Imprimir
Inicio »Opinión  »

La Habana no es lugar para turistas (II)

| 72
La Guagua. Foto: Kaloian

La Guagua. Foto: Kaloian

...De una hermosura atroz, de una serenidad inconfesable. Rostros al regreso de cualquier estética.
De La Habana no es lugar para turistas (I)

Todo el mundo sabe y el que no sabe se imagina cómo son las guaguas en La Habana. Lo folclórico es una delicia, pero para comentarlo. O sea, para teorizar sobre la cultura, sobre las costumbres, sobre lo pintoresco o lo atractivo de un pueblo.

Pero vivir en el folclor se las trae, y es cualquier cosa menos una experiencia agradable. El sudor no es agradable, ni la bulla, ni la falta de menudo. La sensación de asfixia o de impaciencia tampoco lo es. La parte fea del folclor consiste en jugársela a diario, sin armonía, sin estética, en condiciones más bien vulgares, que nadie recordará por ningún detalle en particular.

En La Habana hay guaguas de todo tipo: las del amanecer son acogedoras. Afuera, las calles despejadas, el frío tenue, las personas que retornan, las que parten, los que a diario se entregan, sin que medien palabras, la supervisión del mundo, la continuidad de la vida.

Pero en verdad, las casi poéticas guaguas de las siete de la mañana son las confrontas de la madrugada. Esas rutas lúgubres que recorren la ciudad con mucho sigilo, a buen tiempo cada dos o tres horas, y que llevan encima, como gravitando, un extraño sino, algo fantasmal.

En cambio, entre las ocho y las doce de la noche, las guaguas acusan de un agitado trasiego, de marcadas estridencias: rancheras mexicanas, Los Mustang, Marco Antonio Solís. A esa hora, algunos pasajeros andan con guitarras, otros alardean, otros discuten sin demasiado interés.

También está el que viaja en silencio, pero ese nunca cuenta, ese anda extraviado, en un recorrido que no es el suyo. Casi siempre se trata de un sujeto pálido, un pobre diablo a las claras traído de otro hemisferio.

En las guaguas he presenciado escenas absurdas, imprevistas hermandades distantes de cualquier retórica, las mayores dosis de humor concebibles. En una guagua -también- intentaron carterearme. No lo lograron porque yo no tengo cartera, o porque no hay nada tan irónico como robarle a alguien sin dinero.

Las guaguas, descarnadamente gráficas, con sus leyes implícitas e inviolables, o continuamente violadas y continuamente puestas sobre el tapete, acogen un hervidero de acontecimientos, de perfiles torvos y miradas dóciles. Quizás porque La Habana, entre otras cosas, semeja una ciudad de muchas caras, de disímiles pulsaciones, pero con la rara virtud de que nada en ella parezca falso. Ni el Prado, ni Cayo Hueso, ni Quinta Avenida.

Sin embargo, en varias de las rutas posibles destaca una escena, una especie de trampa, un acto simulado y a la vez ineludible. Yo asistí a su puesta un 23 de mayo -un día cualquiera-, a las tres de la tarde, mientras llovía en el Cerro y sobre el Cristo de Casablanca.

El chofer, la radio, o la casualidad, hacen que se escuche, de repente, una canción de Roberto Carlos, una de esas canciones a las que normalmente casi nadie presta atención, un tema sobre la distancia, sobre los amores truncados a contrapelo del mismo amor. Entonces una señora de mediana edad, de tristes arrugas en el cuello, blusa rosada, y ojos indescifrables, empieza a llorar.

Uno supone, en primera instancia, por la sobriedad del rostro, que la mujer se está secando el sudor. Pero nadie se seca el sudor de esa manera, tan despacio, con tanta elegancia, con manos tan temblorosas, como si los dedos tocasen una superficie desconocida, la piel de lo incorpóreo, y los ojos estuviesen exhumando un cadáver, sacando a flote una verdad inconclusa.

El rostro de la mujer prefigura el rostro de La Habana. Una ciudad que sabe llorar y que, por otra parte, avanza. Una ciudad que viaja, entre el tráfico y el éxtasis, y que puede no estar ya en ningún sitio.

En ese momento uno quiere seguir hasta lo último del trayecto, pero luego desiste. Porque se trata de una ruta ilegal, de las que consumen demasiada gasolina, de las que dan vueltas y vueltas y empatan un día con otro y poco a poco se van quedando solas, sin pasajeros y sin conductor, solas a través de los años, sin folclor y sin vuelo, como los malos artistas, y que en un momento dado ya no tienen razón de ser, pero prosiguen por inercia, por pura imposibilidad de detenerse, y su luz o su sombra disecciona y se traga todo lo que le parezca, todo lo que simplemente no le sirva, así de fácil, y son rutas que como todo el mundo sabe o como todo el mundo se imagina no tienen principio y tampoco tienen fin.

Nota al pie

He escrito La Habana no es lugar para turistas (II) con algo de temor. Si dijera otra cosa estaría mintiendo.

Tras la primera entrega de esta serie de crónicas recibí críticas, críticas fuertes y varios insultos. También recibí apoyo, ánimos, consejos, palmadas sobre el hombro, y pocos pero importantes halagos. De personas que admiro, de personas que aprecio, de personas que respeto y de personas que no sabía me tenían en cuenta. Todo esto, sin embargo, entra de lo concebido, dentro de lo lógico, dentro de lo previsible. La causa por la que escribí con miedo esta segunda crónica fue otra. Fue porque en plena soledad, o con la simple compañía de mis fantasmas internos (justo en los instantes en que se vuelve imprescindible desnudarse y jugárselo todo), percibí que a La Habana no es lugar para turistas (I) le sobraban algunas palabras. O sea, era una crónica imperfecta, visiblemente imperfecta, y eso, que es a la larga lo que siempre se logra, no era en verdad lo que yo estaba buscando. (Las crónicas imperfectas son las que más deleite me ha dado leer, pero no las que más deleite me ha dado escribir.) Otras posibles cuestiones no me molestaron: ni el tono literario, ni el ambiente onírico, ni la aparente ausencia de un argumento, ni el intento de transgredir ciertas normas. (Aunque lo más probable es que no transgreda nada y en cambio salga con algunos trastazos encima.)

Tampoco es que ande por ahí dándomelas de arrepentido. Primero porque La Habana no es lugar para turistas (I), fuera de los estragos y las opiniones encontradas, me place por su sinceridad; nunca se traiciona. Segundo porque seguiré incurriendo en errores de este tipo. Y tercero porque, tal y como me dijo un buen amigo, "hay lectores y lectores: está el positivista, que necesita que le digan algo que entienda y pueda encontrarle utilidad, y está el renacentista, que aprecia la belleza de un texto bien escrito y lo lee con espíritu hedonista." No digo que mi texto sea un texto a la altura de los lectores renacentistas, solo digo que los lectores positivistas no me seducen, no pueden ser el límite, y que intento alejarme de lo que para ellos resulta placentero. Solo me resta parafrasear al autor de Los detectives salvajes (cuyo nombre, perdonen el descuido, ahora mismo tampoco recuerdo): las malas críticas me las empiezo a ganar en frentes de guerra, no en simulacros de combate. Y como dijera un chofer de la 20: el periodismo no es coser y cantar. El periodismo siempre es un peligro.

Se han publicado 72 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • otro mas dijo:

    Entocnes si la mejor periodista de cuba y del mundo, te dijo: Yo firmo, pues no hagas caso, sigue escribiendo poesia, que te lo dijo una tremendisima periodista que los de a pie seguiremos con el verbo de las guaguas y de vez en cuando, intentando no angustiarnos leyendo tus poemas.

  • Lizette Fernández dijo:

    Carlos manuel:

    Me encantó tu artículo, pienso que describes al verdadero cubano, pudiera ser en una guagua, en cualquier cola, eso es lo de menos, lo importante es tu forma de expresarlo.
    Con relación al título, solo daré mi opinión cuando haya leído el artículo completo, me complace pensar, teniendo en cuenta el título que escogiste, que nos faltan por leer muchas partes.
    No tengas miedo y síguelas publicando.
    Saludos,

    Lizette

  • LAZARO RAMIREZ. dijo:

    A KAFKA NO LO ENTENDIERON,ADEMAS RECUERDE QUE LA METAFISICA Y LA FALTA DE SUENHOS SON LOS DOS ESTANDARTES DE LOS QUE NO ENTIENDEN,CREO QUE USTED HA TRABAJADO Y BIEN,LO NUEVO A VECES SORPRENDE,SIGA ASI QUE EN MI CRITERIO VA BIEN,ADEMAS EL TEMOR A LO NUEVO A MI JUICIO ES EL PAN NUESTRO DE CADA DIA,O MEJOR DICHO EL NO PAN NUESTRO DE CADA DIA.

  • elaine44 dijo:

    y PORQUE sera que aqui se politiza todo???y quien dice que esa poesia o texto o como se llame es renacentista????QUE CLASES DE COSAS ESTAS QUE ACABO DE LEER ; NO SE QUIEN ES MAS BRUTO si, brutus o brutos Y que hay del idioma de los cubanos --no he leido aqui un solo comentario donde se manden "LAS GUAGUAS" pal" carajo Neee,,por favor si este hombre nos quiere regalar su poesia ,pues tomemosla como poesia y pal" carajo No la pongan tan dura nosotros los cubanos amamos nuestras guaguas y dode quiera que estemos no vamos a olvidar los "BUENOS""" momentos que pasamos cuando las montabamos YO por mi parte adoro mi ford pero de vez en cuando lo dejo en el garaje y me doy una vuelta en GUAGUA eso si no me siento como me sentia en los camellos de la HaBANA ESO ES INCOMPARABLE pero peste a sudor tambien se huele aqui en ALEMANIA Y ESO QUE UNA BOTELLA DE DESODORANTE CUESTA 50 ctv y hay agua las 24 horas del dia y por si fuera poco nunca me he montado en una guagua donde los pasajeros viajen de pie porque no hay plazas libres y de vez en cuando uno se paraba en la punta de los pies para ver al muchacho que iba en el fondo""" tremenda gozadera en la habana pal carajo las guaguas.... oye sigue asi y escribe lo que que te venga en ganas tu eres cubano y eres libre de escribir lo que piensas por lo menos no tienes que pagar 2.90 euros por una vuelta en algo que solo cuesta 5 centavos y diviertate que las guaguas tienen swwing!!!!

  • elaine44 dijo:

    Demetrio si cada vez que a un cubano de segunda como tu dices lo meten preso por escribir lo que piensa pues entonces estariamos todos condenados a cadena perpetua y hay que ser un erudito supernatural para encontrar entre esas sublimes palabra una sola que signifique -amedrentar a los turistas-o es que los cubanos estamos amenazados una vida entera por pensar o decir lo que nos de la real gana a este hombre se le ha criticado aqui creo desde todas las esquinas del planeta pero de manera literaria y no por lo que pueda desatar en la imbecil imaginacion de algunos que desgracidamente solo tienen luz corta"""Como las guaguas de la Habana, no olvidemos nuestra idiosincracia si sabes lo que significa esta palabra te daras de cuenta que solo lo que has dicho en tu comentario no tiene nada que ver con lo que aqui se discute y por favor no pierdas el buen humor tomalo con calma y no te bajes mas con la guagua andando eso no vale la pena y serio????? claro que aqui todo es serio y este cubadebate tiene un titulo y el moderator tiene que publicar estas cosas porque sino no sirve el portal y porque sensurar a uno que es como tu y yo o es que tu no eres de segunda????

  • lorezo dijo:

    elaine44 OK no todo hay que politizarlo solo hay que tomarlo con la mayor naturalidad posible, eso es lo que intento todos los dias solo que no tengo un ford que adorar, tengo un misil FOREVER que esta echando umo.AQUI TODO EL MUNDO ES DE PRIMERA por que con ustedes siempre es bueno itercambiar. El artículo esta salvaje desde el punto de vista literario y eso que no es lo mio, pero baya por lo menos es otra forma de ver la guagua, es como si fuera un carro funebre y no como una discoteca que es lo que parecen la mayoria en la Habana y fundamentalmente en las noches con el regeton a full, na eso es jodedera,eso no es una atraccion turstica pero suena un poco loco y todos sabemos que en la Habana hay una pila de loco pero en el yuma tambien. por tanto el articulo esta OK. sigue escribiendo articulista que tu forma de interpretar la realidad es interesante y original no le agas caso a demetrio que seguro el no dio en la escuela apresiacion del arte ni interpretacion de textos.

  • Bertica dijo:

    Me encanta que un estudiante de periodismo haya encontrado inspiración en un tema tan vital y nada renacentista como el transporte público pero no me gusta el escrito y por favor, no me compadezca nadie: tengo el sexto grado aprobado y una educación emocional pasable. No es porque no lo entienda, ni porque me abrumen los recursos sintácticos o estilísticos empleados. Primeramente es porque me aburrió, quizás porque me engañé con el gato que de forma evidente y manipuladora me vendieron en el título. ¿En el texto que se nos presenta cuál es la opinión del autor en concreto? ¿Dónde está? ¿Dónde está la ropa del emperador? Leí todas las opiniones y encuentro en cualquiera de ellas más solidez en la presentación y defensa de una idea que en toda la pesada levitación del autor.

    Por esa falta de precisión en la opinión, algunos escritos suyos que he leído aquí en Cubadebate me han parecido como la frase provocadora de alguien que no sabe de pelota pero la suelta para ver a los otros discutir. Con la diferencia de que esta persona sí tiene todos los recursos para expresarse, con belleza incluso y prefiere marear a los lectores antes de que empiecen a debatir. La diana es móvil y entonces se debate cualquier cosa en base a un muestrario de sensaciones del autor que hay que ponerse a interpretar para poder intercambiar, muchas veces más sobre la forma que sobre el contenido.

    Luego, tampoco me gusta por la selección de palabras con orientación negativa hecha casi en cada párrafo. Arma tal atmósfera opresiva que puede lograr efectivamente que uno aunque sea turista tres veces, salga gritando a pedir el diazepán. Todo lo que devuelve el prisma del autor dentro y fuera de la guagua habanera es vulgar, decadente y triste, desorientado. Se puede hablar mal de las guaguas o de lo que uno quiera sin acosar al lector con los prejuicios o depresiones personales.
    Se está esperando un periodismo combativo y poético, politizado y objetivo, verdaderamente crítico y no autoflagelante, menos contemplativo y más transformador.

  • Guajirito de la Loma dijo:

    He leído los anteriores comentarios y quisiera añadir que al igual que otros lectores encuentro que el título no se adviene con el cuerpo del artículo como debe corresponder a un medio de PRENSA, este sitio no es una publicación literaria y de hecho el titulo simplemente sirve como gancho para atraer lectores porque alude el tema del turismo, haciendo una afirmación negativa de una de las actividades más importantes para la economía del país y el resultado es que molesta más el engaño, que el placer de leer un texto con las cualidades literarias, que además es largo para el sitio y trata el tema con limitaciones en su claridad sobre todo cuando se intenta vincularlo con el título, así impresiona más como una forma de demostrar cualidades literarias de quien lo escribe, que de analizar con responsabilidad un problema.
    Llama la atención que los comentarios favorables tiene una alta incidencia en personas que no residen en Cuba que no hacen uso del medio.
    Usted es muy joven, pues entre otras cosas, hace uso caricaturesco de las clasificaciones, al reducir a los lectores en dos marcos excluyentes demasiados estrechos y la realidad es que casi todos tenemos rasgos de ambos. Usted evidentemente se alinea con los hedonista, un ejemplo donde se manifiesta así en “intento alejarme de lo que para ellos resulta placentero” confundiendo las motivaciones con lo placentero aun cuando ambos pueden coexistir.
    Finalmente el riesgo personal está vinculado intrínsecamente a la actividad humana y tenemos tendencia a pensar que la que ejercemos es de las más, sin embargo el riesgo más importante en su profesión está relacionado con su impacto social como elemento iknformativo, modelador, facilitador, siendo estas las funciones que verdaderamente tiene que primar, Martí es un buen ejemplo y en cada medio usaba la forma apropiada a este.
    La crítica es molesta, sobre todo si es pública, pero muy útil, no se amilane siga adelante.

  • lolo dijo:

    Oigan, ojala apareciaran mas aticulos criticos en todos nuestros medios,a eso es a lo que se ha llamado a la prensa, criticar desde un punto de vista constructivo y emprendedor , que hace falta que nos critiquemos , si hace falta y mucho , o donde estan uds?, donde pasan el tiempo? encerrados en burbujas ?, vamos, que esta muy bueno el articulo ,adelante Carlos Manuel , continua .

  • frank dijo:

    es muy interesante lo que planteas en el contexto realizado, pero estoy en desacuerdo que la habana no es lugar para turistas, ho a decir verdad, como se planteo antes, el titulo no es el apropiado para este escrito. solo estoy haciendo una recomendación.

  • raul dijo:

    hola soy Raul d holguin, me ha echo reir mucho este trabajo, es una parte de la realidad, de todo aquel q dia a dia usa esos medios, solo , acompañado o en familia, nadie escapa a esas estampas, no es tan importante , el titulo del trabajo, sino mas bien, lo q se ilustra , el mensaje implicito, una forma de reconocer un merito mas, de cada coterraneo, sin medios propios de transporte, q nos crecemos dia a dia, se pueden escribir obras literarias , teatro, teleplays del tema, y asi refrescar nuestros sentidos, trasmutar la energia de stress en diversion criolla,

Se han publicado 72 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Carlos Manuel Álvarez

Carlos Manuel Álvarez

Matanzas, 1989. Periodista y colaborador de Cubadebate.

Vea también