Opinión, Cultura  »

| 11

“Por todo espacio, por este tiempo. Con Silvio Rodríguez por los barrios de La Habana”, es una lección contundente acerca de cuáles deberían ser las prioridades para alguien que pretenda hacer Periodismo en Cuba, y en cualquier otro lugar. La prensa no cumple su función necesariamente cuando hace la historia y habla de “un viejo, de un niño o de sí”, como advierten los versos del poeta trovador. El Periodismo tiene sentido si se vincula a una concreta reivindicación del mundo real y a las angustias y a las esperanzas de los más humildes.

Fotorreportajes, Cultura  »

| 1 |

Gigantesco también el coro. En pocos lugares se cantó como allí, en una plaza repleta de gente curtida por un polvillo rojo, que les gustaría fuera blanco, gente llamada a ser “incansable por naturaleza” según el slogan de la empresa niquelífera donde trabajan casi todos los del lugar.

Memorias de mi pueblo  »

| 3

Una vez cuando me encontraba comiendo pescado, que casi nunca veíamos. Creí que me había tragado una espina y comencé a dar gritos. Algo me había arañado la garganta y escupía sangre. Urgentemente mi mamá empezó a vociferar y alguien corrió a buscar a Molina, el del garaje. Molina en mi pueblo además de garajista, su dueño, era el que ponía las inyecciones y hacía las primeras curas de urgencia. No había ni otro lugar, ni otra persona.

Fotorreportajes, Sociedad  »

| 2

En Gaza, hoy, solo se trata de nosotros mismos, otra vez, los desechables, los colaterales, los prescindibles, los insignificantes; solo se trata de quimeras, de paz y libertad.

Memorias de mi pueblo  »

| 4

En mi pueblo, como creo que sucedía en todos los pueblos de mi Cuba, cuando alguien moría, lo tendían y velaban en el propio hogar donde vivía, casi de forma general se escogía la sala. Las velas entonces, eran grandes y de cera. No se me olvidan los ataques histéricos y los gritos de mi prima nena y su hermana, había que aguantarlas y llevarlas a la cama, darles a tomar un cocimiento de tilo.

Memorias de mi pueblo  »

| 17

En este trabajo que le exponemos, ya había varios dichos incorporados, no obstante, en mi barrio se escuchaban muchos otros. Con seguridad, muchos de los que manejábamos nosotros, también tenían carácter general o nacional, otros eran locales, como los que utilizaban en tu pueblo. Cuando venía la limosnera Paraguayo a pedir limosnas en la Iglesia de mi pueblo, todos los fiñes decíamos: “Esta más loca que una Chiva”.

Especiales, Sociedad  »

| 15

Esta gran y extraordinaria metrópoli se está volviendo ordinaria. El gran periodista neoyorquino Pete Hamill dice que Nueva York es la ciudad de la nostalgia, ya que todos se la pasan recordando lo que estaba en tal esquina, qué estaba en otra avenida, la cantina, el restaurante, el teatro. Lo que desapareció. De hecho, es una urbe en permanente transformación, pero ahora está por perder su carácter.

Memorias de mi pueblo  »

| 9

Popó era un hombre muy fornido, de mediana estatura, espaldas anchas como las de un levantador de pesas. Sus brazos eran musculosos, sus manos grandes y sus dedos tenían el grueso de tres de los míos. Su piel estaba curtida por el sol. Popó ganaba su vida paleando arena, con esas palas grandes y cuadradas. Tenía la fuerza de un buey.

Fotorreportajes, Cultura  »

| 16

“México lindo y querido”, así dice la Ranchera orgullo y tradición de ese pueblo. Hasta la Región Centro Norte del país llega una improvisada fotoreportera para con imágenes enseñarnos a gente orgullosa de sus raíces, franca, bondadosa y emprendedora con historias y costumbres que por generaciones formaron a esa nación »

Memorias de mi pueblo  »

| 20

Mis padres siempre me enseñaron que pronunciar Malas palabras era un pecado o algo negativo. Desde que tuve uso de razón, siempre me he preguntado, ¿por qué son algunas palabras malas y otras no? »

Memorias de mi pueblo  »

| 5

El patio de mi casa lo compartimos cinco familias, tenía una buena extensión unos 25 metros de ancho y unos 40 de fondo. Allí estaba el pozo, tenía unos 12 metros de profundidad y un brocal alto, el agua la halabamos con un carrillo, un cubo y una soga. El agua era salobre, sólo servía para limpiar los pisos y lavar la ropa. El agua para beber teníamos que comprarla, Ernesto el aguador la traía a la puerta de la casa, la lata de unos 6 litros costaba 10 ó 15 centavos. Tenía un viejo camión para prestar este servicio.

Fotorreportajes, Cultura  »

| 28 |

Era el 31 de diciembre de 2012, y con el año se iba la vida de la fábrica de níquel Comandante René Ramos Latour. Como en los estertores de la muerte, como aliento postrer, sonó agónico al cabo de setenta años el último silbido de la mole de hierro. “Era un lamento”, cuenta Sara Remedios.

Destacadas