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Los mapas sonoros de Yusa

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Foto: Kaloian.

Foto: Kaloian.

“Ay es que a mí me encanta hacerle coros a Kelvis, dice Yusa, que está cantando “Cuando regresa la noooche…” mientras yo dispongo la grabadora ante la imposibilidad –aquí sí– de atraparle al vuelo tanta palabra. Evoco entonces lo que dice un amigo de La Plata, Argentina, donde vive la cubana hace algunos años: “Yusa habla como toca, habla como su música”.

Yusimil López Bridón, Yusa, nació en 1973 en Buena Vista. Creció en Alamar. Es de la generación de músicos cubanos que combinaron sonoridad nacional con inlfuencias del resto del mundo, tradición con ritmos contemporáneos. Ella, particularmente, mezcla jazz, pop, música brasileña y raíz cubana, rumba, trova, son… “Soy muy desprejuiciada a la hora de elegir los sonidos. No tengo nada predeterminado, por eso es muy difícil etiquetarme. Voy desde un bolero hasta un funk, hasta rock and roll”.

Llegó a Argentina por primera vez en 2008 formando parte de trío que acompañaría a Santiago Feliú en una gira por este país junto al guitarrista cubano Elmer Ferrer. Hace casi 7 años Yusa está radicada en esta nación, donde ha desarrollado una carrera que la ha llevado a los escenarios más prestigiosos y varias provincias del país, compartiendo con figuras emblemáticas de la cultura argentina. Lo mismo puede decirse sobre otros mercados culturales en el cono sur como Uruguay, Chile, Colombia, Venezuela y Ecuador, además de Brasil, el primer país de América del Sur que visitó como parte del proyecto Lenine Incité en 2004.
“Así empecé”.

Camino a “Libro de cabecera en tardes de café”

Por mucho tiempo hice música para Teatro Estudio. De hecho, fue el teatro el que me abrió las puertas de la escritura: eso lo agradeceré toda la vida. Mis canciones tienen mucho de teatralidad. Juego mucho con los estados y con las palabras. También uso la plástica, incluso en el arte del disco.

En este momento estoy trabajando en Argentina con dos músicos argentinos; Quique Ferrari y Christian Faiad y hemos creado un sonido nuevo de Yusa, que tiene que ver con la Yusa de hoy y con el hecho de haber estado a lo largo de estos casi seis años ininterrumpidamente por Argentina, Brasil, Uruguay… por Latinoamérica, que era algo que no había hecho en mucho tiempo. Eso me llevó a un disco como Libro de cabecera, el primero sin canciones mías.

El disco obedece a la necesidad de rescatar parte de nuestro legado cultural, revisitar las canciones que venían a mí en momentos de nostalgia por Cuba; y al mismo tiempo pensando en lo oportuno de que América del Sur conozca más sobre la música cubana contemporánea.

Yo soy muy inquieta a la hora de elegir repertorio, me gusta moverme por diferentes lugares sonoros, por diferentes estados. Es lo que me alimenta para sentir que no estoy repitiéndome; por eso hice Libro de cabecera con canciones que tenían que ver con mis afectos, con mi desarrollo desde la música cubana, empezando por Noel Nicola, y pasando por Pilo Rivera, el nuevo bolero llevado a la puesta de escena. Y volver a canciones como Buscando un símbolo de paz, de Charly García, por ejemplo. Tardes de café… tiene que ver también con esta generación, la de Kelvis, la de todo Habana Abierta, ese grupo de compositores que en ese momento habían emigrado pero traían con ellos un background fuerte de la música argentina y escuchaban Spinetta, Los Redonditos de Ricota… Me doy cuenta de que los músicos argentinos no tenían siquiera idea de lo mucho que se conocía su obra en Cuba, entonces creo que fue lindo reunir todo ese backgroud. Escogí solo diez, pero pudieron ser muchas más canciones. Ellas vinieron a mí y fue eso lo que me hizo elegirlas rápidamente. Decidí cerrar con Amor de millones. Mientras estaba finalizando la primera etapa de la grabación en Argentina, justo antes de viajar a Cuba, me entero de la triste noticia del fallecimiento de Sara González que además de ser una amiga muy querida, es un referente de la cultura cubana, y vi inmediatamente cómo cerraría el concepto de ese nuevo disco, con un mensaje o más bien traer a la memoria el único sentimiento que nos puede unir a todos: el amor. ¡Qué mejor cierre! Esa era una canción suya que escuché mucho de niña. La hice en una versión de changüí.

En ese disco hay muchos invitados internacionales y usamos la tecnología para salvar la distancia. Era muy difícil poderlos convocar a todos a la vez, entonces lo que hacíamos era citas de Skype. Trabajábamos un poco el concepto, grabábamos; después en mi casa yo mezclaba. El maestro Hugo Fattoruso, de Uruguay, recibía las pistas y ponía su piano y su acordeón, por ejemplo. Outros barbaros la incluí porque había visto hacía poco un DVD de Maria Betania, Gilberto Gil, Gal Costa y Caetano Veloso que hacía referencia a los años 70 donde ellos fueron protagonistas activos de uno de los movimientos más importante en la historia de la música brasilera. Un momento especial para mí fue cuando Gilberto Gil llega al estudio y de repente cuenta que había despertado esa mañana y había sentido la sensación de que todavía había mucho por hacer. Hay que ser un verdadero maestro para después de tanto años con una carrera tan intensa y sólida como la que han tenido esos grandes de la cultura brasilera tener la visión de ser su tiempo. Lo menos que podía hacer era acompañar ese sentimiento de responsabilidad hacia la historia cultural y su legado desde la contemporaneidad.

La canción de Fandermole, Oración del remanso, la conocí por Liliana Herrero. Para el espacio Descarga con amigos, en Café Vinilo, tuve que estudiar todo su repertorio y cada vez que escuchaba esta canción, oía un tres. Era muy parecida a una guajira o a una habanera. Liliana me decía “Tú estás loca”. ¡Pero me parecía música campesina! De hecho, hice una versión para tres, contrabajo, guitarra y cuarteto vocal para el cual la invité a ella, a Verónica Condomí y a Liliana Vitale, dos cantautoras muy queridas con las que he tenido el placer de tocar en varios escenarios.

Justo ese día había fallecido Luis Alberto Spinetta, y aun así fueron a grabar a las 10 de la mañana. Venían de haber estado toda la madrugada en vela, directo de casa de Spinetta para el estudio. Terrible ver llegar a aquellas mujeres, que además compartieron toda una vida con él. De momento cuando terminamos la canción había una energía que creo se siente cuando se la escucha. Yo estaba también impactada y ellas estaban en pleno proceso de dolor. El disco tiene marcas de muchos momentos especiales.

Foto: Kaloian.

Foto: Kaloian.

“Yo lo único que pedía era una guitarra”

La verdad no me acuerdo mucho de cuándo empecé a tocar porque a mí siempre me gustó la guitarra. Tendría unos 3 años cuando mi mamá me llevaba a casa de Chen, una gallega que vivía en la cuadra de mi abuela en Buena Vista que me cuidaba a veces. En la casa había una guitarra de sus hijos, que eran mayores, y yo me volvía loca con ella. De hecho, cuando venían los juguetes, los básicos y los dirigidos, yo lo único que pedía era una guitarra. No jugaba con nada más. Entonces mi mamá me compró una de juguete, y aprendí imitando a los hijos de Chen.

Después mi mamá me compra otra, menos de juguete, y me paga un profesor que se llamaba Barreto, guitarrista acompañante de Elena Burke, imagínate, tenía un repertorio increíble. Por él aprendí mucho de la música internacional, de bossa nova, de boleros, de canción… Con él empiezo a entrar en el mundo de los acordes. Luego hice las pruebas para el conservatorio, entré y me quedé hasta la graduación.

Mi mamá siempre me llevaba mucho al ballet, escuchaba música clásica, y un día me había traído De Bach a Los Beatles, de Leo Brouwer y yo pensé: “Esto es lo que yo quiero. Es el mundo en que quiero estar”. Incluso cuando llegué al conservatorio y vi niños menores que yo, le pregunté a mi mamá por qué no me había llevado antes. Y es que cello, violín y piano entran antes. “Yusi, pero si lo que te gusta a ti es la guitarra”, me decía.

El tres lo empiezo a estudiar estando en Amadeo Roldán, después de mi primer año y de sufrir prejuicios. Sería 1990 o 91 y yo daba clases con Marta Cuervo, una profesora increíble, de las grandes maestras de guitarra clásica. Tuve la suerte de ser su alumna y de estudiar mucho con ella. Pero ya era muy mayor.

Se enferma Marta y nos reparten a todos sus alumnos entre otros profesores. Y el que me tocó a mí era racista. La música clásica siempre fue de altas esferas sociales, y muchos profesores venían de la vieja escuela, aunque había otros como Saumel, Caturla, Harold Gramatges… que promovían la música negra, que lucharon por incorporar instrumentos. Pero había una estela en algunos como este profesor. Parece que fue algo que yo tenía que vivir. Y la verdad es que me marcó. Que un profesor te diga “qué hace un negro estudiando música clásica”… Yo tenía 14 años. Me destruyó. Quise irme de la escuela.

Terminó en que otros profesores se reunieron y me apoyaron. Yo era la jefa de cátedra de guitarra. Ya tenía pensado irme para los Camilitos, estudiar Matemática o Física Nuclear. Y mi mamá fue quien me hizo entrar en razón. Por suerte siempre tuve a mi madre, a mi familia, y el amor que me rodeaba me permitió seguir estudiando música. Dejé la guitarra por un tiempo. Desde el año anterior habían estado intentando incorporar el tres, y me dijeron que necesitaban gente que lo acogiera. Recuerdo que yo miraba el laúd y veía un montón de cuerdas, y miraba el tres… “Dame acá el tres”. Ahora no puedo abandonarlo, lo amo; pero en ese momento lo elegí ¡por tener menos cuerdas!

Esos cuatro años los pasé estudiando todo el tiempo; pero no recuerdo mucho el paso por la escuela como mi etapa de Caturla, que fue muy abierta, de encuentro con la música, con el arte todo. Me gustaban todas las asignaturas porque yo quería ese mundo. Estaba en el lugar perfecto porque me gustan todos los instrumentos. Todavía hay mucho de eso en mi proyección en escena, que tiene que ver con el multi intrumentismo porque he pasado por varias etapas a lo largo de mi carrera.

Ya cuando estaba por graduarme me convocan de una agrupación que en aquella época era bastante famosa, Soneras son. Tenían un viaje a México para tocar rumba por 4 meses en un club del DF que se llamaba El Antillano. Yo era la tresera. Y ahí empiezo a viajar. Tenía 18 años.

Después trabajé en Italia algunos meses. Todavía no trabajaba lo que serían mis canciones propiamente. En el 95 estando con el grupo empecé a trabajar con una compañía francesa de multimedia que hacía proyecciones con música, Danny Rose. Con ellos estuve muchos años; y como se combinaba con la plástica, yo estaba feliz. Luego en el 97 empecé a hacer música para teatro en Teatro Estudio. Lo que estaba ocurriendo en esa época con Vicente y Raquel Revuelta era alucinante. Yo entré en ese mundo y me encantó. Hicimos teatro americano, cubano, hicimos Lorca… muchas cosas. Y era ver cómo jugar con esos textos, cómo “traducirlos” a otro lenguaje, a otro contexto. Y este juego me motivó a hacer mi lenguaje y fue lo que desató en mí hacer mis canciones. Empecé a hacer lo mío, motivada además por uno de mis grandes amigos de esa época, Domingo Candelario, a quien le voy a agradecer toda la vida el ponerme en contacto con ese mundo que un poco más tarde cambiaría mi destino.

Haciendo música para lo teatral, jugando con las palabras, con los sonidos, con los silencios, me pude dejar volar.

Mi música tiene un poco de cada etapa que viví. La etapa en el bar Las Cañitas, en el Salón Internacional del Jazz del hotel Riviera, me nutrí mucho de ese tipo de espectáculo, del cabaret, el maquillaje, la coreografía… Generoso Jiménez iba a los ensayos. Tenía unos 90 años, ¡y nos hacía arreglos! También me comenzó a gustar el mundo tras bambalinas. Vivir en Tropicana en los camerinos era un viaje. En el Piano Bar del Teatro Nacional de Cuba compartíamos con Elena Burke: tocábamos a las 11 de la noche y Elena llegaba como a las 2 de la madrugada cuando estábamos terminando. Yo, por supuesto, me quedaba siempre. Que llegara “La Señora Sentimiento” a esa hora: “Hola, mi chino. ¿Usted cómo anda?”… Y aquello rompía… Era una locura.

Quassi Jazz fue una apertura muy grande para mí. Pasar por tantos lugares me sirvió mucho después para mi música, donde el tres es el instrumento base. Igual pasó con el bajo. Llegó un momento en que queríamos hacer un quinteto de jazz, pero no había bajista. Y yo me fui a la escuela, pedí un libro de contrabajo y me puse a estudiarlo. Así fuimos adelante. Y un día llega El Tosco, y me ve con el contrabajo: “Chica, te voy a traer un bajo para que no pases más trabajo con eso”. Y así lo hizo. ¡A ese no se le olvida nada! Fue el primer bajo que tuve.

En ese momento era fabuloso Caturla: pedías los instrumentos al almacén, los que tú quisieras. Ibas a la biblioteca y sacabas los libros que necesitaras. Yo hice una carrera de percusión por los libros, junto con el que me puso “Yusa” a mí, Eduardo Ramos, Popi. Con él me ponía a tocar, a buscar sonidos, cambiábamos de instrumento… Era linda esa etapa. Yo tenía en mi casa bajo, batería, flauta… Estaban ahí para nosotros. Es algo que debería existir siempre en una escuela de arte. ¿Qué mejor que un músico tenga el acceso a todas las herramientas que hay en una escuela? Por eso es que yo uso tantos instrumentos. La música es una sola y esas herramientas me sirvieron para irme armando un concepto de vida que fue perfecto para mí. Hago mis canciones, los arreglos en el sentido de la dramaturgia que yo quiero, trabajando conceptos de visualidad, de arte. Y eso me lo dio esa libertad.

Interactivo

Una de las maravillas más grandes. Fue un proyecto que tuvo que ver mucho Enrique Carballea, con Darsi Fernández, con Roberto Carcassés, Oliver Valdés… Estábamos terminando mi disco, pasábamos todo el tiempo juntos y creamos un vínculo fraternal muy fuerte. La primera vez que sale el grupo bajo ese nombre fue para el homenaje a John Lennon en 2001. Salimos a trío Roberto, Oliver y yo haciendo una versión de She´s so heavy. Entonces Roberto empezó a convocar a los demás músicos: Telmary Díaz, Francis del Río… Nació todo un grupo de creación donde la música se hacía entre todos, donde cada uno era líder en su propio proyecto pero nos uníamos para hacer la música de Interactivo. Todas las ideas importaban lo mismo.

Me gusta trabajar con amigos. Claro, el hecho de tener una relación sólida con los músicos con que trabajo tiene que ver también con los conceptos que manejo. En Cuba, por ejemplo, toco con Roberto Carcassés y Oliver Valdés, con quienes comencé mi carrera de solista y estuve trabajando muchos años, creando un sonido. Es una ventaja que tiene estar en Cuba: somos un colectivo de amigos que ha compartido la vida en la escuela y después tocando, y esas empatías se expresan también en el sonido. Cuando empecé a tocar tenía estos músicos a disposición. Y hoy son los mismos, han trabajado en mis discos y me han aportado conceptos.

Fue una época muy importante porque Interactivo en ese momento marcaba una diferencia en cuanto a propuesta sonora, a manera de integrar varios estilos en la misma formación: teníamos soneros, raperos, teníamos jazz, teníamos cuerdas, puesta en escena, preparábamos coreografía. Era muy divertido. Sigue siéndolo.

Mucha gente no estaba acostumbrada a esa sonoridad tan abierta, tan openminded en el sentido de la música, de la puesta en escena. Pero justo eso hizo que ganáramos el Primer Premio Cubadisco con Goza pepillo, un trabajo que convocó también a músicos que estaban fuera de Cuba y que luego fueron parte del proyecto. Por Interactivo han pasado muchos músicos, con Roberto que ha sido el aglutinador de esa corriente que hoy continúa gustando tanto.

Música de Cuba en el mundo

Siempre pasé mucho tiempo fuera de Cuba, aunque nunca viví fuera de Cuba hasta ahora que llevo unos años en Argentina, yendo y viniendo. Ese país, además de poseer una cultura que siempre respeté y me fue presentada por mi gran amigo Santiago Feliú, tuvo que ver con el hecho de conocer a Paula Rivera, productora con quien emprendí un intenso recorrido por este país y juntas creamos una sociedad que impulsaría mi carrera por América del Sur. Esto, ligado al amor, que es la causa fundamental de mi asentamiento allá hasta la fecha. Además, por ejemplo, si no hubiera estado en Argentina, no hubiera hecho Libro de cabecera, porque este disco fue una necesidad que surgió de estar lejos de Cuba. Por otra parte, la distancia me hace respetar y entender muchos de los ademanes de nuestra sociedad, hábitos que tenemos y que de cerca no se repara tanto en ellos.

Cuba está cambiando, de hecho cada vez que vengo encuentro más lugares que están convocando a personas de todas las generaciones. Pienso en la Fábrica de Arte, que aglutina música, documental, conciertos de gran formato… Pueden encontrarse tendencias tan diferentes que no esperabas que podrían convivir. Hay una proyección de futuro y soy optimista. Siempre me ha gustado estar aquí y venir y hacer conciertos. En diciembre pasado cerramos el año en Casa de las Américas y en la propia FAC. Es mi necesidad de estar presente en toda la movida que tiene lugar en Cuba, que es mi país.

Yusa y musa

No sé desde cuándo me gusta la música. Me pasa lo mismo que con la natación. No me acuerdo de cuándo empecé a hacer música. Es algo que para mí es un modo de vida, no soy objetiva para nada porque no puedo siquiera leer escuchando música. El sonido me atrapa de una manera que no sabría explicar. Me eleva. Y como no sé cuándo aprendí a nadar, soy hija de marino, entonces no me acuerdo en qué momento aprendí a nadar yo. Para mí la música es una necesidad vital en mí.

Yo digo que el momento de la composición es tirano, porque es algo que no puedo evitar: es una necesidad. Siento como si que necesito soltar todo. Cada proceso es diferente, cada canción tiene una manera de comportarse y de venir a ti. No es algo que puedas predecir.

Cuando estoy terminando, por ejemplo, la estructura de todo un disco, me pongo a trabajar en los textos, intento no poner textos a la ligera. Me cuesta bastante eso. Soy selectiva con la palabra. Hay momentos en que ha venido la música sola, otros en que viene el leit motif de una canción, y a partir de ahí empiezo. Una vez estaba en una fiesta de una gran amiga, y yo me acuerdo que hice una canción con letra y música y todo en el baño, sentada en la bañadera.

En Haiku tuve un suceso de dolor muy fuerte y de repente se me desató ese texto así, de arriba abajo. Es el único que he empezado y llegado a la última palabra sin cambiarle nada. Y tenía que ver con lo individual, con el hecho de que cuando uno cae, cae solo… el dolor por el que uno tiene que pasar, más allá de que tenga compañía.

Otras las he hecho por encargo. Para cortos de cine o para obras de teatro. Eso también me gusta, pero se trabaja diferente, lleva otro tipo de energía en la creación. A mí me gusta mucho incluso el proceso de la grabación, entrar en un estudio es de las cosas que más bien me hacen sentir. Disfruto trabajar con máquinas, la edición, el audiovisual.

Yo tengo pensamientos paralelos cuando estoy haciendo canciones y pienso que así también es la sociedad, el transcurso de la vida… Mis canciones buscan a veces ese sonido doble, que va a un lugar y a otro al mismo tiempo. También tiene que ver con la poliritmia, el juego con estilos diferentes a la vez, que es muy de nuestra cultura… la riqueza rítmica, si bien casi todas mis canciones parten de la clave, del sonido más ancestral. Eso me nutre mucho.

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  • L@ila dijo:

    Me gusto mucho la entrevista, gracias Cubadebate.

  • Jorge Luis 951. dijo:

    No la conozco , voy a ir a YouTube.

  • Esther Arias Rizo dijo:

    Eres integral y sobre todo cubanísima, así es como te reconozco. No sabía la trayectoria tan extensa que has tenido y la entrega total que ha requerido y requiere ese empeño tuyo por hacer música y hacerla con el corazón. Te felicito y deseo continúes como vas, amando la música, tu familia y tu país, sin dejar a los otros que te han permitido llegar hasta aquí.

  • juanca2004 dijo:

    Para mi una excelente músico, que tenga mucho éxitos en el presente y el futuro, el proyecto interactivo ha sido fenomenal, es algo mágico cuando los oyes tocar en un teatro.

  • melómana dijo:

    Excelente artículo, muchos lamentamos que el disco “goza pepillo” no tuviera en los medios la misma aceptación que en aquellos que escuchamos y seguimos la buena música cubana y debo confesar que después fue que decubrí tu trabajo como solista; sería bueno saber cuando se presenta “Libro de Cabecera” en Cuba y otras presentaciones de Yusa en La Habana, resulta prometedor ese changüi con Amor de Millones. Grande Yusa!!!

  • Paco dijo:

    Gracias Yusa por toda la musica gracias por tanta sensibilida..te queremos

  • YOARE dijo:

    Yusa es de las mejores. Gracias a músicos como ella, Kelvis, David, X, Raúl, Gerardo y otros no hemos caído en la avalancha nauseanbunda del reguetón. Gracias Yusa.

  • Raúl Menchaca dijo:

    Buena entrevista, Kalo. Ayuda mucho a reconocer a Yusa, una mujer con mucho talento que siento que aún es poco conocida en Cuba y ella puede ser profeta en su tierra…
    Un abrazo.

  • Embajada de Cuba en Holanda dijo:

    Excelente entrevista. Hace solo unas semanas Yusa se presentó en distintos escenarios holandeses junto a Pancho Amat. Todo un éxito. Formidable exponente de la más genuina cultura cubana.

  • Leon dijo:

    Lastima que perdamos otra artista mas seducida por el cruel capitalismo…

  • MIRTHA BRIDÓN RAMOS dijo:

    Excelente mis amigos, pero te cuento que yo si se cuándo aprendió a nadar y a componer, pero eso eso será para otro artículo.

    Saludos a todos.

    La Mirtona

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Mónica Rivero

Mónica Rivero

La Habana, 1989. Graduada de Periodismo (2012) en la Universidad de La Habana. Twitter: @lamagoch

Kaloian Santos Cabrera

Kaloian Santos Cabrera

Kaloian Santos Cabrera es fotorreportero, colaborador de Cubadebate. Trabaja en Juventud Rebelde.

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