Imprimir
Inicio » Opinión, Ciencia y Tecnología  »

La Ciencia y la Ética

| 15

La necesidad de conocer lo nuevo es uno de los ingredientes más notables de la conciencia humana. La propia supervivencia de una especie como la nuestra ha basado su progreso en este mundo sobre la base de adaptarlo a sus necesidades. Los que no se interesaban por conocer lo nuevo que les permitiera vivir, o vivían peor o no vivían para reproducirse.

Lo que llamamos ciencia en la contemporaneidad es precisamente la forma sistémica de conocer lo nuevo a nivel tanto individual como social. La ciencia moderna ha ido creando y sigue perfeccionando métodos para que las verdades encontradas sean verificables por todos y por lo tanto sean patrimonio de todos.

Sin embargo, aunque el conocimiento humano no tiene límites intrínsecos pues nadie puede impedir que algo cognoscible se conozca, la utilización de esos conocimientos tiene que tenerlos, sobre todo a nivel social. Las sociedades modernas se basan en leyes que impiden el daño a otros. Las culturas occidentales tienen códigos de ética compartidos: honrarás a tus padres, respetarás tu pareja, no matarás, no robarás, no calumniarás ni mentirás, no codiciarás lo de otros, son parte de los mandamientos bíblicos de Moisés, adoptados de facto por casi toda la humanidad, creyente o no. Significan una base esencial de convivencia civil. Por ello nadie debe usar algo que conoce para dañar a otro o a la sociedad. Y esa pudiera ser una base simple de la ética científica. Pero esta ética tiene peculiaridades. El robo de saberes, la envidia de la sabiduría de otros, datos inciertos reportados como comprobados, al daño a otros basado en competencias, le son problemas más atinentes.

La historia tiene pasajes ilustrativos. Se cuenta que un monje italiano que se hizo llamar Giordano Bruno expuso ideas acerca del cosmos basadas en los postulados de Copérnico y que eso le costó la vida por la intolerancia de sus coetáneos a lo nuevo. Muchos lo consideran como un mártir de la libertad de las ideas científicas y por ello tiene un monumento en la Plaza Nabona de Roma, donde mismo fue quemado vivo en el año 1600 DC.

Un episodio interesante ocurrió en nuestra Patria. Carlos J. Finlay publicó en Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, 18 : 147-169 un artículo aparecido en 1882 titulado “El mosquito hipotéticamente considerado como agente trasmisor de la fiebre amarilla”. Este artículo fue traducido en colaboración con el propio Finlay y apareció en ingles en New Orleans Medical and Surgical Journal, 9 : 601-616, en el propio año. El asunto fue incluso planteado por Finlay en la Conferencia Sanitaria Internacional que tuvo lugar en Washington, DC, en 1881. Sin embargo, en el año 1929 se emite una “Medalla de Oro del Congreso” de los EEUU para un grupo nominal de personas “en especial reconocimiento al alto servicio público rendido y por las afecciones contraídas en el interés de la humanidad y la ciencia como sujetos voluntarios para las experimentaciones durante investigaciones de la fiebre amarilla en Cuba”. En 1956 y 1958 se adicionaron sendos nuevos nombres a esa lista. Pero en la lista sigue sin aparecer el de Finlay, el protagonista principal comprobado de uno de los descubrimientos biológicos de mayor trascendencia del siglo XIX. Por cierto, este hecho tiene muchos aspectos interesantes que bien podrían motivar nuevos comentarios ulteriores, aunque lo tomemos aquí solo para ejemplificar un caso lamentable de afrenta a la ética científica.

Más recientemente en el siglo XX, un oportunista de la ciencia llamado Trofim Lisenko, en la antigua URSS, llegó a ser nombrado en un cargo burocrático tan extraño hoy en día en la ciencia como “director de genética” de la Academia de Ciencias de la URSS. ¡Como si alguien pudiera decidir lo que es bueno y malo en la genética aparte de los conocimientos que puede aportar la ciencia y la investigación de todos! Su influencia en la ciencia soviética fue enorme y la imposición de sus puntos de vista personales hizo que ese inmenso país, lleno de brillantes inteligencias, en general ignorara o calificara como idealistas o antidoctrinarios algunos descubrimientos universales tan importantes como el del ADN en 1953. Sus polémicas acerca del conocimiento científico, desde el poder, llevaron a que un colega tan serio y prestigioso como Nikolai Vavilov fuera arrestado en 1940 y condenado a muerte en 1941. Su pena fue conmutada por la de prisión, pero murió en ella en 1943, en difíciles condiciones. Más tarde la memoria de Vavilov fue rescatada en la propia Unión Soviética y su nombre lo ostenta hoy un importante centro de investigaciones ruso. El irrespeto por la ética y la ignorancia de los propios principios filosóficos que decían promover algunos hicieron que un experimento social formidable, como pudo ser la URSS, se manchara irremediablemente en el campo del saber donde debió ser campeona y ejemplo.

Tomemos el caso de la ciencia más contemporánea. La ingeniería genética ha logrado intervenir con toda conciencia en la información que trasmite una célula reproductiva para la generación de un nuevo ser vivo. Esto le permite potencialmente al ser humano crear individuos, animales o vegetales, cuyos genes no son todos producto de sus progenitores ni de sus propias mutaciones casuales. Es la ilusión de la novela de Frankenstein hecha realidad pero sobre bases absolutamente posibles y conscientes. Se está usando para muchos propósitos en beneficio de la humanidad. Por supuesto que también puede usarse en perjuicio, como casi cualquier conocimiento nuevo y su aplicación. Lo que impide que nos dañemos es la ética científica, nuestras leyes escritas o no que proscriben el uso del saber para afectarnos negativamente de cualquier forma. Lo incorrecto es ignorar o perseguir el saber, y menos por sospechas de que pueda ser perjudicial.

Existen hoy prácticas agrícolas para promover la producción más conveniente que se basan en la biotecnología. Ya hemos comentado como más de un centenar de personas cuyo aval científico es el de haber obtenido un premio Nobel emitieron un documento apoyando cultivos transgénicos no comerciales frente a posiciones contrarias de algunas organizaciones que argumentan la defensa a ultranza del medio ambiente. Se trata de defender el nuevo saber, con ética, frente a posiciones irreflexivas que se edifican sobre ideas conservadoras e intransigentes. Es de toda justicia rechazar el uso del conocimiento para mentir, engañar, y robar al ignorante inocente, en lugar de instruirlo y ayudarlo a que las nuevas tecnologías formen parte de su cultura y también de sus tradiciones. Pero es contra natura de la condición humana rechazar el conocimiento, por nuevo y riesgoso que sea. Lo racional es apropiarse de él lo más profundamente posible para evitar fallos éticos irreparables. La historia así lo enseña.

Se han publicado 15 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • yam dijo:

    Ya hubo un debate fuerte sobre los transgénicos, expuse mi opinión contraria a su uso, mucho menos en nuestro país, de todas formas no la publicaron, esta vez seré más escueto. En los países que se ha usado hay un rechazo total a su empleo, sobre todo de aquellos que son directamente manipulados genéticamente, el lado positivo es el aumento de rendimiento, resistente a plagas, a insecticidas, herbicidas, baja contratación de personal, alta mecanización. Eso no va a resolver el hambre en el mundo porque actualmente se botan millones de toneladas de alimentos que podrían salvar a esos infelices. El problema no es de producción sino de especulación y distribución. El lado negativo de los transgénicos se maquilla, pero lo que está a la vista como la contaminación ambiental, el uso indiscriminado de químicos que van a parar al organismo humano, poco estudio de los daños que pueden causar estos cambios genéticos a los seres vivos, el exterminio de la diversidad genética de las plantas y animales, etc (sin contar el desempleo que genera). Hay que ir a las casas de estos 100 científicos para ver cuánto están pagando por su cena orgánica o tienen sus propias parcelas o cuántas acciones han comprado de esas compañías o cuánto costó su voto. ¿Por qué no se recogen las firmas de los que están en contra ? Porque no alcanzaría el papel. La historia ha demostrado lo que son capaces de hacer por ocultar daños o frenar estudios que lo demuestren o comprar un invento o descubrimiento que atente contra sus intereses o introducir plagas para que se vean obligados a adquirir sus productos o comprar funcionarios (troyanos) para facilitar su expansión. En muchos países es obligatorio declarar y etiquetar el empleo de los mismos para que el consumidor decida, en Europa (sobre todo en Alemania) la importación de estos productos conlleva estrictas regulaciones para su aprobación. Con el fracking sucedió algo similar. Hay que exponer los argumentos de los detractores, ir a los paises donde están presentes estas transnacionales, no hay que ir muy lejos aquí en Cuba hay ejemplos negativos de muchas de estas cosas. Los estudios que demuestren su inocuidad llevan mucho tiempo y son caros ¿ quién los paga ? ellos mismos. Por eso es casi inviable una tercera opinión imparcial.

    • Fidel dijo:

      Repito mi comentario porque no fué publicado. No creo que incumpla las normas del sitio.

      Totalmente de acuerdo con yam. Necesitamos otras opiniones y análisis más profundos. La introducción del artículo no argumenta lo que suponía era el final, la defensa de los transgénicos.

      Aquí otras opiniones:
      http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Transgenicos/Transgenicos-Un-informe-que-no-pone-fin-al-debate

    • Gilliath dijo:

      jajaja, hermano te faltan muchos años de estudio para doptar posición aquí. Lo mejor que tiene saber bien de un tema es que no te interesan ni las encuestas, ni los premiso nóveles. He estudiado a los transgénicos de plantas desde hace años y puedo asegurarte que no hacen ningún daño al organismo, pero si supieras del tema y estudiaras te podrías dar cuenta. Es cierto que tiene muchas aristas negativas como las que explicas, pero el daño ala salud no es una de ellas.
      Si no estás de acuerdo conmigo puedes decirme exactamente cómo afectan los transgénicos al organismo humano?

      • Dwilliams dijo:

        Gilliath , creo que si de verdad estudiaste un año sobre el tema deberías saber que se escribe nobeles no ¨nóveles¨ y que es ¨a la¨ no ¨ala¨ , y sobre el tema,deberiamos ser un tilin mejores y mucho menos egoistas

  • Andrés dijo:

    Le admiro mucho por defender sus ideas Dr. Montero, y ciertamente el asunto de la ética es uno importante sobre el que discurrir, Sin embargo, no veo la similitud entre este asunto, expresado a través de las vivencias de Finlay, Giordano Bruno y Vavilov, y la oposición que existe hoy a los transgénicos. No creo que sus defensores más poderosos sean precisamente la personificación de la ética y la antítesis del conservadurismo y la irreflexión.

    Es cierto que existen grupos con tendencia ludita criticando todo avance científico y tecnológico en nombre de un ecologismo estéril e infantil. Es cierto que, por ejemplo, Greenpeace actuó de forma bastante intolerante cuando decidió boicotear investigaciones relacionadas con el arroz dorado. Y esto es lo que fundamentalmente ha provocado la enérgica reacción por parte de más de 100 premios Nobel, definitivamente una masa crítica importante de investigadores prestigiosos. Pero este incidente no puede desviarnos del tema central: existen dudas fundadas sobre la calidad de la evidencia presentada, entre otras cosas por la falta de transparencia que ha acompañado a esta discusión. No olvidemos que Greenpeace (independientemente de las reservas que podamos tener, yo las tengo) es la misma organización que defiende el uso de la ciencia en el combate al cambio climático o en la lucha por la vacunación masiva. No se han vuelto anti.-ciencia de momento. Eso no es creíble.

    Por otro lado, hubo un tiempo en que el sistema geocéntrico de Ptolomeo también era respaldado por todos los científicos prestigiosos, al extremo de llegar a convertirse en un dogma, por el cual pagaron personas como Giordano Bruno o, de alguna forma, Galileo. Todo esto cuando ya existía evidencia de lo contrario. Las compañías tabaqueras también ocultaron sistemáticamente evidencia sobre el daño del tabaco, lo cual atrasó en varias décadas la toma de conciencia de la opinión pública respecto al tema, etc.

    Los ejemplos siguen, pero el punto es que el asunto de la ética también está indisolublemente ligado a la disponibilidad de información y a la posibilidad de debatir con libertad, y sobre la base de evidencias, acerca de un determinado tema. Este es precisamente el tipo de mecanismo que ayuda a evitar que seres o cuerpos sociales influyentes, incluido los científicos, se conviertan en nuevos sacerdotes. En el caso de los transgénicos, existe un debate que dista de ser concluyente y transparente. A pesar de existir consenso en una parte de la comunidad científica, existe también una fuerte oposición en otra parte nada despreciable de esta comunidad y también en el resto de la opinión pública. Esto no puede ignorarse ni dibujarse como intolerancia.

    Yo, cuando pienso en opinión pública, pienso en las preguntas de mi hija de 6 años. Cuando me siento demasiado seguro de que puedo responder a cualquiera de sus preguntas, o asistir cualquiera de sus dudas, siempre se aparece con una pregunta-bomba, que de tan natural resulta inesperada. Y ahí me pone a estudiar otra vez. Conozco a un profesor norteamericano que me dijo que las preguntas de los estudiantes de primer año siempre son más interesantes pues son menos especializadas, y lo obligan a contextualizar su conocimiento especializado. Sucede lo mismo con muchos otros debates. La gente tiene opiniones fuertes sobre política, deporte, arte, etc, pues con un mínimo de conocimiento general, y buena educación, cualquier no-especialista es capaz de hacer preguntas relevantes sobre casi cualquier tema. Ese es el punto del debate democrático. Si se descartan esos criterios, entonces estamos tácitamente aceptando que los cuerpos más poderosos de la sociedad se apropien del conocimiento especializado y lo co-opten.

    Esto último es importante en el caso de los transgénicos, pues aún los vínculos entre la investigación y los poderes fácticos permanecen oscuros. Y los rumores y evidencias sobre la manipulación de datos y la ocultación de evidencia llueven. Por ejemplo, hasta el 2010 no era posible realizar investigaciones independientes sobre los GM comerciales por razones contractuales. Incluso los más optimistas, y hasta el presente año 2016, continúan planteando serias dudas sobre la manipulación de una buena parte de los datos, y sobre la necesidad de investigación a largo plazo, esto incluye a prestigiosas publicaciones como Scientific American y Nature.

    No es necesario rechazar la tecnología de antemano, pero si profundizar en sus consecuencias a largo plazo antes de aventurarse a introducirla en nuestro sistema de consumo. Las discrepancias son aún demasiado escandalosas. Por otro lado, no es la única tecnología que existe a disposición en la agricultura. El concepto agroecológico, ha sentado cátedra en Cuba, y posee también un arsenal tecnológico importante y de génesis mucho más abierta. Que una tecnología se conozca mejor que la otra puede bien responder a razones políticas y empresariales, en lugar de puramente tecnológicas. La historia también lo ha probado (ejemplo, auto eléctrico vs. combustión interna).

    Una respetuosísima acotación que se aparta del tema que nos ocupa: los diez mandamientos no son de origen occidental, sino asiático. Nuevos hallazgos no dejan mucha duda sobre el hecho de que los códigos de Moisés son muy similares a los códigos de Hammurabi, y a otros sistemas morales de posteriores imperios mesopotámicos. Occidente no es el centro del mundo y eso es bueno para los que somos definidos como periferia.

  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    Estoy seguro que el autor aborda este tema con la sana idea de ayudar a mejorar la producción agrícola en nuestro país como destaca en su último párrafo, ……´existen hoy prácticas agrícolas para promover la producción más conveniente que se basa en la biotecnología¨……………. Considero que el tema se ha abordado varias veces en cuba debate, y me resisto a pensar que se reitere esta discusión más bien por un tema de moda, que por el hecho de profundizar en las soluciones de los problemas que afectan la producción agrícola del país y en general del mundo. La urgencia de buscar soluciones responsables en la producción de alimentos para nuestro pueblo debe obligarnos a todos a poner en contexto nuestras ideas y análisis.
    Cuando analizamos la producción agropecuaria y lo hacemos pretendiendo mejorar los rendimientos agrícolas y su niveles de producción debemos partir, que ese proceso es un sistema, y su estudio debe ser el estudio de un sistema, no de un hecho aislado, eso, nos puede confundir, y coloca fuera de contexto la idea, alejándonos de la verdadera prioridad que exige este momento. He insistido que si no desarrollamos un pensamiento en forma de diseño, a la hora de estudiar estos sistemas productivos mirando el futuro, no podremos entender cómo se comportan estos procesos realmente. Abordándolos así, seguiremos usando en el discurso el eslogan de la necesidad de introducir los logros de la ciencia y la técnica en la producción agrícola, pero de forma general y ambigua, demostrando desconocimiento de este proceso y de las principales causas que afectan la producción en el mundo.
    Para graficar el análisis de este sistema, en un inventario de 70 principales problemas y causas que afectan actualmente la producción agrícola del mundo y Cuba, el principal problema que determina los bajos niveles de producción actualmente, son los referidos a los aspectos organizativos y estructurales de ese sistema productivo, no el tecnológico, ese va de cuarto y las soluciones biotecnológicas o transgénicas están en el numero 68.
    El punto es, que sigamos defendiendo con inteligencia y pasión las ideas, pero hacerlo concentrados en lo principal, en el obstáculo o problema que determina el salto productivo, que resuelve el punto crítico, debemos enfocarnos en la prioridad, con la introducción de los logros de la ciencia en lo que debe ser primero, porque lo exige el pueblo y porque los lineamientos estratégicos aprobados y ratificados por el congreso lo expresan claramente.
    Sobre los transgénicos en la agricultura, se deben seguir estudiando y desarrollando en el país con responsabilidad y bajo el control del Estado, convencidos de que su introducción benefician a los rendimientos agrícolas, como otros logros tecnológicos que actualmente estamos introduciendo muchos más costosos , pero que sus efectos beneficiosos hoy en el escenario agrícola cubano quedan enmascarados y aplastados por los problemas estructurales y organizativos no resueltos, encareciendo el costo de producción y desmotivando a los actores responsables de producir.

  • Jonás dijo:

    Me resulta algo incomprensible el comentario de yam.
    Sin embargo, pregunto a los editorialistas de cubadebate, ¿cuál la posición del estado cubano respecto a los transgénicos y cuáles sus políticas públicas en aplicación y/o formulación?
    En este sentido, sugiero que cubadebate abra un apartado (como los de abajo de este texto) respecto al tema de los transgénicos, así lo reflexionamos en conjunto y un ambiente más abierto.

  • Humberto Pedroc dijo:

    – El mejoramiento genético “clásico” de los cultivos por métodos convencionales no se rechaza por nadie. Tan es así que no comemos prácticamente hoy ninguna de las variedades de plantas que se produjeron por selección natural.
    – El mejoramiento transgénico no es en su esencia diferente del que pudiera eventualmente producirse naturalmente de forma aleatoria al cabo de mucho tiempo.
    – Están definidas las pruebas que deben hacerse para asegurarse de que los transgénicos específicos no sean perjudiciales.
    – Debería analizarse concreta y científicamente cada transgénico específico, no LOS TRANSGENICOS. Es como analizar LAS INYECCIONES. Las hay de veneno y las hay curativas.
    – Claro, para analizar con rigor un transgénico específico hay que saber y trabajar duro. No valen las declaraciones generales, las referencias a revistas, los sentimientos, los conceptos preelaborados, las ideas generales, los seudoconocimientos, las inferencias basadas en supuestos.

  • Jose Rafael Carrillo Morales dijo:

    Saludos CD:
    Desde el Rincón Anticapitalista de Los Guayos, Carabobo, Venezuela. Agradeciendo eternamente al pueblo cuabno por su colaboración y aprecio hacia el Comandante Supremo,Hugo Chavez. El asunto de los transgénicos sólo se aplica o justifica para la especulación y la obstentación científica. No hay ninguna razón en la actualidad que justifique un gasto o investigación en ese sentido que no tenga una base leve o inexistente. No necesitamos cambiar las características de ninguna especie que se requiera con urgencia ni a mediano ni largo plazo. No hay ninguna seguridad sobre los OGM (organismos genéticamente modificados) y su capacidad para producir tumores es casi 99 % segura. Las únicas razones son comerciales y no las voy a tratar. Oración y trabajo.

    • Gilliath dijo:

      No se de donde sacas ese dato del 99%. Cuándo se ha visto que una planta modificada puede crear cáncer o tumores? De donde sale eso, científicamente es casi imposible. Supongo que te estarás refiriendo a los organismos animales, esos son otros 20 pesos, en las plantas imposible. Te digo que más daño hacen los químicos que le hechan actualmente.
      Cómo puede un organismo con células diferentes afectar al humano? Que alguien me explique. Esto es como lo de los OMNIS, todos dicen que lo vieron pero nunca hay pruebas. Así mismo es con los transgénicos, todos dicen que hacen daño, pero nadie explica como. Por favor..

    • m&m dijo:

      con su ultima oracion aclaró la razon de su opinion

  • Arturo Menéndez dijo:

    Creo firmemente que la ciencia sin ética ha sido la base de grandes tragedias humanas, de crímenes horrendos, y en ello incluyo los problemas éticos de la publicación científica, lamentablemente aún en pleno siglo XXI se incurre en esos crímenes. Coincido con un forista, “sobre los transgénicos en la agricultura, se deben seguir estudiando y desarrollando en el país con responsabilidad y bajo el control del Estado”, dígase, bajo el mas estricto control de los científicos, no de los burócratas. La responsabilidad principal es de los que de alguna forma hacemos ciencia o nos valemos de ella para encontrar soluciones a los mas ingentes problemas de la sociedad, del hombre y del propio conocimiento. Claro, para que eso sea eficaz, los cuadros, los directivos tienen que respetar a la ciencia, a los científicos, lo cual nos obliga a una conducta profundamente científica y ética.

  • Lillian dijo:

    Bajo el título Ciencia y ética podrían escribirse miles de cuartillas. En el mundo de hoy abunda la falta de ética en la investigación científica y en la aplicación de la ciencia. Ejemplos: personas de los países subdesarrollados que se toman de conejillos de indias sin su consentimiento para investigaciones, productos que son probados sobre víctimas y prisioneros en guerras imperiales, enfermedades que salen de los laboratorios para después sacar al mercado sus soluciones, medicamentos cuyas patentes va a vencer y a los que se le adiciona cualquier elemento inocuo para parecer nuevos y volver a patentarlos (y sigan generando ganancias) , la investigación farmacéutica dirigida con prioridad a enfermedades del primer mundo por ser mas rentables, y a enfermedades crónicas (no para prevenir o curar) para que el enfermo siga generando ingresos para la industria farmacéutica, la apropiación y patentamiento de organismos vivos que constituyen descubrimientos y no invenciones, los productos nocivos utilizados para la fumigacion agrícola a sabiendas que son cancerígenos, la fuerte vinculacion de las “agencias” que aprueban la salida al mercado de productos nocivos con la industria que los fabrican, la presión de los lobbies de la industria a los órganos legislativos para imponer leyes que les favorezcan, la censura a investigaciones científicas que develan resultados indeseados para la industria, las investigaciones pagadas de antemano para justificar la inocuidad de determinados productos realmente dañinos , los empleados de la industria farmacéuticas que compran a los médicos con congresos, viajes y otras prebendas para favorecer la recomendación a los pacientes de sus medicamentos…un sinfín de ejemplos hasta el mas común, la negación de servicios médicos por falta de recursos del paciente para pagarlos. Todo esto es tema de “ciencia y ética”.
    Si bien tenemos el derecho y la obligación, desde el conocimiento, de opinar sobre los temas que nos conciernen, en lo personal , valoraría mas el esfuerzo por desenmascarar todas estas bajezas que los medios hegemonícos ocultan día a día, o aceptan como natural, que tratar de echar mas tierra arriba a las causas que enarbolan las victimas de todos los atropellos. Con independencia de que puedan haber, como las hay, ONG o miembros de estas cooptados , o incluso confundidos, la ética me coloca del lado de los que están peor y trataría de entender y divulgar por qué toman esta posición y que factores pueden estar incidiendo, de entenderlo así, en su errónea posición. Al igual que respeto el trabajo científico, respeto y admiro a los que se enfrentan a las corporaciones en total desventaja, arriesgando incuso sus propias vidas y las de sus familiares, pues bien sabemos que estas grandes empresas utilizan todos los métodos posibles-bien alejados de la ética- para silenciar lo que quieren sea silenciado.

  • Oscar L. Parrado Alvarez dijo:

    En este polémico asunto, la tecnología per se no es buena ni mala, esto depende con el fin que se utilice, en el caso que nos ocupa, es un logro científico incuestionable, pero su empleo con el fin , no de reducir el hambre sino de alimentar las ganancias de las transnacionales que tienen patentada la vida, pues el derecho a la alimentación, está bajo los dictados del mercado. En una economía para la vida, sería diferente. Se vende un paquete tecnológico (herbicidas tóxicos, semillas de un solo uso etc) que aparte de tener efectos nocivos sobre la agrobiodiversidad, tiene consecuencias negativas sobre los pequeños y medianos agricultores, lo que acentúa la concentración del poder de la producción de alimentos en pocas manos, eso explica que las grandes cantidades de alimentos que se producen con los cultivos transgénicos no eliminan el hambre, esto es una consecuencia directa del sistema capitalista afanado en las ganancias a toda costa y a todo costo. En el caso concreto de Cuba, pienso que esta tecnología en el escenario actual y futuro del cambio climático es una herramienta para acelerar el mejoramiento de plantas y debe ser utilizada en armonía con las prácticas agroecológicas, para potenciar la diversidad y sus servicios ecosistémicos, no para disminuirla, para no caer en la trampa de una nueva “Revolución Verde”.
    Un punto importante a tener en cuenta es la arista social del problema pues en Cuba la producción de alimentos no depende solamente de lo tecnológico sino que está signada por lo social y lo económico que no pueden estar desligados de lo ambiental. Tecnología producida por los centros de investigación, existe la suficiente y necesaria, solo que la indisciplina tecnológica, la rutina y la falta de pensamiento sistémico limitan sus logros, hoy por hoy el potencial de rendimiento de las variedades obtenidas por los centros de investigación no rebasa el 10-15%.
    El decrecimiento de la población, su envejecimiento y el alto grado de urbanización que ronda casi el 80% marcan el camino hacia tecnologías más eficientes, que incrementen los rendimientos en niveles soportables que no afecten la capacidad de carga de los agroecosistemas, estoy convencido que en nuestro socialismo, de la sabiduría colectiva de agricultores, científicos, intelactuales y pueblo en general saldrán soluciones nuestras que permitan aprovechar esta herramienta tecnológica y minimizar los riesgos de su empleo, polarizar la discusión demonizando los extremos no conduce a nada, debátase, compártase, infórmese, divúlguese, contextualícese y foméntese la participación…ese es el camino para buscar las soluciones a nuestros problemas y solidariamente al resto de la humanidad hambrienta.
    El tema no se agota, hay mucha tela por donde cortar y he esbozado algunas ideas que pueden complementar, ampliar y mejorar otros compañeros…

  • yam dijo:

    Lilian: Con su permiso implícito copié su comentario para una tarea de mi hijo, fue muy precisa y concisa. Ampliaremos cada una de sus sentencias y le daremos su crédito en las bibliografías. Gracias

Se han publicado 15 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Luis A. Montero Cabrera

Luis A. Montero Cabrera

Es Doctor en Ciencias Químicas y miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Preside la Sociedad Cubana de Química y el Consejo Científico de la Universidad de La Habana.

Vea también