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El diario de René: El gobierno hace todo lo posible para evitar que el jurado tenga acceso a la verdad

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Hoy es viernes 23 y se celebra el cumpleaños de mi hermano Liván. Ahora regreso al martes 20 de febrero para organizar la historia.

A las 8:55 a.m. estábamos en la sala para ser informados por la jueza de que la joven Omaira García, miembro del jurado, había perdido a su abuelita y habría sesión solo hasta las doce del mediodía.

Los abogados llegaron, pero no pudimos hablar demasiado sobre su viaje a Cuba, debido a la dinámica del trabajo de la Corte; no obstante nos alcanzó el tiempo para saber que había sido un éxito y que ellos estaban muy satisfechos.

A las 9:05 tomó el estrado de los testigos el señor Wayne Laptosh para ser examinado por el fiscal David Buckner. El señor Laptosh es experto en documentación y trabaja para el Servicio de Inmigración y Naturalización. Tras dar una lección sobre pasaportes y documentos en general, pasó a analizar los que han sido presentados como evidencia, tras ser obtenidos en los registros de nuestros compañeros.

A las 10:40 nos vamos a un receso. Antes, la jueza había anunciado que para recuperar algo de tiempo, los próximos martes, miércoles y jueves se trabajará la jornada completa.

El testimonio del experto Laptosh no genera mucho análisis. Viene a repetir lo que ya fue admitido por nosotros el día de los argumentos iniciales, sin aportar nada esencial al caso. En resumen, los documentos de nuestros compañeros para sus planes de fuga habían sido falsificados. Las falsificaciones eran de muy buena calidad, dice el experto.

De vuelta del receso a las 11:00, sube al estrado de los testigos el agente Alex Barbeito para ser entrevistado por John Kastrenakes. Barbeito es el agente que manejó mis relaciones con Héctor Viamontes a propósito de las proposiciones para traficar drogas que me hizo este luchador por la libertad de Cuba a principios del año 96.

El agente dice que lleva nueve años en el FBI y que actualmente se encuentra trabajando en Colombia, de inmediato se refiere a nuestros tratos de hace cinco años. Cuenta cómo me conoció a través de otro agente llamado Oscar Montoto, a propósito de la información que tenía sobre Héctor Viamontes, por haberme enterado de que estaba implicado en el tráfico de drogas. Barbeito dice que había verificado mis antecedentes al respecto, sin encontrar ninguna información, que luego me había registrado como informante y que nos habíamos reunido unas siete veces, la última en junio del 96. Añade que yo no había recibido pago alguno. A partir de ese momento, el testimonio comienza a ponerse turbio.

Kastrenakes le pregunta al agente si él había tratado de corroborar las informaciones que yo le daba y este responde afirmativamente, apuntando que intentó vigilar mis contactos con Viamontes, pero: “González siempre me avisaba después de sus conversaciones con el sospechoso”. Seguidamente responde a una pregunta del fiscal con una media verdad, diciendo que yo no había querido utilizar una grabadora para dejar constancia de mis contactos con el traficante.

Ahora el tema Roque: Barbeito no habría sabido de mi relación con Juan Pablo hasta que este apareció en la televisión cubana y Montoto le informó que Roque y yo éramos conocidos. Pasando de turbio a fangoso, el testimonio aborda una supuesta irritación de Barbeito al enterarse, y otra supuesta llamada de comprobación que él me habría hecho: “¿Tú estás dando una conferencia en La Habana?” –inventa el testigo sin que yo sepa bien por qué—.

Para terminar, testifica que en septiembre se le había informado que yo estaba bajo investigación, por haberse confirmado que era un agente cubano, y se había decidido asignar mi caso al oficial Al Alonzo, del escuadrón de Contrainteligencia, usando como excusa la investigación sobre el derribo de aviones de Hermanos al Rescate. Para poner el punto final, vuelve a decir que yo me había negado a grabar mis conversaciones con Viamontes.

Dicho sea de paso, en el momento en que te escribo esto tenemos a Gerardo reunido con el oficial del piso, y el tema de conversación es ni más ni menos que nuestro amigo Héctor Viamontes. Pues Philip piensa poner a Viamontes en el estrado de los testigos para demostrar que él efectivamente terminó siendo condenado por narcotráfico; y por eso puso un recurso en la Corte a fin de que este sujeto fuera trasladado a esta penitenciaría. Ayer, cuando Gerardo y yo bajamos a la oficina de los documentos, para ver alguna evidencia clasificada con McKenna, nos tropezamos con Viamontes, quien había sido traído en cumplimiento de la solicitud de mi abogado. Y hoy resulta que, al levantarnos, lo vimos en nuestro piso. Pensamos entonces que lo mejor era hacer saber a los oficiales de la institución mi relación con Viamontes, a fin de que tomaran la medida que consideraran pertinente. Ellos se reunieron con el señor y le preguntaron si se sentía incómodo en el piso, junto a nosotros, o si algún sentimiento de animadversión por su parte podría provocar algún problema. Viamontes respondió que no a ambas preguntas y, por el momento, los oficiales decidieron dejarlo en el piso. La realidad es que el sujeto no ha mostrado ninguna agresividad, ni ayer en las celdas de espera, ni hoy durante nuestro encuentro en el piso.

Sigo ahora con la audiencia del martes y la contraexaminación de Alex Barbeito por mi abogado Philip Horowitz. Phil establece que, a principios del 96, el agente estaba exclusivamente dedicado al trabajo contra las drogas y no tenía ninguna relación con actividades de inteligencia. Luego le pregunta si sabía que yo era instructor de vuelos:

—Eso fue lo que González me dijo –fue la respuesta de Barbeito.

—¿Y usted no lo investigó?

—No –volvió a responder el testigo.

Mi abogado confirma que mi cooperación había sido aprobada por un supervisor del FBI con quince años de experiencia, de apellido Ciccarela, y también por la oficina de la Fiscalía, sobre la base de la información que Barbeito les había ofrecido acerca de mí, a pesar de que, según él, no la había verificado. Phil entonces retoma mi supuesta negativa a ser grabado en mis tratos con Viamontes, y contradice al agente mostrándole una planilla llenada por él mismo donde se registra mi aceptación de hacer tales grabaciones. El testigo insiste en negarlo y, ante la pregunta de si él me había propuesto alguna grabación en particular, fue esquivo:

—Yo siempre llevo una grabadora y los cables conmigo.

Dos veces más se le repite la misma pregunta y se obtiene la misma respuesta, hasta que al fin decide mentir directamente:

—Sí, yo le propuse usar la grabadora a González y él se negó.

Phil pregunta al testigo si Montoto le había hablado sobre alguna información válida que yo hubiera dado anteriormente con respecto al tráfico de drogas, ante su negativa le pregunta directamente si yo no había hecho sacar de las calles a otro narcopatriota del PUND conocido como Tony el Gordo. La Fiscalía objeta y, tras ser instruido a que replanteara la pregunta, mi abogado vuelve sobre el tema y obtiene otra respuesta negativa.

El asunto deriva hacia la supuesta comprobación que Alex me habría hecho, una vez enterado de mis relaciones con Roque, y Philip le pregunta si, habiendo considerado importante dicha comprobación, no escribió un reporte sobre ella.

—No –fue la respuesta.

—¿Usted ha sido entrenado por el FBI? ¿Ha pasado academias? ¿No se le enseña a escribir reportes? ¿No se le explica que los reportes son necesarios para recordar detalles o eventos?

Tras responder el testigo que sí, que sí, que sí y que sí, Philip le pregunta otra vez si habiendo considerado importante comprobarme, dado todo ese entrenamiento, no había escrito un reporte, ya fuera en el momento en que sucedió o en algún momento posterior. Pero no teniendo reporte que mostrar, el agente tuvo que reconocer que no.

Retomando el tema de Viamontes, Phil inquiere sobre si el testigo había investigado a este sujeto a propósito de mis revelaciones, y ante la respuesta positiva indaga si, como resultado de dichas investigaciones, había aparecido algún reporte de la Agencia contra las drogas o de aduanas:

—No estoy seguro –responde Barbeito.

—Bueno, ¿sabe usted si Viamontes realizó el viaje a Honduras del que le habló mi defendido?

—Sí –tuvo que admitir el agente.

—¿Usted sabe dónde está el señor Héctor Viamontes en este momento?

—¡Objeción!

—Aceptada.

Y así terminó Philip su contraexamen.

Lo irónico de todo esto es que Viamontes está aquí, justo en este séptimo piso del Federal Detention Center, y junto a nosotros. El gobierno está haciendo todo lo posible para evitar que el jurado tenga acceso a la verdad monda y lironda de que se trata efectivamente de un traficante de drogas, y mi abogado se ve en la obligación de presentarlo ante el panel para probarlo. Si esta gente tuviera la más mínima posibilidad, trataría de erigir a san Viamontes la misma estatua que ha estado levantando con tan mala pata a san Basulto. Mal rumbo lleva un país si estas son las personas de que dispone para representar a la ley.

Al mediodía Joaquín interroga al agente y establece que, en septiembre del 96, Montoto le comunicó mi relación con el gobierno de Cuba, que se había decidido transferirme a Al Alonzo, y se optó por abordarme a propósito de la investigación de Hermanos al Rescate, para no despertar mis sospechas. Joaquín trata de profundizar en el interés del FBI por organizaciones como esa, pero choca con la testarudez del testigo, que dice no conocer tema que no sea drogas. El abogado entonces pregunta a Barbeito si Montoto no le había contado del vínculo de Viamontes con el PUND, pero este se refugia en su poca memoria y termina el examen.

Kastrenakes luego hace que el agente diga que, en septiembre del 96, yo había pasado de informante a sujeto de investigación, y por mi condición de informante a principios de año, había decidido no hacer un reporte sobre su supuesta comprobación. Cuenta de nuevo, por último, mi negativa a grabar mis conversaciones con Viamontes. Pasados algunos minutos de las doce del mediodía y en consideración a la solicitud de Omaira García se determinó que la audiencia fuera cancelada, el jurado fue despedido hasta el próximo lunes 26 de febrero.

Así terminó el testimonio más relacionado con mi persona de todos los que hemos escuchado en este juicio. Trataré de ser lo más objetivo posible al analizarlo.

Esta gente se encuentra en un dilema con respecto a mi caso, pues por una parte, quieren hacer creer al jurado que yo trataba de manipular al FBI o que tenía la misión de infiltrarlo, pero, por otra, chocan con la realidad de que, en las dos ocasiones en que me acerqué a la Agencia, lo hice para darle información verídica sobre la conexión con las drogas de varios de los paladines de la democracia en Cuba que campean por sus respetos en el gueto. Y tienen que exponer mis contactos con ellos para inculparme, pero necesitan ocultar al mismo tiempo la naturaleza delictiva de los elementos con los que tuve que relacionarme durante mis actividades “anticastristas”.

Ambos caminos suenan falsos, pues para presentarme como un manipulador necesitan mentir, diciendo que yo siempre les avisaba a destiempo de mis contactos con Viamontes, o me negaba a grabar mis conversaciones con él; y para ocultar que dichos sujetos estaban realmente en actividades delictivas, tienen que evitar que se mencionen elementos corroborados en la evidencia y objetar preguntas dirigidas a demostrarlo.

Por eso el testimonio de Barbeito no me pareció especialmente dañino, pues en contenido creo que se quedó corto al tratar de demostrar la supuesta manipulación a la que yo lo habría sometido y, en cuanto a forma, el agente se mostró inseguro y vacilante, preocupado tal vez por la falta de rigor de su testimonio. Philip se pudo anotar algunos puntos por la falta de reportes del agente sobre actividades que, dada la importancia que él mismo les concedió, debía haber registrado, así como por su falta de profesionalismo al investigarnos tanto a mí como a Viamontes.

Es un poco difícil entrar en las motivaciones que puede tener alguien como Barbeito para falsear la verdad o disfrazar los hechos, pues a las intenciones iniciales de la Fiscalía de hacerme aparecer como un manipulador y de santificar a los elementos de la mafia miamense se unirán seguramente otras consideraciones que pueden estar relacionadas con el propio ego del agente, así como con sus propios odios políticos y prejuicios. Por desgracia, algunos de estos agentes parecen estar más cerca del elemento anticastrista local, por más criminal, terrorista o traficante de drogas que pueda ser, que de nosotros, a pesar de que pudiera unirnos el mismo compromiso de luchar contra las actividades criminales o terroristas. Supongo que este es un problema de cada uno de ellos y no puedo especular al respecto.

Para ser coherente con la línea que he seguido, prefiero no entrar en aclaraciones sobre la exactitud de los hechos en mis tratos con el FBI, al menos por el momento. Por ahora me limito a presentar las cosas tal y como aparecen ante quienes presenciaron el testimonio del agente.

Al terminar la audiencia nos quedamos, a solicitud de McKenna, para ventilar un tema pendiente. Él solicitó que su experto en aviación lo acompañe durante el testimonio del experto de la Fiscalía en la misma materia, pero esta se niega. Paul explica a la jueza que el experto de la Fiscalía fue a las deposiciones en Cuba, y a los fiscales se les permitió la presencia de varios testigos durante todo el juicio, desde agentes del FBI hasta familiares de los pilotos de Hermanos al Rescate. El abogado explica que él no sabe nada de radares o aviación, por lo que ha recurrido al experto en el caso de ciertos testimonios, como el del marinero del Majesty of the Seas o el de míster Clelland. Aquí Heck Miller pone el grito en el cielo y dice no solo que su experto no ha participado en ninguna sesión del juicio sino que..., ¡siéntate bien!, ¡el experto de McKenna debe ser descalificado por haber tenido acceso, sin permiso de la Corte, a transcripciones del juicio!

La jueza no parece tragarse el argumento de Heck Miller y expresa que ella tiene que ser imparcial y no le parece lógico que, habiendo permitido al experto de la Fiscalía estar en las deposiciones en Cuba y a varios testigos del gobierno participar del juicio, ahora sea justo aplicar una medida diferente a la defensa. Lenard solicita tiempo para analizar la cuestión y dice que responderá en unos días.

Así termina la semana más corta que hemos tenido, que nos tomó solo un día y que te cuento en este sábado 24 de febrero, aniversario del Grito de Baire.

Aunque pudiera declarar actualizado este diario ahora mismo y retomar mi actividad de relajamiento, quiero aprovechar para contarte algunas escaramuzas ocurridas en estos días. Una de ellas se resolvió de un plumazo, cuando la jueza aprobó que el experto de McKenna participe en el testimonio de su homólogo de la Fiscalía, el próximo lunes 26 de febrero.

Las otras tienen que ver con el ambiente fuera de la Corte; como te podrás imaginar el avispero está alborotado y no ha dejado pasar la fecha del 24 de febrero para influir en la psiquis colectiva del gueto, utilizando la maquinaria de propaganda de la industria anticastrista. Pero todo esto te lo contaré mañana.

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René González Sehwerert

René González Sehwerert

Héroe de la República de Cuba. Uno de los cinco jóvenes revolucionarios que se infiltró en grupos terroristas que desde la cuna de la mafia anticubana, Miami, organizan impunes sus ataques criminales contra el territorio cubano. Fue condenado a 15 años de prisión. Su causa contó con una enorme solidaridad internacional. Regresó a Cuba en el año 2013.

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