La primera encíclica del pontificado de Prevost aborda los riesgos y las potencialidades de la inteligencia artificial, así como la concentración del poder económico. Además, pide perdón por el papel de la Iglesia en la esclavitud. El 25 de mayo de 2026 el papa León XIV hizo pública su primera encíclica, titulada Magnifica Humanitas (La magnífica humanidad). El documento se inscribe en la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia, de la cual hace una síntesis excelente para responder a los desafíos de la nueva revolución industrial: la era de la inteligencia artificial.
Cada cierto tiempo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, algún secretario de Estado, algún senador especialmente beligerante o algún portavoz de la maquinaria propagandística imperial vuelve a recordarle al mundo una supuesta evidencia: Cuba representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense. La afirmación provoca sonrisas en cualquier persona mínimamente familiarizada con la realidad.
Cuando conocí la noticia de que un tribunal en Estados Unidos pretendía sentar en el banquillo al General de Ejército Raúl Castro Ruz, sentí primero incredulidad, luego indignación y, finalmente, una profunda molestia ante la degradación del derecho internacional. No es la primera vez que el imperio del norte convierte la justicia en un arma política, pero esta acusación supera todos los límites de lo tolerable.
Somos testigos, recorriendo estas Obras escogidas, de la grandeza del líder que no abandona jamás su condición de ser humano, que no humilla jamás a un subordinado, ni a un prisionero enemigo, que se acompaña invariablemente de la idea de Martí del culto a la dignidad plena del hombre. Estas ideas, estos principios, Raúl los defiende desde la Sierra y a lo largo de toda su vida.
“Todo está viejo en Cuba”, repite la metralla colonial con su tableteo de reloj ideológico. No obstante, quizá el verdadero terror de los relojes ideológicos burgueses no provenga de la vejez que ellos han inventado contra Cuba, sino de otra posibilidad mucho más inquietante para el “orden” capitalista dominante: que millones de seres humanos descubran que el valor de una sociedad no puede medirse únicamente por la velocidad con que reemplaza mercancías.
Raúl era prácticamente el último de la fila, avanzaba con dificultad porque ponía el hombro de apoyo a Reynaldo Benítez, que tenía un tiro en una pierna y apenas lograba andar con la herida abierta que aún no le habían curado, varios días después de los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
En 2014, salieron de Cuba a Liberia, Sierra Leona y Guinea médicos, enfermeros, técnicos y especialistas de salud pública en el terreno, a atender, a pesar de las dificultades del idioma y la enorme precariedad, a miles de seres humanos enfermos que parecían no tener otro futuro que la muerte, y a sus familias. Dejaron atrás, arriesgando la vida, sus casas y a sus seres queridos. Cuba logró la hazaña de llevar salud y ayudar a derrotar una epidemia en tierras lejanas, como antes fue clave en la descolonización de África y el fin del apartheid, en pleno bloqueo estadounidense.
La música siempre ha acompañado a movimientos y luchas sociales en Estados Unidos. En las grandes huelgas y luchas obreras de este país hay canciones-corridos, lamentos, rock y hasta musicales de Broadway. El movimiento de derechos civiles y otros encabezados por mujeres, gays y más tienen sus rutas sonoras. Bruce Springsteen acaba de concluir su gira nacional, que definió como un llamado a la resistencia contra el régimen de Washington.