Goles son amores: Versiones

Cristiano celebra su golazo ante el Barcelona. Foto: Agencias.
El Madrid podría terminar determinándose, concluyentemente, a partir de un gesto mínimo de Cristiano Ronaldo: la pose supremacista frente a la masa, el instante de reafirmación dictatorial, el grito despótico. El Madrid, a partir de esos gestos, podría incluso acabar creando una carga notable de significados eternos: la camiseta en el suelo como etiqueta de las finalizaciones imposibles; el rombo como vértigo; las sacudidas como artificio para las incursiones lúcidas.
El Madrid que se define a partir del gesto de Cristiano Ronaldo no es la mejor versión del Madrid (la mejor versión del Madrid no existe, como todavía no existe la del Barcelona, ni en tiempos de Cruyff, ni en la era de Guardiola). El tema de las versiones debería ser inhóspito mientras no pasen, mínimo, quince años entre una era y la de referencia (que alguien responda qué ha cambiado, en tan corto tiempo, de Luis Enrique a Valverde: el mediocampo, por ejemplo, sigue en pie por obra y gracia divina, y porque tienen que jugar once). La discusión sobre las versiones quizás debería emerger, únicamente, cuando no existan proyectos agarrados a un sendero común (léase Barça Edición Martino; Madrid Volumen Vanderlei Luxemburgo).
Puede que, después de todo, el Madrid de la celebración de Cristiano se parezca poco al Madrid del pase de Isco hacia el espacio. El primero es pretencioso, el segundo es fraternal; el primero es arrogante, el segundo es moderado; el primero es fornido, el segundo es voluble. En el medio de ambos, un pase que quiebra líneas o, lo que es igual, la estructura dialéctica que une al Madrid de la tesis con el de la antítesis para esbozar la parte del Madrid que en el fondo, quizás reprimida, aspira a negar el festejo abdominal y las camisetas levantadas.
El equipo que batió al Barcelona en el Camp Nou es, simplemente, una mutación pertinaz y lo más probable es que lo siga siendo: en un minuto llega un tipo, hace un gol y luego se para en algún lugar para dar comienzo a una lección de anatomía en la que, por ejemplo a Piqué, como penitencia, le toca sentarse detrás del profesor.
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En la Supercopa de Italia, la Lazio derrotó 3-2 a la Juve en un excelente encuentro. Marcaron por el equipo romano Immobile al 32 y al 54 y Alessandro Murgia al 90+3. Dybala anotó por partida doble al 85 y al 90+1.
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Amigo Aynel, me parece que el gesto de Cristiano fue simplemente porque se lo debía al madridismo y al barcelonismo también. Messi lo hizo en el último clásico en el Bernabeu y eso fue como una afrenta para los madridistas, creo que no hubo nada mas allá de eso. Esas cosas han pasado innumerables veces en infinidad de partidos y en diferentes competiciones, cada una con motivos diferentes. Me viene a la mente Balotelli en la final de la última Euro que ganó España (si no recuerdo mal). Sinceramente no creo que lleve mas lectura que esa