los libros, le aplaude, y a mí, la verdad, ese papel me provocaba náuseas. No es que no pudiera interpretarlo, solo que no tan burdamente, como otros. Quizás por eso me apartaba y no conversaba con casi ningún alumno del curso, apenas con un estudiante de bibliotecología y con un moreno filósofo que por no dejar de leer había leído hasta los Annales Brunsvicenses de Leibniz.

Al final decidí ir. La charla era para todos, y con mantenerme alejado tenía.

Heras vivía en 19 entre 18 y 16, en el Vedado, en el apartamento 5 de un edificio al cual le habían convertido la planta baja en centro de salud mental. He olvidado otras cosas, pero no la dirección ni la casa de Heras.

Una sala no muy amplia, con varios cuadros de arte universal en las paredes. Muebles muy finos, sobrios. A la izquierda, un balcón pequeño con varias macetas y plantas colgantes. Al centro de la sala, una lámpara inmensa. Debajo, su silla, la de Heras.

Cuando llegué, no había casi nadie. Me saludó parcamente, con uno de esos gestos que no se sabe si son fruto del desdén o de la cortesía.

La esposa sacó varios platos, con queso gouda, galletas y aceitunas. La esposa era uruguaya. Aunque quizás fuera chilena o argentina, pero no me lo parecía. En todo caso no era brasileña, ni ecuatoriana, ni venezolana.

Los alumnos poco a poco fueron arribando. Para las diez de la noche ya no faltaba nadie, y el que faltaba evidentemente no iba a aparecer.

Algunos llevaron botellas de ron, otros pomos de refresco, y una pareja de homosexuales trajo música. Sentí pena, porque no había llevado nada, solo mi boca, pero aquello era una charla, y nadie iba a ponerse pedante. Nadie repararía en ese tipo cosas.

Me distraje un rato y salí al balcón. No había luna. Una noche horrible, de un silencio soso. Una noche sin misterio y muy poco desenvuelta. Sentí un aliento sobre el cuello. Una de las alumnas, una adolescente algo gorda y rosada, de las que adoran la ciencia ficción, hablaba muy despacio. Supuse que no hablaba con nadie, sino con ella misma, y me atrajo su peculiar modo de autoconfesarse. Después me miró, clavó su vista en mi cara, la mantuvo así, hincándome el cutis durante varios e interminables segundos, y ya no pude fingir. Hablaba conmigo. Yo no la entendía, pero se dirigía a mí, y hacerme el desentendido no me pareció correcto.

-La oscuridad me da miedo -dije.

No contestó nada.

-Es un trauma de niño -agregué.

-La oscuridad no hace daño -dijo, y los ojos le brillaron con una luz blanca y sin término.

En ese momento pensé que todos los amantes de la ciencia ficción estaban locos y que el que no lo estaba muy pronto lo estaría, y también pensé que todos los amantes de la ciencia ficción al menos podían quedarse en el primer piso, cerca de Heras, cerca del profesor principal, del escritor realista, cerca de sus libros sobre Playa Girón y sobre las fábricas donde los obreros forjaban acero.

-A mí me hace daño.

-No, no hace daño, la noche te traga, pero no hace daño.

Y entonces yo le dije: voy a protestar. Y ella me dijo: como quieras, pero será mejor que no protestes. Y yo, tambaleante, o como llamado a conciencia: está bien, entiendo. Y ella: okay, sin líos.

Entré a la sala. Todos los asientos, ocupados. Me senté en el suelo.

La esposa se reía y bromeaba. Seguía trayendo platos, platos exóticos. Yo era el único que no probaba bocado.

Tienes que mantenerte lúcido, me aconsejé, no caigas en ese tipo de trampas. Y ahí mismo supe que pasaría, y tal como imaginaba Heras empezó a contar: del quinquenio gris, de la prosa de Cabrera Infante, de la última exposición de Bedia, del épico suicidio de Mishima y de la extraña vigencia de Giselle.

Pero Heras, muy calculadamente, se fue alejando de los terrenos del arte, y tras repasar sus viajes por la Unión Soviética y América Latina, expandió la nostalgia hasta sus límites y describió los burdeles de la Habana de los 50, las múltiples y vigorosas orquestas del Paseo del Prado.

Su voz me pareció diáfana y suave; una voz carente de idioma, de cualquier sentido lógico.

Después no entendí lo que le preguntaron y perdí el hilo de la conversación. Después me miré los dedos y pensé que me gustaban, y repté por mi piel y también pensé que me gustaba reptar por mi piel. Después nos enteramos (los alumnos) de que la esposa era prima de Eduardo Galeano. O sea, era uruguaya.

Alguien le preguntó a Heras que cuándo había conocido a Galeano.

-En 1970 -contestó-. Yo había ganado mención en el Casa y él era jurado.

Luego habló de su libro, de la votación, de las callejuelas internas de los concursos y de la noche del premio.

-Heras -dijo Galeano-, ¿tú has visto algún fusilamiento?

Fuera de los dos escritores, alrededor de una mesa pequeña, en una habitación de hotel, se reunían varios periodistas y reporteros. A uno de ellos, al fotógrafo de la agencia France Press, lo acompañaba una muchacha esplendorosa; un monumento de mujer.

-Sí, hace como diez años, a fines del 60.

-¿A quién fusilaron? -dije yo.

-A un coronel batistiano.

-¿Dónde fue? – dijo Galeano.

-En La Cabaña.

-¿Lo impresionó? -pregunté.

Los periodistas andaban medio ebrios. La mujer, en cambio, comenzó a interesarse. Soltó la mano de su marido (o quizás no fuera su marido, sino solo su amante) y se acercó al diálogo. No físicamente, pero se acercó.

-Sí, me impresionó mucho -dijo Heras. Y enmudeció.

Galeano se dio un trago. De ron, seguramente.

Heras prosiguió:

-Un esbirro, pero un tipo guapo -como si ambas definiciones fueran antagónicas.

-¿Su nombre? -dije.

-No sé -dijo-. Larralde, creo que se llamaba o le decían coronel Larralde, pero no podría asegurarlo.

Entonces distinguí la voz de Heras, valiente e innegociable, surcando el tiempo, de 1970 al 2011 y del 2011 a 1960. Hasta la noche del fusilamiento. Algo espantoso, la verdad, esa manera de hilvanar las cosas:

-Larralde pidió que no le vendaran los ojos y pidió dirigir el pelotón-. En La Cabaña, en la habitación del hotel y en el apartamento de Heras se hizo un silencio total. -En posición de firme empezó a dar la orden. Cuando dijo ¡Apunten!, un soldado vaciló. Al fusil se le había trabado el seguro.

Galeano sonreía con su sonrisa de felino sudamericano. Yo no, yo casi temblaba, era demasiado joven. La amante del fotógrafo de France Press no movía un músculo. Escuchaba. Solo eso. Escuchaba.

-Calma, no se desesperen -dijo el coronel a la doble fila de cuatro soldados que le apuntaban al pecho-. Volvamos a empezar.

-Transcurrió cerca de un minuto. Larralde dio la orden, resonó el estampido, y ya -dijo Heras con algo de temor, atropellando las palabras, restándole dramatismo al suceso.

El cadáver sobre la tierra seca de La Cabaña, la brisa del mar, las heridas, las luces de La Habana.

Aquí hay una historia, pensé.

-Coño, pero aquí hay una historia- dijo Galeano. Entonces tomé distancia.

-Gracias -dijo la amante del fotógrafo. Se puso de pie y agarró un vaso-. Yo sabía que mi padre había sido fusilado, pero no sabía cómo.

Tiempo después, en 1974, cuando Galeano volvió a La Habana, le dijo a Heras, mientras paseaban por la Catedral, que nunca iba a poder contar lo sucedido. Porque parecía inverosímil. Y porque el esbirro, aquel asesino, el coronel Larralde, era un tipo guapo, un cojonú (así dijo, llevándose la mano a los testículos), y le iba a salir un cuento contrarrevolucionario. Entonces era  mejor no escribirlo.

Ahí se me ocurrió rescatar el tema. Salí de casa de Heras sin despedirme y largué el relato en lo que quedaba de madrugada. Por la mañana lo envié para la redacción de Cubadebate. Yo andaba enfrascado, por esos días, en una serie de crónicas tituladas La Habana no es lugar para turistas y supuse que tenía en las manos un texto distinto.

Pero a las pocas horas me informaron que estaba cesante. O sea, la crónica no se publicaría. No me tomó por sorpresa, pues todo lo que empieza tiene que terminar. Dije algo así como igual estoy muy agradecido o no hay problemas y me largué. Nunca supe la causa, pero debió haber sido por la incomunicación, por lo insolente de mis palabras, por mi total indiferencia hacia los lectores. Siempre quise ser arrogante. Cuando se es joven no queda otro recurso.

Después me fui para Destino Cuba, el blog de un amigo, y seguí publicando algunas cosas. Pero ya nada era igual. A los dos meses le dije que no me apetecía trabajar por amor al arte y me marché.

Dejé todo: el periodismo y la literatura. Yo era joven, y no he vuelto, desde entonces, a largar una línea. Al contrario, entré en el mundo de los negocios. Vendí latas de atún, trafiqué con alcohol de tercera, y para estar acorde con la época, no sin esfuerzos, logré abrir una cafetería. Me posicioné. Me hice famoso. Tengo luz para el dinero. Quizás porque nunca he dejado los libros, aun cuando no haya podido con los Annales Brunsvicenses de Leibniz.

Tal vez un día lo cuente, la historia del esbirro fusilado y la historia mía, aunque ya sin ánimos de nada, ni de prebendas ni de elogios, sin ambición ninguna, por el simple gozo de contar, por puro entretenimiento.

Pero no sé si me sigan. Posiblemente no.

Se han publicado 53 comentarios



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  • Josue Labaut dijo:

    Es un orgullo ser el primero en comentar el final de esta saga. Carlos dejaste en Cubadebate magia, poesía y el mejor del periodismo contemporáneo. Gracias!

  • Marcel dijo:

    Hermanito, abandona la escrita que eso no es lo tuyo.

  • Enmanuel Castells (Cuba) dijo:

    Que bueno hubiera sido, que en medio de toda la muy buena factura del relato desarrollado y además de la lírica fabulación con que manejaste pasado y presente, toda esa irealidad real que asumen y soportan los buenos relatos; tú, (el gran personaje de la historia) (y no Heras, ni Galeano, ni la fotógrafo), tú debiste ser también el joven a quien se le encasquilló el rifle a la hora del fusilameinto y haces más literariamente fantacioso lo que ya viene siendo un delirio de lectura por toda esa magia introductoria de que no estamos en el año 2011 y tú “eras” un joven que publicabas en Cubadebate.
    Tú no me conoces, pero Heras sí. Y a mis 47 te leo siempre con la certidumbre que alguna vez vas a dar en el blanco exacto de por donde siempre te rondas, tanteando formas literarias, fabulaciones desmedidas, fantasías poéticas, tonos y vuelos muy a la altura del mejor legado de esa generación y de otra tanta anterior y posterior. De vez en cuando por ahí, te caes, se te pierde el pulso, pero son cosas que aparte de no ser fáciles se dominar, se logra así, dejando libre al pensamiento creativo y direccionando el oficio de la escritura continua.
    YO te admiro Carlos Manuel, y otros también. Es bueno y necesario lo que escribes. Sigue con tu arrogancia, entierra a la autosufciencia y no pares de trabajar que es la mejor manera de crear.
    Venga, danos ese gustazo.

  • Guillermo Mesa dijo:

    Cito:

    “Pero a las pocas horas me informaron que estaba cesante. O sea, la crónica no se publicaría. No me tomó por sorpresa, pues todo lo que empieza tiene que terminar. Dije algo así como igual estoy muy agradecido o no hay problemas y me largué. Nunca supe la causa, pero debió haber sido por la incomunicación, por lo insolente de mis palabras, por mi total indiferencia hacia los lectores. Siempre quise ser arrogante. Cuando se es joven no queda otro recurso.”

    A mi tampoco me asombraria que se dejara de publicar, pues una cronica, un articulo, un libro necesita de los lectores para vivir, y ya que el autor es tan “indeferente” hacia el lector es el mismo quien condena a muerte a su obra.

    Como muchos han comentado en las partes anteriores no creo que este sea el contenido para Cubadebate, un sitio para “combatir el terrorismo mediatico”, un sitio del que se espera diga la verdad sobre Cuba, no es un blog personal en el cual las personas que tienen acceso a el aprovechan para expresar lo que su inspiracion de “escritor” le dicta.

    Sin dar muchas vueltas, no puedo emular con el estilo barroco del autor, no me gusta la cronica, no me gusta que se publique en Cubadebate, no creo que es el camino que deba tomar el sitio mejor pocisionado de Cuba en el que en el dia del campesino solo se publico un fotoreportaje, sitio en el que el dia de la muerte de Marti no su publico nada por lo menos hasta el mediodia que lo revise.

    No es que el pueblo cubano no este formado tambien por intelectuales, pero Cubadebate existe para y por el pueblo, el pueblo de los las personas con cultura pero tambien del obrero que suda, del campesino que hace parir a la tierra, no es para que el autor diga que es irreverente al lector ya que sin el lector no existiria Cubadebate.

    Mida sus palabras Carlos, puede ofender.

  • Juan Castro dijo:

    La Habana no es lugar…

    Carlos Manuel…Yo soy el más ignorante en tu área: El periodismo.
    Pero te miro con un gran talento.
    Te felicito!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Con saludos
    Juan Castro
    Mexicano…

  • say-so dijo:

    La Habana sí es lugar para turistas

    No para turistas nacionales, o sí, los que se contentan con un pedazo de malecón, el Latino,un pan con croqueta en G y 23, un P1 o un P5 “articulado”, porque todavía no llegan al interior. ¿Al interior?, ¿de qué?. ¿Qué queda al interior de Cuba, de La Habana? ¿Cuba es La Habana?
    En fin, a lo que iba, esta ciudad sí es para turistas. O al menos una parte de ella. Paseo abajo, o arriba, según donde te pares, gracias a Einstein. Se llama Cohiba y el dueño es un tal Meliá, y si no es el dueño de todo, al menos de la mitad, que no es lo mismo pero es igual. Y si sigues por la lengua de asfalto que mantiene contenido al mar (el mar sí que es de todos, aunque algunos nunca lo hayan visto, como el Buendía de aquel cuento…ah no, novela, claro, la soledad del Gabo, los cien años de amor y desamor, pero me voy de la idea…), después del túnel, pues allí también hay lugar para los turistas. Fíjate que no “tienen que ser” extranjeros… No, ya somos iguales. Hay un restaurante muy lindo, El Pedregal, y hoteles muy lindos, y un cabaret famoso, y casas muy lindas, con patios siempre verdes, jardines, piscinas…
    Pero no puedo dar detalles. Nunca he estado en ninguno de esos lugares… Solo me gusta leer… (aunque no el mencionado título de Leibniz), y a veces escucho Radio Taíno…

  • say-so dijo:

    Por lo demás, creo que escribes bien, a veces demasiado, lo cual entra en contradicción con algunos preceptos del Periodismo. Claro que la crónica te permite ciertas libertades, pero no libertinaje. Creo que entre tanta letra en Cubadebate, destacas, unas veces para bien y otras no tanto. Pero qué si no, es este oficio al que te afilias (si no por vocación, al menos por conveniencia) (((aclaro que por el hecho de poder escribir y que te publiquen, sin otras posibles y malintencionadas lecturas, por favor!))), sino un eterno ir y venir entre el espanto y la ternura ¿no?
    Como debes haber aprendido en la Facultad el título es demasiado importante como para que juegues con él a tu antojo. Eso podría quedarte bien, pero no siempre, mucho más cuando te propones una serie que debe guardar relación, aunque no sea explícita.
    Me atrevo a imaginar que dentro de poco, o de mucho, no sé en qué año de la carrera estás, cuando cumplas con tu servicio social, ya no te refugies en el Periodismo. Al parecer tus alas son un poco más largas y se te acortan con el espacio y la edición de los Medios. Si así fuere, quizás nuestra Literatura gane, o no, quién soy yo para saberlo. De todas formas, hay una frase de Azorín que Luis Sexto tiene como lema y que reza: Lo bueno, si breve, dos veces bueno. No siempre hay que decirlo todo. Uno nunca tiene la última palabra, ni con su propia existencia.

  • FABAT dijo:

    Me avisaron por correo de esta 3ra parte, yo fui uno de los que realice una crítica en la primera parte y hasta pensé, ¡Julio Verne reencarnó! En la 2da parte no le hice swing, con la experiencia anterior…, y esta tercera parte confieso que la leí en un inicio con algo de predisposición, pero tengo que reconocer que me sorprendió, me gusto. Por mi parte creo que si yo fuera Cubadebate recapitularía el tema de cesante
    Y para decir verdad creo que el titulo del artículo como que le esta dando un sello al autor, asi que honor a quien honor merece
    Saludos
    Pd: ahora entre nos, mantén bajita la nave espacial sino a vas a ir al espacio

  • yor dijo:

    jajaja dentro de cuba amigo en aquella epoca casi era inexistente eso que tu llamavas internet,jajajaja,era cuandoo habia algo que se llamaba por isquierda y era algo novedoso pero insipente,pero no creas aquellos cubanos eran tan sagases que de donde no habia aquello que llamaban inalambrico inventaban y se conectaban a eso que en aquellos lejanos tiempo llamabamos ciberespacio

  • maria dijo:

    Me gustó y mucho.

  • Carlos Manuel Álvarez dijo:

    Guillermo Mesa: no me parece lícito que de un plumazo restrinja el perfil editorial de cubadebate.
    Sus argumentos son peligrosos, o cuando menos altisonantes. Pero igual, a mí no me molestan.
    Solo le aclaro una cosa:
    el que narra en primera persona es un personaje literario, no es el autor. Yo conozco, o intento conocer, qué significan los lectores, qué significo yo, y cuál es o cuál debiera ser el periodismo que Cuba necesita. No sé si me siga. Posiblemente no.
    Saludos.

  • Carlos Manuel Álvarez dijo:

    Marcel: ya abandoné la escrita, o no lo leíste. Ahora mismo trafico con alcohol de tercera.

    Enmanuel Castells y Juan Castro: Ustedes casi siempre me leen. Creo que es hora de agradécerselos. Solo eso.

  • David dijo:

    Fatal
    Ya listo me lanzó a la aventura, después de un terrible café o Chicharo ya ni se comienzo mi segundo día de trabajo después de días de un desafortunado egipse en mi tobillo derecho (ya estoy mejor) En mi mente solo un pensamiento llegar temprano a la parada para coger el P11 y arribar a tiempo a mi trabajo. Cuando todo parecía marchar como había planeado quiso el universo en su intrigante maqui hábelo que la inspectora no estuviera y que los conductores en ves de conducir los ómnibus, conducirán al caos urbanos y al desorden social, Un realengo imposible para un lesionado como yo dar alcance a tiempo a un transporte sin que antes la multitud me salude entre empujones, traspiés y pisotones. 7:30 frente a mi se detiene un P-11 y abre sus puertas, Dios aprieta pero no ahoga a un estoy a tiempo pensé.
    Monte raudo y verlos antes de que unos estudiantes me lanzaran debajo del transporte. Como muñeco de plastilina logre acomodarme se cierran las puertas y compruebo las bondades del efecto invernadero. A un no sale de Alamar y se ha roto con mas de 300 personas adentro que desastre ahora si he tocado fondo. No hay otra alternativa posible comienza la temporada de casa de Taxi. Logro atrapar uno aunque otros reclamaban su propiedad. Salvado son las 8:15 al menos llegare al trabajo. 80 Km/h el fresco en la cara y la música me bajaban los ritmos cardiacos para que subieran su pico al encontrarme con un Fenomenal tranque desde la entrada del tune hasta el naval. Entre maniobras y gran talento de conducción el chofer fue avanzando y los pasajeros con los pelos de punta pues que chocara parecían inevitable. Todo un paseo de terror.
    Pisar el parque central a las 8:50 fue una maravilla a todo lo que da mi cojera me adentre en la jungla de pavimento del barrio de Centro habana. Recibido por una nube pasajera que descargo sobre mi lento andar todo su contenido.
    Si son las 9: 15 y he llegado todo mojado. No puedo encontrar algo más Fatal

  • han dijo:

    Magia lo veo bien pero poesía está como fuera de moda aunque suena bonito, es para la época del romanticismo, El artículo me gustó pero no por lo profecional que escribe Carlos sino por la sencilléz que escriben y opinan los lectores sobre el tema. La Habana no es para turistas, tal vez para algunos cubanos de cualquier lado que esté o más. La Habana es para los turistas, sí, para aquelos que le gusta ver lo viejo, lo antique, para los fotógrafos profecionales q le gusta tirar fotos a lo antique, a lo destruido, a lo viejo con manchas de pinturas viejas enrroscadas en capas, a las figuras de hierro oxidada, a la gente con el pelo suelto, despeinadas o con ropa desteñida, para ellos le da un toque sensacional. También para los ricachones que escojen su lugar y no se meten en un metro-bus, para políticos criticones y aquellos turistas que se enamoran de construcciones o cosas hecha en lo remoto siglos pasados, lo antique.

  • El tábano guarimbero dijo:

    Estoy de acuerdo con lo expresado por el compañero Guillermo Mesa.Es una pena que aún existan personas que, valiéndose de un espacio y de una pluma, se transformen en “culturosos intelectualoides”, con escritos rebuscados, que hacen dudar a quien lo lee si es un cuento de ciencia-ficción u opinión de quien tiene un espacio para contribuir al ideal de quien está en la pared de la foto.
    Esto ya lo conocemos: hay quienes encuentran notoriedad, y se la ganan, trabajando en pos de un ideal y hay quienes usan de cualquier estrategia – aún ser criticados- para adquirir notoriedad.
    En mi humilde opinión. no le hace ningún favor a la cohesion del heroico pueblo cubano las expresiones vertidas en estos artículos. No es así como se colabora para lograr la participación del ciudadano en la solución de los problemas de la sociedad, que existen, como en todos lados, pero que se solucionan en base a esfuerzo, trabajo, tesón y ejemplo.
    La sociedad cubana le ha dado a este señor una instrucción y un espacio para expresarse. Y su contribución, lamentablemente, es aprovechar de ese espacio para parrafasear sin lógica alguna.
    http://www.rebeliondeltabano.blogspot.com
    rjenriquez1@yahoo.com.ar

  • ERWIN REGIS dijo:

    Me parece bueno tu articulo, he leido las tres partes, creo que tienes algo que no se aun que es pero no es malo. Creo que tienes un presente por vivir para que puedas crear un buen futuro y entonces, con mas alegria, veas tu pasado.
    Dr. ERWIN REGIS
    Desde Angola.

  • maria dijo:

    Me siento como idiota (espero emplear bien el termino), yo disfruté de las tres crónicas y resulta que todo era un disparate entre el escritor y dos o tres insatisfecho. No me parece y yo que soy visita me quede sin entender que pasó y no me refiero para algo a los escritos del señor Álvarez. Ustedes sabrán. Creo que me divirtió más las disputas entre los rivales del juego de beisbol. “Cuba no es para turistas”, me parecía un cuento ,sólo eso ( yo me entretuve leyéndolas) y no una tragedia griega para matarse entre el escritor y los críticos.

  • Juan Ramón López Besil dijo:

    Carlos manuel, cuando seas grande vas a ser inteligente.

  • Guidillo dijo:

    Carlos M, tu relato es de lo mejor que has publicado. Quizá Heras te felicite por tan brillante artículo periodístico. Ello no obsta para comentarte que aparte del título todavía no entiendo porqué te citas a ti mismo en una de las frases iniciales. Narcicismo juvenil? Egocentrismo incontrolable? Licencias de un aprendiz a ratos petulante?

    De nuevo agradezco la lectura de esta historia salpicada de realidad y poesía.

  • Jorge dijo:

    Carlos,
    sus narraciones están bien. Tienen estilo y agudeza, aunque a veces le traicionen incontenciones (¿o incontinencias?). Gracias y a pesar de su arrogancia creo que tiene futuro en la literatura, pero abandone el histerismo y la pose en sus comentarios. No caben ni dan. Estas narraciones pueden concursar en cualquier premio literario y alli estarían muy bien, puede que hasta premiadas, pero coincido con quienes piensan que no encajan en la línea editorial de Cubadebate.

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Carlos Manuel Álvarez

Matanzas, 1989. Periodista y colaborador de Cubadebate.

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