Imprimir
Inicio » Opinión, Política  »

De película

| 5
La nueva saga de "La guerra de las galaxias"  ha inundado todos los ámbitos de la vida cotidiana en Estados Unidos.

La nueva saga de “La guerra de las galaxias” ha inundado todos los ámbitos de la vida cotidiana en Estados Unidos.

Tal vez la mejor manera de explicar hoy día a Estados Unidos sea a través de una serie de películas en cartelera.

Chi-Raq (derivado de Chicago e Irak), del director Spike Lee, explora el tema de la violencia mortal en Chicago hoy día, que se manifiesta tanto entre bandas de la comunidad afroestadunidense como la ejercida contra ella por las autoridades. Lee se inspira en la antigua obra griega Lisístrata, donde las mujeres de Troya y Esparta, cansadas de la incesante guerra entre sus pueblos, proclaman una huelga de sexo y se niegan a tener relaciones con sus hombres hasta que dejen de matarse y reine la paz.

Chicago es una de las ciudades con mayor violencia –sobre todo con armas de fuego– en este país, y más aún, está en medio de una crisis política por la brutalidad policiaca casi siempre impune, donde ya fue despedido el jefe de la policía y siguen los llamados a la destitución del poderoso y arrogante alcalde Rahm Emanuel. Pero Chicago no es excepcional, y estos fenómenos son nacionales.

Trumbo se basa en la vida del gran guionista de cine Dalton Trumbo (su obra incluye Espartaco y Éxodo, entre otras), quien fue víctima del macartismo como uno de los llamados 10 de Hollywood, y quien se negó a ceder –con inteligencia, pero sobre todo con integridad moral– ante la persecución política que se desató en este país a fines de los 40 y los 50. Hoy día, por un lado la persecución política contra inmigrantes, musulmanes, mujeres, afroestadunidenses y latinos impulsada por ultraconservadores y candidatos de tinte fascista, y por otro, la expansión de la vigilancia masiva de esta población por el sector de seguridad nacional de este país a niveles sin precedente, alimentando la paranoia conveniente de los otros y los enemigos internos.

The big short trata del fraude financiero más grande de la historia, que llevó a la gran recesión detonada en 2007, cuando millones de trabajadores perdieron sus empleos y millones perdieron sus viviendas como resultado de la especulación tramposa de Wall Street. El economista premio Nobel Paul Krugman escribe en el New York Times que esta es una película que Wall Street y los enemigos de mayores regulaciones prefieren que nadie vea, para que no se enteren de la verdad.

A esta lista de películas que no necesariamente serán éxitos comerciales también se pueden añadir dos más que sí lo son. El último capítulo de The hunger games continúa con la historia de resistencia y rebelión contra una élite que concentra el poder político, social y económico, y que se divierte y entretiene a las masas obligando a representantes de sectores sujetos a su poder a participar en un juego mortal, un reality show extremo. Con el famoso 1 por ciento más rico del país controlando no sólo la economía, sino en gran medida la política en este país, con un cotidiano concurso de gente pobre matándose entre sí, casi todo transmitido por televisión y video, y con un Donald Trump –famoso en parte como protagonista en un reality show– en medio del escenario del espectáculo electoral aquí, esta película se rehace cotidianamente.

Y ni hablar, el fenómeno del momento: el regreso de La guerra de las galaxias, que continúa resucitando el antiguo mito de un personaje común que se vuelve héroe en la eterna batalla de las fuerzas de luz contra un imperio del mal. Desde su estreno aquí la noche del jueves pasado, la película ha inundado todos los ámbitos de la vida cotidiana. Al concluir la última conferencia de prensa de la Casa Blanca, el viernes, se despidió el vocero de Barack Obama, Josh Earnest, acompañado de dos guardianes y el robot R2D2. Y al concluir el tercer debate entre los precandidatos presidenciales demócratas, la favorita Hillary Clinton concluyó: que la fuerza los acompañe, la famosa frase de la serie.

La realidad está, pues sí, de película, y uno no sabe a veces de qué lado de la pantalla se encuentra. Torrentes de noticias parecen ser guiones (malos): que Disney implementará nuevas medidas de seguridad en sus parques de fantasía para enfrentar posibles amenazas (pero, ¿y qué tal si el enemigo ya está adentro? ¿Mickey Mouse podría ser un musulmán extremista radicalizado? ¿O un anglosajón encabronado con acceso fácil a armas legales? Todos son sospechosos); que un distrito escolar en Texas aprobó que los maestros y otros empleados de sus escuelas estén armados; que más ataques contra mujeres y sus derechos; que organizaciones musulmanas estadunidenses se vean obligadas a enviar a sus miembros guías sobre cómo protegerse si son atacados por sus conciudadanos; que si se lanzarán más bombardeos que matarán a más niños en el nombre de…. Entre tantas otras.

Y para confundir aún más las cosas, casi todos parecen necesitar filmar todo, en videos, selfies, cámaras que ya están instaladas en cualquier aparato, y distribuirlo por el ciberespacio al público anónimo universal. No hacerlo es no existir. Estamos constantemente filmando nuestra propia película.

Pero tal vez el cine como arte puede ofrecer algo que ni las noticias ni otro arte pueden. John Berger, en su extraordinario ensayo Ev’ry time we say goodbye, afirma que el cine es el arte narrativo de este último siglo, en parte porque el cine transporta a otro lugar, es movimiento, y eso captura la experiencia moderna definida por el desplazamiento humano sin precedente –voluntario e involuntario– en el mundo, en este que es un siglo de desapariciones donde nunca tanta gente ha tenido que decir adiós. Pero el cine, cuando es arte, mientras nos lleva a otro lugar, también nos regresa a algo compartido, a algo en común.

Berger concluye que “lo que el cine salva cuando logra ser arte es una continuidad espontánea con toda la humanidad. No es un arte de príncipes o burgueses. Es popular y vagabundo. En el cielo del cine las personas aprenden qué podrían haber sido y descubren qué les pertenece más allá de sus vidas singulares. Su tema esencial –en nuestro siglo de desapariciones– es el alma, a la cual le ofrece un refugio global”.

Es refugio popular, pero ojalá el cine ayude a cambiar esta película que se exhibe en Estados Unidos todos los días.

Chi-raq es un filme de Spike Lee sobre la violencia en Chicago.

Chi-raq es un filme de Spike Lee sobre la violencia en Chicago.

Se han publicado 5 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Henry dijo:

    Cuando de criticar se trata……..David, porque mejor no habla primero de las ciudades mexicanas en que el crimen y la violencia esta a la orden del dia…….Que facil es ver la paja en el ojo ajeno

    • cas dijo:

      Henry, si tratamos de ir a la esencia y explicarnos las causas de estos graves problemas sociales, que no son ni de Mejico ni de Estados Unidos, porque son problemas globales, tendremos que llegar a la conclusion de que es el sistema, de que es el modelo socioeconomico actual que esta en franca crisis y decadencia moral y etica, mejor decirlo por su nombre y apellidos, el capitalismo neoliberal, saludos cas.

  • Eduardo, Camaguey dijo:

    Qué pasa Henry, te dolió la crítica ? Por que no mencionas que la violencia en México es culpa de la demanda de droga en EE.UU. y que las armas con que se matan en México son vendidas del otro lado de la frontera ? Si, allí mismo donde compran las drogas.

  • Efman dijo:

    Henry
    Brooks no puede hablar de las ciudades mexicanas por algo muy sencillo: Él vive en los Estados Unidos de América

  • Robert dijo:

    Exelente ariticulo, una vez mas desnudando lo que es hoy USA, me interesaria saber como es tambien la realidad mexicana, donde ejercer el periodismo es bien dificil, que me dice los miles de mexicanos que cruzan la fontera y a Peña Nieto no le interesa pues son pobres en mayoria,como a los demas latinos que cruzan por centroamerica para llegar a la fontera,para vivir a toda costa la pesadilla de Chicago, Miami, San Diego, Los Angeles ,pero nadie se va de estados unidos, al parecer tiene mucha azucar y todos prefieren vivir la pesadilla americana pues se paga bien por ver el show. a pesar de ser discriminados por su origen nacional y su color de piel.

Se han publicado 5 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

David Brooks

David Brooks

Periodista mexicano, corresponsal del diario La Jornada en los Estados Unidos.

Vea también