Carlos Manuel Álvarez

Artículos de Carlos Manuel Álvarez

Matanzas, 1989. Periodista y colaborador de Cubadebate.

Opinión, Cultura  »

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Hace apenas veinte días -tal vez un poco más, tal vez menos- concluyó la última de las legendarias telenovelas brasileñas. Ciudad Paraíso es el último regalo de la cadena O´Globo. Ahí nadie sabe quién es hijo de quién, ni cuál es el heredero, y la mayoría se parecen, y cualquiera educa a cualquiera, y todos somos de todos y nadie es de nadie. Entonces, lógicamente, la gente se confunde. Se enamoran de los hermanos, besan a los primos, vacilan a las tías abuelas.

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En defensa propia

Tengo material suficiente para ficcionar, pero no; explicaré los hechos tal cual. De alguna manera estoy fijando la mayor muestra de compromiso que tendré con las noticias, con el oficio. Lo diré de una vez, sin retóricas: el martes 7 de diciembre del 2010, a las once de la mañana, en los libreros particulares de Tacón y O´Reilly, me robé un libro. O intenté robarme un libro y me agarraron. Pero eso no fue lo primero. Lo primero es el Malecón.

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¿Habrá sido una noche fría la víspera del nacimiento de Martí? ¿Habrán celebrado los Juegos Florales o algún otro certamen literario? Y el día de la primera edición del premio Casa de las Américas, ¿habrá nacido alguien del calibre del Apóstol? Tal vez un hombre perdido en entresijos, malogrado al doblar por la calle equivocada, y que ya no conoceremos.

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La imagen prófuga de la esperanza

He perdido la cuenta de los lugares: La Corbata, Vista Alegre, La Güinera, La Hata. Personas extrañas, centradas en lo suyo. Personas que son el único rostro de lo popular, de lo legendario, de lo valedero. Nunca leerán esto, ni falta que les hace. Lo cual me obliga, por supuesto, a reconsiderar la idea previa sobre los conciertos. Parece que en lugares así funcionan otros códigos. Señas innombrables.

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La Habana es una ciudad lúdica. A mí no me gusta la palabra lúdica, pero La Habana, sí. Y es cierto: en La Habana nada parece tener mayor importancia. Todo entra en el plano de lo concebible, o de lo irremediable. Es una ciudad absorbida por la nostalgia. Por una nostalgia infantil, sin causa, sin memoria. Por una melancolía que no quiere que la sufran, que rápido migra a la alegría de la risa, a lo apócrifo de lo factual. El Malecón es congoja; el Capitolio, inmensidad; La Habana Vieja, tiempo; el Vedado, engaño; el Morro, desolación; y los habaneros...