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La Habana no es lugar para turistas (I)

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La Guagua y Cuba (Foto: Kaloian)

La Guagua. Foto: Kaloian

No utilicé viejos y deplorables trucos. Cuando un periodista se quiere inventar una situación determinada la coloca en una guagua. (...) Todo esto es absolutamente inverosímil y falso.

El autor.

Era La Habana en una noche cuya fecha no puedo precisar. Había salido a la calle sin motivo aparente. Corría un aire distinto, más incierto, más sólido. Un aire venido de otro mundo, de una época futura o quizás de un tiempo muy remoto, de una era anterior o posterior a todo rastro de vida: blanca, presuntuosa, inapresable para la imaginación, no digamos ya para la memoria.

Había salido, tal vez, para provocar al destino. Anduve entre riscos, sobre la húmeda frontera de la costa. Introduje los dedos en el agua, y los mantuve así, lejos de mi cuerpo por unos segundos, como algas moribundas, separadas del resto por el cuchillo líquido e inestable de la superficie. Pero no hubo una señal, no pasó nada.

Me levanté -si tal término es dable-, tácitamente, en apariencia distraído. Bordeé la Oficina de Intereses, atravesé la Tribuna Antimperialista, miré hacia arriba pero no vi ningún monte de banderas, solo astas vacías y afiladas hincando la distensión del cielo. Escapé de varios borrachos, de algunos cantores, de la indiferencia de ciertas parejas en la flor de sus únicas edades, y alcancé sin mucho esfuerzo la bocacalle de Línea.

Dos luces intensas y siniestras, dos focos delanteros alumbraron mi cara. Cerré los ojos.

(Cerrar los ojos siempre es una forma de entrar a algún lugar.)

Podía tratarse de un P-1 o de un P-5, de una de esas rutas habituales, pero lo cierto, lo que pude percibir, fue un ómnibus sin color, o del color de los minerales antiguos, un ómnibus que no parecía ir ni venir de ningún lugar.

Supongo que pagué cuarenta centavos. Después entré.

No había muchas personas. Las cosas se tornaban de una vaguedad absoluta. No había asientos. No había bocinas. Sin embargo, una tristísima música se dejaba escuchar. Andaba de prófugo y con unos pocos centavos en los bolsillos, en una ruta desconocida, entre sujetos estrafalarios que levitaban como otros se toman un vaso de agua, y sospeché que no podía pedir más.

Entramos en callejuelas malolientes, merodeamos por el casco histórico, enfilamos hacia los barrios altos, cruzamos varias avenidas. Nadie protestaba. No había apuro entre aquellas personas. Sobrevolamos azoteas, y luego vislumbré, más allá del parabrisas, sucesivos y extraños lugares: la niebla densa de Londres, el Lavapiés madrileño, una esquina de New Jersey, los mercados de Quito, la pobreza de Puerto Príncipe, una mezquita en Karachi.

Hablé con el chofer, balbuceé frases sueltas, que cómo era posible o algo así. Y el hombre dijo es posible, perfectamente posible. Me quedé callado e intenté descansar. Igual no pude. Viajaba a una velocidad espantosa, inaccesible. El resto de los pasajeros conversaba. Algo en sus gestos, la naturalidad tal vez, esclarecía que para ellos el recorrido se había trocado en costumbre. Nunca he vuelto a ver rostros semejantes. De una hermosura atroz, de una serenidad inconfesable. Rostros al regreso de cualquier estética.

Por un momento sospeché que no avanzábamos, que habíamos anclado en la sensatez de un loco, atados a un punto, dando vueltas sobre nuestros respectivos cuerpos, sobre nuestras respectivas ideas, y que la carretera se escurría clandestinamente bajo las invisibles ruedas de la guagua.

Pensé: una ruta sin sentido. Pensé: estoy en ella. Pensé: no sé hacia dónde voy y sería bueno ir aprendiendo ciertas cosas. Pensé: cada hombre es una isla, cada hombre está detenido en el tiempo y solo los lugares emigran, de trance en trance, de persona a persona, de despedida en despedida.

Entonces, algo decompuesto, o con ademanes más bien propios de la histeria, dije que no entendía nada, pero me arrepentí, porque en determinadas situaciones decir algo equivale a cuestionar, y lo inexplicable de la realidad no se cuestiona; lo desconocido entraña la más terrible de las tiranías.

El chofer dijo es fácil, y yo dije cómo este trayecto y estos parajes han podido confluir en una noche común y corriente, una noche para el olvido, una noche de las que si se recuerdan demasiado pueden llevarnos a la locura o a la incoherencia total. Y el hombre (que se veía un habanero legendario, curtido por el salitre del puerto o por las rumbas de Jesús María, y que si no presenció la toma por los ingleses al menos tuvo que haber visitado los burdeles de la República) dijo que La Habana era un trazo volátil, dispersa como una ola, y que esa, cambiando de tema, era la intrínseca similitud entre las grandes urbes de este mundo, y también, agregué yo, una evidente muestra de eternidad, pero luego, caído en la cuenta, le dije que La Habana no era una gran urbe, que quizás fuera maravillosa pero para nada una gran urbe, y él dejó que pasaran varios segundos (en los cuales no supe cómo comportarme) antes de decir que lo sería, no desesperarse, para el siglo XXV lo sería, y transcurrió otro lapsus de tiempo y quizás hasta sobrevoló una gaviota, aunque yo no vi ninguna, y después también dijo que en ese instante ambos pisábamos el corazón de la ciudad, y entonces le pregunté si estábamos en 23 y M, y sonrió o hizo como que sonreía o como que me perdonaba tamaño desliz y se limitó a aclarar que 23 y M era si acaso un eslogan de la televisión, nada más, y me quedé callado, en absoluto silencio, solo y aturdido como una tumba vacía, y luego agregó otra cosa, dijo que él, yo y los demás semejábamos a lo sumo pequeños poblados de provincia, presas del azar y la memoria, presas del dolor y de un brutal arraigo (aunque yo hubiera preferido desarraigo, pero eso no fue lo que dijo).

Después volvió a callarse y me dio por dudar y terminé convencido de que el chofer no había articulado frase alguna -en todo caso dos o tres parlamentos siempre ondeados sobre el mástil de un tono bien diferente-, y que aquellas palabras no eran más que la resaca o la traducción de su manera de agarrar el timón, de su despreocupado modo de fijar la mirada en el espacio.

Entonces descendí; de vuelta frente al Malecón, en el mismísimo nacimiento o en la mismísima muerte de la calle Línea, en una de las tantas e irrepetibles esquinas de lo que todos convenimos en llamar La Habana. Un Martí de bronce, con un niño de bronce encima, señalaba hacia un punto de bronce.

Olfateé el mar. No había oleaje. Me acerqué y tampoco había agua. Se extendía, en cambio, un árido terreno de sal, la contratapa del cielo, y en medio de aquel panorama desolado se alzaban anaqueles de libros. Y entre los anaqueles de libros, despreocupadamente suspendida en el vacío, la veladora, una anciana de piel muy blanca y canas amarillas, se recogía bajo sus telas. Me pareció que estaba muerta, o muy dormida, y no le presté atención.

Después de mucho rastrear, de haber desandado catálogos, estantes y entresijos, cargué con las tres mejores piezas de cualquier biblioteca. La Odisea, ¿de Homero?, Los detectives salvajes o 2666, no recuerdo cuál de las dos (tampoco recuerdo al autor), y un deteriorado ejemplar de una revista de inicios de siglo, presumiblemente La gaceta de Cuba, donde aparece el esclarecedor ensayo de Virgilio Piñera titulado De la destrucción, y un breve poema contemporáneo que concluye del siguiente modo: "...Entonces sentimos una piedra halando nuestro cuerpo. Aprendemos que la vida también se organiza por debajo del horizonte."

Leí aquello y me fui a casa. Vale aclarar que yo no tenía casa, pero que igual salí a buscarla. Atravesé la ciudad, atravesé la húmeda noche habanera.

Luego las cosas tomaron un color distinto, y auguré un fósforo prendido debajo o encima de los aires. Un fósforo que combustionaba con la brisa, manchando el firmamento de un color naranja que si se miraba bien no era naranja, de un color que se vertía sobre el mundo hasta ahora conocido y sobre el mundo por conocer, y la verdad, mientras se me revelaba lo impersonal o lo neutro que puede llegar a ser el futuro, sentí un poco de pena y suspiré, no como nostalgia sino como expectativa, observando el despliegue de formas que se erigía imponente sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras inermes cabezas, elucubrando cuestiones de ese tipo, y pareciéndome también que aquel espectáculo absurdo ya no tendría para cuando acabar.

Se han publicado 81 comentarios



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  • maria dijo:

    Nietzsche,no es para mí un escritor preferido y por supuesto no soy especialista en alguno, pero leyéndolos a ustedes no pude evitar recordar mis impresiones sobre el imperativo categórico de Kant y pensaran que este comentario podría aplicarse mejor a los artículos contra la homofobia, pero no es así al leer a los detractores del cuento ,les va de peras el enunciado de Nietzsche sobre el destino de la moral.
    Pd: pido disculpas al autor, por escribir mal su apellido.

  • Elaine Díaz dijo:

    Leí las crónicas. Las leo siempre. Y me agradan. Es fácil criticar, destruir, burlarse... Es difícil reconocer, halagar, respetar... Respeto las ganas de un estudiante de tercer año de hacer periodismo en la Cuba presente, sin perretas, sin excusas, sin miedos. Respeto la constancia, la perseverancia, la seriedad y el empeño. Hoy has aprendido una dura lección. El impreso, la radio y la televisión te resguardan un poco del cara a cara con los lectores. El medio digital te pone frente a frente con ellos. Sé valiente, como lo has sido hasta ahora, lee las críticas, escoge aquellas que vienen de las buenas intenciones e intenta revisar qué pasó, a solas...
    Un abrazo,
    E.

  • charly dijo:

    A ver si entiendo lo que sugieren los comentaristas...
    CUBADEBATE es un portal reservado para la denuncia, la condena, el texto positivista y entendible para lectores de escuela primaria y vocabulario de engendro emergente, donde el vuelo es pecado y la abstracción herejía, tan "serio" y militante que no se permite siquiera el placer de leer algo diferente, algo que se aparte de los ladrillazos que tanto se llenan luego la boca para criticar...
    Infiero además que Carlos Manuel es dueño de CUBADEBATE y el portal tiene que publicar sus "desvaríos" por sus santas partes, sin encomendarse a la aprobación suprema, como si no existiera un perfil editorial... Porque se quieren comer al autor, sin pensar que por algo lo publicaron...
    A los inquisidores, acaben de entender que en los géneros periodísticos nada está tallado en mármol, usen las neuronas y no esperen la papita masticada, y si quieren un artículo diferente... escríbanlo...

  • Gustavo Monzon Santos dijo:

    Charly deja ver si entiendo.lo que me quieres ogligar ha que yo
    entienda.
    la informacion cuando nos llega desde la T.V, Radio o Prensa es
    pasiva, por esta via es activa,el lector escoge por reflejo la
    inmediatez y despues pasa a su columna.
    En mi caso tengo bien definido donde buscar la informacion y cuando
    tengo dudas como cotejarla, y si quiero estar bien convencido me
    remito al periodico granma. Estamos muy lejos y los medios estan
    manipulando a las personas como si fueran inocentes.

    Juan Carlos fue valiente y su ensayo maravilloso,en otros lo he
    leido; el del concierto de Silvio, muy bueno. su estilo es el mismo,
    dice, pero no dice nada,toca pero no toca.Para un conductor sonambu-
    lo en la habana esta bien, pero cuando tenga que redactar una
    columna especializada y diaria, tendra que coger el timon de la
    guagua. por que con esto no se gana los frijoles y menos en estos
    tiempos.imaginate cuanto cuesta formar un periodista mas diez años
    para especializarte, pero vale la pena Juan Carlos,solo un consejo;
    los jovenes tienen fuerzas interiores que te lanzan,pero consulta
    siempre,trabaja en equipo, mañana sera otro joven el que te
    consultara.Es el siclo de la vida.

    Charly aqui participan personas del mundo entero,de distintas
    culturas. distintas ideologias, distintas edades. esa fraseologia
    que utilizas es agresiva, si no me das los cuatro piñazo no leo a
    Juan Carlos. y si la cosa es como tu dices pues mejor me monto en la
    guagua.por que lo del ladrillazo dejalo para la otra parada.

    Saludos a todos
    Especial para Juan Carlos y Charly

  • Charly dijo:

    Estimado Gustavo, usted entienda lo que quiera o pueda... Yo no obligo a nadie, solo expreso mi criterio como hizo el resto de los foristas, que por cierto fueron menos delicados con Carlos Manuel, no Juan Carlos. Y lo siento, pero si mi fraseología le parece agresiva, usted tiene un severo problema de hipersensibilidad que supongo lo haga sufrir un mundo actualizándose en los medios tradicionales...

  • Gustavo Monzon Santos dijo:

    Charly; yo no he dicho que usted oblige a nadie, yo utilice la
    palabra oglige de ogligar.

    Gracias Charly de nuevo por las fuerzas de sus palabras asi estas
    certificando mi ponencia y a la vez la suya.

    Lo importante en estos forum es dar vialidad a los participantes
    y asi damos acceso y continuidad al debate,por eso trato de ser
    hipersensible.

    La razon esta desde el menos infinito,hasta el infinito.segun nuestra
    inteligencia y entre todos la encontraremos mejor y en menos tiempo.

    Saludos a todos

  • Charly dijo:

    El debate nos hace una falta inmensa, es el corazón de la dialéctica, del avance, del enriquecimiento espiritual, moral y de todo tipo... Pero hay que diferenciar al debate del careo, mejor dicho, del cacareo donde nadie quiere quedarse "dao"... Hay que escribir menos y decir más, y hay que ser abiertos tanto para asimilar el criterio diferente, como para leer nuevos discursos... Un saludo a Gustavo y a todos, y que la próxima semana y el próximo post sean más polémicos aún...

  • Pedro dijo:

    Carlos Manuel: Escribir siempre duele. Martí decía que hacerlo para los cubanos es como uncir carro a la grupa de un cóndor, lo cual es casi un imposible. Tú crónica poética sobre La Habana es una de las tantas aproximaciones a la ciudad múltiple que habaneros, otros cubanos y tantos extranjeros han capturado para si.
    La función del periodista es elevar al lector, obligarlo a volar, pensar y crecer, especialmente en una sociedad que no quiere ciudadanos adocenados y mucho menos cyborgs. Nunca reniegues de esa tarea, aunque busca el modo de ir paso a paso y no a saltos.
    La tarea del público es exigirle el máximo y siempre a los periodistas, aunque solo lo sean en ciernes, como tú. Más no busques nunca lo fácil ni rehullas esa fusta. Las heridas te harán pulir ideas y mañas, a la vez que te harán mejor y más leal.
    Por último, gracias por recordarnos desde el título que no podemos ser indiferentes hacia la capital del socialismo en América, que no podemos pasar por ella como turistas, disfrutándola, bailándola, estrujándola, gastándola o llenándola de basura. Hay que poner ira y bálsamo en la cura de sus males y hay que también que descubrirla y aprehenderla todos los días, y para ello, al menos para los cubanos, entiendo, La Habana no debe ser un "resort" turístico, sino ágora y fragua de todos nuestros sueños, donde el trabajo, el esfuerzo y la pasión de vivir -que no son actividades turisticas- la levanten a diario.

  • Rev Leonides Penton Amador dijo:

    Lo mejor que tiene este trabajo es lo que motiva.el asunto no es saber si es correcto decir,lapso de tiempo o lapsus sólo o acompañado.mucho menos que la gente entienda de asi y de por sí una vivencia interior,que gime por salir en una guagua.Tampoco creo que las personas que se aproximan a Cuba Debate no sean capaces de entender un mensaje rebuscado:el grito grito grito; de los dadaistas no seria asunto de arte para muchas personas hoy; pero no deja de tener su valor en la literatura;
    La frialdad de vivir lejos de la patria y la comodidad de tener un auto ultimo modelo no se puede comparar con el roce y el calor humano de una guagua con sabor a Cuba

    Rev Leonides Penton Amador

  • Ramírez dijo:

    Es lamentable la caracterización de nuestra Capital por sólo uno de los tantos problemas que tiene, pero que para nada empequeñecen la bellesa y el orgullo que sentimos por ella los que realmente la amamos
    incluyendo los miles de turistas que comparten nuestro sentir , sin lugar a dudas el lugar de Carlos es su natal Matanzas

  • El Chavia dijo:

    En ocasiones,los que más hablan de verdad y transparencia son aquellos que cuando escuchan lo que no les gusta, entonces arremeten en agresiones. Este es un comentario que afortunado o no, es una visión de un periodista. Le corresponde al perfil editorial decidir si lo pone o no, pero si no es aqui donde este compañero podrñia expresar su criterio sobre la Habana.

    Me queda claro que la demogracia es muy facil exigirla cuando nos conviene pero muy dificil aceptarla cuando no juega con nuestros intereses.

  • Josue dijo:

    Me gustaría saber cuál de los autores de este mar de comentarios puede disfrutar de la lectura de Lezama o Alejo Carpentier, quizás muchos nunca hayan abierto las páginas de Paraíso o de La Consagración de la Primavera. De todas formas, eso no es cuestionable. Elegimos lo que leemos igual que elegimos lo que comemos. El periodismo bueno es más que una nota informativa y al igual que la poesía o la literatura tiene seguidores y detractores. Carlos Manuel no obliga a nadie a leer sus palabras. Por otra parte habla de una realidad propia, lo cual no es cuestionable para nada, no es más que una opinión, la suya, y hay que respetarla, como mismo él respeta cada uno de los cometarios aquí presentes y no sale en su defensa. Muy bueno el texto mi amigo. Espero el final de la saga…

  • Sergio dijo:

    Cuanto deseo de enredar las cosas,de hacer ver que se tiene un vocabulario amplio cuando lo verdaderamente valioso es decir mucho con pocas palabras y no atiborrar al lector con alardes de sabiduria semantica, apuesto que eres familia de Eduardo Mora pero a ti al menos solo se te sufre de manera opcional,salve cultisimo dominador de la lengua española,artifice del mucho escribir y nada decir

  • otto dijo:

    Amigo mìo, me dì a la tarea de buscarte para leer otras cosas de ti, ya se còmo piensas en cuanto al depote y quize ver otros puntos de vista tuyos y luego de leerte aquì te confiezo que me rindo, ahora sè por què sueñas y no informas, lo tuyo es la novela socio, deja el periodismo, novela y preferiblemente de ciencia ficciòn, esta por ejemplo està buenìsima, solo una cosita, pues ardo en deseos de saner el final ya, el ET llega a reencontrarse con los suyos, podrà encontrar la piedra transportadora, dime brother que no aguanto la espera

  • Rafael Santiago dijo:

    Creo que este periodista debe cambiar su profesión, y cuando quiera hacer algo tan novelesco por favor que ajuste el título, ay que quiso soñar de esa manera porque no se refirió a otra ciudad inventada también por el?, le hubiese quedado perfecto y le quedaría mejor, comprendo su intención pero, de buenas intenciones...
    Hasta pronto

  • Carlos Fonseca dijo:

    Buena o mala la crónica, reportage o comentario, ha suscitado un debate digno de apreciar, creo que al menos cumplió su objetivo, que sospecho era no dejar a nadie indiferente, tanto a favor como en contra. A mi personalmente no me gustó, tal vez no diga nada concreto porque no sea necesario decirlo, tal vez es solo un desahogo intelectual de alguien a quien le urgía sacarse estas ideas de la cabeza. Debería envíarlo a La Gaceta, probablemente le premien el esfuerzo de exprimirse las neuronas para componer un relato atípico, he leído algunos parecidos, muchas palabras que no dicen nada, quizá debamos someternos a un ejercicio de abstracción para apreciarlo en su justa medida. El título es una trampa, pero lo comprendo. Sí, estoy de acuerdo, no solo La habana, hay muchos lugares que no son para turistas. Acabo de leer la tercera entrega de este trabajo y me parece mucho mejor, ojala la cuarta no sea otro ejercicio de semiótica.

  • dayron dijo:

    Hola, estoy de acuerdo con el autor,todo el simbolismo de la Habana o de cualquier ciudad de Cuba, se pierde en las guaguas cubanas, y no hay ninguna poesia, entre el calor, los carteristas,y el mal caracter del chofer, saludos desde cualquier esquina del Garden State, New Jersey.

  • Agatha Inocencio Medina dijo:

    Pienso que el autor simplemente quiso traer un poco de poesia a nuestras vidas,utilizar una manera diferente para hablar de nuestros problemas.
    para los que tanto critican que no entendieron nada, hay cosas que son para disfrutarlas sin tanto análisis intelectual.

  • Nor dijo:

    excelente articulo. para los que no lo entienden se veran obligados a reconocer que su cultura puede ser mejorada. no se escribe solo para un sector de la sociedad con un nivel mas o menos medio o alto o bajo. se escribe para todos y el que no sea capaz de llegarle solo tiene dos caminos; o lo desecha o se supera a si mismo. el periodismo tambien puede ser literatura, asi que el contexto no esta mal. gracia.

  • alc dijo:

    y yo sigo sin entender.

  • corazón dijo:

    me parece que se deben hacer comentarios en esta pagina de manera que todo el lector que visite este sitio lo pueda entender, es decir a lo cubano pero sin charranadas, este tipo de lenguje que utilizó el autor es muy culto, pero no llega a todo el pueblo, recuerden que somos diversos, no es una critica, es una sugerencia.

Se han publicado 81 comentarios



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Carlos Manuel Álvarez

Carlos Manuel Álvarez

Matanzas, 1989. Periodista y colaborador de Cubadebate.

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