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Cuatro grandes figuras del deporte cubano —el esgrimista Ramón Fonts, el ajedrecista José Raúl Capablanca, el maratonista Félix Carvajal y el beisbolista José de la Caridad Méndez— protagonizaron anécdotas de valor, ingenio y resistencia, grabados en la historia que hoy rescata los Apuntes del Cartulario.

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El habanero de extramuros vivía prácticamente en la calle. En la noche, después de la cena, tomaba el fresco y hacía tertulia en los portales de su vivienda y discutía allí las cuestiones del día. Otra de sus distracciones importantes eran el juego, las peleas de gallo y el teatro… Pero la pasión dominante del habanero era el baile; todo el mundo bailaba en La Habana.

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La vida teatral habanera fue muy intensa durante las tres primaras décadas del siglo XX. Se daba el caso de que noche a noche ocho teatros abrían sus puertas para presentar distintos géneros teatrales. No era raro entonces el empeño de compañías europeas de venir a Cuba a “hacer la América”. Si triunfaban aquí, tenían garantizado el éxito en otras latitudes latinoamericanas.

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El bacteriólogo inglés Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, pasó su luna de miel en La Habana. Su visita tuvo dos propósitos. Uno, científico y otro personal. Dictó en la Universidad habanera importantes conferencias, sobre el uso de los antibióticos y sobre la herida aséptica, mientras que, huésped del Hotel Nacional, disfrutada de su luna de miel.

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Esta es una historia que, de no ser cierta, merece serlo. La protagonizaron el maestro Gonzalo Roig, el autor de la zarzuela “Cecilia Valdés”, y la actriz Blanca Becerra, entonces en el apogeo de su celebridad, una mujer bellísima que inspiró al compositor su memorable “Quiéreme mucho”.

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Durante décadas el cubano se valió de ese húmedo y sonoro recurso para burlarse y hacer mofa de aquellos que “se pasaban de rosca y causaban daño con sus estridencias”. Era expresión de una crítica cruel, pero eficaz y certera que dejaba fuera de combate a quien la merecía.

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El dos de diciembre de 1918, María Teresa García Montes de Giberga reunió a un grupo de amigos en su casa de 15 y D, en El Vedado, para crear una sociedad que promoviera y patrocinara acciones artísticas: así nació Pro Arte Musical, con el propósito inicial de conseguir el compromiso de personas para comprar localidades para cada concierto de importancia en La Habana.

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En Cuba, en 1950, ejercían poco màs de 4 900 médicos.  De ellos, unos 3 000 ejercían en la Habana. Pinar del Río era cubierta por 188 médicos y 219 galenos atendían a los matanceros. Las Villas disponía de 503 médicos para una población de casi un millón de habitantes, y en Camagüey laboraban 312 de esos profesionales.

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Se opuso a los ocupantes ingleses, se negó a pagar las contribuciones de guerra que exigían los invasores y ordenó al clero que no colaborase con ellos. Pedro Agustín Morell de Santa Cruz y de Lora, Obispo de Cuba, era irascible y tenía la boca dura y no demoró en convertirse en la cabeza visible de la oposición abierta al extranjero.

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Pocas calles habaneras han variado tanto su denominación como esta. Si el capitán general Miguel Tacón impuso su nombre al Gran Teatro, a la Cárcel Nueva y al mercado de la Plaza del Vapor, construidos todos durante su mandato (1834-38) es de suponer que se lo asignara también a este paseo. Alameda de Tacón le llamaba en 1860 el historiador Jacobo de la Pezuela.

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Como “un mozo inteligente y bien plantado” lo retrata Alejo Carpentier en una crónica que publicó en la revista Carteles. Interpretaba la música, dice el autor de ‘Los pasos perdidos’, como debía interpretarse, con “su voz potente y bien timbrada que no se perdía en alardes de virtuosísimo estéril”. Era un hombre elegante y con una suerte loca con las mujeres.

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No cree el cronista que sean muchos los habaneros que sepan que la calle Revillagigedo, en esta capital, deba su nombre a un gobernador español de mano dura cuyas excelentes dotes como gobernante se vieron eclipsadas por una codicia y una altivez censurables y que hicieron que ganara el epíteto de tirano. Asumió el mando de la Isla el 18 de marzo de 1734 y durante los once años que se mantuvo como gobernador general de la Colonia fue inmune a críticas y denuncias del patriciado criollo.

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