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Diario de El Paso: Bardach vs Hernandez, primer round

19 marzo 2011 | +

Ann Louise Bardach. Foto: Archivo de la familia Bardach

Ann Louise Bardach. Foto: Archivo de la familia Bardach

Por José Pertierra

Marzo 18, de 2011. El Paso, Texas. El abogado que representa a Luis Posada Carriles tiene la reputación de hacer contra-interrogatorios agresivos y efectivos. Su tarea de hoy fue cuestionar a uno de los testigos principales del caso: Ann Louise Bardach.

Por eso cuando Arturo Hernández se le acercó al podio, algunos de los integrantes del jurado se inclinaron hacia adelante en sus asientos. El afro-estadounidense de la segunda fila miró al chicano que tiene a su derecha y este le clavó la vista y se frotó las palmas de las manos —como diciendo “ahora empieza el show”.

LA SAGA DE LOS LIBROS

Bardach no es fácil. Es una mujer extremadamente excéntrica e impredecible. Capaz de cualquier cosa en el estrado. Hoy, por ejemplo, antes del contra-interrogatorio que le hizo el abogado defensor, la interrogó el fiscal Timothy J. Reardon. Los testigos tienen prohibidos tener libros u otros documentos mientras están declarando.

“¿Usted habló con Luis Posada Carriles en el año 2005?”, le preguntó el fiscal.

Como si el interrogatorio judicial fuera una entrevista televisiva para darle publicidad a sus obras, Bardach levantó de sus piernas un libro —nadie se había dado cuenta que lo cargaba como si fuera una manta de seguridad— se lo mostró al jurado y exclamó: “Sí. Posada estaba leyendo mi libro. Este libro, Cuba Confidential.”

Varios integrantes del jurado se rieron. Ese tipo de cosas, simplemente, no se hace en corte y —a pesar de no ser abogados— ellos lo saben. Bardach no había acabado con el libro. Aún manteniéndolo ante la vista del jurado, añadió:  “Posada me dijo del libro: ¡qué bueno!” La risa volvió a escucharse en la corte.

El fiscal Reardon enrojeció y se levantó de su asiento con cara de asombro ante la situación que había precipitado su testigo. Le pidió una etiqueta a su asistente y marcó con un número el libro de la autora. No le quedaba más remedio, porque ella había hecho referencias al libro mientras testificaba.

Pero el asunto no acabó ahí. Cualquier objeto que ha sido identificado en corte, tiene que mantenerse en manos de los abogados litigantes. Los de la fiscalía con la fiscalía y los de la defensa con la defensa. Esto quiere decir que Bardach se vio obligada a entregarle el libro, marcado y subrayado, al fiscal Reardon para que éste lo mantenga entre los otros objetos que han sido expuestos al jurado. Molesta y mal dispuesta ante esta situación que ella misma había creado, Bardach le entregó el texto de Cuba Confidential a Reardon.

Bardach tuvo que seguir durante la mañana contestándole las preguntas al fiscal Reardon sin su libro en la mano. Todavía faltaba para el contra-interrogatorio de Hernández. Reardon aún necesitaba que identificara varios segmentos de la entrevista que le hizo a Posada Carriles en junio de 1998 en Aruba, lugar a donde Posada Carriles llegó después de haberse escapado de la cárcel en Venezuela en 1985.

EL AGENTE DEL FBI JORGE KISZYNSKI

El primer segmento de la entrevista que puso Reardon tenía que ver con la conversación que Bardach y Posada Carriles le dedicaron al ex agente del FBI, Jorge Kiszynski, quien trabajó para esa agencia por 33 años en asuntos relacionados con el narcotráfico y el terrorismo internacional.

Kiszynski entrevistó a Posada Carriles en 1992 para una investigación del Congreso de los Estados Unidos sobre sus actividades relacionadas con el escándalo Iran-Contra, y Posada Carriles lo considera un buen amigo. “Es argentino y buen mozo”, le dice Bardach de Kiszynski a Posada Carriles durante la entrevista en Aruba.

“Este hombre del FBI es muy amigo mío”, le responde Posada Carriles. “El FBI y la CIA no me molestan”. El jurado escuchó a Posada Carriles decirle a Bardach que debido a que no es ciudadano estadounidense y que está fuera de los Estados Unidos, no tiene por qué preocuparse del FBI —y que Kiszynski es su único punto de contacto con el FBI.

“¿Cualquier cosa que le pida (el FBI) usted lo trataría de hacer?”, le preguntó Bardach. “Claro, ¿por que no?”, respondió Posada Carriles.

“LA COTA”

Abruptamente terminó el segmento de la grabación que Reardon había preparado y comenzó otro. Este sobre un amigo de Posada Carriles conocido como “La Cota”. La cinta no lo explica y el jurado no lo sabe, pero “La Cota” es Ángel Manuel Alfonso Alemán. Radicado en New Jersey, fue el vicepresidente de la organización Coordinadora de Expresos Políticos Cubanos.  “La Cota” fue arrestado a bordo de la embarcación La Esperanza en 1997, en ruta a la Isla Margarita para supuestamente asesinar a Fidel Castro durante una cumbre presidencial que se preparaba allí.

Cuando el guardacosta estadounidense encontró un arsenal de armas en el yate, “La Cota” advirtió a los oficiales: “Estas armas son mías. Los otros no saben nada. Yo mismo las he puesto ahí. ¡Son armas para matar a Fidel Castro!”. El jurado tampoco sabe eso, aunque sí se enteró de que Posada Carriles asintió cuando Bardach le preguntó al respecto: “’La Cota’ dijo que él y otros amigos le mandan dinero a través de Pepe Álvarez”.

“La Cota” trabajaba para el fallecido Arnaldo Monzón Plasencia, quien fue identificado en corte como uno de los principales financieros de la conspiración para hacer explotar bombas en La Habana. Cuando Bardach le mencionó el nombre “La Cota”, Posada Carriles recordó a su amigo y se rió. “La Cota es muy valiente. Estuvo 18 años preso.”.

Los integrantes del jurado, sin embargo, no se enteraron por qué “La Cota” estuvo preso. Supongo que asumieron que había estado preso en Cuba, pero no sabemos si pensaron que “La Cota” es un Nelson Mandela cubano o que cumplió sentencia por delitos serios en la isla.  Tampoco se enteró el jurado del papel del amigo de Luis Posada Carriles en el atentado contra Fidel Castro en Isla Margarita.

¿Pensará el jurado que “La Cota” es un amigo que simplemente jugaba dominó con Posada Carriles, y que por eso éste se mostró tan contento al escuchar a Bardach mencionar su nombre?

Una de las deficiencias del sistema jurídico de los Estados Unidos es precisamente las lagunas de conocimiento que le impone a los que tienen que rendir el veredicto sobre el acusado. El sistema coloca al jurado unas anteojeras de caballo para que no vean, no escuchen y no sepan. Se enteran de la evidencia totalmente fuera de contexto.

OTRA MOCION PARA ANULAR EL PROCESO

Los segmentos de la entrevista que reproducía Reardon ante el jurado duraban solamente entre tres o cuatro minutos cada uno. Inmediatamente paró el de “La Cota” y pasó al siguiente asunto, la cantidad de pasaportes que utilizaba Posada Carriles.

“El tenía diferentes pasaportes”, explicó Bardach como si le estuviera dando una cátedra al jurado. “Venía a los Estados Unidos por debajo del radar, debido a los problemas que tenía en otros países —de los cuales no puedo hablar”, añadió.

Ufff…… Otra vez se paró el abogado defensor para hacer la petición número 13 de anular el proceso debido a que el jurado haya escuchado declaraciones que están fuera de los parámetros de esta acusación. Ya había hecho otra petición igual hacía pocos minutos.

LA JUEZA AMONESTA A BARDACH

Arturo Hernández pidió poder explicar sus razones fuera de la presencia del jurado. La Jueza Cardone despidió al jurado, y fijó su mirada, muy molesta, en Bardach. La amonestó y la instruyó sobre la conducta apropiada de un testigo ante un tribunal federal: “Señora Bardach, esto no tiene que ver con contar cuentos. Es un juicio. Queremos asegurarnos de que el juicio es justo y de acuerdo con las reglas de la evidencia y del procedimiento. Sus cuentos históricos no son apropiados para el jurado. Cada vez que usted añade cosas y responde a preguntas que no le han hecho, se mete en áreas que la corte y los abogados se han pasado años tratando de establecer lo que puede ser aceptado como evidencia”.

Un poco avergonzada, Bardach respondió que no había sido su intención causar tanto problema. La jueza le dijo: “Usted necesita escuchar a la pregunta y contestarla, sin hacer comentarios ajenos”.

Durante los próximos segmentos, Bardach respondió las preguntas que le hizo el fiscal Reardon, como si estuviera metida en una camisa de fuerza.

Los segmentos de la entrevista de Bardach a Posada Carriles que reproducía Reardon parecían dislocados de todo contexto, y los integrantes del jurado escuchaba frases sueltas. Escucharon a Posada Carriles decir: “Uno tiene que tener cuidado con los teléfonos. Mira lo que me pasó a mí con lo del fax.”  Bardach testificó que el fax (sin mencionar que es el fax de Solo) tiene el número telefónico desde donde fue remitido, +503 221 9849, pero que ella no sabe si eso es en Guatemala o en El Salvador.

El código telefónico de Guatemala es 502. El de El Salvador 503. Eso es fácil de comprobar, pero el fiscal no se molestó en hacerlo. Ni tampoco sabemos qué esfuerzos se hicieron para tratar de confirmar el propietario de ese número de teléfono en 1997 en El Salvador.

Terminados los segmentos que la fiscalía había escogido para el jurado, Reardon le hizo sus últimas preguntas a Bardach.

OBITUARIOS ADELANTADOS

Reardon le preguntó si trabaja como consultora de CBS News. “Bueno, soy consultora para el día en que muera Fidel Castro. Incluso ya tengo preparados los obituarios para varios medios noticiosos, pero el momento que lo confirmen muerto solamente podré hacerle comentarios a CBS News”, contestó Bardach.

Ella describió dos entrevistas que le hizo a Fidel Castro, pero la descripción carecía de detalles. El fiscal no le preguntó y ella no quiso hacer comentarios. Obedeció a la jueza. Solo contestó las preguntas que le hizo Reardon.

EL CONTRA-INTERROGATORIO

Ann Louise Bardach expresó su frustración por la camisa de fuerza que le habían impuesto. Cada vez que respondía a las preguntas del fiscal hacía muecas y alzaba sus ojos. Al concluir el interrogatorio de Reardon, la jueza Cardone invitó al abogado Arturo Hernández a iniciar el contra-interrogatorio.

Bardach aún no había olvidado que hacía dos horas le habían arrebatado su libro. De repente, se le viró a la Jueza Kathleen Cardone y le dijo: “El Señor Reardon se quedó con mi libro y no me lo ha devuelto”. Antes que pudiera responder la sorprendida jueza, Bardach le dirigió la vista al fiscal. “Necesito mi libro. Usted tiene mi libro”, le reclamó. “Señora Bardach”, respondió la jueza, “usted no debe tener el libro mientras testifica”.

El abogado defensor, que se había estado preparando para interrogarla, no sabía si reírse o quejarse del alboroto que había formado Bardach en la corte. Movió sus papeles de lado a lado en el podio, se ajustó los espejuelos y lanzó su primera pregunta.

“Ninguna de las respuestas que le dio Posada Carriles a sus preguntas en Aruba fueron bajo juramento, ¿correcto?”, le preguntó Hernández. “Claro que no”, respondió Bardach. “Era una entrevista. No un proceso judicial”.

A pesar de entender el inglés sin problemas, Posada Carriles mantiene la ficción de que necesita una interpretación en corte, que le paga los honorarios a varios intérpretes quienes se turnan para brindarle ese servicio al acusado. Interpretan todo lo que se dice en corte y lo hacen simultáneamente desde unos asientos cercanos al estrado del testigo.

Bardach escuchaba el murmullo de la traducción al español. Hizo varios gestos de incomodidad por el ronroneo del intérprete. Se quejó con la jueza, el fiscal, el abogado defensor y el intérprete, quien apenado por haber incomodado al testigo se alejó de ella.

“SI LO DIJO, DE CIEN MANERAS”

Hernández no tardó en ir directamente al grano. “Durante la entrevista que usted le hizo, el Señor Posada nunca explícitamente admitió lo de la campaña de bombas. ¿Correcto?”, preguntó el abogado defensor.

“Sí lo dijo, sí lo dijo. De cien maneras. El estaba muy orgulloso de eso, de que había sido su éxito —estaba orgulloso de todo, menos lo de la muerte”, respondió vigorosamente Bardach. Fue una afirmación más contundente de la participación de Posada Carriles en la cadena de explosiones en La Habana, que la que le había dado al fiscal anteriormente.

El abogado defensor no se rindió. Siguió disparando. Hernández trató de acusar a Bardach de haber exagerado las declaraciones de su cliente, porque éste nunca dijo en las grabaciones: “Yo soy el responsable de las bombas en La Habana en 1997.”

“¿No es cierto que Posada jamás le admitió a usted que el era el autor intelectual de la campaña de bombas”? “Sí lo hizo”, repitió Bardach. “Me dijo: soy el jefe, yo los conozco a todos, pero ellos no me conocen a mi”.

Además Bardach explicó que Posada Carriles se expresa con palabras y con gestos. Tiene una manera de matizar sus palabras cuando explica las cosas. “Durante todo este proceso, yo he tratado de proteger a su cliente lo más que he podido”, le dijo Bardach al abogado de Miami.

Eso enfureció a Hernández. “¿La habré escuchado bien?”, le preguntó y procedió a acusarla de haber hecho toda una carrera a cuestas de la entrevista que le hizo a Posada Carriles en 1998. “Oiga Señor Hernández”, le respondió Bardach, “hay muchos periodistas que han escrito sobre su cliente de una forma más peyorativa y maliciosa que yo”.

Bardach sacó otro de sus libros, Without Fidel, que de alguna manera había logrado colar en el estrado. Antes de que pudiera hacer alguna referencia al libro y tener que volver a marcarlo como objeto de exposición, la jueza Cardone se lo quitó y lo alejó del estrado. No sé quien estaba más frustrado, si la Bardach por tener que estar respondiendo tantas preguntas sin poder usar sus libros o el abogado Hernández por no poder colocarla en la mirilla de su retórica.

POSADA TIENE UNA PROFESION MUY INSUSUAL

El abogado defensor trató de lanzarle otra línea de ataque. “¿No es cierto que Luis Posada Carriles ha desmentido su entrevista en entrevistas posteriores que le ha dado a otros medios?”, preguntó Hernández.

“Mire, es que su cliente tenía que hacer eso. El tiene una profesión muy inusual”, respondió Bardach, aludiendo a la carrera del ex agente de la CIA.

La jueza anunció un breve descanso y Bardach salió hacia el pasillo —pero no antes de saludar a Posada Carriles. “Está leyendo mi último libro”, dijo la periodista orgullosamente. “Yo se lo autografié, igual que hice con el primero”.

EL SHOW

Cuando regresemos del descanso, el abogado de Posada Carriles cambió la rutina. Escribió las siguientes frases en letra de molde, cada una papeles diferentes: SOLICITACION, ARREGLO, “YO ESCRIBI EL FAX DE SOLO”.

“Sra. Bardach, le voy a mostrar estas frases y pedirle que las coloque a su lado. Entonces voy a poner una edición larga de la grabación. La de dos horas —no los segmentos. Quiero que usted me avise cuando escuche esas frases en la cinta”. Puro teatro. Acababa de hacer entrada el Art Jernandes histriónico.

Bardach captó la intención del abogado y no le gustó que la quisiera hacer pasar por tonta. “Le he dicho ya a usted lo necesario. No tiene que tocar toda la cinta y hacerle perder el tiempo a todo el mundo. El no usó esas palabras.  Le pregunté si había escrito el fax de Solo, y me dijo que sí. Esas palabras no están en la cinta. Ni yo ni él hablamos así como dicen sus frases”, le dijo irritada  Bardach al abogado de Posada Carriles.

Hernández no le hizo caso y le pidió a su colega Rhonda Anderson que encendiera la grabadora. Rodó la cinta entera.

EL TIEMPO PASÓ Y SU CABELLO BLANQUEÓ

El jurado escuchó por más de dos horas a Luis Posada Carriles en una conversación con Bardach en junio de 1998 en Aruba, en la cual hablaron de las bombas en La Habana, la CIA, Girón, Félix Rodríguez y el asesinato de Fabio Di Celmo. Volvió a oír la risa cínica de Posada Carriles cuando dijo la conocida frase de que Di Celmo había estado en el lugar equivocado en el momento equivocada.

Mientras Bardach le preguntaba a Posada Carriles sobre la cantidad de tiempo que se había tardado en planearlo todo y él contestaba “uno o dos meses”, se escuchaba de fondo a un trío en el restaurante donde se había realizado la entrevista. Entonaba la famosa canción “En mi viejo San Juán”. Sonaba surrealista aquello. Posada Carriles hablando con Bardach hace 13 años sobre las operaciones militares que ha desempeñado contra Cuba, mientras en la sala judicial de El Paso escuchábamos en sordina aquello de que “mi cabello blanqueó, ya mi vida se va – ya la muerte me llamaaaa”…

Habría que preguntarse a quién realmente benefició la estrategia de Arturo Hernández de ponerle la cinta completa al jurado. Los segmentos que puso la fiscalía estaban totalmente fuera de contexto, mientras que la cinta de dos horas redondeó un poquito la cosa. Se escuchó como una conversación normal y se pudieron captar algunos de los matices que Bardach nos había advertido y que utiliza Posada Carriles para comunicarse.

Al terminar la tarde, no habíamos finalizado la grabación. El lunes seguiremos escuchando el diálogo a primera hora. Mientras tanto, la saga de los libros de Bardach no se había acabado.

Antes de irse de la sala judicial, agarró sus libros, más la transcripción de la entrevista y trató de llevárselas con ella. Llegó hasta el primer priso, donde la interceptaron los fiscales y el agente del FBI, Omar Vega. Jugueteando con ella, pero también dándole un no muy sutil mensaje, Vega sacó las esposas y le dijo que se pusiera de espalda con las manos atrás. Bardach no sabía si reírse o llorar, hasta que se dio cuenta de que era una broma. No la querían arrestar, pero sí que devolviera los libros y la transcripción. Hasta que el caso no se acabe, tienen que permanecer en la corte.

*José Pertierra es abogado. Representa al gobierno de Venezuela para la extradición del terrorista Luis Posada Carriles. Tiene su bufete en Washington DC.

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José Pertierra

José Pertierra

Abogado que representa al gobierno de Venezuela para la extradición del terrorista Luis Posada Carriles. Tiene su bufete en Washington DC.

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