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Volar en la oscuridad

3 diciembre 2012 | 58

Para mis contemporáneos y nuestros padres.

Peso cubano

Nací en 1989. Mi vida llegó con la muerte de otras cosas, por lo menos con su anunciación. Y no partían cosas cualesquiera: estaba muriendo la supuesta garantía de una alternativa, la presunta prueba práctica de la utopía.

Llegué pues a este mundo en medio de desmoronamientos, de cierres de era, telones tremebundos que caían pesados sobre ideologías que lucían, a duras penas ya,en un convulso escenario.

En Cuba, “una islita muy chiquitica, con una dignidad demasiado cara”, como dice un personaje de cine antes de partir definitivamente de esta tierra y enrumbar al norte,”se acabó lo que se daba”. Yo no lo extraño: no lo conocí.

Un curso de Economía cubana me hizo saber que el hecho de que este país sobreviviera al derrumbe del bloque soviético había sido, literalmente, un milagro. El profesor lo explica con todos los números de las buenas explicaciones. Pero eso no lo recuerdo, solo caló en mí desde entonces y para siempre aquello de “literalmente un milagro. Nunca, ningún país, en ningún lugar del mundo…”.

La canasta básica se redujo ostensiblemente, el transporte se convirtió en una pesadilla, la ropa escaseaba, la gente dejó de engordar y de tener hijos. Llegaron los famosos apagones. Me acuerdo de mi madre diciéndome: “Apúrate con lo que estás haciendo, que hoy es día de apagón”. Recuerdo ratas pasando veloces por los tendidos eléctricos de la calle; presencia ridícula entonces: cables muertos, apagados. Me acuerdo de mi abuela diciendo que ya, que está al prender “la chismosa”.

De pronto fueron siendo menos frecuentes. Ya prácticamente no hay. Fue para mí un primer síntoma de cierta recuperación. Ya los apagones eran un poco del pasado. No los sentía tan cerca.

Pero mi recuerdo infantil de la ausencia de energía eléctrica -y mátenme, víctimas justificadamente traumadas- no puede ser más feliz: todo el mundo estaba despierto, no estábamos los niños forzados a ir a dormir temprano, cantábamos en el portal, tirados en el piso, jugábamos a los escondidos, y era seguro aunque fuera de noche: todas las familias estaban en los portales, en las aceras… sobre todo recuerdo sentir que estábamos todos en lo mismo, y se sentía bien.

Moisés, un vecino, tenía una planta, y llevó con ella el televisor Caribe al parque de al frente, para los que quisieran ver la novela. Creo que ese día tocaba la brasileña.

Ese es también el escenario de mi recuerdo más bonito de los apagones. Un recuerdo especial, dulce: mi padre y yo íbamos al parque a coger fresco -un fresco que era casi lo único que rompía el silencio, aquella multitud de televisores, radios, grabadoras y refrigeradores mudos, la ausencia de todo lo electrodoméstico de nuestro ruido-.

Allí, además, estaban los murciélagos, que siempre me llamaron la atención. ¿Cómo se las arreglan estos bichos en el aire de noche, sin luz? Mi papá me explicó cómo podían volar en la oscuridad. No creo que haya dicho ecolocalización ni cosa tan terminológicamente científica. Una versión didáctica para niños, acaso. Pero me maravilló.

Pocas conversaciones he disfrutado tanto como las de aquellas noches,en que la exclamación colectiva cuando llegaba la luz, me provocaba contentura y desencanto a la vez.

Ahora no lo soportaría, supongo que me estoy poniendo vieja, entiendo los perjuicios, las implicaciones, soy más consciente; supongo que tengo trabajo que hacer, cosas que estudiar, que mi sensibilidad y mi espectro se han desarrollado y preciso ahora de lecturas, de películas célebres y otras cosas que requieren de “luz”… y aquel placer elemental de refrescarme en un banco y mirar animales que una vez me parecieron extraordinarios, podría quedar distante, hacerse pequeñito, olvidado.

Pero de noche, si veo murciélagos, si camino por el parque, y sopla una brisa que en veinte años ha sido igual, y las ramas baten como en aquellas noches negras, la memoria me sonríe y la evocación es tan fuerte que estoy de pronto en su motivo. Yo aprendí una vez cómo lo hacen, cómo es que se puede volar en la oscuridad.

(Tomado de Child en el océano)

Se han publicado 58 comentarios



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  • Victor dijo:

    Me gustó cómo comenzó el artículo, fresco y muy a lo cubano. Pero creo que el desenlace y el final no siguieron la misma línea, como que me perdí del objetivo central, de lo que realmente perseguía el artículo, tal vez fue que esperé más con tan genial introducción….

    Saludos…

  • Francisco Rivero dijo:

    A Monica Rivero

    Desearia saber si este fragmento que corresponde a ” Child en el océano ” es de su autoria o de otro escritor.

    Un saludo cordial

  • dani dijo:

    Gracias Monica, compartirmos esa triste añoranza por los apagones. Tambien fueron cosa muy especial en mi niñez.

  • julio del toro dijo:

    linda cronica niña, seras una buena profesional cuando termines yu carrera, me encanta como escribes. me recordaste los famosos apagones, yo hacia lo mismo en el barrio, de veras te felicito.

  • Joaquín dijo:

    Muy bella descripción de un tiempo difícil,gracias por hacerme entender álgo que supuse imposible de superar.

  • Uno que recuerda dijo:

    Lo propio. muchos, quizas se llevan malos recuerdos de esa epoca por la edad a la que les toco vivr, pero los mios son muy similares a los suyos. excepto quizas por la planta electrica.
    muy refrescante, en este ajetreado dia, evocar eso!!!!
    ¡Y se hizo la luz!
    EHHH!!!!!

  • Srećko Vojvodić dijo:

    Hija, ¡un abrazo enorme! Eres estrella.

  • yasser dijo:

    como me gustó el artículo.

  • Martha Hurtado dijo:

    Saludos:

    Primera vez que comento en este foro. He seguido a CubaDebate por mucho tiempo más simplemente leo. Tu escrito me ha movido a hacerlo. Ni siquiera sé si el autor los puede leer. Tenemos a misma edad. No soy de Cuba, pero sí de Latinoamérica y comparto tu sentir de muchas formas. Mi perspectiva sin embargo, es de alguien que creció inmerso en el imperialismo rampante de hoy en día. Tengo un escrito que se asemeja un tanto a lo que pusiste…Me gustaría compartir una parte. Y habrá quien critique, como siempre:

    Nací ya en una época donde las grandes controversias y los distintos tipos de vida estaban enmascarados en un discurso convenenciero donde se predica la paz y se practica la guerra. La inequidad como regla entre clases sociales que se marginan unas a otras, sigue imperando. Mas como niños del nuevo milenio somos una generación perdida y sin historia, que no ha sido capaz de rescatarse a sí misma. Primeros hijos de una revolución truncada en Latinoamérica, que no fue capaz de unificarse a manera de asestar un golpe definitivo, somos el reflejo fiel de la superficialidad. Nula capacidad crítica, conocimientos mínimos en materia de historia, diletantes en gustos y tibios (si no es que estúpidos) en opiniones.

    Libres de la guerra fría, para aquellos que no prestan atención, la oportunidad de tener otro mundo, cayó en Berlín hace ya mas de veinte años. La única luz que es capaz de abrir los ojos ante aquello que está mal, titila como una lámpara fina que ha sido dejada en una mesa vacía. Alumbra, sin que haya mas que unos pocos que la observen. No se tiene mas que la memoria de aquellos que de antemano aplican una lógica de protesta derrotada. Tras la mascara de sempiterna felicidad, globalidad y transculturalidad existe la misma indiferencia que ostenta todo burgués desde que existe la civilización como tal. Si se hiciera un intento, minúsculo, pero intento al fin de comunicarse, el resultado sería la etiqueta de rojo con un discurso atrasado cuarenta años, que dista mucho de la realidad actual.

    Sin embargo, para todos aquellos que critican ese discurso, yo pregunto, ¿cuál es la realidad actual? Para ser sinceros, es algo que me escapa y que me acontece como el río viene a acontecerle a la montaña, es decir, que fluye diariamente, sin que ésta sea capaz de detener en ningún momento su curso, sea cual sea. Y no propongo una especie de calma o un sobrecogimiento producto del miedo que vaya a ser curado con un poco de reflexión mística. La acción como fuerza creadora por otro lado…hay que crear, se debe luchar.

    Hay que crear aunque se crea que ya nada puede ser creado. Hay que intentar y morir en ese intento. Me aferro a la ciencia que por tantos años ha sido el mástil del mundo para gritar a todo pulmón en la proa del barco, “hay que hacer algo”. La idea de progreso ha sido atacada y vilipendiada por la posmodernidad como si fuera una especie de síndrome perteneciente al siglo pasado. Como si la gente que está a favor del progreso solamente quisiera ver en el ser humano, la etapa anterior a la creación del cyborg. Es momento de atacar a la posmodernidad que tiene la academia paralizada y a la gente ahogada en sentimentalismos y retomar aquellas consignas del progreso que son necesarias para el siguiente punto en la evolución humana.

    “¿Para eso se ha luchado y se lucha? La responsabilidad histórica de los hombres que realizan las esperanzas de Latinoamérica es grande. Es hora de que se supriman los eufemismos. Es hora de que el garrote conteste al garrote, y si hay que morir, que sea como Sandino, y no como Azaña.”

    Se debe luchar y morir luchando. Acabada toda esperanza es el corazón propio el que impulsa y mientras siga latiendo en el pecho, Bolívar, Maceo, Sandino, Guevara y Fidel, son el paradigma de un mundo mejor.

  • MJ dijo:

    Excelente comentario Mónica. A veces los “menos jóvenes” no nos damos cuenta de la sensibilidad y agudeza que tienen muchos de tu generación, así como la percepción que tienen de los problemas pasados. Por eso confío tanto en mi hijo, en Uds. Cualquier tiempo futuro tiene que ser mejor.

  • estrella fermina dijo:

    ASI MISMO , NOSOTROS QUE TODOS LO HACIAMOS CORRIENDO
    PORQUE SE IVA LA LUZ, PERO CON LA SONRISA EN LOS LABIOS PORQUE SOMOS
    UN PUEBLO ALEGRE. AHORA MUCHAS COSAS ESTAN CAMBIANDO PERO CREO QUE LA ESENCIA DE VER LA VIDA DEBE SER LA MISMA NO PODEMOS PERDERNOS SIN TENER EL PREVILEGIO DE QUE CONSTAMOS LOS SERES HUMANOS QUE ES EL SOCIALIZAR, EL DE COMUNICAR DIRECTAMENTE CON LA PALABRA, EL DE COMPARTIR Y DISFRUTAR DE CADA MOMENTO A CIELO ABIERTO, ESO ES PARTE DE LA VIDA.. OHJALA QUE EL PROGRESO DESENFRENADO DEL DIA A DIA NO NOS LLEVE A PERDER EL CONTACTO DEL CALOR HUMANO Y EL PREVILEGIO DE SONREIR DE UN BUEN CHISTE CUANDO SE VA EN UNA GUAGUA…
    HAY PROGRESO ERES DESEADO. PERO TE LLEVAS MUCHAS COSAS…Y LA GENTE CONTIGO SE PONE HOSTIL AL PROJIMO.SE PIERDE HASTA LA SONRISA Y EL DESEO DE COMPARTIR…ME ENCANTA LA IDEA DE QUE TODOS LOS CUBANOS
    PUEDAN SALIR Y VOLVER A CUBITA LA BELLA ASI AMARAN MAS NUESTRO CUBANEO, PORQUE ESE SABOR DE TOMARSE UN GUARAPO POR ALLA CERCA DE
    LA ISLA DE CUBA CON ESE GUSTO Y SIMPLICIDAD NO LO VAS A ENCONTRAR
    EN NINGUN LUGAR DEL MUNDO. LA FELICIDAD ESTA EN LAS COSAS SIMPLES
    DE LA VIDA…

  • Carlos Valdés Sarmiento dijo:

    Me gustó mucho, los análisis academicos no pueden explicar “un milagro”, es problema del “corazón”, no de la “razón”.
    Bravo y que se repita.

  • Manolito dijo:

    Todos de cierta manera aprendimos a volar en esa oscuridad, y fue muy duro y recuerdos hay millones, gracias por este articulo.

  • ramsay dijo:

    Excelente crónica. Son los recuerdos de casi todos los que aguantamos el Período Especial. Fue el pueblo el que logró la resistencia. Cuando aquello, estudiaba en la Univ. de Oriente. Y nunca hubo apagón desaprovechado. Había gente que iba a estudiar con las luces de la Plaza de la Revolución (a 800 metros de la Beca !) y otros destrozabamos las canciones de Silvio en la oscuridad…a ritmo de guaracha. Y sin embargo, cuanta resistencia, y seguridad en que saldríamos (y vivos) de esa situación.

  • Reynerio Alvarez dijo:

    Formidable Monica. En las letras impresas se ve tu extraordinaria espiritualidad y sensibilidad. Te exhorto a seguir adelante y cultivando eso, lo mas bello que tiene el hombre y que lo distingue raigalemnte del animal irracional: su espiritualidad.

  • Jorge dijo:

    23 años tienes, es admirable tú forma madura de ver tiempos muy duros que a veces me parece que añoraremos porque fue una epoca donde afloraron valores que parodogicamente en la misma medida que las cosas fueron disminuyendo su intensidad dramatica se han ido perdiendo, perdiendo no, imagino que otros antivalores se han encargado de “gritar” más alto, espero sea temporal.

  • Carol dijo:

    Pocas veces se escribe cómo “se vió” y se “sintióE en los muy jovenes ese “periodo” tan duro.Como vemos aquí en este original articulo no se logró mutilar los que en aquel entonces eran niños o adolescentes la luz interior que tanto necesitamos.Felicidades sobre todo por venir de una persona tan joven que ha podido como los murciélagos “volar en la oscuridad”.

  • Eduardo dijo:

    Monica que bello recuerdo. En esa epoca nos sentabamos en el portal, a la espera de la “luz”. Un día se nos ocurrió hacer un Escriba y Lea, y nos turnabamos en el cargo de moderador, a veces el personaje celebre podia ser el abuelo o la abuela, o algún otro que provocaba la risa, ademas de los temas serios de historia y geografia que contribuyeron pienso yo, a la cultura de nuestros hijos, por entonces tenian ocho y cinco años. los vecinos en los protales, a pesar de todo eran momentos felices. hoy pasan los días y no vemos al vecino y en casa todos terminamos la noche sin hablarnos frente al televisor.

  • RJ dijo:

    Mónica, gracias por esta crónica, muy bella, nos recuerda parte de nuestra historia que no ha sido lo suficientemente divulgada desde este angulo, de ver lo hermoso de los gestos, de cuando teníamos poquísimo y compartíamos muchísimo, donde Fidel se bajaba a empujar el carro por rotura o falta de combustible.
    Toda esta parte de la historia de nuestro país se debe divulgar, no desde el punto de vista de las carencias, sino desde esta parte hermosa de unidad, para que las nuevas generaciones tengan conocimiento de todo lo verdaderamente hermoso de nuestro pueblo, de porqué resistimos y triunfamos y porque de esa unión con tanto amor rompimos todos los pronósticos, científicos y no científicos.

  • Aidil dijo:

    Monica yo tengo casi 50 pues naci en el 62 y he vivido esa vivencia tuya doble en mis años de niña y despues con mi hija pequeña en los años 90 y realmente la personas eran mas solidarias que ahora.

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Mónica Rivero

Mónica Rivero

La Habana, 1989. Graduada de Periodismo (2012) en la Universidad de La Habana. Twitter: @lamagoch

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