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¿Cómo murió Arturo del Pino?

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Policías y expertos se parapetaban tras los árboles y las columnas de las viviendas circundantes, sin atreverse a avanzar, temerosos de ser víctimas de «tantas balas como salían de la fábrica de medias».

Una de las acciones más heroicas en contra de la dictadura de Gerardo Machado la protagonizó, casi en solitario, el capitán del Ejército Libertador Arturo del Pino. Su hazaña no se conoce suficientemente. El 9 de agosto de 1931 ocurre un suceso que por sus dimensiones e importancia la prensa bautizó como la tragedia de Luyanó. Allí, en la esquina de Manuel Pruna y Trespalacios, Arturo del Pino, capitán del Ejército Libertador, cercado por la Policía en la fábrica de medias de su propiedad, decidió vender cara su vida. Muy cara.

Del Pino era hombre de absoluta confianza de los nacionalistas de Carlos Mendieta. En su fábrica de medias se guardaba todo un arsenal, así como documentos muy comprometedores y servía como lugar de encuentro y reunión para oposicionistas destacados.

Fue precisamente la frecuencia de las visitas y lo numeroso de ellas lo que hizo sospechar a Celia Amoedo Herrera, de 18 años de edad y vecina de la casa de enfrente a la fábrica, que en aquel establecimiento se cocinaba algo raro y quizás hasta se preparasen artefactos explosivos. Tal vez por miedo a que alguna bomba explotara por mal manejo frente a su casa u otra razón o sentimiento que ya nunca podrá precisarse, Celia, sin reparar en las consecuencias, comunicó a la Policía sus temores.

El día de los sucesos, aquel 9 de agosto de 1931, el capitán Del Pino observó detenidamente por una ventana los movimientos de Celia. Advirtió la llegada de la Policía y la conversación que sostenía con la joven, y la manera reiterada en que esta señalaba para la fábrica. No lo pensó dos veces el capitán, y de un balazo certero la dejó muerta. Enseguida se dispuso a enfrentar a los sicarios machadistas. No menos de diez policías y agentes de la Sección de Expertos habían arribado al lugar en el primer momento. Dentro del establecimiento, junto a Del Pino, se hallaban solo dos hombres. Un empleado del lugar, Felipe Cabezas, más conocido como "El Gallego", e Ignacio Arjona, amigo del propietario desde muchos años antes.

Aparte de la soplona, un vigilante quedó muerto. Otros tres fueron heridos graves, mientras que cinco más se reportaron como heridos menos graves. Todas las bajas fueron ocasionadas por los disparos de Del Pino y de "El Gallego" pues Arjona recibió una herida grave al comienzo de la refriega y salió por el fondo de la fábrica, donde fue detenido.

Mientras tuvieron municiones aquellos dos bravos no dejaron de disparar. Policías y expertos se parapetaban tras los árboles y las columnas de las viviendas circundantes, sin atreverse a avanzar, temerosos de ser víctimas de "tantas balas como salían de la fábrica de medias". Y la verdad era que salían
muchas balas, pese a que solo dos hombres se hallaban en el interior del inmueble. El veterano mambí y su compañero, para sembrar el desconcierto entre la Policía y hacerles creer que en la casa había muchos hombres, disparaban dos veces por una ventana para enseguida trasladarse a otra y a otra más y repetir la misma operación.

La resistencia, lamentablemente, no podía ser infinita. Tres horas después de iniciado el combate, los disparos de Del Pino y "El Gallego" se hicieron escasos y demorados, lo que hizo sospechar a los sitiadores que las municiones comenzaban a escasearles a los sitiados. Así ocurría, en efecto. Policías y expertos, con rifles y ametralladoras, arreciaron entonces su ataque contra el inmueble. Una lluvia de balas atravesó puertas y ventanas e impactó los cuerpos extenuados de Arturo del Pino y Felipe Cabezas, segando sus vidas de manera instantánea.

El prolongado silencio que siguió al ataque brutal hizo comprender a la fuerza represiva que ya no había nadie con vida o, al menos, en condiciones de resistir, en el interior del inmueble. Dos o tres de los más arrojados entre los atacantes se decidieron a entrar. Cuál no sería el asombro de aquellos hombres cuando vieron en el interior del amplio edificio solo dos cadáveres atravesados por un sinfín de balas. Parecía que una sonrisa de felicidad plegaba los labios de ambos hombres porque morir, como murieron, había sido para ellos motivo de satisfacción y gloria.

Se han publicado 8 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Jesús dijo:

    Otro de las muchísimas e interesantes crónicas de Bianchi, que,como siempre, nos enseña HISTORIA, no historiografia, le deseo un próspero 2019 y mucha salud y vida,para q nos siga regalando su talento y carisma...

  • ManuelB dijo:

    GRACIAS CIRO ,POR SEGUIR DANDONOS DETALELS DE LA HISTORIA DE CUBA. GRATITUD DE MI PERSONA, PARTE DEL PUEBLO DE CUBA.
    "NO SE DETENGA MAETRO" Y FELICIDAES EN SU DÌA.

  • olicen dijo:

    gracias por la historia q nos cuenta, cuba tiene una bella historia y cada dia debemos repasarla y contarla a aquellos q no saben pero q quieren saber.

  • Angel dijo:

    Gracias Bianchi.

  • S.O.S dijo:

    Gracias maestro Ciro de Santa Amalia, muy interesante su crónica, como siempre, esperamos con ansías la próxima.

  • senelio ceballos dijo:

    GRACIAS Lic .BIANCHI,,sorprendente forma de narrar nuestra historia....YA sabemos que teniamos en 1931 fabricas de medias ..MADE IN CUBA...Alli no queda ni rastro ya

  • IVAN91 dijo:

    ASI ES CIRO, LOS MORADORES MAS VIEJOS DE LUYANÓ LOS QUE SOBREPASAN LOS 86 AÑOS DE EDAD AUN DAN FE DE AQUELLA TARDE DE LA Q MAS NUNCA HAN PODIDO OLVIDAR, PERO COMO OLVIDAR LA REBELDIA Y EL CORAJE DE ESTOS CUBANOS TAN INMENSOS... SFU

  • Santaclareño dijo:

    ¿No entiendo por que tuvo que matar a la mujer?
    No veo gloria en eso. Como que se pone al mismo nivel de a quienes mismo se preparaba para combatir, según entiendo de lo leido.

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Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

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