El absurdo y la tragicomedia marcan la política norteamericana hacia Cuba
Progreso Semanal
Uno piensa que la política norteamericana hacia Cuba no podría ser más absurda. Entonces se hace más absurda.
Aparentemente, la Radio y la TV Martí, la Ley por la Democracia en Cuba, la Ley Libertad, la Comisión de Ayuda para una Cuba Libre, y la Oficina del Coordinador para la Transición en Cuba no son suficiente expresión de la arrogancia y la ilusión norteamericanas. Así que, la semana pasada la administración Bush anunció la designación de un oficial de carrera de la CIA para el puesto de "jefe de la misión Cuba y Venezuela" de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional y puso en circulación un nuevo estudio patrocinado por el gobierno acerca de los modos en que los exiliados cubanos pueden recuperar sus propiedades en caso de un cambio político en la isla.
Casi cincuenta años de futilidades y fracasos no parecen haberle enseñado nada a quienes conforman la política norteamericana. A estas alturas, los principios básicos que guían el enfoque erróneo que este país tiene hacia Cuba parecen haber adoptado un carácter tan dogmático como para hacerse inmunes a la crítica de los líderes de la política al uso, incluyendo a los tres principales candidatos demócratas a la presidencia. En vez de cuestionar ciertos supuestos fundamentales, como cualquier razonable hombre de negocios o de ciencia habría hecho en similares circunstancias, estos candidatos e incluso administraciones relativamente iluminadas del pasado, como la de Bill Clinton, se contentan con aplicar pequeños y superficiales arreglitos a una política que está viciada desde sus propios fundamentos.
Pero no hay como George Bush para hacerse cargo de una política absurda --hacia Cuba, Irak, o casi cualquier tema -- y lograr empeorarla mucho más. Sin embargo, mientras que la política belicosa de Bush ha llevado la tragedia a Irak, en el caso de Cuba las crueldades menores de esta administración adoptan casi un carácter tragicómico.
En el caso de Irak, las bombas y las balas han preparado el camino para el procónsul Bremer y sus desastrosas decisiones. En el caso de Cuba, la administración recurrió a nombrar a un coordinador para la transición...¡en ausencia de la transición! El descaro de enviar a un procónsul hacia el mundo antes de que los tanques hayan encendido sus motores o empiecen a rodar las cabezas es tal que incluso mereció una rara e irónica refutación por parte del Secretario General de la Organización de Estados Americanos: "No hay transición, y no es vuestro país."
La perversidad de montar una supuesta ofensiva contra el gobierno de Cuba que recae sobre las espaldas de las familias cubanas --madres y padres, hijos e hijas, hermanas y tíos que simplemente quieren ver a sus familiares --a través de restricciones migratorias draconianas sólo se compara con el carácter pueril de las nuevas medidas de Bush que han llegado tan lejos como para prohibir el envío de papel higiénico a la isla.
Mientras tanto, la noción de nombrar de manera pública y abierta a un oficial de carrera de la CIA como "jefe de la misión de Cuba y Venezuela", así como pone en evidencia la naturaleza de la misión, parece tomada de las páginas de una novela satírica de espionaje.
Finalmente, promover un estudio acerca de las perspectivas y medios que los exiliados cubanos tienen para recuperar propiedades tras la caída de la revolución, parece una ingeniosa broma elaborada por alguien interesado en hacerle llegar a los extremistas en Cuba un anticipado regalo navideño disfrazado de reverencia a los extremistas de Miami. Y, darle esa tarea a una banda de amateurs sin credenciales académicas en el área de los estudios cubanos o las reclamaciones de propiedad (aparentemente porque acertaron a estar en la universidad donde estudiara un personero de la administración política) es un último trazo genial. El resultado final es un estudio que carece de credibilidad en los Estados Unidos pero resulta de mucha utilidad en Cuba.
Uno cree que la política norteamericana hacia Cuba no podría ser más absurda. Entonces se hace más absurda.


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