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El aullido de la bestia

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No aprenden. Es como si el mundo a su alrededor no existiese.Como si fuesen sordos y ciegos. Como la bruja del cuento, se deleitan hablando consigo mismos a través del espejo mágico al que le exigen proyectar una imagen diferente a la que verdaderamente tienen.

Las apreciaciones no son infundadas.

Este jueves, en la última jornada del Segmento de Alto Nivel del LXI Período de Sesiones de la Comisión de Derechos Humanos (CDH), Paula Dobriansky, subsecretaria norteamericana de Estado, a contrapelo de los que la habían precedido en la palabra, levantó el hacha de la guerra para advertir que la Administración que representa, la del emperador George W. Bush, no va a permitir críticas, ni va a transigir en hacer regresar a la CDH a los principios fundacionales que le dieron vida.

Hasta ese momento y durante los dos primeros días de esta nueva edición en Ginebra, se habían escuchado llamados a que ocupen el lugar que se les niega -por su impostergable y urgente necesidad para la propia sobrevivencia humana-, los referidos al derecho al desarrollo, a la educación, a la salud, a la cultura.

Se habló y no sólo por Cuba, de la importancia vital de darle una dimensión social a los derechos humanos. Posición expresada, incluso, por algunos aliados de Washington.

Parecía, apenas quedar inaugurado este nuevo período de sesiones, que se abriría paso la comprensión acerca de que el tema tendría que ser enfocado y asumido de manera integral y no como hasta ahora de forma politizada, selectiva, de doble rasero.

Todo, hasta que llegó la Dobriansky. Encargada ella misma de los Asuntos Globales en el Departamento de Estado,  utilizó el podio para leer  un bando imperial en el que volvería a potenciar como únicamente válidos y aceptados por la Casa Blanca, los derechos civiles y políticos.

Con arrogancia, evocó las recién manipuladas y sesgadas elecciones legislativas en Iraq, donde una parte importante de la población no asistió a las urnas por inseguridad o rechazo a la farsa y donde ni siquiera la Comisión Electoral laboró en ese territorio sino en un país vecino; donde nadie corroboró si hubo transparencia o fraude porque ninguno de los observadores internacionales, esos siempre dispuestos a vigilar los procesos en las naciones del Tercer Mundo, se atrevió a concurrir a los centros de votación.

No se refirió la alta funcionaria yanki a la agresión de su país contra Iraq y Afganistán ni a la imposición allí de regímenes títeres afines a sus intereses. Tampoco hizo mención a las torturas, crímenes y genocidio cometidos contra la población civil a manos de los soldados y oficiales yankis. Mucho menos se refirió a las mentiras que fueron utilizadas para justificar la guerra y que los más altos personeros de su Gobierno tuvieron que admitir públicamente con un hipócrita mea culpa pero en el que dejaron claro que no fueron ellos sino los «servicios de inteligencia» los responsables de la mala información.

Con la prepotencia que los caracteriza, la Dobriansky anunció que Estados Unidos promueve una especie de caucus con un grupo de gobiernos afines involucrados en la llamada Comunidad de Democracias, con cuyas delegaciones trabajará en Ginebra para imponer proyectos de resolución contra aquellos indóciles que por su vertical y soberana actitud deberán ser sentados en el banquillo de los acusados y condenados.

Como si fuera la Biblia, puso sobre el podio la Agenda Bush: cruzada por la democracia representativa y ataque y guerra contra todos los proyectos y modelos políticos que tengan en el colimador de su gestión, al pueblo.

Para estos, el imperio ya acuño un nombre: tiranías. Contra estos la maquinaria militar y el poder mediático que los anatematizará como ejes del mal con que justificar la agresión.

Paula Dobriansky, sin embargo, no es la única mandadera del Emperador.

Por el mundo anda la Condolezza con el mismo discurso e iguales amenazas y para que el trabajo no quede solo en manos de las féminas, este jueves Porter Goss, director de la CIA advirtió que Washington no ve con buenos ojos el ciclo electoral que se avecina en el continente  en el próximo 2006 y que convierte, de hecho, según éste, a las naciones latinoamericanas implicadas en «potenciales focos de inestabilidad».

Extraña contradicción. Siendo uno de sus caballos de batallas el tema de la realización de elecciones al puro estilo del sistema, a Washington le preocupa ahora el ciclo que en ese sentido se abre en Latinoamérica específicamente en Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Nicaragua, Perú y Venezuela.

El problema no son las elecciones, porque todas se ajustarán al modelo impuesto. De lo que se trata es del avance de la izquierda, de la consolidación de proyectos políticos con énfasis en lo social, del ensanchamiento de los lazos de integración y solidaridad que estos potencian.

Aunque no lo reconozca, el imperio sabe que cada vez le cuesta más trabajo engañar a todo el mundo, todo el tiempo y las instituciones que le sirven para sacralizar la mentira, se desgastan.

Este discurso de la representante del Imperio en la última jornada del Segmento de Alto Nivel del 61 Período de Sesiones de la Comisión de Derechos Humanos no deja de ser el aullido de la bestia herida.

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Nidia Díaz

Nidia Díaz

Periodista cubana, especializada en temas internacionales. Actualmente trabaja en el semanario Granma Internacional.

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