Imprimir
Inicio » Opinión, Sociedad  »

Creí que me había tragado una espina de pescado

| 3

En los años del 33 al 40, como he venido contando, en mi hogar no se pasaba bien. Nunca podré olvidar que frente a la casa donde yo vivía, se encontraban la carnicería del gallego Eladio y la bodega de Lily.

El gallego se pasaba la mayor parte del tiempo sentado allí en el portal para ver cuando aparecían los clientes. Colgados dentro, en aquellos ganchos puntiagudos, estaba el par de perniles de res. Generalmente tenían que taparse porque las moscas hacían de las suyas. De vez en cuando mi mamá me cruzaba la calle para que yo le comprara un real de picadillo o una peseta de bistec. Ella me decía: “Dile a Eladio que los bistec los pique chiquiticos”. Esos eran días de fiesta en la casa; los otros días, arroz con frijoles y si acaso alguna vianda y nada más.

Una vez cuando me encontraba comiendo pescado, que casi nunca veíamos. Creí que me había tragado una espina y comencé a dar gritos. Algo me había arañado la garganta y escupía sangre. Urgentemente mi mamá empezó a vociferar y alguien corrió a buscar a Molina, el del garaje. Molina en mi pueblo además de garajista, su dueño, era el que ponía las inyecciones y hacía las primeras curas de urgencia. No había ni otro lugar, ni otra persona. El médico más cercano vivía en el pueblo siguiente y venía de vez en cuando por el pueblo con su maletín. Era un médico muy querido y servicial, cobraba poco por sus servicios, en esa época cualquier cifra era una millonada y desde luego, las medicinas había que comprarlas. El centro asistencial más cercano estaba en el municipio, y era la conocida Casa de Socorros. No había más nada en toda la redonda.

Cuando Molina llegó, me cargó y me cogió por los pies y me sacudió para que soltara la espina trabada. Después nos dimos cuenta que sólo me había tragado un diente de leche. Luego de descubrir aquello, que no fue fácil, ya que el bombillo o quinqué de luz brillante que había en mi casa alumbraba poco y el hombre no podía trabajar, no veía. A pesar de que por el frente de mi casa pasaban las conexiones eléctricas, no fue hasta los años cuarenta y pico que pude disfrutar por primera vez de este avance tecnológico.

Fue tan importante el hecho de tener en la casa luz eléctrica, que recuerdo que mi hermana Aida, salió corriendo por la calle gritando a viva voz:  ¡”Ya tenemos luz eléctrica! ¡Ya tenemos luz eléctrica!”— esto lo repitió cientos de veces.

A la bodega de Lily iba yo todas las noches con mi papá. Allí nos sentábamos en el quicio del portal a escuchar la radio, era el único que había por aquellos alrededores. Los de las casas de los Gómez y los Mendoza eran exclusivos. En esta radio escuche la famosa pelea del alemán Max Schmeling y el negro norteamericano Joe Louis. Esta era la segunda pelea, la primera la había ganado el alemán.

Joe Luis cuando se encontraba aún activo en el boxeo.

Joe Luis cuando se encontraba aún activo en el boxeo.

En esta misma bodega de Lily, donde escuché la pelea, todas las noches contemplaba los jamones que colgaban de los clavos en los estantes. Estos cada día se ponían más verdes y peludos. Le salían unos pelos blancos que Lily, el día que vendía un pedazo de aquella sabrosa carne, tenía que pelar un buen trozo de aquella cáscara que se iba creando alrededor del jamón. No recuerdo haber probado aquel rico manjar, sólo aquellas lasquitas que Lily echaba a un lado y después me las ofrecía, y que yo aprovechaba en toda su dimensión.

Bodega cubana en la década del 40 del Siglo pasado.

Bodega cubana en la década del 40 del Siglo pasado.

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • cubitabella dijo:

    leo todos sus artículos ya que los encuentro interesantes y parte de mi niñez la viví en Arroyo Arenas un lugar que nunca he podido olvidar.

  • duvielmr dijo:

    buen relato es necesario saber hacer la famosa maniobra de heimlich pero fue descrita en 1974 y la situacion del relato fue mucho antes de que se tuviera conocimiento de esto es necesario antes se daban palmaditas pero la maniobra es más efectiva y salva una vida..lo mejor del relato la pelea de joe louis y max hay muchas películas sobre ellos dosla de till schwaiger es mi preferida pudieron ser grandes amigos fuera del ring pero había mucha distancia de por medio e intereses políticos inconvenientes pero el aleman era al parecer ajeno a las ideas del reich aleman aun asi fue usado como vil marioneta que representaba la supremacía blanca sobre cualquier raza. joe louis se arruino..su fama fue su principal enemiga, invirtió en una cerveza con su imagén y la gente al ver su imagen la guardaba aun vacía como recuerdo y colecciónable eso dificultó el llamado retorno del vacío y..se aruinó..por su parte max schmeling se dedicó al campo y otras labores pocos alemanes lo admiraban debido a su fulminante caída…nada cosas hermosas de esta vidad

  • ROGELIO dijo:

    Urra: pero es verdad que Molina era toda una eminencia, que ademas de “pistero” era como el medico de la familia, pero era verdad tambien que Mendoza era tremendo medico y no habia que ir hasta Marianao y bastante poco que cobraba. Hoy gracias a la casa del doctor Mendoza contamos con una funeraria para San Agustin y Arroyo Arenas…asi que hasta despues de muerto fue util.

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Pedro Urra Medina

Pedro Urra Medina

Nació en 1929. Es historiador y columnista de Cubadebate.

Vea también