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Giuliani en precario: El próximo Presidente no debe ir al hospital

26 diciembre 2007

 En Estados Unidos se le rinde culto a la perfección física. Es el país donde la leche homogenizada, los cereales, los ejercicios físicos y las dentaduras irreprochables son un signo de excelencia interior. Quien sonríe con resplandor no puede ser una mala persona. Esa es la sencilla filosofía que rige a muchos de los candidatos en las elecciones.

 Cualquier síntoma de debilidad puede aminorar las posibilidades de un pretendiente a cargo público. Por eso la hospitalización de Rudolph Giuliani, la semana pasada, durante una de sus giras electorales, ha comprometido seriamente sus posibilidades de triunfo.

Las encuestas demuestran una caída estrepitosa de sus simpatizantes frente  a Hillary Clinton, que revienta de salud. Según sus publicistas se trataba de un simple dolor de cabeza, pero el público es suspicaz y no cree un dictamen tan blando. Existe el antecedente que Giuliani tuvo cáncer de próstata y por eso abandonó la carrera por el senado que mantenía contra la propia Hillary. Ahora esta reclusión médica, por breve que fuera, suscita nuevas sospechas.

“No tengo cáncer”, declaró enfáticamente el Rudy pero la gente se pregunta ¿será cierto? Giuliani alcanzó su gran popularidad tras el atentado a las Torres Gemelas. Se puso al frente de los bomberos y de la policía de Nueva York para dirigir las tareas de rescate. Esa capacidad de liderazgo y de convocatoria, frente a la cobardía escurridiza de Bush que escapó en su avión y no se supo de él en varias horas, le atrajo grandes simpatías.

La revista Time le declaró Hombre del Año y la británica Reina Isabel le otorgó el título de caballero por aquella acción. Giuliani había sido fiscal en Nueva York y fue electo alcalde por dos períodos, entre 1994 y 2001. Después fundó una firma de asesores financieros, aprovechando la seguridad que su  nombre inspiraba. Ahora ha vuelto a las lidias políticas aspirando a la presidencia por el partido Republicano.

Giuliani tiene un pasado tormentoso que lo pone en desventaja frente a Hillary. Su padre fue condenado a asalto y robo y sufrió prisión en Sing Sing. Estuvo aliado a la mafia en negocios de juego y préstamos usureros. Para escapar de la sordidez familiar Giuliani intentó dedicarse al sacerdocio y fue seminarista: estudió  teología durante cuatro años. Luego, pasó al lado políticamente correcto de la ley y estudió derecho y se convirtió en fiscal. Hillary tiene un bien ganado prestigio por su inteligencia y destreza. Se graduó con honores en Wellesley College, en Ciencias Políticas, y luego se graduó en Leyes en la Universidad de Yale, en 1972, donde conoció a su esposo Bill.

Se casaron en 1975. En la exposición de  programas se muestra clara y concisa, maneja los hechos y las cifras de manera convincente y ha tratado siempre de impulsar proyectos de asistencia social, como el sistema de salud. Sin embargo, comenzó siendo de derechas  y ayudó en la campaña para gobernador de Nelson Rockefeller  en la convención republicana en Miami, en 1968.

Luego fue propagandista de Goldwater. Pero McGovern la impulsó a ingresar en el Partido Demócrata. Ingresó en el Bufete Rose y fue miembro del consejo de dirección de las tiendas Wal Mart, la primera cadena comercial de Estados Unidos. No son pocos quienes afirman que Hillary es mucho más inteligente que su esposo y  ella  le ha guiado en su carrera.

Se conocieron en Yale cuando estudiaban  Leyes y al establecerse en Arkansas ella se destacó como un brillante abogado dotada de una  dinámica presencia en la vida social. Durante su campaña por la presidencia Clinton dijo en varias comparecencias, imitando los anuncios comerciales, “compre un presidente y obtenga dos”, aludiendo a las bien conocidas capacidades de su esposa.

En los primeros tiempos en la Casa Blanca fueron conocidos los pleitos entre ambos por cuestiones de estrategia política. En ocasiones ella solía regañarlo violentamente delante de invitados, lo cual supo rectificar después. Sus viajes al exterior  la han llevado a lugares tan remotos como China y Turquía.

Es notoria  su preocupación por el respeto a la intimidad de su hija Chelsea. Ha sido autora de un libro para niños “Se necesita una aldea” que se convirtió en un best seller. Pero también atiende detalles, como evitar que se pongan en los centros de mesa las flores que provocan alergia a su esposo. La indisposición de Giuliani, por leve o grave que pueda ser no le ayuda en su actual campaña. El expediente cristalino de Hillary constituye un dividendo que paga en las competencias electorales.

Lisandro Otero

Lisandro Otero

Novelista, diplomático y periodista. Ha publicado novelas y ensayos, traducidos a catorce idiomas. Falleció en La Habana en 2008.

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