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El diario de René: Nunca habían percibido lo temerario que fue ese vuelo directo hacia Cuba

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Hoy es 14 de febrero, Día de los Enamorados. Acabo de hacer un intento por llamarte a casa de Nilda, pero resultó inútil. Todo parece indicar que me será imposible darte la sorpresa que quería.

Anoche no escribí porque trato de cumplir mi meta de practicar ejercicios al menos dos días en la semana. De todos modos creo que el día de ayer no fue muy largo y el de hoy, como verás, resultó mucho más corto.

Ayer martes 13 de febrero la jornada comenzó tarde porque se realizó una práctica de incendios en el edificio, así que no pudimos comenzar hasta las 9:21 a.m. Antes leímos las noticias de Internet traídas por Philip, nos enteramos de que las familias de los pilotos de Hermanos al Rescate amanecieron siendo millonarias, pues al fin el gobierno accedió a despojar a Cuba ni más ni menos que de 90 milloncitos que estaban congelados en cuentas bancarias por concepto de llamadas telefónicas a la Isla.

A las 9:21 Paul toma la palabra para examinar las credenciales del testigo. Paul quiere establecer que aunque el señor es especialista en análisis de radar, no lo es en programación, por tanto no está calificado para asegurar la exactitud del programa de computadora que procesó los datos con el fin de animar las secuencias del 24 de febrero.

McKenna comienza inquiriendo sobre la creación de la secuencia animada y establece que el programa de computadora convirtió los datos de radar en trayectorias sobre el mapa, que no se hizo ningún arreglo para acomodarlos a los requerimientos de la Fiscalía, que el testigo no recuerda si hubo intercambio de correspondencia entre el 84RADES y la Fiscalía, que no hubo que hacer ajustes al programa, que los radares no estaban ubicados en línea, que el radar de Cudjoe Key no tuvo que ser ajustado por ángulo, que el programa fue creado alrededor de 1999 y que fueron incorporados datos del Majesty of the Seas al programa. Todo esto según el testigo que, aunque parece contestar las preguntas con su mejor disposición y honestidad, da la impresión de no estar seguro de todas las respuestas.

Esto Paul lo demuestra a través de una carta del propio 84RADES, que el testigo parece desconocer, donde se explica que efectivamente hubo que ajustar el ángulo del radar de Cudjoe Key. Al abordar la cuestión del crucero, el abogado le pregunta al señor Clelland si conoce sobre barcos, lo que da lugar a una objeción de la Fiscalía que es aceptada. Otra pregunta sobre por qué los Mig aparecen en negro, también es objetada con el aval de la jueza. Entretanto se conoce que el señor introdujo personalmente los datos de radar en la computadora.

Tras establecerse que en la secuencia se representan lo mismo aviones lentos y ligeros como aviones rápidos, Paul pregunta a Clelland si a largas distancias estos radares no están designados para aviones grandes, a lo que el especialista dice que están diseñados para todo tipo de avión. Paul trata de introducir un documento, pero ante la objeción de la Fiscalía sigue con su cuestionario y pregunta si ciertas asunciones no tienen que hacerse para estimar la trayectoria de objetivos rápidos; el testigo explica que en cierta medida, pues el radar rastrea la misma área cada doce segundos y en ocasiones hay que asumir lo que el avión pudo hacer en ese período de tiempo.

Al fin Paul puede usar el documento que ha estado tratando de introducir y que es la propia carta del 84RADES, donde se dice textualmente que cuando no se sabe qué hizo un avión rápido, hay que estimar su trayectoria. Caroline Heck Miller objeta: “¡Su Señoría!... La forma de la pre... en fin, no la for..., pero el testi... las reglas y procedim... sin contar con que...”. Todo el mundo la está mirando. Joaquín rezonga por debajo de su aliento reprimiendo una carcajada, pero no puede evitar que la lucha del aire por salir se sienta en toda la sala. Mientras Heck Miller sigue: “La carta que Mr. McKenn... yo no creo que la man... el programa de comp... en fin, objeto la form... bueno, no la forma, pero el cont... bue... este”. Y al fin se sienta medio vencida.

—Bueno, objeto.

—Objeción denegada –dice la jueza.

Paul pregunta al testigo si la carta es de su autoría. Al parecer, aunque la carta viene del 84RADES, el testigo no está familiarizado con ella, y Paul le pregunta si la misma no avisa sobre ciertos problemas de precisión en el programa, con lo que motiva de nuevo la objeción de la fiscal y se va a un side bar.

A continuación Paul establece que Mr. Clelland, a pesar de ser especialista en radares y tener cierta familiaridad con el programa que procesó los datos, no tiene suficiente conocimiento del mismo como para testificar sobre su precisión y posibles errores. Por otra parte, el señor conoce cómo se almacenan electrónicamente los datos originales de los radares, así como el proceso de transferencia de dicho almacenamiento a través de varios métodos hasta terminar en el programa, pero le faltan algunos elementos respecto a cómo se manejó todo el proceso desde febrero del 96 hasta el presente. Lo cierto es que el testigo analizó los datos originales, los introdujo en el programa y también introdujo datos del barco de placer: sus posiciones, así como ángulos y distancias hasta ciertos puntos. O sea, que el programa mezcla los datos de radar con el testimonio de los marineros del Majesty of the Seas. Esto puede explicar ciertas discrepancias que he observado en los dibujos presentados por la Fiscalía, sobre todo en las etapas finales del vuelo de Hermanos al Rescate, en las que al parecer el programa de computación trata de conciliar las diferencias entre los datos de radar y el testimonio de los marinos, lo que da como resultado una trayectoria sin sentido de los aviones.

A las 10:03 Heck Miller sube al podio para asentar que el rol del testigo fue el de supervisar la entrada de los datos; que el programa titulado RS-3 es la secuencia de dos anteriores llamados RS-2 y RS-1, desarrollados por el 84RADES bajo la supervisión de su comandante, y que no fue diseñado específicamente para este caso; que el testigo entiende los programas; que la localización de los radares en lugares diferentes incrementa la precisión; que la participación del FBI fue solo la de copiar el producto bajo sus orientaciones a un disco compacto; que los radares estaban trabajando correctamente el día del derribo, y que el señor Clelland había dirigido también la introducción de los datos del Majesty of the Seas. A las 10:15 el jurado abandona la sala para discutir la admisibilidad del disco compacto con que se pretende animar la secuencia de lo que ocurrió ese día en el estrecho de Florida.

Heck Miller toma la palabra: El testigo es un genio. Ha sido cándido y honrado al responder las preguntas. No es necesario traer el 84RADES completo a testificar sobre los particulares del disco. Clelland es el supervisor de un equipo multidisciplinario que creó toda la composición computarizada. No se ha manipulado la información del disco ni el programa. Tomaría seis semanas para traer a todo el que trabajó en la confección del producto que se quiere introducir como evidencia.

Tengo que aceptar que he pasado por alto en este diario la habilidad de la señora Heck Miller para exponer. La fiscal es una sofista consumada y podría convencerte de que el cielo es anaranjado con solo proponérselo. Tiene gran facilidad de palabra, que en combinación con una elocuencia muy bien modulada, le dan poder de convencimiento y la ayudan a transmitir lo que desea. Creo que la única debilidad en este caso es la falta de razón y de base legal, que la pone entre la espada y la pared obligándola a forzar sus argumentos defendiendo lo indefendible y tratando de mostrar lo que la propia evidencia desmiente categóricamente; esto la lleva a intentar imponer sus posiciones a la jueza a pura fuerza. Esta señora sería ciertamente una exponente pavorosa si tuviera la oportunidad de defender una causa razonable, lo que imagino habrá tenido ocasión de hacer una que otra vez, en su carrera de fiscal.

También hay que admitir que, en el caso que nos ocupa, no le faltan buenos argumentos. Efectivamente, el señor Clelland es un buen especialista en radares, se ha conducido con honradez y cuando parece forzar una respuesta, se diría que lo hace más por defender el resultado de su trabajo que con la intención de confundir al jurado. El resto de los argumentos de la señora, en relación con la confección del disco, también merece atención, por su propio peso.

Pero Paul tampoco está escaso de argumentos. Nunca ha objetado los datos de radar, así como las credenciales del testigo; no obstante, plantea que el programa que procesa los datos tiene ciertas flaquezas que sería necesario analizar con un programador; y del documento que ha estado utilizando, lee las siguientes evaluaciones de los especialistas del 84RADES en relación con dichas flaquezas: “A largas distancias los contactos de radar pueden variar. El aeróstato de Cudjoe Key es el más impreciso de los tres radares. La alineación de los radares no es perfecta. Los Mig son demasiado rápidos y en ocasiones escapan a la detección de radar. Hubo que estimar algunas coordenadas en ocasiones en que fueron insuficientes los datos de radar”. En fin, que McKenna solicita discutir con algún programador que pueda explicar cómo se corrigieron las imperfecciones para crear el disco.

Tras sopesar los argumentos de ambas partes, la jueza toma una decisión inteligente: aceptará el disco con la condición de eliminar el programa que anima las imágenes y mezcla los datos del Majesty of the Seas. En otras palabras, el show tecnológico se reduce, se acaban los querubines y los vampiritos y todo lo que se mostrará en la pantalla de los monitores son los datos de radar en movimiento. Punto.

Caroline lleva de la mano al testigo. Presentan el disco compacto y se adentran en una explicación del área geográfica, la localización de los tres radares involucrados en Tamiami, Cudjoe Key y Cayo Hueso, los paralelos y meridianos en los que se desenvuelven los hechos, los símbolos que identifican el tipo de señal de radar: un círculo para la señal secundaria, un triángulo para la primaria y un cuadrilátero para ambas señales. Terminan apuntando que los Mig son más rápidos y no retornan señal secundaria, por no estar equipados de transponder. Todo queda listo para comenzar a ver las imágenes y, antes de seguir la narración, me tomo la libertad de hacer precisiones sobre el tema de señal primaria y secundaria.

El radar emite una señal electromagnética rotatoria que completa los 360 grados de la circunferencia, cada doce segundos. Al tropezar con un objetivo, esta señal regresa al radar y es entonces denominada señal primaria, pues es el eco de la propia señal generada por el radar que ha regresado a su punto de origen. Por otra parte, la navegación moderna utiliza un equipo de a bordo llamado transponder o respondedor, que al recibir la señal de radar responde transmitiendo información sobre la altura y la identidad del avión. El piloto coloca un código en el transponder, a solicitud del controlador de radar, para ayudarlo a mantener localizado su avión, y este código, también llamado squak, es un número distinto para cada aeronave en el área. Esto permite la identificación de cada avión por el squak que está siendo empleado por el piloto. La señal del transponder que se genera a bordo del avión y no en el radar, es llamada señal secundaria.

De esta manera lo que veremos en las pantallas es la ruta de los aviones que va siendo formada por los consecutivos contactos de radar con el avión, cada doce segundos. Estos contactos aparecen, para los aviones lentos, como los pequeños segmentos de una lombriz, segmentos que pueden tener forma de cuadritos si se reciben en el radar ambas señales, de círculos si se recibe solo la señal secundaria y de triángulos si se recibe solo la primaria. Estos segmentos van haciendo crecer la lombriz, a medida que se añaden con cada barrida de radar, en los intervalos de doce segundos. En ocasiones el programa puede limitar el tiempo de exposición, de manera que se vea solo el último minuto de la trayectoria, lo que equivaldría a los últimos cinco segmentos, mientras los anteriores se van borrando y entonces la lombriz aparece del mismo tamaño y como reptando en la pantalla. Para el caso de los Mig, los segmentos estarán ligeramente separados, a diferencia de los de aviones lentos, en que se superponen formando un gusanillo continuo, pues la mayor velocidad de los primeros hace que los contactos de radar cada doce segundos se produzcan a mayor distancia uno del otro.

Y dicho esto, podemos pasar a la demostración computarizada del señor Clelland, no sin que antes Paul se vuelva a atravesar al ver que el testigo tiene unas notas. La jueza decide que el señor explique de qué se tratan las notas, antes de proceder a la demostración visual del producto congelado en el disco compacto. Las notas son simplemente para que el testigo recuerde que el avión de Basulto está representado en verde, el de Costa en rojo y el de la Peña en púrpura, así como el código de transponder para cada uno. También se explica que los Mig aparecerán en segmentos de triángulos negros y que las distancias y coordenadas fueron calculadas con otros mapas de alta precisión. Y ahora sí podemos ver la película preparada por nuestros amigos del 84RADES.

La primera secuencia toma casi dos horas del tiempo real –por supuesto aceleradas por el programa–, y consiste en la trayectoria de todos los aviones participantes, desde el despegue de Opa-locka hasta el regreso del avión de Basulto a los cayos de Florida.

La segunda secuencia muestra la trayectoria de los aviones de Hermanos al Rescate, tras bajar al sur del paralelo 24 norte alrededor de las 3:00 p.m., para provocar el despegue de los Mig, y la mezcla de todas las trayectorias al norte de La Habana, cuando desaparecieron dos de los Cessnas y el tercero regresó a los cayos de Florida, alrededor de las 3:57 p.m.

Estas imágenes comienzan a provocar cierta carga emocional al otro lado de la sala, pues tras los rectángulos que parecen reptar como pequeños gusanillos se esconde la tragedia humana de la desaparición de cuatro vidas, representada por la desactivación primero del rojo y después del púrpura, ambos en segmentos de cuadritos, durante su danza en la pantalla con los gusanillos de triangulitos negros que representan los Mig. Todos observamos los monitores, en medio del pesado silencio que se cierne sobre la sala.

Del otro lado las madres enjugan lágrimas y me parece sentir la tensión, mientras los gusanillos que representan los aviones de Hermanos al Rescate se acercan al litoral de Cuba dibujado justo sobre el borde inferior de la pantalla. Tal vez nunca antes habían percibido lo temerario que fue ese vuelo directo hacia las costas de Cuba y hasta yo mismo me sorprendo de ver cómo siguen hacia el sur. Me parece estar sintiendo a los dolientes gritando para sus adentros que se detengan, que giren, que paren, que no sigan, mientras las tres lombrices roja, púrpura y verde siguen inexorablemente en busca de Cuba hasta confundirse con las lombrices negras en un ovillo, justo al norte de la isla, y la roja desaparece. Y luego desaparece la púrpura, mientras la verde gira hacia el norte y logra escabullirse por entre las lombrices con segmentos de triángulos negros. No me atrevería a afirmar si al jurado le pudo haber impresionado más la desaparición de las lombrices roja y púrpura, o lo cerca del mapa de Cuba que ocurrieron los hechos. Ambas cosas son impactantes.

La tercera secuencia es la misma anterior, pero con la limitación del tamaño de los gusanillos al último minuto de trayectoria, de manera que se va borrando de la pantalla el recorrido hecho antes. Aquí el testigo presenta un mapa donde se ve la trayectoria completa del avión de Basulto N2506, pero a una pregunta de la fiscal sobre el límite de las aguas territoriales cubanas Paul objeta y se produce un side bar.

Este es motivado por un asunto respecto al que yo he alertado a McKenna: se trata de que en todos los mapas preparados por el gobierno para representar el hecho, se ha dibujado el límite de las aguas territoriales cubanas algo más al sur de lo que aparece en el mapa oficial de navegación aérea. Decidieron mostrar el límite como una línea paralela a doce millas de la costa, sin tener en cuenta que en las cartas de navegación esta línea aparece trazada desde puntos prominentes unidos por líneas rectas, lo cual hace que en sectores en que el litoral forma golfos o depresiones este límite está realmente a más de doce millas, tal como ocurre en el lugar del incidente, donde en ocasiones se pueden medir hasta quince millas entre el punto más cercano de la costa y ciertos segmentos del límite territorial.

Paul ha ido marcando este punto sutilmente, al preguntar a ciertos testigos si conocen cómo Cuba mide sus aguas territoriales; pero en esta ocasión se lanza más a fondo y plantea directamente la discrepancia, haciendo que la jueza tome una decisión: se presentarán los mapas sin que se permita discutir los asuntos referidos a los límites de las aguas jurisdiccionales, a no ser que lo haga un experto en esa materia.

Así siguen presentándose las secuencias, en esta ocasión la cuarta que representa el recorrido del avión de Carlos Costa desde el paralelo 24 hasta el derribo. La composición establece que, según el radar, fue derribado a 16.8 millas náuticas de la costa, y que el punto más al sur alcanzado fue en los 23:21:57N 082:28:87O a 13.7 millas náuticas de la costa, a las 3:19:04 p. m. De paso, el testigo plantea que Basulto se acercó a 9.9 millas náuticas del litoral, y muestra la quinta secuencia que no es más que una repetición de la primera, con solo la representación del gusanillo del tamaño de un minuto.

La sexta y séptima secuencias repiten el mismo proceso de las dos anteriores, pero en esta ocasión referidas al avión de Mario de la Peña. El testigo sitúa el punto más bajo del aparato a las 3:16:42 p.m. en los 23:25:17N 082:29:33O a 17.2 millas náuticas del litoral. Respecto al derribo, lo ubica a 21.5 millas náuticas del litoral en los 23:30:11N 082:27:50O, a las 3:28 p.m.

Tras un receso entre las 12:30 y las 12:55 p.m. regresamos para que el señor Clelland escriba en la pizarra puesta en un caballete, para beneficio del jurado, las coordenadas y distancias que han sido dadas anteriormente. Finalmente explica el margen de error atribuido a los radares, situándolo en más o menos un grado por acimut y media milla por distancia, lo que daría un cuadrilátero de error de una milla de profundidad y tres millas de ancho, a esa distancia. Antes de terminar, la fiscal le hace repetir la última imagen para preguntarle la dirección del vuelo de Mario de la Peña y el testigo responde que estaba volando de oeste a este. Heck Miller hace repetir la imagen ampliada y extiende la pregunta hasta los últimos dos minutos, haciendo que el testigo responda que la última etapa del vuelo había sido de norte a sur. Con esto cede el lugar a Paul para que contraexamine al testigo.

Utilizando la pizarra del caballete, el abogado solicita al testigo que dibuje la esfera terrestre y ubique en ella los tres radares, así como el contorno de la isla, para trazar luego una imagen de las ondas de los tres radares que deberían converger justo al norte de Cuba. Paul pregunta al testigo si la curvatura de la tierra no afecta el alcance del radar y, ante la respuesta afirmativa, dirige la atención hacia el alcance del de Tamiami, que resulta ser de 250 km, lo que elimina este sensor como fuente de datos del análisis. Entonces la atención se proyecta hacia los dos restantes, es decir, el de Cudjoe Key y el de Cayo Hueso, y Paul pregunta a Clelland si ambos radares pudieron haber captado las imágenes finales del vuelo, justo al norte de la isla: “Tendría que chequear”, dice el testigo, mientras se zambulle en su computadora para hurgar en ella por un rato: “Solo el radar de Cudjoe Key captó las últimas secuencias del vuelo”, admite casi con pena, mientras dan la 1:45 y a Paul le ha tomado solo once minutos hacer ver a la audiencia que toda la ponderación sobre los tres radares es bosta de chivo.

Y así termina la actividad de este martes 13 de febrero, un día relativamente tranquilo, con un testigo decente y mucha tecnología. Todo indica que seguiremos hablando de radares por un buen rato, entre uno y otro testigo que nos dirán si Ramón botaba la basura en la mañana, si Gerardo quería al gato del vecino o si Fernando leía toda la propaganda comercial que le llegaba por correo, todas cosas muy importantes para el caso de la Fiscalía.

Tras pasar la mañana cantando canciones de Silvio, entramos a la sala de la Corte

Hoy miércoles 14 no hubo sesión de juicio, de acuerdo con la decisión de la jueza de dedicarle el día a Basulto y su gavilla. Tras pasar la mañana cantando canciones de Silvio en la celda de espera, en compañía de nuestro último amigo –un balsero del año 89 que es fanático de la Nueva Trova y se ha hecho de un buen expediente delictivo por acá–, al fin nos vemos en la sala de la Corte a la 1:30 como se había decidido el lunes.

Mientras entramos en la sala, vemos a la fiscal Heck Miller apapachándose con Basulto y su pandilla, incluyendo a la abogada Powell Cossío, la otra que no sabe cómo hablar con la jueza y cuyo nombre descubro que es Silvia Piñera, Arnaldo Iglesias y Guillermo Lares, que regresan al recinto después de haber vencido el trauma de sus testimonios, y Billy Schuss y otros de su especie, que se sientan justo al lado de Roberto. En fin, toda la claque está presente cuando la señora Lenard hace acto de presencia a la 1:55. La sala está rebosante y hay que sentar personas hasta en las sillas que normalmente ocupa el jurado. Esta gente está dispuesta a recordar a la jueza que ellos todavía son los dueños de Miami, aquella aldea que transformaron en una ciudad moderna tras encontrarla llena de norteamericanos en taparrabos en 1959.

Se hacen las presentaciones de rigor, y resulta que a Basulto le sobran abogados, pues además de las dos chicas incompetentes que ya conocemos, está respaldado por Heck Miller y otro señor que representa a un ente llamado Judicial Watch[1], en español Vigilancia Judicial. Esta es una organización creada para vigilar las injusticias del sistema, cuya denuncia puede producir dividendos económicos –supongo que el 0,00001 por ciento–; y me imagino que entre su selecta membresía debe contar con el señor, su suegra y el gatico de su hija. Judicial Watch tuvo una participación activa en la saga del niño Elián González, cuando se dedicaron a atacar a Janet Reno por su decisión de rescatar al chico de la casa de sus captores, patrocinando una serie de pleitos contra el gobierno que ellos confían en que terminarán convirtiéndose en papel moneda. Otro picapleitos se presenta como Frank Angones, el abogado que trocara en billetes las vidas de los cuatro aviadores muertos el 24 de febrero de 1996.

Una vez organizado el gallinero e identificados sus voceros, la jueza da la palabra a Paul McKenna, quien pusiera la moción para que se ventile el asunto de la conferencia de prensa en la que Basulto anunció su pretendido vuelo del 24 de febrero. Paul toma el podio para dirigirse al auditorio, pero ignora que la pobre Silvia Piñera ha intentado infructuosamente hablar con la jueza varias veces y la chica no ve oportunidad mejor de hacerlo que ahora, con un auditorio favorable que la puede subir al pináculo de la gloria. De modo que mientras el abogado de Gerardo se dispone a abrir la boca, no puede evitar que la joven se escurra entre él y el micrófono para arrebatarle el turno:

—Señora jueza, mi nombre es Silvia Piñera y soy representante legal de Hermanos al Rescate, yo quisiera ver qué evidencias...

La señora Lenard ya la está mirando como uno miraría la mosca que le cae en la sopa:

—Perdone, pero esta moción fue puesta por McKenna y lo que procede es que él hable primero.

—Bueno –arguye la mosca desde el plato de sopa, como queriendo recordar a la jueza que está en el feudo bananero de la sagüesera–, yo creí que tendríamos una audiencia de evidencia y...

—McKenna puso esta moción y se escucharán sus argumentos primero –ya Lenard está mirando a la mosquita como con pena porque se va a ahogar en el plato–. Si se decide discutir alguna evidencia entraremos en ese tema después.

La chica se retira sin que Lenard tenga que llamar a un camarero para que le cambie la sopa.

Paul tiene al fin la palabra y explica a la jueza cómo Basulto dio una conferencia de prensa para anunciar su experimento de lanzar panfletos desde aguas internacionales, el próximo 24 de febrero; cómo se presentó junto a la pobre madre de Pablo Morales y a Guillermo Lares, este último testigo en el juicio, para dar su versión del lugar en que cayeron los aviones de Hermanos al Rescate y pedir encausamientos paralelos al juicio. McKenna se refiere a que la defensa enseguida contactó a Nuccio a raíz de sus declaraciones de tiempo atrás, para hacerle cumplir la orden de la jueza de no hablar con la prensa; explica que la demostración que Basulto quiere hacer está relacionada con los hechos del caso. Termina pidiendo que Basulto explique su interpretación de la orden de la jueza y recalca que él, por supuesto, no está en contra de las conmemoraciones de los familiares, a las que estos tienen todo su derecho.

La defensa de Basulto se alinea para su turno al bate y le corresponde a Heck Miller abrir la tanda. En general se dirige a la jueza en un tono conciliador, y con maneras suaves explica que nosotros tenemos derecho a un juicio justo –así mismo, justo– y hay que balancear ese derecho con el que tiene su ahijado a la libertad de expresión. El buenazo de Basulto ha declinado en otras ocasiones hablar con la prensa sobre el caso, pero la orden necesita ser clarificada un poquitico más –tal vez si le ponen algunos dibujitos las abogadas de Basulto la interpretarían mejor–, y los testigos tienen derecho a parámetros más claros en cuanto a qué pueden o no hacer. No hay evidencia de lo que pasó en la conferencia de prensa y todas las manifestaciones vertidas en la misma... ¡fueron inocuas! La fiscal lee el anuncio como si se tratara de la convocatoria a un picnic, y recuerda que todos los años ha habido conmemoraciones, que los llamados a encausar a Castro no son nuevos. En resumen, llama a clarificar la orden y afirma que todos los testigos de la Fiscalía están dispuestos a acatarla, poniendo como ejemplo al propio Basulto y a Ana Margarita, la exesposa de Roque, que es la próxima en la cola para apropiarse de una porción del tesoro de la República de Cuba, en virtud de la absurda demanda por violación sexual contra el gobierno cubano en la que Roque –como no se le puede tumbar un peso– aparece solo en el papel de órgano genital masculino del castrismo.

La abogada Piñera es el segundo turno al bate y se dirige a la jueza –¡al fin!– para plantear que Basulto está en desventaja, a pesar de no estar presente en el juicio. Dice que la orden no le prohíbe hablar de futuras misiones de Hermanos al Rescate y... ¡que Basulto quiere un juicio justo! Se refiere a los derechos a la libertad de expresión de su patrón, asegura que la conferencia de prensa no violó la orden y se limitó a anunciar la conmemoración, algunas misas y el sobrevuelo del Punto Mártires. La señora Lenard enarca las cejas y se le enciende la alarma: “¿Qué es ese Punto Mártires?”, pregunta como sobresaltada. La abogada le explica que se trata del lugar en que cayeron los aviones en aguas internacionales y le pide que clarifique la orden de silencio para que su pupilo la pueda entender (si los dibujitos vienen en colores mejor, diría yo).

Entonces el señor Larry Clayman, de Judicial Watch, mete la cuchareta para decir que Paul quiere evitar el sobrevuelo de Basulto al Punto Mártires; y la jueza de nuevo pregunta que dónde está ese punto. Heck Miller se interpone entre Clayman y el micrófono –ya esta gente está actuando como lo que son y se acumulan en la tarima– y le informa a Lenard que el Punto Mártires es el punto intermedio entre los dos lugares en que, según la OACI, cayeron los aviones en aguas internacionales. Pero Mr. Clayman no se puede quedar quieto y recupera su micrófono de las garras de Heck Miller para hacer una declaración propia de las graderías: “¡El que debía pedir sanciones por haber sido traído aquí es el señor Basulto!”.

De nuevo toca nuestro turno al bate y Paul dice a la jueza que las órdenes de silencio son constitucionales y que la fiscal Heck Miller hizo un dibujo demasiado ligero. McKenna explica que en la conferencia se clamó por encausamientos, se comentó la cobertura de los hechos en la prensa y se propagó la versión de Basulto sobre el lugar del suceso, además de su calificación de asesinato en aguas internacionales. Según el abogado, la orden es clara y precisa, los señores de Hermanos al Rescate saben de qué se trata; y llamarán más prensa para cubrir su proyectado vuelo y lanzamiento de volantes. Paul entonces lanza un ramo de olivo; repite que él no está en absoluto en contra de que los familiares conmemoren la fecha, sea con una misa u otra ceremonia de recordación. Respecto a Basulto, dice que no le interesa verlo en problemas ni mucho menos por lo que ya pasó, pero sí le preocupa lo que puede pasar y el efecto que pueda tener en el juicio. Pone como ejemplo otra violación, cuando la propia señora Cossío llamó a la prensa, por iniciativa propia, para dar su versión de las pruebas de Basulto con su arma antipersonal, a propósito del testimonio de Arnaldo Iglesias. McKenna hace también una advertencia: Basulto en este momento no es un ciudadano común, sino una persona que ha sido citada como testigo, tanto por la Fiscalía como por la defensa: “Si la Fiscalía no lo quiere traer como testigo, lo vamos a hacer nosotros”, dice finalmente, e inspira esta caricatura de Gerardo:

El abogado Frank Angones tiene que defender su tajada del tesoro cubano, sudada en representación de los nuevos millonarios, y no puede quedar callado. Dice que nadie puede impedir que las familias realicen su conmemoración. Paul objeta, pero en esta ocasión la jueza decide que el señor Angones continúe. Plantea que se anunciarán las misas a través de un comunicado de prensa y sigue diciendo que, por cinco años, se han pedido los encausamientos. Luego mira con odio a Gerardo y exclama que en el único lugar en que no se llama asesinato a lo que pasó es en el ambiente “aséptico” de la Corte. Cuando quiere de nuevo adentrarse en el derecho de las familias a sus recordaciones, Paul objeta esta vez con éxito. Dice que nunca esto ha sido tema de discusión. La jueza asiente y da por terminada la sesión, no sin antes explicar que el derecho a un juicio imparcial debe ser protegido y que el jurado no puede ser influido por otra cosa que no sea la evidencia. Añade que clarificará la orden de silencio, que notificará a los familiares y testigos y pide cooperación a todas las partes mientras se apresta a levantarse para dejar la sala.

Pero el señor Larry Clayman no puede dejar pasar semejante atrevimiento de la señora Lenard. ¡Si no lo detectara su prestigiosa logia familiar no se llamaría Vigilancia Judicial! Se para frente al micrófono y urge a la jueza a no perder tiempo en su clarificación de la orden, pues si a él no le gusta lo que ella diga, piensa apelar, y necesita que tanto la jueza como el Tribunal de Apelaciones se pongan las pilas para que todo el proceso termine antes del 24 de febrero. La jueza no está para idioteces y le dice como can que se quita una pulga de encima, que tendrá el calendario en cuenta.

De vuelta al penal, nos encontramos en las celdas de tránsito con un señor muy circunspecto que viste de traje y evidentemente fue arrestado poco antes. Él nos reconoce, en un aparte me dice que nuestro caso ha sido un invento, que las supuestas actividades de espionaje atribuidas al Faquir son una exageración y que en cuanto al derribo de los aviones de Hermanos al Rescate, el principal responsable fue José Basulto: “Un descarado que se metió a tirar papeles en Cuba y pagó las consecuencias”. Cuando llegamos al piso, sintonizamos el noticiero y aparece el señor. Resulta que es Pablo Llabre, abogado de oficio, quien dirigía una organización de nombre Grupo de Apoyo a la Disidencia, que supuestamente debía canalizar ciertos fondos asignados por el gobierno norteamericano a sus obedientes en Cuba. La acusación contra Llabre consiste en la apropiación de dieciocho mil dólares de estos fondos.

Junto a la noticia, se publican algunas de las millonarias cifras invertidas por el gobierno para subvertir a Cuba a través de cuanto proyecto venenoso se les ocurre a algunos vivos del anticastrismo. No sé cuánto de ese dinero llegará a Cuba y no creo que sea importante saberlo, pues con dinero o sin dinero, parafraseando la ranchera, ninguna de esta gente va a hacer lo que quiere con Cuba.

En cuanto a la sinceridad de las palabras del señor Llabre y sus motivaciones para expresarlas, prefiero no especular, como tampoco quiero especular acerca de su culpabilidad o inocencia con respecto a los cargos criminales de que se le acusa. Yo me limito a contarte esta anécdota, mientras me despido con un hasta luego. Y como siempre, con un beso.

Nota:
[1] Judicial Watch o Vigilancia Judicial. Grupo fundado por el abogado conservador Larry Clayman, supuestamente para vigilar la transparencia gubernamental. Su predilección por la transparencia de gobiernos demócratas le ha granjeado una merecida reputación como instrumento de la derecha republicana.

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  • Emelina dijo:

    Hola René , me ha encantado la lectura de hoy de tu Diario.
    Veo que hay otras publicaciones, las leeré gustosamente.
    Gracias por compartir lo vivido.

  • Ariel Pulido Álvarez dijo:

    Buenísimo esto. Si es un libro, pueden ponerlo digital como otros aqui en Cuba debate?

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René González Sehwerert

René González Sehwerert

Héroe de la República de Cuba. Uno de los cinco jóvenes revolucionarios que se infiltró en grupos terroristas que desde la cuna de la mafia anticubana, Miami, organizan impunes sus ataques criminales contra el territorio cubano. Fue condenado a 15 años de prisión. Su causa contó con una enorme solidaridad internacional. Regresó a Cuba en el año 2013.

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