Vengo a denunciar en este magno foro, a nombre del pueblo y el gobierno de Cuba, que, como ustedes han conocido seguramente, por las propias declaraciones y los actos del gobierno estadounidense, mi país se encuentra bajo la amenaza de una agresión militar directa y sufre los efectos de un bloqueo brutal a los suministros de combustible, en lo que constituye una creciente amenaza a la paz y la seguridad internacionales y un quebrantamiento del Derecho Internacional y las reglas universalmente aceptadas del comercio internacional y la libertad de navegación.
Estados Unidos opta por el secuestro porque no puede permitirse el prolongado “desgaste financiero y pérdida de legitimidad en guerras interminables”, por lo cual formula implícitamente la doctrina según la cual secuestrar o aniquilar al jefe del Estado equivale a aniquilar, confiscar o secuestrar la soberanía. Si tal doctrina se generaliza, ello significaría el fin del “orden internacional basado en reglas”. O para decirlo en términos más sencillos, del orden internacional.
Hace unos días, el Sr. Araghchi viajó a Rusia. A principios de esta semana, el Sr. Araghchi viajó a China. Estos dos viajes reflejan con todo esplendor el poder del nuevo triángulo Rusia-Irán-China, que ha surgido como la fuerza motriz detrás de la integración euroasiática y la multipolaridad.
La narrativa de un país en crisis por sus propios (des) méritos y de un gobierno que, de espaldas al sufrimiento de su pueblo, no quiere ceder, es utilizada por el Gobierno estadounidense para el endurecimiento de las sanciones a Cuba y para un probable ataque militar al país. Sin esos argumentos, la agresividad y la responsabilidad imperialista por las penurias del cubano de a pie quedarían al desnudo.
El magnate neoyorquino devenido en presidente está acorralado por tres restricciones que intenta disimular. En primer término, el fracaso de su aventura bélica en el golfo Pérsico. En segundo término, porque no logró rasgar el vínculo energético entre Teherán y Beijing, situación que debilita al presidente estadounidense de cara a la cumbre con Xi Jinping, programada para el 14 y 15 de mayo. Por último, sufre las malas noticias relativas a su fracasada política arancelaria.
En estos días parece que son historia los avances de los años de integración, romance y encuentros entre los pueblos latinoamericanos y caribeños y varios gobiernos de la región no sienten vergüenza en mal comer de la mano de un imperio violento y criminal. La capacidad de movilización de la izquierda está en retroceso.
Sin evidencia alguna, el Secretario de Estado de EEUU acusa al gobierno cubano de despilfarrar recursos y no atender las necesidades que él considera prioritarias. Pretende justificar así el castigo colectivo vigente contra todo el pueblo cubano y la posibilidad de agresión militar.
Eso que se llama “guerra cognitiva” se configura hoy como una de las formas más sofisticadas de intervención sobre la vida social, no ya mediante la ocupación territorial clásica ni exclusivamente a través de la coerción económica directa, sino mediante la colonización sistemática de los procesos de producción de sentido. Su eficacia no radica en la destrucción visible, sino en la infiltración invisible; no en el estruendo de las armas, sino en la modulación silenciosa de las percepciones, los deseos y los marcos interpretativos.