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No te pierdas esta crónica: Nadie te dará su almuerzo

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Carlos Manuel Álvarez, colaborador de CubaDebate

Carlos Manuel Álvarez, uno de los jóvenes cronistas de CubaDebate.

Qué les puedo contar, foristas, las cosas han cambiado. Saben quién soy. Saben que me llamo Carlos y que tengo 22 años. Que estudio algo y que hago mis cosas, un par de artículos a la semana, nada del otro mundo. Sé que les parezco joven, pero no es así. Bueno, con razón les digo que las cosas han cambiado. Es una señal de que empiezo a envejecer.

De repente te percatas de que nada es igual, pero tienes que seguir con esa carga. Hace par de semanas salí de La Habana, iba para el Victoria de Girón. No tengo que decirles, ustedes saben lo que es el Victoria de Girón: el estadio de Matanzas. Lo que no saben es que en ese estadio eché yo buena parte de mi adolescencia y casi todas mis ilusiones.

Pues como decía fui hasta el intermitente de Alamar y me puse a esperar una guagua. Esperé cerca de media hora y no pasaba ninguna. Al rato paró un taxi de esos de los modernos, justo delante de mí. Otra gente le había hecho la seña pero en lo que el chofer frenó yo me adelanté y logré clasificar. El de la seña era un hombre, si hubiera sido una mujer le habría dado paso, pero como no era una mujer hice de oídos sordos y me senté. El hombre se quedó refunfuñando y diciendo sandeces en voz baja. No tuvo valor para encararme. Milagro, porque yo soy flaco, bastante escuálido, mi cara es una cara de cobarde o de no andar metiéndose en líos, y la gente aprovecha y a cada rato se lanza y prueba fuerzas. A veces les doy paso y a veces me pongo en mis trece. Es así, como un juego de naipes. Hay que saber cuándo soltar y cuándo recoger.

El chofer me dijo que eran veinte pesos. Le pagué con tres billetes de a cinco y cinco de a uno, no tenía más nada. Me miró con cara de pocos amigos pero enseguida se relajó. Parece que algo en mí le atrajo porque cerca de Tarará me preguntó hasta dónde yo iba. En el taxi había otras tres personas. ¿Conmigo?, le dije. Sí, contigo. Hasta Matanzas, dije, a ver la pelota. Quién juega hoy, dijo. Matanzas-Artemisa, dije. El chofer vestía elegante. Bueno, su carro era un Peugeot moderno. Tenía porte de vivir en Varadero, o en alguna zona residencial.

Andaba cerca de los cincuenta. Unas pocas canas le adornaban la cabeza. Le quedaban bien, ciertamente, le daban un toque interesante. Y su cara no era la cara demacrada de un chofer, era la cara despejada de un ingeniero o de un abogado. Quizás, pensé en ese momento, fue abogado o ingeniero en alguna etapa de su vida, esas cosas suceden en Cuba. Los ingenieros manejan carros y ganan su dinero, es normal. ¿Y a ti te gusta la pelota?, preguntó. Los otros pasajeros miraron extrañados. A mí sí, por qué. No, porque no lo aparentas. Los pasajeros echaron a reír. Decidí no contestar, el tipo me estaba jodiendo. Pero no le faltaba razón. Tengo muchos pelos en la cabeza y en la barba y ando por la vida como bobeando. No tengo pinta de que me guste la pelota. Tengo pinta de que me guste Tolkien o Deep Purple, pero no me gustan las cosas raras.

Me gusta la pelota, y aunque no me gusta el dominó ni el ron, bailo casino y les mando poemas a las mujeres. Es toda una técnica. Hay que saber qué poema va con cada mujer. No puedes enviarle un poema de Benedetti a una niña avispada y uno de Bukowsky a una tonta. En verdad no debes enviarle poemas de Benedetti a nadie. Perdónenme los latinoamericanos, pero el tipo es insoportable. Bueno, no debo hablar así. Ya se los dije, las cosas han cambiado.

Cuando yo estaba en décimo grado e iba al Victoria de Girón mi poeta preferido era Benedetti. El uruguayo me revolcaba, pero no daba resultado. A las mujeres hay que entrarle con algo más fuerte. Tampoco Bukowsky, claro, era un decir. Bukowsky las ahuyenta y no es menos insoportable que Benedetti, aunque viene mejor con los tiempos que corren. Y tiene, además, un poema sublime. Empieza así: There is a blue bird in my heart that wants to get out. Eso quiere decir que el hombre tiene un pájaro azul en su corazón y que el pájaro quiere salir. Es una metáfora, no vengan con el chiste. Después dice que su canto, el canto del pájaro, es tan tierno como para hacer llorar a un hombre, pero que él, Bukowsky, no llora. Y termina preguntándote: ¿Lloras tú? Eso me tumbó, el tipo se te para de frente y te pregunta si eres capaz de llorar. Pero no es, evidentemente, un poema que yo pueda hacer mío, porque el pájaro es azul, si fuera verde tal vez, o marrón, pero como es azul la gente enseguida va a salir con que yo soy industrialista, y nada más lejos de la verdad. Nunca le he ido a Industriales ni le iré, pero si lo buscan verán que el poema es un tronco de poema. Sí, foristas, búsquenlo. Es un poemazo. Si lo buscan y lo leen no me podrán decir que no.

***

Una hora demoró el taxi de La Habana a Matanzas. Me dejó en el Viaducto. Del Viaducto al estadio hay todavía varios kilómetros. Loma arriba. Matanzas está llena de lomas, eso es lo que no me gusta de la ciudad. Eso y que un día, así, sin más, tuve que irme de ella porque se me acababa el preuniversitario y era hora de seguir. ¡Qué farsa eso de seguir! Yo me hubiera quedado en la vocacional toda la vida. De ahí se veía la bahía y las luces de la noche. Ese es mi único paraíso y mi única patria. Suena cursi, pero es real.

Subí dos cuadras por la calle Contreras y esperé la 19. Antes, por suerte, paró una ruta de empleados de no sé dónde, que pasaba cerca del estadio, y en eso mismo me fui. Este chofer sí tenía aspecto de chofer, es decir, un tipo centrado en su timón y con miles de ideas bien fuertes dentro de su cabeza. Llevaba puesta la radio. Yo no soporto la radio. Si hay algo que no me gusta son los malditos programas de participación. Solo comparado con el rechazo que me provocan los retratos de época. Hay quien los ve hermosos, pero a mí me parecen horribles. No he visto mucha pintura, es cierto, tampoco muchos originales, no he ido ni a Bellas Artes, pero todas las mujeres de antes eran gordas y rosadas. No hay una sola que sea por lo menos normal. No, todas obesas y rechonchas y con tremenda sonrisa a todo lo largo y ancho de sus caras de damas respetables. Esa sería una buena pregunta. ¿Por qué los pintores de cámara solo retrataban a mujeres gordas? Bueno, debe ser porque las tipas comían mucho. No les faltaba nada, supongo. Lacayos, manjares, amores prohibidos. Todas esas condesas eran unas zorras. Tenían su marido pero se enamoraban de los artistas. Así le pasó a Goya, por ejemplo. No es que yo sepa mucho de Goya, pero hace poco tuve que estudiarlo. Esos chismes siempre le interesan a uno. Es lo que más se saca de la universidad. Chismes históricos, chismes actuales, chismes del profesor, chismes del alumno. Nadie escapa. Ni los peloteros. ¡Mira que en la universidad se habla de los peloteros! Bueno, en todos lados.

Detrás de mí, en la ruta de no sé dónde, iban dos tipos hablando de Víctor Mesa. Que si visitó a cada uno de sus jugadores para ver el estado en que viven, que si el hombre es un líder, que puede ser un líder pero es un payaso y a mí no me gustan los payasos, que puede ser un payaso pero lo que importan son los resultados, que qué tú hablas si hace veinte años Matanzas no hacía nada y mira cómo está, que sí pero que no y que mejor cállate la boca que ahora el estadio se llena y antes parecía un cementerio. Sí, es cierto. El estadio está lleno, abarrotado. No lo reconozco. Lo pintaron incluso. No me gusta mucho el color, un rosado que no expresa demasiado pero que quizás era el único lote de pintura que había en la provincia. Hay carteles por todas partes. Esos carteles me abruman, foristas.

No me dicen absolutamente nada. Pero no quiero parecer pedante. A alguien le debe decir algo y eso lo justifica. ¡Cocodrilos al combate! Parece una consigna de tiempo de guerra. Nada que tenga que ver con el deporte, y menos en tiempo de paz. Lo que sí me gustan son las gigantografías, o las fotos de la entrada. Pude ver el rostro de Lino Betancourt, un pelotero que había imaginado pero que no sabía cómo era y que según parece tenía su estilo, aunque tampoco podría asegurarlo. Me siento por la banda de tercera. Puedo sentarme detrás de home, ya tengo credencial de prensa. Se los dije, las cosas han cambiado. No deja de ser irónico. Puedo llegar a los estadios y sacar mi pasaporte y pasar como si fuera mi casa, pero para qué, no tiene caso, mi estampa no es tampoco la de un periodista deportivo.

Los periodistas deportivos son lo más antideportistas que hay. Echan barriga y teorizan. Yo puedo parecer un lector de Tolkien, pero juego varias cosas y no lo hago del todo mal. Una vez hasta pisé la grama del Victoria. Me faltaba poco para graduarme del preuniversitario y nos llevaron a disputar un play contra los profesores. Jugué de segundo bate y cubrí el left. Di hasta un triple, me robé el home y no hice errores. Me vestí de héroe, aunque hubo quien lo hizo mejor que yo. Las muchachas nos aplaudían. Los amigos también. No guardo en toda mi vida un recuerdo más feliz. Lo puedo jurar. Terminamos tocando una conga y todo el mundo moviendo la cintura. La noche cayó y nosotros ahí. Qué de risas y de gritos y de felicidad. Era increíble estar vivos y estar en aquel lugar y habernos encontrado justamente nosotros: los matanceros y los cubanos y los habitantes de este mundo más estelares de toda nuestra generación. Ese día, que yo recuerde, nadie se sentó detrás de home. Lógico, debe ser terrible ver un partido detrás de esas mallas. Como si fuera un fotograma. Las jugadas cuadriculadas, por recortes. ¡Ni muerto saco yo una credencial y me siento ahí!, donde se sientan los tipos importantes. No es que esté mal ser un tipo importante, pero solo cuando se pasa de los cuarenta años. Cuando se tiene poco más de veinte, aparentar privilegios resulta patético. Y al final te desinflas. Además, si fuera una credencial para el Capri, valdría la pena, pero los estadios en Cuba cuestan un peso, hasta yo puedo costearlos.

Por eso me siento en la banda de tercera. Siempre me sentaba por aquí. Pero antes no había tanta alegría. El estadio parecía no un cementerio, sino una funeraria, que es peor. Venían alrededor de doscientas personas, no muchas más. Hay quien va a los parques, hay quien va al cine, hay quien va al mar y hay quien va al estadio. Suceda lo que suceda. Por aquella época, año 2005 ó 2006, Matanzas no ganaba ni treinta partidos, pero una banda de viejos fumadores de tabacos, y nosotros, estudiantes fugados de la escuela, siempre estábamos ahí. Tarde por tarde. Noche por noche. Madrugada por madrugada. La cobradora de la puerta ni nos paraba. Sigue siendo la misma, quizás con un poco más de canas, pero ya no se acuerda de mí.

***

Qué quiénes éramos nosotros. Yo y unos socios que ahora estudian Ingeniería. Son la gente más graciosa y más noble que he conocido en mis 22 años. Todavía no he visto a nadie igual. Pero claro, es imposible. Las cosas inevitablemente han cambiado. Aquellos muchachos se levantaban por la noche y te prendían candela en los dedos de los pies. ¿Les parece cruel? Las becas son así. A mi nadie me hizo eso, por supuesto. Siempre he intentado estar entre los que joden, no en los jodidos. Bueno, esos mismos muchachos después te ofrecían la pomada para que te curaras, pero si el día de la visita nadie te llevaba comida ellos te daban su almuerzo, o por lo menos una parte. A medida que crezcas nadie te dará su almuerzo.

Eso es algo, foristas, que hay que saber. Nadie te dará el almuerzo como lo daban mis socios del preuniversitario. Te lo ofrecían y luego se olvidaban. No eran conscientes del acto. Y luego en la madrugada te lanzaban encima una cubeta de agua fría y tenías que poner a secar el colchón y dormir en la tabla y asunto cerrado. Las becas, como la vida, pueden ser crueles, no lo niego, pero yo no he conocido un sitio mejor. Una vez el baño se aglomeró. La gente iba llegando y nadie llevaba jabón. Éramos como veinte, después como treinta, y nadie con jabón. Todo el mundo esperaba por el otro. Llegamos a vivir en ese grado de comunismo. ¿Y saben cómo se llamaba la escuela? Carlos Marx, foristas, la escuela se llamaba Carlos Marx. Sin palabras.

Pues ese mismo día nos bañamos con agua nada más y de ahí salimos para el estadio. Éramos alrededor de ocho. De la vocacional al Victoria de Girón no hay más de dos kilómetros. Y si se atraviesa el cementerio San Carlos, se llega más rápido. Cruzamos las tumbas, los panteones, los nichos sin nombre y salimos a la calle. Casi de madrugada regresamos, con otra derrota arriba, naturalmente, y en el viaje de vuelta a alguien se le ocurrió -a mí no, como se supone- que nos lleváramos un cráneo de los que estaban dispersos sobre la tierra. Porque allí, en un cementerio tan respetable, había cráneos cuya única paz era la paz de la luna, sin dudas el más tremebundo de los descansos. Si yo fuera un muerto, me habría gustado que varios muchachos fastidiosos me llevaran consigo y me salvaran de aquella obstinada intemperie. Sin embargo, puedo entender que a alguien le parezca un sacrilegio. Que lo es, no digo yo si lo es, pero fue exactamente lo que hicimos. Nos llevamos no un cráneo, sino dos. Y los jodedores de la beca le pusieron nombre a cada calavera. Qué nombres, foristas. Wisin, la del occipital hundido. Y Yandel la más cabezona. Creo que un día fueron hasta al estadio y todo. Dormían con nosotros. Se bañaban con nosotros. Estábamos enfermos, o medio muertos. Aquello nos parecía normal. Hasta que un profesor nos trabó en la gracia y en pago pintamos tres kilómetros de paredes y perdimos una semana de pase. Dos veces me retuvieron a mí en esa escuela. Bien pocas, para todas las trastadas que hice.

La segunda porque coincidí con el viejo Pedro, aquí mismo, en la banda de tercera. Me quedé tieso. La última persona que deseaba ver en ese momento era aquel profesor recalcitrante e inamovible. El tipo no entendía. En vano intenté hablarle. Sin embargo, hoy daría cualquier cosa por encontrarme al viejo Pedro. Pero no está. Ni siquiera me tomo el trabajo de buscarle, porque el viejo Pedro ya no debe ni existir. No conozco a nadie. No hay nada propio de aquellos tiempos, tan extraños que parecen mentira. Se los dije, foristas, las cosas han cambiado. Antes Matanzas perdía. Ahora gana. Antes era un equipo fantasma. Ahora todos lo aplauden. Da gusto venir a un estadio así. Repleto, alegre, sin pasado. O con un pasado que poco a poco va cayendo en el olvido. Eso es lo otro que hay que aprender. No quiero parecer pedante. Esa es la única verdad, mirar al frente y seguir. El día que me robé el home, sin embargo, me raspé la rodilla. Ya no duele, es cierto, pero se me ha quedado la cabrona marca.

Se han publicado 259 comentarios



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  • ashitaka. dijo:

    "No hay una sola que sea por lo menos normal."

    el problema es que antes, eso era lo normal, supongo que el significado de las palabras cambia con el tiempo.

  • Lic. Julio Arjona dijo:

    El premio de la popularidad socio... porque para muchos recurrentes acá ya eres un socio más. Sencillamente genial.

    Salu2

  • yasnieli dijo:

    Como siempre excelente crónica, con todo lo que necesita, emoción, picardía, humor criollo y algo más. Como trabajo en la radio lo único que no me gusta es que te desagrade mi medio preferido, debes haber escuchado muy mala radio para que no la soportes, pero te aseguro también hacemos cosas muy buenas, capaces de emocionar como tus crónicas. Pronto cumpliremos 90 años, cifra respetable, a lo mejor te embullas y nos haces una crónica. Felicitaciones otra vez.

  • MARIELIS dijo:

    Me encantó la crónica, me reí muchísimo con lo de las gordas de la pintura, de verdad que todas eran gordas y rosadas, hasta el postimpresionismo y otros movimientos posteriores. Esa es el tipo de crónica que agradecemos , tan juvenil, fresca, real, y simplemente sencilla. Sigue escribiendo así, de veras que me encantó, me identifique mucho con el relato de tus vivencias, simplemente reflejas a miles de cubanos, simplemente.
    FELICIDADES, nunca había leído nada tuyo, pero me pareces GENIAL.

  • Yane dijo:

    Creo fue una buena cronica,tus articulos siempre son muy buenos y estas haciendo muy bien ese periodismo que necesitamos hoy.No le voy a Matanzas, pero admiro mucho a Victor y ojalá se de un play.off con Industriales.....
    saludos

  • Guantanamero-azul dijo:

    Buena pero un poco larga.
    Tocas un tema que nos engancha a todos los que estudiamos en vocacionales y nos gusta la pelota.
    No tienes pinta de que te guste ni que jugaras pelota.
    Vas bien, saludos.

  • Yailen San Juan dijo:

    Creo que llegué un poquito tarde a leer la crónica, sin embargo y aunque tengo un día cargadito y en la pc espera por mí un cúmulo de cosas por hacer, decidí terminar de leerla, sobre todo porque me fue ¨enganchando¨ como solemos decir nosotros los cubanos, y al igual que a otros lectores me hizo recordar los años del preuniversitario, así como los de la universidad que son más recientes y de los que conservo grandes amigos.
    Te felicito por la manera en que escribes, a la juventud siempre le resulta excitante poder leer artículos en los que se ven identificados, conozco personas que detestan leer la prensa digital porque prefieren los libros en formato duro o simplemente no les gusta leer, sin embargo no se pierden por nada del mundo las publicaciones que se realizan en el portal de la facultad a la que pertenecen.
    Saludos, estaré recomendando tu crónica a mis amigos.

  • Alex dijo:

    Compadre! tremendo trabajo! Escribe y publica q tienes talento como comunicador! Pocos articulos de Cubadebate me han enganchado tanto de inicio a fin.

  • Emilio dijo:

    Excelente, genial, lo he leido hasta el final y completo, algo que no hago siempre por cuestión de tiempo, leyendo tu crónica me he remontado a mi tiempo de beca... felicidades. Supongo que como yo muchos se han reido y pasado buen tiempo.

  • Reynaldo dijo:

    Tu sabes que no eres malo escribiendo. Desearía, tratandose de ti, que esto fuera mitad ficción y mitad realidad. Saludos.

  • yelenys dijo:

    Magnífica crónica, creo que a todos nos transporta a aquellos tiempos de estudiantes que siempre recordamos con cariño. Es cierto todo puede cambiar, lo importante es no perder ese espíritu que nos lleva todos los días a seguir. En ese juego qué hizo Matanzas? Ojalá clasifiquen, como dijo Víctor ayer, ese pueblo se merece esa alegría y nadie se la debe quitar.

  • Emilio dijo:

    Ah !! se me olvidaba, felicidades a tu equipo, pero prepárate, si llegan a la semifinal tendrán que discutir el pase con el mio... y Victor aun tiene pesadillas con el color azul...

  • Rale dijo:

    Muy bueno me ha hecho recordar mis tiempos de estudiante.
    Una aclaración para Rogelio Noa la vocacional de Guantánamo (cuando lo era, porque ahora la han hecho varias escuelas) se llama José Maceo. La misma colinda con el Parque de diversiones y donde habían mas estudiantes jugados buscando algo para echarle al “saco” que en la misma escuela. Es cierto lo poco que encontrábamos lo repartíamos a partes iguales entre todos.

  • Anybis Labarta dijo:

    Muy buena esta crónica. Coincidí con Carlos Manuel en el festival del género en Cienfuegos, en el 2009. Desde entonces percibí sus dotes de cronista. Ganó en ese certamen con algo súblime sobre su Matanzas natal, en el apartado del certamen dedicado a estudiantes de periodismo. Que siga así pues, al menos yo, necesito leer cosas como estas cada cierto tiempo. Gracias.

  • Rubiel dijo:

    Carlos Manuel:
    Mi paraíso aunque no con mirada al mar fue el IPVCE José Martí de Holguín, no he terminado la universidad pero hasta ahora, aquellos tiempos de pre han sido los mejores. Buena crónica, dices cosas muy locas, pero bien escritas.

  • Tony M. dijo:

    Es curioso, tu articulo, como dijo alguien anteriormente, es costumbrista de este tiempo, y por ello nos sentimos identificado en cada anecdota y al hablar de problemas nuestros de una manera que nos resultan de lo más natural del mundo, (y será porque de echo es lo más natural, al menos de nuestro mundo). Nos hablas de vicisitudes, carencias y sin embargo el regusto que queda es de optimismo, es de orgullo porque a pesar de los pesares, aquí seguimos y aquí estamos.
    Para mi, lo más importante es el que este articulo, como obra cultural, marca diferencia del las otras obras culturales como las películas cubanas de los últimos tiempos, algunas ya con unos años, como Fresa y Chocolate y Suite Habana y otras más nuevas y menos promocionadas como Chamaco, Fábula, Club Habana (las dos ultimas casi en el "mercado sumergido"), todas ellas, independientemente de su mejor o peor factura, dejan un regusto amargo de "aquí no queda más que hacer" que nos convoca a olvidar, a rendirnos.
    Gracias Carlos Manuel, muy bueno tu articulo. Y me trajo muy calidos recuerdos de Matanzas, donde pase mis dos años de Servicio Social (con un sobre cumplimiento de 6 años más). Bellísima ciudad, y bellísimo pueblo (particularmente sus mujeres).

  • marco antonio dijo:

    excelente!! la manera tan sencilla como relatas los cambios, de como se extrañan o no, de como te llega a la esencia, de como un recuerdo te conlleva a otro, de los consejos que te da la vida. La experiencia que te forma. Que manera fresca de conservar la identidad y el sentido de pertenencia. Que manera de regalarse una risa..!!! Felicidades...!!!

  • Vilandra dijo:

    Esta precioso, pero chico,
    a mi me gusta Tolkien y me gusta Deep Purple y no soy rara, aunque la gente insista en que si.
    FELICIDADES!!!!!!!!!!

  • estudiante dijo:

    Me gustó mucho, cuando estuve en la vocacional LENIN, mi vida era perfecta, y fue cuando más tiempo estuve siguiendo hasta de madrugada todos los juegos de pelota (de mi equipo, Industriales. Una vez casi me monto con dos pesos (y en MN) en una guagua camino a Villa Clara para ver un juego. Que buenos tiempos, gracias, cuando me gradúe de Periodismo es algo como esto lo que quiero escribir: lo que pienso y cómo lo pienso.

  • Lien.V dijo:

    Genial tu cronica, a los que no les guste bien, a los que nos gusta pues felicidades, necesitamos de eso de dar nuestra opinión abierta y sencillamente clara. Por mi parte sigue escribiendo de esta manera, para mi es un reflexión y una diversión, me has alegrado el día, lo tenia medio virado. Garcias C.M.

  • alain dijo:

    agradable lectura

  • Islamia dijo:

    Me ha gustado mucho tu cronica, me encanta cuando la gente habla en buen cubano, me hacen sentir en casa, en familia. Me encantaria iorte mas, bueno, leerte mas, porque si estuvieramos hablando frente a frente saldriamos discutiendo, porque hablas mal de las pinturas de las gordas (no que yo lo sea), pero ellas tambien tienen derecho, no se puede pintar a las modelos flacas nadamas. Tampoco te gusta la radio, los programas de participacion son muy entretenidos, le llamas payasoss a otras gentes solo porque no estas de acuerdo con lo que hablan. En la vida todo tiene su encanto mijito, mira a tu alrededor y disfruta de todo y sonriele al mundo... si fueras sordo hubieras dado cualquier cosa por incluso participar en el programa de radio. Y encima te le colastes delante al hombre que paro el taxi sabiendo que no paraba por ti, eso no se hace mi chino oistes!? Pero no importa, escribe mas que ya soy otra de tus fans.

    Besitos y abrazos, para ti y para todos los cubanos que comparten este sitio.

  • Ricardo R dijo:

    Las crónicas para este medio no me gustan,no es que la encuentre mala pero este es el medio mas internacional de debate sobre la Cuba de hoy y no creo que enriquece el debate sobre los temas de actualidad.Creo que al menos en este espacio se debe ir mas a la sustancia y menos al yo.es un espacio de debate publico con personas de dentro y fuera del país,no se pero esperaba otro tipo de prensa esto esta bien para el Herald.Es que quieres llamar su atención.

  • José A. Cabrera Hernández dijo:

    Carlos, intuyo en ti un Eduardo Robreño del siglo XXI.

    Gracias por el delicioso trabajo, como a otros foristas, el Yumurí y el San Juan, aunque no lejos mí Canímar, se mueven al compás de mi corazón.

    Disfruto mucho cuanto se dice de la Atenas de Cuba, a mi me correspondió, tanto en el V Girón como en la Carlos Marx, ayudar a poner piedras para que se convirtieran en majestuosas instalaciones. Mencionas al profesor Pedro y me imagino quien es, muy buena persona.

    Vivo en La Habana hace más de 30 años, vine con 32, y como la he andado y vivivo tan por dentro, no dejo de admirarla y quererla. No niego que las brisas que secan las sábanas blancas colgadas en los balcones también se unen al movimiento hidráulico de mi caudal sanguíneo. Por eso, gozo con Matanzas campeón, pero deseo lo mejor para los azules. Es mi forma de pensar, y así quiero respetar a todas las opiniones al respecto.

    Una honesta felicitación, te veo mucho futuro en las letras. No duermas mucho, realiza ejercicios físicos y muévete, todo lo que puedas, en la geografía cubana. Este país es incomparable, sin chovinismo. Dentro de unos años te darás cuenta de ello.

    Gracias.

  • Israel Herrera dijo:

    tu estilo atrapa la atención,me lo he leido de un tirón, cronicar no es un arte fácil, con mayor razón cuando lo haces sobre la cotidianidad y es que se puede entrever el cariñoso comentario el aprecio y respeto por lo tuyo, es verdaderamente refrescante leerte compadre, no pares mucha bola a los halagos, eso tira para atrás, no deja avanzar, despues te agrandas y te vuelves insoportable jajaja, sigue escribiendo hermano, no pares, no dejes de contar lo que tu caleidoscopio asume de la realidad.Un abrazo .

  • yinorka acosta dijo:

    me parece tremenda.hacia mucho tiempo no me daba tanto gusto leer una cronica.tengo la misma edad del periodista y a pesar d k no estudiamos en la misma escuela,yo estudie en el enrique hart,tengo exactamente los mismos recuerdos,tambien me fugaba y pertenecia al grupo d las jodedoras,aunke aveces tenia la senzacion d k eramos nosotras las jodidas.en fin,esteniño tiene mucho futuro y yo me apunto a leer cuantas cronicas se te ocurran hacer,y si hace falta,te doy mi almuerzo

  • Yunia dijo:

    Esta ha sido mi primera lectura en el día y céeme que olvidé los problemas que suscitan desde que nos levantamos. Ya le sugerí a los colegas que la lean, sé que la disfrutarán tanto como yo. De los comentarios negativos que aquí aparecen, saca lo positivo. Te felicito. Esto no ha sido mi almuerzo, pero si mi gran desayuno.

  • Gello dijo:

    lindo

  • msm dijo:

    Ni frio ni calor, no veo nada de genial ni extraordinaria en esta crónica, han estado mejor los comentarios que la crónica, la dejé por la mitad, para los que dicen que no tiene un estílo yo creo que sí "Cantinflero", habla mucho y dice poco, con todo el pendón, no sé nada de periodísmo y no vivo en Cuba en este momento, pero creo que se pueden hacer mucho mejores trabajos.

  • Mabel dijo:

    Que manera de reirme... hace rato no leia algo tan simpático, fresco, sencillo y cubano... Recordé mis tiempos de beca a punto de llorar... Y aunque el Flacucho este es Anti-Industrialista... ME CAE BIEN!!! :)

Se han publicado 259 comentarios



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Carlos Manuel Álvarez

Carlos Manuel Álvarez

Matanzas, 1989. Periodista y colaborador de Cubadebate.

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