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No te pierdas esta crónica: Nadie te dará su almuerzo

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Carlos Manuel Álvarez, colaborador de CubaDebate

Carlos Manuel Álvarez, uno de los jóvenes cronistas de CubaDebate.

Qué les puedo contar, foristas, las cosas han cambiado. Saben quién soy. Saben que me llamo Carlos y que tengo 22 años. Que estudio algo y que hago mis cosas, un par de artículos a la semana, nada del otro mundo. Sé que les parezco joven, pero no es así. Bueno, con razón les digo que las cosas han cambiado. Es una señal de que empiezo a envejecer.

De repente te percatas de que nada es igual, pero tienes que seguir con esa carga. Hace par de semanas salí de La Habana, iba para el Victoria de Girón. No tengo que decirles, ustedes saben lo que es el Victoria de Girón: el estadio de Matanzas. Lo que no saben es que en ese estadio eché yo buena parte de mi adolescencia y casi todas mis ilusiones.

Pues como decía fui hasta el intermitente de Alamar y me puse a esperar una guagua. Esperé cerca de media hora y no pasaba ninguna. Al rato paró un taxi de esos de los modernos, justo delante de mí. Otra gente le había hecho la seña pero en lo que el chofer frenó yo me adelanté y logré clasificar. El de la seña era un hombre, si hubiera sido una mujer le habría dado paso, pero como no era una mujer hice de oídos sordos y me senté. El hombre se quedó refunfuñando y diciendo sandeces en voz baja. No tuvo valor para encararme. Milagro, porque yo soy flaco, bastante escuálido, mi cara es una cara de cobarde o de no andar metiéndose en líos, y la gente aprovecha y a cada rato se lanza y prueba fuerzas. A veces les doy paso y a veces me pongo en mis trece. Es así, como un juego de naipes. Hay que saber cuándo soltar y cuándo recoger.

El chofer me dijo que eran veinte pesos. Le pagué con tres billetes de a cinco y cinco de a uno, no tenía más nada. Me miró con cara de pocos amigos pero enseguida se relajó. Parece que algo en mí le atrajo porque cerca de Tarará me preguntó hasta dónde yo iba. En el taxi había otras tres personas. ¿Conmigo?, le dije. Sí, contigo. Hasta Matanzas, dije, a ver la pelota. Quién juega hoy, dijo. Matanzas-Artemisa, dije. El chofer vestía elegante. Bueno, su carro era un Peugeot moderno. Tenía porte de vivir en Varadero, o en alguna zona residencial.

Andaba cerca de los cincuenta. Unas pocas canas le adornaban la cabeza. Le quedaban bien, ciertamente, le daban un toque interesante. Y su cara no era la cara demacrada de un chofer, era la cara despejada de un ingeniero o de un abogado. Quizás, pensé en ese momento, fue abogado o ingeniero en alguna etapa de su vida, esas cosas suceden en Cuba. Los ingenieros manejan carros y ganan su dinero, es normal. ¿Y a ti te gusta la pelota?, preguntó. Los otros pasajeros miraron extrañados. A mí sí, por qué. No, porque no lo aparentas. Los pasajeros echaron a reír. Decidí no contestar, el tipo me estaba jodiendo. Pero no le faltaba razón. Tengo muchos pelos en la cabeza y en la barba y ando por la vida como bobeando. No tengo pinta de que me guste la pelota. Tengo pinta de que me guste Tolkien o Deep Purple, pero no me gustan las cosas raras.

Me gusta la pelota, y aunque no me gusta el dominó ni el ron, bailo casino y les mando poemas a las mujeres. Es toda una técnica. Hay que saber qué poema va con cada mujer. No puedes enviarle un poema de Benedetti a una niña avispada y uno de Bukowsky a una tonta. En verdad no debes enviarle poemas de Benedetti a nadie. Perdónenme los latinoamericanos, pero el tipo es insoportable. Bueno, no debo hablar así. Ya se los dije, las cosas han cambiado.

Cuando yo estaba en décimo grado e iba al Victoria de Girón mi poeta preferido era Benedetti. El uruguayo me revolcaba, pero no daba resultado. A las mujeres hay que entrarle con algo más fuerte. Tampoco Bukowsky, claro, era un decir. Bukowsky las ahuyenta y no es menos insoportable que Benedetti, aunque viene mejor con los tiempos que corren. Y tiene, además, un poema sublime. Empieza así: There is a blue bird in my heart that wants to get out. Eso quiere decir que el hombre tiene un pájaro azul en su corazón y que el pájaro quiere salir. Es una metáfora, no vengan con el chiste. Después dice que su canto, el canto del pájaro, es tan tierno como para hacer llorar a un hombre, pero que él, Bukowsky, no llora. Y termina preguntándote: ¿Lloras tú? Eso me tumbó, el tipo se te para de frente y te pregunta si eres capaz de llorar. Pero no es, evidentemente, un poema que yo pueda hacer mío, porque el pájaro es azul, si fuera verde tal vez, o marrón, pero como es azul la gente enseguida va a salir con que yo soy industrialista, y nada más lejos de la verdad. Nunca le he ido a Industriales ni le iré, pero si lo buscan verán que el poema es un tronco de poema. Sí, foristas, búsquenlo. Es un poemazo. Si lo buscan y lo leen no me podrán decir que no.

***

Una hora demoró el taxi de La Habana a Matanzas. Me dejó en el Viaducto. Del Viaducto al estadio hay todavía varios kilómetros. Loma arriba. Matanzas está llena de lomas, eso es lo que no me gusta de la ciudad. Eso y que un día, así, sin más, tuve que irme de ella porque se me acababa el preuniversitario y era hora de seguir. ¡Qué farsa eso de seguir! Yo me hubiera quedado en la vocacional toda la vida. De ahí se veía la bahía y las luces de la noche. Ese es mi único paraíso y mi única patria. Suena cursi, pero es real.

Subí dos cuadras por la calle Contreras y esperé la 19. Antes, por suerte, paró una ruta de empleados de no sé dónde, que pasaba cerca del estadio, y en eso mismo me fui. Este chofer sí tenía aspecto de chofer, es decir, un tipo centrado en su timón y con miles de ideas bien fuertes dentro de su cabeza. Llevaba puesta la radio. Yo no soporto la radio. Si hay algo que no me gusta son los malditos programas de participación. Solo comparado con el rechazo que me provocan los retratos de época. Hay quien los ve hermosos, pero a mí me parecen horribles. No he visto mucha pintura, es cierto, tampoco muchos originales, no he ido ni a Bellas Artes, pero todas las mujeres de antes eran gordas y rosadas. No hay una sola que sea por lo menos normal. No, todas obesas y rechonchas y con tremenda sonrisa a todo lo largo y ancho de sus caras de damas respetables. Esa sería una buena pregunta. ¿Por qué los pintores de cámara solo retrataban a mujeres gordas? Bueno, debe ser porque las tipas comían mucho. No les faltaba nada, supongo. Lacayos, manjares, amores prohibidos. Todas esas condesas eran unas zorras. Tenían su marido pero se enamoraban de los artistas. Así le pasó a Goya, por ejemplo. No es que yo sepa mucho de Goya, pero hace poco tuve que estudiarlo. Esos chismes siempre le interesan a uno. Es lo que más se saca de la universidad. Chismes históricos, chismes actuales, chismes del profesor, chismes del alumno. Nadie escapa. Ni los peloteros. ¡Mira que en la universidad se habla de los peloteros! Bueno, en todos lados.

Detrás de mí, en la ruta de no sé dónde, iban dos tipos hablando de Víctor Mesa. Que si visitó a cada uno de sus jugadores para ver el estado en que viven, que si el hombre es un líder, que puede ser un líder pero es un payaso y a mí no me gustan los payasos, que puede ser un payaso pero lo que importan son los resultados, que qué tú hablas si hace veinte años Matanzas no hacía nada y mira cómo está, que sí pero que no y que mejor cállate la boca que ahora el estadio se llena y antes parecía un cementerio. Sí, es cierto. El estadio está lleno, abarrotado. No lo reconozco. Lo pintaron incluso. No me gusta mucho el color, un rosado que no expresa demasiado pero que quizás era el único lote de pintura que había en la provincia. Hay carteles por todas partes. Esos carteles me abruman, foristas.

No me dicen absolutamente nada. Pero no quiero parecer pedante. A alguien le debe decir algo y eso lo justifica. ¡Cocodrilos al combate! Parece una consigna de tiempo de guerra. Nada que tenga que ver con el deporte, y menos en tiempo de paz. Lo que sí me gustan son las gigantografías, o las fotos de la entrada. Pude ver el rostro de Lino Betancourt, un pelotero que había imaginado pero que no sabía cómo era y que según parece tenía su estilo, aunque tampoco podría asegurarlo. Me siento por la banda de tercera. Puedo sentarme detrás de home, ya tengo credencial de prensa. Se los dije, las cosas han cambiado. No deja de ser irónico. Puedo llegar a los estadios y sacar mi pasaporte y pasar como si fuera mi casa, pero para qué, no tiene caso, mi estampa no es tampoco la de un periodista deportivo.

Los periodistas deportivos son lo más antideportistas que hay. Echan barriga y teorizan. Yo puedo parecer un lector de Tolkien, pero juego varias cosas y no lo hago del todo mal. Una vez hasta pisé la grama del Victoria. Me faltaba poco para graduarme del preuniversitario y nos llevaron a disputar un play contra los profesores. Jugué de segundo bate y cubrí el left. Di hasta un triple, me robé el home y no hice errores. Me vestí de héroe, aunque hubo quien lo hizo mejor que yo. Las muchachas nos aplaudían. Los amigos también. No guardo en toda mi vida un recuerdo más feliz. Lo puedo jurar. Terminamos tocando una conga y todo el mundo moviendo la cintura. La noche cayó y nosotros ahí. Qué de risas y de gritos y de felicidad. Era increíble estar vivos y estar en aquel lugar y habernos encontrado justamente nosotros: los matanceros y los cubanos y los habitantes de este mundo más estelares de toda nuestra generación. Ese día, que yo recuerde, nadie se sentó detrás de home. Lógico, debe ser terrible ver un partido detrás de esas mallas. Como si fuera un fotograma. Las jugadas cuadriculadas, por recortes. ¡Ni muerto saco yo una credencial y me siento ahí!, donde se sientan los tipos importantes. No es que esté mal ser un tipo importante, pero solo cuando se pasa de los cuarenta años. Cuando se tiene poco más de veinte, aparentar privilegios resulta patético. Y al final te desinflas. Además, si fuera una credencial para el Capri, valdría la pena, pero los estadios en Cuba cuestan un peso, hasta yo puedo costearlos.

Por eso me siento en la banda de tercera. Siempre me sentaba por aquí. Pero antes no había tanta alegría. El estadio parecía no un cementerio, sino una funeraria, que es peor. Venían alrededor de doscientas personas, no muchas más. Hay quien va a los parques, hay quien va al cine, hay quien va al mar y hay quien va al estadio. Suceda lo que suceda. Por aquella época, año 2005 ó 2006, Matanzas no ganaba ni treinta partidos, pero una banda de viejos fumadores de tabacos, y nosotros, estudiantes fugados de la escuela, siempre estábamos ahí. Tarde por tarde. Noche por noche. Madrugada por madrugada. La cobradora de la puerta ni nos paraba. Sigue siendo la misma, quizás con un poco más de canas, pero ya no se acuerda de mí.

***

Qué quiénes éramos nosotros. Yo y unos socios que ahora estudian Ingeniería. Son la gente más graciosa y más noble que he conocido en mis 22 años. Todavía no he visto a nadie igual. Pero claro, es imposible. Las cosas inevitablemente han cambiado. Aquellos muchachos se levantaban por la noche y te prendían candela en los dedos de los pies. ¿Les parece cruel? Las becas son así. A mi nadie me hizo eso, por supuesto. Siempre he intentado estar entre los que joden, no en los jodidos. Bueno, esos mismos muchachos después te ofrecían la pomada para que te curaras, pero si el día de la visita nadie te llevaba comida ellos te daban su almuerzo, o por lo menos una parte. A medida que crezcas nadie te dará su almuerzo.

Eso es algo, foristas, que hay que saber. Nadie te dará el almuerzo como lo daban mis socios del preuniversitario. Te lo ofrecían y luego se olvidaban. No eran conscientes del acto. Y luego en la madrugada te lanzaban encima una cubeta de agua fría y tenías que poner a secar el colchón y dormir en la tabla y asunto cerrado. Las becas, como la vida, pueden ser crueles, no lo niego, pero yo no he conocido un sitio mejor. Una vez el baño se aglomeró. La gente iba llegando y nadie llevaba jabón. Éramos como veinte, después como treinta, y nadie con jabón. Todo el mundo esperaba por el otro. Llegamos a vivir en ese grado de comunismo. ¿Y saben cómo se llamaba la escuela? Carlos Marx, foristas, la escuela se llamaba Carlos Marx. Sin palabras.

Pues ese mismo día nos bañamos con agua nada más y de ahí salimos para el estadio. Éramos alrededor de ocho. De la vocacional al Victoria de Girón no hay más de dos kilómetros. Y si se atraviesa el cementerio San Carlos, se llega más rápido. Cruzamos las tumbas, los panteones, los nichos sin nombre y salimos a la calle. Casi de madrugada regresamos, con otra derrota arriba, naturalmente, y en el viaje de vuelta a alguien se le ocurrió -a mí no, como se supone- que nos lleváramos un cráneo de los que estaban dispersos sobre la tierra. Porque allí, en un cementerio tan respetable, había cráneos cuya única paz era la paz de la luna, sin dudas el más tremebundo de los descansos. Si yo fuera un muerto, me habría gustado que varios muchachos fastidiosos me llevaran consigo y me salvaran de aquella obstinada intemperie. Sin embargo, puedo entender que a alguien le parezca un sacrilegio. Que lo es, no digo yo si lo es, pero fue exactamente lo que hicimos. Nos llevamos no un cráneo, sino dos. Y los jodedores de la beca le pusieron nombre a cada calavera. Qué nombres, foristas. Wisin, la del occipital hundido. Y Yandel la más cabezona. Creo que un día fueron hasta al estadio y todo. Dormían con nosotros. Se bañaban con nosotros. Estábamos enfermos, o medio muertos. Aquello nos parecía normal. Hasta que un profesor nos trabó en la gracia y en pago pintamos tres kilómetros de paredes y perdimos una semana de pase. Dos veces me retuvieron a mí en esa escuela. Bien pocas, para todas las trastadas que hice.

La segunda porque coincidí con el viejo Pedro, aquí mismo, en la banda de tercera. Me quedé tieso. La última persona que deseaba ver en ese momento era aquel profesor recalcitrante e inamovible. El tipo no entendía. En vano intenté hablarle. Sin embargo, hoy daría cualquier cosa por encontrarme al viejo Pedro. Pero no está. Ni siquiera me tomo el trabajo de buscarle, porque el viejo Pedro ya no debe ni existir. No conozco a nadie. No hay nada propio de aquellos tiempos, tan extraños que parecen mentira. Se los dije, foristas, las cosas han cambiado. Antes Matanzas perdía. Ahora gana. Antes era un equipo fantasma. Ahora todos lo aplauden. Da gusto venir a un estadio así. Repleto, alegre, sin pasado. O con un pasado que poco a poco va cayendo en el olvido. Eso es lo otro que hay que aprender. No quiero parecer pedante. Esa es la única verdad, mirar al frente y seguir. El día que me robé el home, sin embargo, me raspé la rodilla. Ya no duele, es cierto, pero se me ha quedado la cabrona marca.

Se han publicado 254 comentarios



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  • Yurisander Guevara Zaila dijo:

    Excelente crónica, una vez más, nos regalas. Sigue así, que pronto te lloverán los premios. Como me he reído, y al mismo tiempo, reflexionado, con todos los puntos de la vida cotidiana que tocas. EXCELENTE!!!!!

  • Esteban dijo:

    Gracias por ese periodismo fresco que tanta falta le hace a la prensa cubana, te lo dice alguien que lleva más de 20 años en el gremio y que además, como tú, es de Matanzas y está muy orgulloso de haber nacido en estas tierras. Una vez más gracias por este nuevo periodismo que estas haciendo.

  • Dixan Las Tunas dijo:

    Bueno ya somos 2 los que leímos completo esta crónica, al principio me pareció un poco cansón pero después le fuí cogiendo la vuelta, hasta que solté la risa con lo de las carabelas, claro que también he reflexionado, muchas personas han tenido su propio “Marx”, el mio fue una etapa linda que ya nadie recuerda, pero sin luces ni mirada a la bahía, en fin… buena crónica…

  • Patricia dijo:

    Genial

  • matancero dijo:

    viva la vocacional karl marx y el victoria de giron

  • Ramadán dijo:

    Chico, no es Debate, pero es Cuba, que es demasiado. Buena crónica.

  • Y.Vazquez dijo:

    No me ha gustado esta cronica…como que remarcas tus “hazañas” de positivas y no se te ve un sencillo gesto de respeto por quienes fueron alguna vez esos “craneos”, me parece que te jactas de cosas no tan admirables y de anecdotas que dejan algunos agujeros negros.
    En verdad no soy el mas indicado para decir que tipo de “periodismo” necesitan los cubanos hoy en dia, pero este que hoy nos muestras le sobra para este presente, cosas de tu pasado y valores que en la vida del hombre no deben cambiar..pues la degradacion seria inminente.
    Es mi mas sincera opinion, sin ofenzas, pero si mañana estoy equivocado tambien lo voy a escribir…gracias!!

  • José Enrique dijo:

    Realmente bonita crónica, me parecías pedante y deseoso de llamar la atención, estuve a punto dejar de leerla, pero luego te la ganaste por la honestidad y el cálido humor, donde la añoranza y objetividad complementan la expresión jovial. Es cierto, si te dan tiempo y confianza llegarás lejos, mucha suerte.

    Desde Santiago de Cuba; José Enrique

  • estrella fermina dijo:

    carlos manuel que buenos dias tus nos das a todos. con tus cuentos
    de juventud y de alegria de pasado y de presente.
    voy a copiarlo y se lo voy a enviar a mi hijo que es joven como tu
    y es asi..como tu le encanta la pelota. pero el es industrialista.
    ja ja ja.. pero va bien. desde italia un saludo para ti y para todos.
    lo importante es seguir palante. palante.

  • Ivan Parra dijo:

    Muchas gracias muchacho, me hiciste recordar mis tiempos en la vocacional Antonio Maceo.

    FELICIDADES POR TU EQUIPO DE PELOTA, LO ESTA HACIENDO MUY BIEN.

    • Vivian dijo:

      A mi también, cuantos recuerdos

  • Ivan Parra dijo:

    AH, Siertamente no tienes estampa de haber jugado ni Yaquis.

  • Maria Thoukididou dijo:

    Una cronica maravillosa. Un modo muy lindo de presentacion/combinacion en todos los terminos. Mi primera lectura de hoy en CubaDebate y estoy encantada. Un saludo desde Limassol/Chipre de una Cubana, no de Matanzas, pero cuando se esta lejos y tantos anos toda Cuba es patria y cada cosita que leemos lo sentimos como nuestro siempre. Mis felicitaciones por tu trabajo y tambien para el equipo matancero.

  • VictorJ dijo:

    Ya se va haciendo costumbre, recibir y porder leer un buen articulo (o cronica o lo que sea) de Carlos M.
    Yo los disfruto muchisimo (y los comparto) y por eso le agradezco.

  • KARLOS M. dijo:

    excelenteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee, ojala podamos leerlo nuevamente en la prensa plana, muy bien por el matancero

  • Diego M. Vidal dijo:

    Compadre, lo de Benedetti no tiene perdón salvo porque tus pocos 22 años no te hayan podido ayudar a entender la grandeza de la obda de Don Mario… pero bue… tienes tiempo aún…

  • Rogelio Noa dijo:

    Carlos genial tu cronica ni idea tienes de las cosas que se les ocurrieron a los que estudiamos en la vocacional Rafael Freyre de Guantanamo, las trastadas eran trribles y cuando te cogian te decian picoteao, esos tiempos nunca volveran el de repartirse hasta un caramelo entre 7 muchachos, saludos par ti

    • maysi dijo:

      No habia leido nunca nada tuyo, pero desde hoy son tu fan jaja, me gusto la manera de hacer que uno lea hasta el final a ver en que termina la cosa. Esos recuerdos de la beca son inolvidables, en solo una has hablado de tantas cosas que ya quiero revisar para leer las anteriores y luego las que vendran.. y oyeee eso de los craneos estuvo fuerteeee claro que fue cosa de muchachos pero eso fue serio, pienso que ya has tenido tiempo para pensar en eso, reirte y luego decir upss eso estuvo mal.. sigue asi, me encantan las cronicas, en la prensa plana me gustan las de Ronquillo y aqui por lo que eo seran las tuyas.

    • maysi dijo:

      Rogelio Noa………….Disculpen , ya hice el comentario de la cronica, ahora tengo una duda..Rogelio Noa, que vocacional en Gtmo se llama Rafael Freyre??? hay una nueva?? yo estudie en la vocacional, Jose Maceo Grajales de guantanamo y mencionas una diiferente, de que me perdi??

  • Isbel dijo:

    Buena crónica. Hay un poema de Benedetti que me ha funcionado se titula “Como siempre” para las chicas que cumplen años.

  • RAUL DS dijo:

    Carlos exelente cronica, yo no leo mucho, pero esta la lei completa, muchos hemos tenido en la adolecencia estas etapas de becas y de sacrificio, eso forja la vida y mas, el caracter de las personas, los que no hayan pasado estas etapas,,, no saben lo que es la vida,,,como dice un humorista, ni tampoco saben lo que un sacrificio para seguir adelante, yo tengo 68 anos y desde los 14 estoy en combate, vivi una parte del capitalismo, pues naci en el 43, por lo tanto nadie me puede hacer cuento de nada y para definir,, Viva Cuba,, Patria o Muerte..Seguiremos Venciendo..Gracias Carlos sigue asi que vas bien,,,

  • Bernal V. dijo:

    Me reí muchísimo y con eso es suficiente porque tu crónica por lo menos conmigo cumplió su objetivo. Gracias.

  • Cristobal Mesa dijo:

    Mis aplausos… Da gusto desayunarse con esta crónica.

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Carlos Manuel Álvarez

Matanzas, 1989. Periodista y colaborador de Cubadebate.

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