El turismo emplea unas 100 mil personas en Cuba. Hay unas 63 mil habitaciones de 4 y 5 estrellas, que ahora mismo tienen alrededor de un 20% de ocupación. Además existen unos 50 mil negocios privados de hostelería (B&B), predominantes en ciudades como Viñales o Trinidad.
La narrativa de un país en crisis por sus propios (des) méritos y de un gobierno que, de espaldas al sufrimiento de su pueblo, no quiere ceder, es utilizada por el Gobierno estadounidense para el endurecimiento de las sanciones a Cuba y para un probable ataque militar al país. Sin esos argumentos, la agresividad y la responsabilidad imperialista por las penurias del cubano de a pie quedarían al desnudo.
El magnate neoyorquino devenido en presidente está acorralado por tres restricciones que intenta disimular. En primer término, el fracaso de su aventura bélica en el golfo Pérsico. En segundo término, porque no logró rasgar el vínculo energético entre Teherán y Beijing, situación que debilita al presidente estadounidense de cara a la cumbre con Xi Jinping, programada para el 14 y 15 de mayo. Por último, sufre las malas noticias relativas a su fracasada política arancelaria.
En estos días parece que son historia los avances de los años de integración, romance y encuentros entre los pueblos latinoamericanos y caribeños y varios gobiernos de la región no sienten vergüenza en mal comer de la mano de un imperio violento y criminal. La capacidad de movilización de la izquierda está en retroceso.
Sin evidencia alguna, el Secretario de Estado de EEUU acusa al gobierno cubano de despilfarrar recursos y no atender las necesidades que él considera prioritarias. Pretende justificar así el castigo colectivo vigente contra todo el pueblo cubano y la posibilidad de agresión militar.
Eso que se llama “guerra cognitiva” se configura hoy como una de las formas más sofisticadas de intervención sobre la vida social, no ya mediante la ocupación territorial clásica ni exclusivamente a través de la coerción económica directa, sino mediante la colonización sistemática de los procesos de producción de sentido. Su eficacia no radica en la destrucción visible, sino en la infiltración invisible; no en el estruendo de las armas, sino en la modulación silenciosa de las percepciones, los deseos y los marcos interpretativos.
Vivimos hoy un proceso de deshistorización del tiempo. En esta crisis del tránsito de la modernidad a la posmodernidad resulta difícil consolidar valores como, por ejemplo, la ética. No existe proyección, prospección, estrategia, sin la concepción del tiempo como historia. Esta es seguramente una de las mayores herencias recibidas por Occidente. Corre ahora el peligro de descaracterizarse. Los griegos imaginaban un tiempo cíclico. Las cosas ocurren y se repiten. Y comulgaban con la idea de un destino implacable. Algo anterior y superior a mí traza el rumbo de mi vida. Y ese poder es inapelable.
El Primero de Mayo en Cuba mostró la fuerza de millones de trabajadores y familias que marcharon por la paz y contra el bloqueo, mientras desde Washington se anunciaban nuevas medidas punitivas y amenazas militares que buscan asfixiar a la nación caribeña. Frente a la firma solitaria del presidente estadounidense decretando castigos, más de seis millones de cubanos refrendaron con su rúbrica la defensa de la Patria. Así se revela la distancia entre dos proyectos opuestos: de un lado, un pueblo que entiende la Patria como humanidad y recibe solidaridad internacional; del otro, un imperio que insiste en la coerción, »