Artículos de Ciro Bianchi Ross
Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.
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El tren de Zanja, llamado también de Mariano, llega como una estampa amable del pasado. Se inauguró en 1863. Salía del paradero de Concha, en la actual Plaza de Carlos III, y rendía viaje en Los Quemados, en el municipio vecino, hasta que en 1884 su recorrido se extendió hasta la playa, donde luego se construyó el Club Náutico.
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Kuquine es un predio de 17 caballerías de extensión enclavado al borde la Autopista del Mediodía y que queda encerrado entre la Carretera Central, la carretera de Cantarranas al entronque del Guatao y la vía que corre de San Pedro a Punta Brava. Fulgencio Batista debe haberla comprado en sus días del jefe del Ejército o a inicios de su primer mandato.
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Todo un show publicitario se montó para la inauguración de coliseo de Vía Blanca y Boyeros. El plato fuerte del programa de la noche sería la pelea entre el cubano Orlando Echevarría y el norteamericano Joe Brown, campeón mundial de los pesos ligeros. El púgil del patio, alejado de del ring desde un año antes, llevaba todas las de perder en el enfrentamiento.
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Los trabajos de la Carretera Central propiamente dicha comenzaron en San Francisco de Paula, el 1 de marzo de 1927. Tiene una extensión de 1 139 kilómetros. Es una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana y los especialistas la catalogan como la obra del siglo XX en Cuba. Es una de las mejores carreteras de América Latina.
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Carlitos Aguirre Sánchez es una de esas personas a las que toca una muerte que no es la suya. Como se lee en el pedestal de la estatua que se le erigió en el parque que lleva su nombre, fue “tempranamente arrancado de la vida cuando era ejemplo a la juventud y la mente vigorosa y fuerte eran presagios de indescriptible grandeza”.
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El triunfo de Ramón Fonst en París trae un aire favorable para la esgrima cubana. Apenas tiene 16 años de edad, pero logra imponerse sobre esgrimistas de nombre reconocido. Sorprende por su forma de manejar la espada y las victorias se las anota una tras otra ante el asombro de todos. Tal era la fama internacional de Fonst que muchos maestros de la esgrima pensaron que en cada cubano había un as de la espada en potencia.
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Antes de que el Malecón existiera, casi todas las viviendas habaneras de entonces estaban dotadas de letrinas o pozos negros que se hacían construir casi al lado de la cocina. Como su limpieza se imponía periódicamente, aparecieron grupos de hombres que se encargaban de esa labor, que llegó a convertirse en una actividad lucrativa. Sacaban de noche las materias fecales y, ya de madrugada, las arrojaban al llamado Canalizo situado junto a las faldas del castillo de Atarés.
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El primer cadáver que se embalsamó en La Habana fue el de la señora Isabel Herrera y Barrera, esposa del primer marqués de Almendares. La operación la realizó, el 3 de junio de 1841, el médico Nicolás Gutiérrez, uno de los fundadores de la Academia de Ciencias. El método, que consistía en inyectar por la carótida del fallecido una sustancia que tendía a conservarlo, fue comprado por Gutiérrez al francés Grannal.
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Aguiar, esa calle habanera que comienza en la Avenida de las Misiones y se interna a lo largo de unas quince cuadras en la ciudad vieja para morir en Sol, junto a los muros del convento de Santa Clara, debe su nombre a Luis José Aguiar, uno de los regidores del Ayuntamiento de La Habana que se destacó de manera extraordinaria en la defensa de la ciudad ante la agresión británica de 1762.
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El Gran Teatro Tacón (hoy Alicia Alonso) fue en su momento uno de los mejores del mundo. Su lámpara central, en forma de araña, constituía, según la copla popular, uno de los elementos distintivos de la ciudad, junto al Morro y la Cabaña. “Tres cosas tiene La Habana / que causan admiración: / son el Morro, la Cabaña / y la araña del Tacón”.
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