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Musicales

Publicado en: Con Humor
En este artículo: Cultura, Humor, Música, Sociedad
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Imagen de archivo.

Pocas cosas como la música, trasladan una imagen de la realidad y del momento que viven los pueblos. Las letras de las canciones incorporan estribillos o simples estrofas que se nutren de una moda, del refranero popular o de la situación política y social de las naciones; pero también, en ocasiones, los nombres de las agrupaciones y hasta de los músicos se imbrican con lo cotidiano y lo reflejan, tenemos ejemplos cumbres en nuestro país como la célebre orquesta Los Van Van, que tomó esa denominación por el lema que repetían los cubanos en el empeño de cumplir con la zafra de los diez millones en 1970: “Los diez millones van”; y tenemos ejemplos menos encumbrados, yo diría ejemplos más de potrero, más llanos, como los de mi pueblo natal.

Allí, Rufino Cuba se empeñó en armar un “combito” para hacerle la competencia a Pepe, que para entonces era todo un consagrado al frente de Los Albinos, agrupación sopera (aun no llegaba a salsera) dueña absoluta de las listas de éxitos que más sonaban en el cabaret municipal, en la Casa de la Cultura de Bijarú y hasta en el Círculo Social de Potrerón, autores de “La Cintura Ausente” dedicado a una gordita que nuca aceptó las posposiciones amorosas del vocalista del grupo y de “El mostrador de la Guarapera” una denuncia pública contra algunos que se pegaban frecuentemente sin ser invitados a las tertulias privadas de los músicos.

Fue entonces que el Rufo, a quien todos conocían por su apellido, Cuba, convocó a dos o tres amantes de las guarachas y creó el sexteto Más vale por aquello de que “más vale tarde que nunca”, para ese fin se nutrió de gente del barrio y de otros lares, incorporando al Americano, un rubio alto y desgarbado que venía de su pueblo natal con ese apodo y fue ese detalle sin que Rufino lo imaginara, lo que hizo más notable a su agrupación, pues al forastero le dieron a tocar los timbales y entonces con frecuencia sucedía que la gente al verlo pasar lo identificaban de una forma muy criolla y divertida, simplemente decían: “Allá va el americano rubio que le toca los timbales a Cuba”.

En una ocasión, cuando el sexteto comenzó a ganar fama en la localidad, vino Paco Peña con su habitual humor y su poquito de alcohol en sangre, traía una propuesta jocosa para Rufino: “Oye músico,si te embullas a ponerle un coro al grupito, me avisas que te tengo en la lista dos o tres guanajos del barrio que son expertos en repetir cuanta porquería hablan por ahí de este país, solo que a veces desafinan bastante y pierden el compás.

(Tomado de La Bicicleta)

Se han publicado 3 comentarios



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  • Williamsf dijo:

    J J J JJ

  • Guayacan dijo:

    Buen tema, ese de lo musical, ahora que prolifera en las calles la terrible moda de amplificar, casi siempre reggaeton.

  • vasilymp dijo:

    Muy bien este texto que, desde el costumbrismo, el sabor de la crónica divertidamente cubana, nos toca un tema sensible y al que debemos buscar ya una solución contundente. Una solución que necesita ser de carne y de hueso, no de leyes, contravenciones ni teorías publicables.

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