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En 1964 vivía yo en Rio de Janeiro, en un apartamento en la esquina de las calles Naranjos con Pereira da Silva. Allí se reunían los jóvenes dirigentes de la JEC (Juventud Estudiantil Católica) y de la JUC (Juventud Universitaria Católica), movimientos ambos de la Acción Católica. Allí se hospedaban con frecuencia los líderes estudiantiles Betinho, Vinicius Caldeira Brant y José Serra.

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Un continuo carnaval

En este carnaval quiero un baile de fantasía, y la locura insaciable de los que ponen a desfilar en bloques sus anhelos irreprimibles. Arrancaré del corazón una por una
todas mis máscaras: la del cínico, la del farsante y la del pusilánime. Me quiero presentar desnudo en la pasarela en la que exhibiré por detrás: aversiones y prejuicios, contradicciones y mezquindades. Saldré desfantasiado del barro y el soplo, tal como Dios me puso en el mundo.

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Educación y conciencia crítica

Ninguno de nosotros está totalmente blindado ante las seducciones capitalistas, ante los atractivos del individualismo, ante la tentación del acomodamiento o la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y las carencias colectivas. Todos estamos permanentemente sujetos a las influencias nocivas que satisfacen nuestro ego y tienden a inmovilizarnos cuando se trata de correr riesgos y poner en jaque el prestigio, el dinero y el poder. La corrupción es una hierba dañina inherente al capitalismo y al socialismo. Nunca habrá un sistema social en el que la ética destaque como virtud inherente a todos cuantos viven y trabajan en él.

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El cambio de año suele implicar, para muchos de nosotros, una época de buenos propósitos. Hacemos un balance del año que terminó y prometemos, ante el que se inicia, al menos no repetir los errores cometidos. Para otros evitar la obesidad y el peligro de la diabetes, hacer ejercicios físicos y reducir la comida que engorda. El hecho es que cada uno de nosotros sabe exactamente dónde le aprieta el zapato. Lo que queda luego es tener fuerza de voluntad para ir por la vida pisando más suavemente y asz evitar tropiezos.

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La presidenta Dilma no hubiera sido tomada por sorpresa por las revelaciones de Edward Snowden -de que el Planalto es espiado por el gobierno de los EE.UU.- si sus asesores estuvieran más atentos a las nuevas estrategias de la Casa Blanca después de la caida del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética.

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En Italia unos jóvenes universitarios se pusieron a la orilla de la carretera con un cartel diciendo que cerca de allí había un hombre que necesitaba urgentemente ser trasladado a un hospital. Todos los conductores eran parados por la policía un poco más adelante para responder por qué habían pasado indiferentes: la prisa, el miedo a verse con desconocidos o a que se tratara de una enfermedad contagiosa o, a tener que prestar el vehículo... Quien sí se detuvo fue un verdulero que, en una vieja camioneta, iba a llevar sus productos a la feria. Se comprobó así que los »

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Me preocupan los niños robotizados que, además de la escuela, tienen la agenda llena, con cursos de idiomas, natación, etc., sin tiempo para jugar con otros niños y de ese modo sin posibilidad de educarse en los códigos de sociabilidad, como saber reconocer sus propios límites y respetar el derecho de los otros. Quizás esa robotización explique un fenómeno tan común en las grandes ciudades: adolescentes y jóvenes que, en el bus, se hacen los ciegos al ver de pie a personas de edad, deficientes físicos o mujeres embarazadas, y permanezcan sentados tranquilamente, burlándose de la más elemental educación.

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| 16

Robin Hood tenía razón. Lo que más ansía la humanidad es el compartir los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano. O sea una verdadera comunión. Mientras tanto la riqueza y el poder, que casi siempre van asociados, ciegan a quienes los poseen, y los vuelve incapaces de colocarse en el lugar del otro, de aquel que sufre o padece la exclusión social. Y para que la ceguera no sea acusada de indiferencia criminal e inhumana, se inventan teorías económicas e ideologías que justifiquen y legitimen la aberración como algo natural.

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Para que el derecho a la ciudadanía no quede reducido a los discursos políticos, el combate al hambre exige, como mínimo, reforma agraria, distribución de la riqueza y escolarización obligatoria de todos los niños y niñas. Lo mismo se aplica a la violencia. No es un fenómeno restringido a São Paulo y otras ciudades populosas. En Goiania, Salvador o Porto Alegre los asesinatos forman parte de la vida diaria.

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La segregación es una cultura e impregna el instinto. La reacción ante lo diferente es compulsiva, irracional. Como la del yanqui que desprecia al musulmán por identificar en él a un terrorista potencial; del judío sionista en relación a los árabes; del blanco racista frente el negro; del cristiano homofóbico ante un homosexual. Lo peor es la poca importancia que dan los medios a tales actos segregacionistas. Aconsejados por Paulo Freire, hagamos el ejercicio contrario y coloquemos al opresor en el lugar del oprimido.

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En las ciudades brasileñas quedan pocas casas construidas antes de 1930. La especulación inmobiliaria, asociada a nuestra insensibilidad por la preservación de la memoria histórica, las echó abajo. La violenta explosión urbana desfiguró el vecindario. Ahora, con sus muros altos y sus verjas infranqueables, las casas esconden la ‘cara’. Muchas tienen un perfil carcelario: cercas electrificadas, cámaras de vigilancia, portones accionados por control remoto, etc.

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Querido papa Francisco, el pueblo brasileño le espera de brazos y corazón abiertos. Gracias a su elección el papado adquiere ahora un rostro más alegre. Usted inyectó en todos nosotros renovadas esperanzas en la Iglesia Católica al adoptar actitudes más próximas al Evangelio de Jesús que las rúbricas monárquicas predominantes en el Vaticano: al ser elegido regresó personalmente al hotel de tres estrellas donde se había hospedado en Roma, para pagar la cuenta; en el Vaticano ha decidido vivir en la Casa Santa Marta, alojamiento para huéspedes, y no en la residencia pontificia, que es casi un palacio »

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