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Honor y Gloria en Roberto Ortiz

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Anuncio del filme Honor y Gloria“Parece estar destinado a la clasificación de los ídolos inmortales”. Eladio Secades

El lunes 11 de febrero de 1952, La Habana vivió un suceso deportivo-cultural de extraordinaria connotación popular, cuando se estrenó en la capital del país la película Honor y Gloria, que motiva parte de esta crónica, exhibida simultáneamente en los cines Fausto, Reina, Roxy, Cuatro Caminos, Olimpic, Gran Teatro y Santos Suárez. El propio Roberto Ortiz protagonizó una parte de su vida, acompañado de figuras de la farándula como Yadira Jiménez, Luis Alberto González Rubio y el mismísimo Pedro Natilla Jiménez.

El jugador-actor no pudo ser menos carismático, pero su figura encajaba perfectamente al celuloide, las féminas corrían a los cines. A fin de cuentas, fue el mismo camino que por entonces inició Rock Hudson, un eficiente camionero devenido actor por sus bondades físicas, quien años después sería una de las primeras víctimas que cobró el SIDA.

El béisbol es el deporte que más se ha filmado para la pantalla grande en los Estados Unidos, su país de origen. Al celuloide se han llevado las vidas de Babe Ruth, Lou Gehrig, Jackie Robinson, Roger Maris… De ellas, recuerdo con mayor placer The Pride of the Yankees (1942), estrenada en Cuba con el acaramelado título Ídolo, amante y héroe, protagonizada por Gary Cooper, quien obtuvo una Nominación al Oscar. La vida plena de Gehrig se vio cercenada en el cenit de la gloria, por la enfermedad que hoy lleva su nombre. Considerado el primer “Caballo de Hierro”, jugó más de dos mil partidos consecutivos. Su despedida del público en el Yankee Stadium es uno de los treinta momentos más sublimes e importantes de las Grandes Ligas. Filmes de arraigo popular, como quienes los inspiraron. Así se ha reflejado, por la extensión de las comunicaciones, la conjunción arte-béisbol.

En 1962 se erradicó el profesionalismo en la Isla. Por entonces teníamos más de treinta jugadores en Grandes Ligas, mientras ningún otro país reunía una decena. Baste recordar que en 1952, cuando la capital se volcó hacia Honor y gloria, habíamos sobrepasado la cifra de cincuenta, más que el resto del mundo.

De nuestros peloteros, verdaderos héroes populares, se han escrito innumerables cuartillas, pero solo a Roberto Ortiz se le ha dedicado un filme. La Cinematografía Cubana está en deuda con el deporte nacional, solo hemos tenido atisbos en una ficción como En tres y dos. Con tantos y tantos estelares de ayer y de hoy, es increíble que ningún proyecto se haya detenido en figuras míticas como Changa Mederos, Huelga, Muñoz, Casanova, Víctor o Linares.

El cineasta Danny Francisco Tejera gestionó la cinta, casi olvidada en los archivos de la Cinemateca Nacional, para que más de medio siglo después, el 21 de abril de 2003, cuando agonizaba Pinar del Río ante unos Industriales poco menos que inven­cibles, se dieran cita los amantes de la pelota en el cine Praga de la capital vueltabajera, donde vimos y comentamos la película sobre un jugador que brilló, desde fines de la década del treinta del siglo XX, hasta mediados del cincuenta. Los allí presentes, que en su mayoría peinamos canas, rememoramos una época de esplendor de la pelota cubana.

Como presentador ofició Eddy Martin, quien nos deleitó con su acostumbrada forma de penetrar en la historia, a través de anécdotas y hechos vividos. Sentado a mi lado, lo vi absorto en una época que vivió intensamente; él reconoció sobre el box a Martín Dihigo. Allí reencontraría compañeros de oficio y héroes de antaño. Sus ojos destellaban, junto a la nostalgia, atisbos de gotas salidas del corazón, como rocíos que brotan de las entrañas de la tierra y no de alturas celestiales. A Eddy lo admiré y admiro en el tiempo. Aquella inolvidable jornada confirmó su sencillez.

Los asistentes a la tertulia del Praga pudimos ver en la pantalla grande a leyendas como Dihigo, Natilla, Miguel Ángel González, Ángel Scull, Willie Miranda, Quilla Valdés y tantos otros, así como a los mejores locutores de la época: Felo Ramírez, René Molina, Cuco Conde y Manolo de la Reguera, con el comentarista Juan Ealo. Allí estaban los cómicos Garrido y Piñeiro, los mismos del popular programa “Chicharito y Sopeira”, que defendían al Habana y al Almendares.

Honor y gloria es un filme edulcorado, sin plenitud de matices, con un guión ingenuo y pobres actuaciones, como la de Yadira Jiménez, con poses al mejor estilo de Dolores del Río en La Malquerida. Pero nos deleitamos recordando, que es volver a vivir. Ver y escuchar a figuras legendarias que solo hemos conocido por la prensa y la memoria de nuestros antiguos, bien mereció la ocasión.

El Gigante de Senado tuvo una campaña difícil con el Almendares de 1951, donde vio disminuir sus resultados al bate, mas el largo slump no afectó su popularidad. Así lo refleja el filme y lo refirió Eladio Secades:

Y a pesar de su pobre temporada, el fanatismo que lo ha convertido en el primer ídolo de nuestra pelota, lo respaldó infatigablemente, inundando la redacción deportiva de Carteles, con sobres repletos de votos, con muestras epistolares de invariable adhesión. Porque Ortiz, de acuerdo con las miles de cartas recibidas, no es solo un ídolo nacional, también lo es internacional.[1]

No fue el mejor. Otros lo super­aron en varios renglones del juego. Pero fue el más carismático, y esa cualidad supo aprovecharla el director Ramón Peón, para conectar un gran batazo, casi tan largo como los del propio Gigante del Central Senado, quien se fue de este mundo sin regresar a su tierra. Ojalá los cineastas de hoy sigan el ejemplo de Peón; talentos del cine y del béisbol sobran, que es decir, del arte y el deporte.

Un pelotero de multitudes

¿Pero quién fue Roberto Gonzalo Ortiz Núñez? Nació el 30 de junio de 1917 en el entonces Central Senado, provincia de Camagüey, y falleció en la ciudad de Miami, el 15 de septiembre de 1971. Los más le llamaron El Gigante de Senado, otros El Guajiro. En los Estados Unidos fue simplemente Bob y en México Gran Valente, epíteto que endilgan a los inmarcesibles. En su época de esplendor medía seis pies y cuatro pulgadas, con más de doscientas quince libras de peso, bien por encima de la media del criollo.

Cuando usted haga un recuento de los años anteriores a la pelota revolucionaria y acuda a los Alacranes del Almendares, dos nombres estarán a la orden del día: Roberto Ortiz y Conrado Marrero. Y no era fácil serlo en una liga considerada Triple A, antesala de las Mayores. Mas, cosas de la pelota, Ortiz, el almendarista por excelencia, había comenzado con los Leones del Habana en 1939-1940 y se retiró con ellos en 1955-1956, la misma donde el zurdo Wilmer Mizell, conocido por Vinagre Maisel, ponchó con sus endemoniados envíos a 206 hombres y el pinareño Pedrito Ramos fue el mejor lanzador. También Ortiz pasó por los Tigres del Marianao.

Se había iniciado, a los dieciocho años de edad, con el club Senado, después pasó al Hershey Sports Club, de la Liga Nacional Amateur. En 1938 integró el Cuba a los Centroamericanos de Panamá. Como profesional, en 1939 comenzaría en las Ligas Menores con el Charlotte de la Three State League, y estuvo en otros equipos. Precisamente, de su estancia en Charlotte, ha permanecido en el tiempo una nota hilarante. Resulta que Ortiz se hacía acompañar por un perrito de color amarillento.

Al perro le permitían correr por el terreno junto a su amo, pero cuando se trataba de un partido oficial, permanecía en la cueva y solo se excitaba cuando los bateadores iniciaban un racimo de carreras. Un domingo, el pequeño animal se convirtió en el más famoso en toda la historia del deporte de los guantes y las pelotas. En la segunda mitad del noveno episodio, con la anotación en contra por una carrera y un corredor en la inicial, le tocó el turno de batear a Ortiz, quien al primer lanzamiento conectó un tremendo batazo al jardín central, que provocó la gritería por parte del público asistente. Esto despertó al perrito (…) Cuando Roberto pasó impulsado con rumbo a la cámara intermedia, el can se le unió y ambos doblaron a toda velocidad por la segunda hacia la antesala, deslizándose ambos a la vez (…) ¡Quieto!, gritó el árbitro, cortando el aire con los brazos. El público, puesto de pie, aplaudió a rabiar, aclamando de modo estruendoso a Ortiz y al perro.[2]

Este jardinero, que bateaba y tiraba a la derecha, participó en catorce temporadas de la Liga Profesional Cubana y un torneo independiente. En 1939-1940, con el Habana (.220), 1940-1941, con el Almendares (.313), 1942-1943 (.294), 1943-1944 (.337), 1944-1945 (.274), 1945-1946 (.276), 1946-1947 (.244), 1947-1948, con el Alacranes, del torneo independiente de la Liga Nacional (.311), 1949-1950, con el Almendares (.315), 1950-1951 (.221), 1951-1952 (.298), 1952-1953 (.242), 1953-1954, alternando entre Marianao y Almendares (.247) y 1955-1956, con el Habana (.228). Total: en 678 desafíos y 2 364 veces al bate, conectó 661 hits, para average de .280, con 311 anotadas, 377 impulsadas, 89 dobles, 27 triples, 63 jonrones y 36 bases robadas.

Conectó sobre .300 en cinco campañas. Fue el 3er. jonronero histórico de la Liga Profesional Cubana (63), solo detrás de Rafael Noble (71) y Orestes Miñoso (66), así como 5to. en impulsadas (377). En 1943-1944 se proclamó líder de los bateadores (.337), anotadas (41) y en hits (64). Obtuvo los títulos de jonrones en tres oportunidades: 1942-1943 (2), 1946-1947 (11), 1949-1950 (15). Dos veces encabezó las impulsadas, en 1942-1943 (36) y en el torneo independiente de 1947-1948 (55), donde también se alzó en dobles (21). Asimismo, participó en la Serie del Caribe de 1950, con el Almendares (20-3-.150), en 6 encuentros, con 5 anotadas, 3 impulsadas y 1 jonrón.

Impuso el récord de 15 cuadrangulares en la temporada 1949-1950, junto al norteamericano Don Lenhardt, que sería roto por Lou Klein en 1952-1953 (16). En realidad Roberto fue el líder jonronero, pues los logró en menos partidos, 67 contra 74 de Lenhardt, y en menos turnos al bate: 251 por 258. En 1946 fue uno de los veintiséis jugadores sancionados, hasta 1949, por aceptar las suculentas ofertas de los hermanos Pasquel para irse a jugar a la Liga Mexicana. En 1949-1950 tuvo su mejor año al conectar para .315 (251-79), con 39 anotadas, 49 impulsadas, 8 dobles, 3 triples y 15 jonrones.

Participó como quinto bate y en el jardín derecho del Almendares, en el juego inaugural del Gran Stadium de La Habana, después Latinoamericano, el 26 de octubre de 1946, donde conectó de 4-1, el primer jonrón en esa plaza, así como 2 anotadas y 2 impulsadas.

Hombre noble, de probados sentimientos, no pudo contenerse el 7 de enero de 1945, cuando lanzaba su hermano Oliverio, quien discutía fuerte con el árbitro Bernardino Rodríguez. Roberto se tomó el asunto para él, y conectó un derechazo al mentón del juez, a quien puso fuera de combate y provocó un escándalo de marca mayor, que lo separó de la Liga Profesional Cubana por dos temporadas. Algo parecido ocurrió en Charlotte, cuando un pitcher lo golpeó a propósito y le fue encima.

Entonces marchó a México, donde fue un ídolo de los Diablos Rojos, al conquistar cuatro campañas seguidas la corona de los jonroneros. Ese primer año de 1945 en tierras aztecas, terminó con average de .336, 26 jonrones y 92 impulsadas. Volvió por sus fueros en 1946: 25 jonrones, 108 impulsadas y .332. En 1947 se hizo de nuevo con el liderato de los jonrones (22), impulsó 82 y conectó .305. Está considerado uno de los peloteros de mayor colorido y de más clase que hayan desfilado por aquel país, donde le apodaron Gran Valente.

En 1948 estableció el récord (roto muchos años después) al batear de hit en 35 juegos consecutivos (su promedio en esa racha fue de .441). Al cierre de la campaña había conectado para .358 (330-118), con 19 bambinazos y 74 impulsadas. Implantó otros dos récords: campeón de jonrones y líder de bases alcanzadas por hits, cuatro años al hilo. Fue el primero, de dos bateadores, que obtuvo cuatro títulos seguidos en slugging. En sus tres últimas campañas: 1952 con Nuevo Laredo y 1955 y 1956 con Yucatán, también actuó como pitcher. En 1955 tuvo récord de 5-4 en 20 partidos y en 1956 mejoró a 13-2, en la misma cantidad de salidas. En tres juegos se fue sin decisión, en 1952. Había jugado en la Liga de Yucatán en 1948-1949, con el Motul, donde fue líder de bateo (.381), jonrones (17), empujadas (57) y anotadas (62).

También se desempeñó en Venezuela, con el Gavilanes (1949), de la Liga Profesional Zuliana, donde obtuvo la Triple Corona: 12 jonrones, 35 impulsadas y average de .400. Además, encabezó los hits (56) y las anotadas (37).

En 1939 había firmado para la Organización del Washington Senators, debutando en Grandes Ligas el 6 de septiembre de 1941, donde permaneció hasta 1944. Después se fue a México y regresó al Washington en 1949. Terminó su carrera en las Mayores en 1950, compartiendo la justa con el Washington y el Philadelphia Athletics. Su último encuentro fue el 2 de septiembre de 1950.

En ese nivel jugó 213 desafíos, con 659 veces al bate y 168 hits conectados, para average de .255, con 67 anotadas, 78 impulsadas, 18 dobles, 18 triples, 8 jonrones, 43 bases, 95 ponches, 4 bases robadas y slugging de .349. Fildeó para .942. Usó los números 4, 24, 35, 33 y 28. En 1944 fue líder en pelotazos recibidos (8).

Participó en diez campañas de Ligas Menores, entre 1939 y 1956, con Charlotte, Chattanooga, Montreal, Havana Cubans y Birmingham, donde en 852 desafíos y 2 470 veces al bate, conectó 726 hits, para average de .294, con 157 dobles, 51 triples, 50 jonrones y slugging de .460. En sus cinco primeras contiendas bateó sobre .300, aunque sus jonrones no alcanzaron el total esperado, con los 14 de 1951 como su mayor cifra.

En 1943, con el Montreal de AA, había tenido su mejor desempeño tras compilar .304, con 10 vuelacercas, 86 remolques y 170 hits. En 1941 quedó en el Todos Estrellas de la Piedmont League, con el Charlotte. Con Chattanooga en 1942, logró su mayor acumulado ofensivo en Estados Unidos (.360). En las Menores tuvo incursión como lanzador en 1939 (2-8), en 12 juegos lanzados.

En 1952 estuvo con los Havana Cubans, de la Liga Internacional de la Florida, compilando para .226 en 63 choques (221-50), 38 anotadas, 31 impulsadas, 10 dobles, 2 triples, 7 jonrones y 7 bases robadas. En 1954, año de su fundación, jugó para los Cuban Sugar Kings en 64 encuentros, con average de .266 (124-33), 15 anotadas, 28 impulsadas, 7 dobles, 2 triples y 3 jonrones.

En 1953 compitió en Colombia para el Vanytor (.294). Dirigió, junto a Agustín Bejerano, el Nuevo Laredo en la Liga de México 1952, finalizando el conjunto en 5to. lugar (38-52).

Roberto Ortiz llenó toda una época. Así lo vio el poeta José Lezama Lima:

La nuestra es una ciudad que se emociona más con un jonrón de Roberto Ortiz, con la perspectiva de recibir a María Bonita o con una ‘múcura’ bien sonada, que con el empréstito de los doscientos mil millones, el tanto de sus intereses y la administración de ese torrente de ‘kilos’ (…) Roberto Ortiz debutó con un jonrón. Toda la atención habanera está hipotecada por el acontecimiento. Así bate su propio barro para que lo modelen sus políticos, sin arenillas polémicas, sin comisiones de glosa, con plena burla para manejar la ciudad con la bendita diligencia de unos buenos padres de familia.[3]

En 1983, fue electo al Salón de la Fama del Béisbol Cubano, con sede en los Estados Unidos. También está seleccionado en el Salón de la Fama Mexicano, desde 1972.

Liga Profesional Cubana:

JJ        VB          H         AVE        CA         CI         2B         3B         HR       BR

678

2364

661

.280

311

377

89

27

63

36

 

Récords:

-Conectó sobre .300 en cinco temporadas.

-Tercer jonronero histórico de la Liga Profesional Cubana (63).

-Quinto en impulsadas (377).

-En 1943-44 se proclamó líder de los bateadores (.337), anotadas (41) y en hits (64).

-Obtuvo los títulos de jonrones en tres oportunidades: 1942-1943 (2), 1946-1947 (11), 1949-1950 (15).

-Dos veces encabezó las impulsadas: 1942-1943 (36) y en el torneo independiente de 1947-1948 (55), donde también se alzó en dobles (21).

Grandes Ligas:

JJ        VB         H     AVE      CA         CI       2B         3B         HR        BR

213

659

168

.255

67

78

18

10

8

4

 

Récords:

-En 1944 fue líder en pelotazos recibidos (8).

(Con documentación de Enciclopedias de las Grandes Ligas, Enciclopedia Biográfica del Béisbol Cubano (II), Jorge Figueredo, Ramón Peón, Roberto González Echevarría, Severo Nieto, Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga, Félix Julio Alfonso López, Fernando Rodríguez Álvarez, Raúl Diez Muro, Alfredo Santana, Carlos Castillo Barrio, Jesús Alberto Rubio, Jaime Cervantes, Guías del Béisbol Cubano, Mexicano, Venezolano y de Colombia, Javier González y Carlos Figueroa, Marino Martínez, Tomás Morales, Norberto Codina, Eladio Secades, Juan Ealo, René Molina, Felo Ramírez, Andrés Pascual, Arturo Arango, Ángel Torres, Peter Bjarkman, James D. Cockroft, Michael M. Oleksak, Jorge Alfonso, Eddy Martin, Oreidis Pimentel, José Lezama Lima, Roberto Fernández Retamar, y otras fuentes).


[1] Eladio Secades: Roberto Ortiz, ídolo internacional. Revista Carteles, 1951.

[2] Ángel Torres: El legado deportivo. Library of Congress. Miami, Florida, 2008, pp. 72-74.

[3] Norberto Codina: Cajón de bateo. Ediciones Matanzas, 2012, pp. 112-113.

¡Jonrón de Roberto Ortiz! (febrero-1951) IMAG0009 IMAG0037

Se han publicado 5 comentarios



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  • Alberto dijo:

    demaciado largo como para leerlo

  • Juan Antonio dijo:

    Gran artículo,siempre es bueno saber un poco mas de nuestras glorias del beisbol de antes del 59 .

  • Roberto dijo:

    Lo vi jugar en la liga prodesional cubana con el Almendares y era un excelente bateador y de poder. Justo reconocimiento a un gran pelotero.

  • jorgito dijo:

    articulos como estos nunca son demasiado largos…uff historia pura, ojala regrese ea añoranza por el beisbol y comenzemos a construir heroes de nuevo en nuestro deporte nacionalllll

    • NOLASCO dijo:

      Yo también lo vi jugar, siendo yo muy niño, en uno de aquellos duelos de Habana y Almendares. Tenía una estampa imponente y era un verdadero ídolo, sobre todo de mis primos Almendaristas.

      No se preocupe Martínez de Osaba, los artículos son largos cuando aburren y éste no nos aburrió a unos cuantos. Quedan muchas figuras de aquella época que pueden ser de interés y Ud lo hace como nadie.

      Alberto, demasiado se escribe con s.

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Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

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