Un suicidio que no fue

Gonzalo Roig. Foto: Jorge Oller.
Esta es una historia que, de no ser cierta, merece serlo. La protagonizaron el maestro Gonzalo Roig, el autor de la zarzuela “Cecilia Valdés”, y la actriz Blanca Becerra, entonces en el apogeo de su celebridad, una mujer bellísima que inspiró al compositor su memorable “Quiéreme mucho”. Pero, cosas que pasan, el creador de “Ojos brujos”” (“Yo estoy loco por líbrame / de unos ojos que ayer vi, / ojos brujos que al mirarme / han sabido fascinare / siempre clavados en mí…”) dado a los devaneos amorosos, era casado y no faltaban quienes se empeñaban en hacerle la vida imposible a la pareja. Tanto los obstinaron con chismes, indirectas y comentarios mal intencionados que Gonzalo y Blanquita, un atardecer en que se pasaron de tragos en el bar Partagás, de Prado y Neptuno, acordaron privarse de la vida en un pacto suicida que sería sobre todo, muy teatral.
No recuerda el cronista haber leído nada semejante en la excelente biografía del Maestro escrita por Dulcila Cañizares. Pero como quien esto escribe suele trabajar tanto con la historia como con las versiones, algunas de las cuales son más interesantes que la historia misma, la da tal cual.
Dirá antes, que la gustada pieza de Roig tuvo, desde su concepción hasta su estreno, una sensible variación en su letra. Su primera versión fue escrita por Gonzalo y Blanquita que se empeñaron, al parecer, en hacerla a dos voces.
Decía el hombre:
“Quiéreme siempre, negra querida.
No dudes nunca de mi querer.
El es muy grande, el es inmenso…”
Y la mujer decía:
“Siempre, mi negro, yo te querré”.
En definitiva, la primera estrofa quedaría así:
“Quiéreme mucho, dulce amor mìo,
Que siempre amante te adoraré.
Yo con tus besos y tus caricias
mis sufrimientos acallaré…”
Y ahora viene lo interesante de esta historia. Los versos no son de Roig. El Maestro los tomó “prestados”, sin pedirlos y los utilizó sin autorización para ello, de un poeta hoy olvidado, Ramón Gollury, que empleaba el seudónimo de Roger de Lauria. El hombre se quedó frio al escucharlos en el estreno de la pieza, que, como parte de la obra “El servicio obligatorio”, se llevó a escena en el teatro Martí, en 1915. En el intermedio de la función, Roig lo procuró y le dio las explicaciones que merecía el caso que Roger de Lauria aceptó con una sonrisa. Eran muy amigos. Hoy, si lo recordamos, es gracias a ese “plagio”.
Antes, y esta vez a pedido de Roig, Agustín Rodríguez, que sería, junto con Pepito Sánchez Arcilla, el autor del libreto de “Cecilia Valdés”, escribió la segunda estrofa de la pieza:
“Cuando se quiere de veras
Como te quiero yo a ti,
Es imposible, mi cielo,
Tan separados vivir…”
Hacia la muerte
A dúo se privarían de la vida. Gonzalo y Blanca abandonaron el bar Partagás y se encaminaron al Teatro Nacional, hoy Gran Teatro Alicia Alonso, en Prado y San Rafael a fin de ejecutar lo pactado. Sin reparar en quienes caerían en la cabeza, se lanzarían a la platea desde la tertulia.
Dejaban atrás Neptunio cuando un borracho, de los que eran habituales en la zona, les cortó el paso. Se propasó de palabras con Blanquita, y, desmandado, le palpó ávidamente el llamativo y generoso trasero.
Roig era un caballero. Estaba además enamorado. Usaba un bastón rápido y vengador y la emprendió a bastonazos con el intruso., relataba Enrique Núñez Rodríguez, que contó esta historia al cronista. Intervino un agente del orden y el agresor y la romántica pareja fueron a dar de cabeza a la estación de policía de la calle Dragones.
La personalidad del compositor, la popularidad y belleza de la actriz y las razones que animaron los bastonazos, hicieron que el capitán de la demarcación abreviara los tramites. Roig formularía la acusación y el borracho quedaría detenido. No habría juez correccional capaz de librarlo de seis meses de encierro por abuso deshonesto.
El compositor que, pasado el efecto de los tragos, había recuperado ya su serenidad habitual, expresó sonriendo:
—¿Acusarlo? No, hombre, no… ¡Si este hombre acaba de salvarnos la vida!
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Curioso lo que nos trae esta vez el profesor. Gracias