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La OMC, paraíso del neoliberalismo

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Tras la desaparición de la Unión Soviética y del campo socialista, tras la ola de represión en Latinoamérica que terminó con los movimientos insurreccionales y las posibilidades de lograr una sociedad más justa, el capitalismo ha proclamado su triunfo absoluto sobre el socialismo y se ha vuelto arrogante. Su respuesta ha sido el neoliberalismo y la mundialización. Su ideología, que se basaba fundamentalmente en el anticomunismo, ha sido incapaz de elaborar nuevas maneras, más creativas, de pensar.

El neoliberalismo se basa en la libertad de circulación del capital, el predominio de la especulación financiera por encima de la producción de nuevas riquezas, la polarización del producto social. Los ricos son cada vez más ricos y los pobres, más pobres. En Estados Unidos hay 60 millones de miserables y el uno por ciento de la población posee el cuarenta por ciento de las riquezas. En Europa existen 50 millones de menesterosos. Y esos son los centros mayores de poder y opulencia. A ello han conducido las recetas del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio.

La sociedad actual se mueve dentro de la inseguridad pública, la depauperación ecológica y el descontrol urbano unidos a las privaciones alimenticias y la estrechez habitacional, la insalubridad y las crecientes dolencias contagiosas, el consumo creciente de drogas, flagelos permanentes de la urdimbre contemporánea. ¿Puede vivirse así de manera indefinida? ¿Hasta cuándo vamos a soportarlo? Los jóvenes buscan nuevas maneras de vivir, ideas en las cuales creer, causas para consagrarse. Solo ven en lontananza los escombros de la Unión Soviética y no advierten ningún porvenir confiable, ni cuerpo ideológico que responda a sus inquietudes. ¿Hacia dónde voltearse, hacia dónde mirar con optimismo? ¿Cómo salir de este laberinto abstracto y deforme para ubicarse en un mundo razonable y justo?

El rechazo al execrado neoliberalismo responde a la búsqueda de nuevos horizontes ideológicos. El término neoliberalismo ha pasado a ser una forma elegante de llamar a los conservadores, o lo que antes solía denominarse retrógrado o reaccionario. El siglo diecinueve fue el siglo del liberalismo y en aquél momento significó la ideología de la burguesía ascendente y con ella se consolidaron los conceptos de libertad y democracia. El liberalismo encarnó los afanes de progreso, de adelanto científico y de desarrollo moral de las naciones. El liberalismo económico se opuso al dirigismo de Estado; en política se enfrentó al despotismo; culturalmente fue el ideario de la tolerancia y el diálogo conciliador. Significó el triunfo del individualismo sobre la competencia de la autoridad.

Benjamin Constant definió la libertad como "el goce pacífico de la independencia privada". Los liberales burgueses fueron usualmente anticlericales y se opusieron a la solución bélica de los conflictos entre naciones. En comercio se identificaron con las normas del laissez faire, laissez passer. El liberalismo fue partidario de la descentralización y el aliento a las emancipaciones locales, la fraternidad humana y la libertades populares. ¿Cómo ha pasado a ser sinónimo de retroceso, decaimiento y degradación?

El neoliberalismo es hoy la etiqueta con la que se encubre la moderna economía de mercado. Su procedimientos incluyen la austeridad, la devaluación de la moneda nacional, el ataque a la inflación, las privatizaciones, la desregulación, la reducción del aparato administrativo del Estado y el estímulo al desarrollo de la iniciativa privada. El neoliberalismo tuvo un arraigo propicio al inicio de la década del ochenta con la crisis de la deuda externa que sufrió América Latina y trajo como consecuencia una reducción del nivel de vida. El neoliberalismo ha pasado a ser el responsable del traspaso masivo de la propiedad de la nación a manos privadas, el descenso de la capacidad adquisitiva del salario, la congelación del pacto entre patronos y obreros, la polarización de la riqueza, la distribución desigual del producto social, el debilitamiento de los frentes sindicales.

La reunión de la Organización Mundial de Comercio, que se ha efectuado en estos días en Cancún, y los millares de jóvenes que acudieron a esa cita a repudiar el sistema, son síntomas del creciente rechazo que las nuevas generaciones expresan contra la economía de mercado y su injusta distribución del producto social.

 

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Lisandro Otero

Lisandro Otero

Novelista, diplomático y periodista. Ha publicado novelas y ensayos, traducidos a catorce idiomas. Falleció en La Habana en 2008.