Imprimir
Inicio » Especiales, Política  »

El diario de René: Todavía la jueza cree que este es un proceso serio

| + |

Hoy estamos a domingo 25 de marzo y han pasado varias cosas que merecen reflejarse en este diario.

Primero, como te dije, tuvimos otra semana gloriosa en la Corte. Parece ser que cuando suponemos que las cosas ya no nos pueden ir mejor, la realidad nos supera y resulta que sí. Y aunque desde el mismo momento de nuestro arresto, con nuestro natural optimismo, habíamos vislumbrado esta experiencia de ahora, siempre las cosas pueden ser mejor de como las imaginamos, y se cumple el conocido axioma de que la realidad es muchas veces superior a la fantasía. Pero como ya te dije, no voy a adelantarte nada de la semana hasta que llegue el momento de contártelo. Así que sigue leyendo y ten paciencia.

Como verás, últimamente he evitado las interrupciones en las que te informo si estoy escribiéndote tal día y continúo el siguiente, o si acabo de retomar la escritura después de dejarla ayer, y otras por el estilo. Esto se debe a que en la última semana he tenido que relajarme un poco, tomarme descansos más seguidos y renunciar a estar al día, a terminar cada domingo con la semana transcurrida. De manera que he producido menos, y si me dedicara a hacerte notar cada vez que interrumpa mi narración al final del día, encontrarías una interrupción cada media página.

Este problema se agudizó un poco con la historia de la sesión del miércoles en la que McKenna atormentó a Basulto con la cinta de su conversación del 24 de febrero a bordo del N2506; porque en lugar de guiarme por mis notas como de costumbre, para que este episodio te llegara con más detalles, lo compuse a partir de la transcripción del juicio y la del propio audio a bordo del avión de Basulto; y esto me tomó cuatro días entre el pasado lunes y el jueves. Si todo sale bien, hoy puedo irme a la cama exactamente con una semana de retraso. Y como la semana próxima será de descanso, me alcanzará para ponerme al día sin demasiado esfuerzo, combinando este trabajo con un poco de ejercicio y recreación.

A veces echo de menos esas interrupciones porque me servían para contarte anécdotas que generalmente se producen fuera de la Corte y que ahora pueden perderse por la premura. Si pudiera hacer un resumen de todo lo que te hubiera contado en dichas pausas, tendría que decirte que nuestro espíritu es insuperable, que la prensa en Miami está mostrando su desconcierto respecto a cómo lidiar con el juicio y que seguimos contando con el apoyo de todos, no solo en el piso sino en todo el edificio. Después del viaje de los abogados y de Roberto, Gerardo ha puesto a todo el mundo a leer Pa’lante, Juventud Rebelde, DDT y Somos Jóvenes, sin contar con los versos de Martí. Todos esos materiales se pasan de mano en mano entre marielitos, exdisidentes, anticastristas y hasta gente que cumplió cárcel en Cuba. Así que si caemos presos ya sabes que fue por alborotar el Federal Detention Center de Miami.

Por otra parte, este fin de semana ha sido inolvidable. El sábado por la mañana el Faquir me dijo, tras hablar con Maruchi, que tú tenías algo que decirme; yo por supuesto intuí que se trataría sobre tu casa, lo que me confirmó el resto de la familia cuando pude llamar a casa de Roberto por la tarde. Después, hablando con Ramón, reflexionaba sobre todo ese tiempo en que tú no has podido vivir junto a tus dos tesoros, y me preguntaba hasta qué punto ellas dos habían sentido la falta de ese hogar, a pesar de haber estado rodeadas de todo el amor y el apoyo del mundo.

Por la tarde vino nuestro amigo Anglada y estuvimos revisando el caso. Él comparte nuestra satisfacción porque Paul le allanó el camino a Joaquín, y este último ha preparado un caso muy interesante cuyo comienzo esperamos impacientes. Si por nosotros fuera, renunciaríamos a los fines de semana a cambio de continuar en esta batalla ininterrumpidamente. Anglada, a su vez, estará junto a Joaquín durante la semana que se supone tendrá su comparecencia. Además de servir de apoyo, podrá darse el lujo de presenciar un hecho que hará historia; que eso es este juicio.

Finalmente hoy fue mi esperada conversación contigo, y pude escuchar la alegría en tu voz porque al fin estarás junto a nuestras niñas y ellas contigo. Como si fuera poco el entusiasmo que nos dispensa este juicio, ahora comienzo la semana con el sonido de tu alegre voz todavía en mis oídos, las felicitaciones de nuestros hermanos, los planes y proyectos compartidos con nuestros nuevos vecinos, y tantas expectativas que alimentan nuestro optimismo y deseos de luchar. Cuando leas estas palabras ya sabrás que traté de llamarte otra vez, pero me fue imposible. Solo por la tarde pude comunicar de nuevo y hablar con el viejo, justo antes de que fuera a reunirse con todos ustedes en tu nueva casa.

Como ves, este preámbulo me ha tomado más de una página y ya es hora de que entremos en materia con la audiencia del viernes 16  de marzo.

Kastrenakes todavía tiene algunas áreas más que retocar y hasta requetocar, y decide comenzar por donde Paul lo detuvo el día anterior, al objetar la entrevista entre Basulto y Ostrovski.

Este interés en el tema de la entrevista con Ostrovski tiene visos de maraña, luego que Basulto ha estado bajo el fuego concentrado de McKenna. Aunque oficialmente el agente de aduanas había ido a entrevistar al testigo en el año 95, para recabar su ayuda en relación con movimientos ilegales de embarcaciones en el estrecho de Florida, nosotros ya sabemos, por los documentos que hemos podido revisar, que su principal objetivo parecía ser el tantear a Basulto en relación con los informes de Roque al FBI sobre las pruebas hechas por Basulto para construir un arma antipersonal.

Lo raro es que Basulto se supone que no estaba al tanto de la información y, sin embargo, parecía ansioso por hacer ver al jurado que, en efecto, había otro objetivo en el acercamiento del agente de aduanas, además del ya manifiesto de buscar su ayuda en relación con actividades ilegales. Afortunadamente McKenna no ha mordido el anzuelo y ha evitado darle a su víctima la oportunidad de desviarse de lo que él quiere, que es la opinión de Basulto respecto a la Ley de Neutralidad y los grupos terroristas que operan contra Cuba. Tanto Basulto como la Fiscalía parecen interesados en demostrar que este acercamiento de Ostrovski al testigo no arrojó resultados concretos, para sembrar así dudas en el jurado acerca de la veracidad de los reportes de Roque al FBI, dando a entender que este buscaba sembrar discordia entre el gobierno norteamericano y el ícono del santoral miamense.

Confirma nuestras sospechas que, tras el fracaso de Basulto en traer a colación las supuestas intenciones ocultas de la visita de Ostrovski, ahora es la Fiscalía la que quiere traer el tema mediante su contraexamen, preguntando al testigo sobre alguna otra cosa que pudo haber interesado al agente y que, sin embargo, no aparecería en los informes de este.

De ahí la objeción de Paul, quien no va a permitir a los fiscales que violen las reglas de procedimiento dándose el lujo de salirse del tema a que él se refirió en su examinación directa. “Si hubieran querido que Basulto hablara del tema lo hubieran traído ellos”, debió pensar con toda razón el abogado al plantear su objeción. Y la jueza lo apoya. De manera que si el agente habló o no algo más con Basulto, además del tema de sus pruebas de armas antipersonales, ese no es asunto para tratar en este contraexamen.

A las 9:05 comienza Kastrenakes. Dedica los primeros dieciséis minutos a concluir su contraexamen. Se habla del aviso que el tráfico aéreo de Centro Habana le dio a Basulto sobre la activación de las áreas peligrosas, y este explica que solo esperaba maniobras militares y que, en su opinión, el peligro que podía correr se derivaría de una descarga accidental del armamento. Vuelven a referirse al avión de entrenamiento militar checoslovaco y el testigo dice que el único que lo podía volar en Hermanos al Rescate era Roque, y de ahí su interés en que se comprara. Respecto a la flotilla de septiembre de 1995, dice que no se pensaba entrar en aguas cubanas, que él no sabía nada de las prácticas de desembarco en Key Biscayne, en las que no participó, y que no se mencionó Varadero.

Para finalizar entran en los sucesos del 24 de febrero y Kastrenakes quiere lanzar su último acto teatral:

—¿Usted sabía que Roque era un espía?

—No —responde el sanote de Basulto.

—¿Usted sabía que Cuba le ordenó...?

—¡Objeción!

—Sostenida.

—¿Usted sabía que a él se le dijo que no...

—¡Objeción!

—Sostenida.

—¿Usted sabía que él no estaba en Mia...?

—¡Objeción!

—Sostenida.

—Señora jueza –gime Kastrenales– ¿pudiéramos conferenciar en un side bar?

—¡Nooooo!

Pero Kastrenakes no puede terminar así, agarrado de la brocha a la altura del séptimo piso del edificio de la Corte Federal del Distrito Sur de Florida y... ¡Ñññññooooo! Te juro que se me había olvidado.

—¿Usted se da cuenta de que puso a Arnaldo Iglesias en peligro ese día?

—Sí. Me doy cuenta.

—¡¿Y se da cuenta de que puso en peligro la vida de los esposos Iriondo?!

—¡Sí, sí. Me doy cuenta!

—¡¿Y se da cuenta de que puso en peligro la vida de sus amigos?!

—¡Sí, sí, me, me doy cuenta!

—¡¿Y se da cuenta de que no estuvo bien ponerse a filmar a los Mig?!

—¡Sí, sí, me doy cuenta!

—¡¿Y reconoce que penetró en aguas cubanas?!

—¡Sí, sí, sí! ¡Penetré en aguas cubanas!

Y el fiscal lanza un sussspiiiiiiiro asssííííí de laaaarrrrrgo que lo deja sin aire y lo desinfla todito así desinfladito, y después se toma su tiempo así despacito para recuperar el aire suavemente, como quien inhala un cigarrillo y saborea así su aire y se produce un silencio en la sala y entonces se dirige a su pupilo en penitencia despacito, como quedito, como el cura que ha perdonado a su arrepentido feligrés y le dice con voz quebradita, así, suavecita y condescendiente y comprensiva y perdonadora, redimida, absolutoria, compasiva, redentora y susurrante. Así lo mira con una expresión de amor cristiano tan sincera como el beso de Judas y cuando habla se llena el silencio de la sala con su susurro:

—¿A usted le tomó algún tiempo poner dos y dos y saber lo que estaba pasando?

—Ssssí —le devuelve Basulto su susurro.

Y Kastrenakes vuelve a suspirar nuevamente y el proceso se repite y termina rompiendo el silencio de la sala con el mismo susurro, tal vez todavía más bajito y le dice mientras se le quiebra la voz:

—¿Entonces usted se retiró?

—Sssssssssssí –termina su ahijado con alivio, supongo que de saberse absuelto de todo pecado por la gracia y el perdón divinos de este confesor improvisado.

Son las 9:21, acabamos de ver a un tunante ganarse el cielo cuando toca a Paul McKenna la triste tarea de devolverlo a la tierra por el resto de sus días en este mundo.

McKenna le pregunta si él realmente repudió la violencia a mediados de los años 90, y ante la respuesta afirmativa, le recuerda su entrevista con el agente de aduanas Ostrovski, con lo que levanta una objeción a la que sigue un side bar donde la jueza reduce a la nada a Kastrenakes. El abogado saca algunos pasajes de la carta que el testigo escribió a la propia aduana tras la entrevista: “Nosotros no nos confrontamos con quienes luchan contra Castro, sean cuales fueren sus tácticas”. “Nosotros no entendemos por qué Estados Unidos ahora quiere hacer cumplir el Acta de Neutralidad, después de haberla violado en Bahía de Cochinos”. Un anexo a la carta firmado por Basulto y por Orlando Gutiérrez, quien acompañara al primero durante la entrevista, contiene otra muestra de frases cívicas y pacíficas por parte de los firmantes: “Nosotros no tenemos problema en delatar a quienes viajan de paseo en bote a Cuba”, “Nosotros estamos entre los primeros violadores del Acta de Neutralidad y fuimos entrenados para eso por Estados Unidos”, “Kennedy nos traicionó”, “Nosotros simpatizamos con todos esos grupos que luchan contra Castro”. Ahora McKenna pregunta al testigo si lo que querían los oficiales no era su cooperación para hacer cumplir el Acta de Neutralidad, y este comienza otra perorata:

—Los oficiales del gobierno generalmente mienten. El señor Richard Nucc...

—¡Señor Basulto! –lo interrumpe la jueza–, por favor conteste la pregunta.

Y al acusado no le queda más remedio que admitir que sí.

McKenna le recuerda su anterior actitud de correr riesgos en comparación con su actual arrepentimiento, y Basulto adopta una posición intermedia:

—Arrepentimiento no es la palabra. Yo sí le admití haber roto las reglas –dice este señor que no parece conceder a Paul el mismo poder de redimir concedido antes a Kastrenakes.

—Usted no parecía estar tan arrepentido durante el juicio ante el Buró Nacional de Seguridad del Transporte. ¿No negó usted allí haber hecho algo malo el 24 de febrero? ¿No negó haber entrado en Cuba? ¿No dice usted que todo aquello había sido político?

Basulto se defiende: el juicio no había sido político sino la revocación de la FAA; y McKenna le lee el párrafo de la orden de revocación: “Usted entró en aguas cubanas, mostró poco respeto por la ley y actuó de manera descuidada y negligente”. El acusado de nuevo da marcha atrás repitiendo que si entró en aguas cubanas fue accidentalmente ya que Arnaldo mantenía la posición del avión.

—Yo he soñado muchas veces con las cosas que pude haber hecho para que no pasara lo que pasó –dice este señor a quien imagino que no le alcanzarán todas las noches de su vida para repasar en sueños la cantidad de cosas que no debió haber hecho.

Paul ahora se refiere a la transcripción de la grabación hecha a bordo del N2506, y pregunta al testigo si en la cinta aparece alguna indicación a Iglesias en el sentido de girar hacia el noreste, a lo que este riposta diciendo que él también hizo señales de mano a su copiloto.

El abogado se adentra en algunas contradicciones de Basulto aparecidas en otros testimonios, en los que dice haber visto dos Mig; y le llama la atención sobre el hecho de que, a pesar de estar consciente de la presencia de los cazas, no discutió con Arnaldo la posibilidad de estar a una distancia equivocada de las costas cubanas y tampoco consideró, evidentemente, la posibilidad de cambiar de curso a la vista de los aviones de guerra.

—¿Usted se reunió con la señora Silvia Iriondo en un hotel el día anterior a pro...? –comienza Paul.

Pero Kastrenakes salta como un resorte:

—Su Señoría, objeto a cualquier insinuación impropia en relación con el testigo y la señora...

Paul lo mira como quien va a sacarse una muela y se encuentra al repartidor de leche vestido de dentista y listo para la operación. Cuando las risas en la sala cesan, Paul explica a Kastrenakes que está hablando del caso, mientras Basulto trata nuevamente de congraciarse:

—Ji, ji, ji –se ríe, como lo hiciera el 24 de febrero del 96 mientras hundía a cuatro personas–. Mi esposa está aquí, así que no se preocupe.

Sus palabras son recibidas con la misma mirada de busto fundido en serie del jurado. Por suerte en el público tiene a Rita y Maggie Shuss, quienes alcanzan a llenar la sala con su hilaridad. Pasado este episodio, regresamos al caso, y Basulto admite que efectivamente se reunió con la señora Iriondo en el Hyatt Hotel, con motivo de una movilización de apoyo a Concilio Cubano.

—¿No le advirtió el señor Charles Smith de la FAA acerca del peligro de ser derribados si continuaban en sus actividades?

—No.

—Kastrenakes le preguntó acerca de si usted era suicida. ¿Lo recuerda?

—Sí, y también recuerdo haberle dicho que no lo soy.

Entonces el abogado enarbola la maqueta del Mig-29 y mostrándola a Basulto le pregunta si no es arriesgado ponerse a hablar con una máquina tal mientras está evolucionando alrededor de su avión. Basulto no tiene más remedio que admitir que, verdaderamente, se arriesgó tanto en abril del 94 como en julio del 95:

—¿No cree usted que Cuba mostró contención en ambas oportunidades?

—¡Objeción!

—¡Sostenida!

—¿No fue el 24 de febrero la tercera vez que usted se vio en esa situación?

—Sí.

—¿Y a pesar de eso todo lo que usted hizo fue decir “Ji, ji, ji”?

—¡Objeción!

—¡Sostenida!

Son las 10:48 y nos vamos a un receso.

Al volver a las 11:17, Paul quiere introducir un video que muestra la conexión entre Basulto y Ramón Saúl Sánchez durante la flotilla que se realizaría en septiembre del 95, así como unas prácticas de desembarco que se habían estado realizando en Key Biscayne durante los preparativos de la misma, todo como parte de la supuesta lucha por el proclamado derecho al retorno, mientras más dramático mejor. Para esta gente no se puede ni salir ni entrar a Cuba por los aeropuertos o los puertos marítimos, pues eso no es fuente de disturbios y por tanto no produce dividendos políticos.

Kastrenakes no quiere que se vea el video, pues ellos han estado tratando de desligar a Basulto de dicha flotilla, dados los anuncios que se realizaron durante la misma en cuanto a irrumpir nuevamente en aguas cubanas. Cuando la jueza decide que el video se muestre al jurado, el fiscal se repliega a una segunda trinchera, pidiendo entonces que se escuche también el audio. Pero olvida que ellos han sembrado bastantes minas en su retaguardia, en su lucha a brazo partido para que Paul no utilice el audio en sus videos, y esta segunda trinchera tampoco les sirve de refugio. De manera que tendremos el video en las condiciones en que Paul lo ha pedido.

Basulto aprovecha para pronunciar un discurso en relación con su cañoneo al hotel, en el año 62, y la condición de nuestro país “como isla ocupada” para instalar misiles que apuntarían “hacia los Estados Unidos”. Se toca brevemente su participación en el suministro de materiales a la contra nicaragüense, lo que el testigo califica de un gesto humanitario. De nuevo la historia del avión de entrenamiento checoslovaco:

—Yo nunca recibí la carta que usted me está mostrando ahí.

—¿Pero no es cierto que fue remitida a su casa y que la dirección que aparece en el sobre es la suya?

—Es probable que Roque la retirara de mi buzón.

—¿Usted me va a decir que Roque también se agazapaba en los arbustos para, una vez llegado el correo, saltar y robarse su correspondencia?

—Bueno, en ocasiones mi buzón ha sido vandalizado.

De nuevo se pasa a la historia del arma antipersonal y otra vez la excusa de que la idea original era producir una bengala y que Roque –el omnipresente Roque– había actuado como la serpiente en el paraíso para que el sanote de Basulto cambiara la carga de bengalas por perdigones. Tras repasar la versión de que el artefacto era para cazar pájaros, Basulto se complica y dice que realmente era multipropósito, o sea que serviría para cazar y hacer señales al mismo tiempo.

—¿Y no le parece que sería mejor lanzar la comida directamente a los balseros? –pregunta McKenna.

Y el testigo tiene que sumarse a la lógica del argumento:

—Bueno, nosotros también les lanzábamos alimentos.

Paul no se va del asunto del arma antipersonal tan rápidamente, le pregunta al testigo si no habló con el FBI sobre las pruebas que se habían hecho. Este admite que habló con el FBI del tema, solo a propósito del juicio.

—¿No habló usted con Roque sobre esta arma antipersonal? –pregunta McKenna.

Ante la negativa de Basulto, el abogado solicita pasar al jurado los reportes de Roque tanto al FBI como a Cuba, en cuanto a este asunto, señalando la coincidencia de los detalles y las fechas, así como que estos reportes eran genuinos y no formaban parte de un plan de la Isla. Claro que esto último tras un cúmulo de objeciones en el vacío de la Fiscalía.

A punto de terminar, Paul llama la atención de Basulto sobre su reporte en la declaración de impuestos, donde evalúa las pérdidas de los dos aviones derribados en 278 000 dólares; y el testigo se sumerge en un cantinfleo sobre los equipos de que estaban dotados los aviones, depreciaciones y reconstrucciones que no creo que alcancen a cubrir a medias el fraude.

—¿Acaso no es verdad que la compañía de seguros no le pagó por la pérdida de esos aviones?

—Es verdad.

—¿Y no se debió a que lo consideraron un acto de guerra?

Objeción. Se produce un side bar y al regreso Paul se limita a ratificar que los aviones no fueron pagados por la compañía de seguros.

McKenna quiere terminar con el video que se había discutido previamente. Es decir, el relativo a los preparativos de la flotilla de septiembre de 1995, que la Fiscalía quiere desvincular de Hermanos al Rescate. Las primeras vistas muestran las ridículas maniobras de desembarco anfibio que tan pródigamente se propagaron en Miami durante los preparativos de la flotilla. En la imagen aparece Ramón Saúl Sánchez desembarcando en Key Biscayne con un grupo de sus seguidores. Luego sigue otra imagen de ambos, Saúl y Basulto, mientras daban una conferencia de prensa a su llegada a Washington para reunirse con oficiales del gobierno norteamericano, días antes del evento. Para terminar, Paul pregunta a Basulto si el gobierno no estaría preocupado por sus acciones y este no puede terminar si no es con una de sus teorías:

—El gobierno de los Estados Unidos conspiró con Castro para mantener a nuestro pueblo separado.

Con este epitafio tan imaginativo termina la reexaminación de Paul McKenna.

A las 12:25 le toca el turno a Joaquín para su reexamen. Comienza por la reunión de Basulto con el agente Ostrovski, de aduanas. Basulto alega que el agente estaba buscando apoyo contra los violadores de la Ley de Neutralidad pero que él no había confiado en sus palabras.

—¿Creyó usted que los oficiales de aduanas estaban trabajando para Cuba?

—No –responde Basulto.

Joaquín nombra a Alpha 66, otro grupo que fuera mencionado en la entrevista con el oficial, pero Basulto dice no conocer nada del grupo y apenas cree recordar el nombre de Nazario Sargén. Cuando el abogado quiere saber qué conoce el testigo sobre el pasado violento de Sargén y su pandilla, la Fiscalía se lanza a objetar, y ya se vislumbra que se dispone a cuidar de la imagen angelical de los terroristas de Miami de la misma manera que lo ha hecho con Basulto.

—Es hipócrita querer ahora juzgar a alguien por lo mismo que nosotros hicimos antes en Cuba con apoyo norteamericano –alcanza a decir este último.

—¿Usted no sabe del asesinato que en años recientes cometió un comando del PUND mientras desembarcaba en la Isla? — pregunta Joaquín, pero el testigo se escuda en la concha de la ignorancia.

Volviendo al año 62, se señala que cuando Basulto regresó de su aventura particular no fue encausado, el FBI no se molestó en cuestionarlo y fue recibido como un héroe.

—Estábamos en la Guerra Fría[1] –dice el testigo.

Y Joaquín le pregunta por su país en esa guerra.

—Mi país era el de los cubanos libres.

—¿Y usted todavía sigue la ley de Basulto?

—¡Objeción! –salta Katrenakes.

—Desestimada.

—¡Pero señora jueza! –se rebela el fiscal.

—¡Esto es lo que pasa en este juicio –ataja Joaquín–. La Corte toma una decisión y todavía hay que seguir dis..!

—¡Es que yo no cre...!

Esta vez Kastrenakes está discutiendo directamente con Joaquín y se ha formado un relajo en el rincón más irreverente de la sala, donde lo que está pasando se interpreta como una fiesta. La jueza impone el orden y da un receso al jurado.

Con el panel fuera de la sala, Joaquín se disculpa ante la jueza y esta comienza a amonestar a ambos abogados llamándolos a la calma.

—Este jurado ha trabajado muy duro y no podemos, a esta altura del juicio, perder el nivel que hemos mantenido hasta ahora –dice Lenard, pero Kastrenakes no parece captar el mensaje pues apenas la deja hablar.

—Su Señoría, la culpa es de Joaquín que...

Lenard retoma la palabra y lo hace portarse más maduramente reiterando su llamado a todas las partes, al final Kastrenakes también termina disculpándose.

Pero falta el rinconcito irreverente que... ¿Quiénes iban a ser?, está formado por el trío de Rita Basulto, Maggie Shuss y Sofía Powell Cossío.

—Este juicio es muy importante para muchas personas que tienen mucho en juego aquí –les dice severa la jueza–. Espero que sepamos comportarnos a la altura de la seriedad que requiere este proceso. (Y se diría que todavía la jueza cree que este es un proceso serio).

Al fin nos vamos al receso. De regreso a la 1:19, a Joaquín le quedan unas pocas preguntas. Tras comparar la lucha de Martin Luther King y Gandhi con las actividades de Basulto, le pregunta por qué no hace su lucha desde Cuba, tal como hicieran aquellos en sus lugares de origen, en lugar de practicar la desobediencia civil desde Miami:

—Sería una lucha muy desigual –responde el testigo.

—¿Y no era desigual la lucha cuando Luther King se enfrentaba a los racistas en Alabama?

—Bueno, no es lo mismo el gobierno de Castro que el de los Estados Unidos.

—¿O sea, que es mejor que otros hagan su lucha allá mientras usted permanece aquí?

—Yo no puedo ir a Cuba.

—¿Acaso a usted le importan las implicaciones para el gobierno de los Estados Unidos?

—Lo que yo hago no tiene consecuencias para ellos –responde Basulto, y Joaquín da por terminada la reexaminación.

A la 1:24 Kastrenakes es autorizado a dar un último corrientazo al cadáver de Basulto y se refiere al documento que este enviara a aduanas, dando su versión de la entrevista con Ostrovski. Kastrenakes destaca que el oficial habló al testigo de otros grupos que no incluían Hermanos al Rescate, que Basulto declaró no estar de acuerdo con los métodos de esos grupos, y que durante la conversación el oficial opinó bien de Hermanos al Rescate. Cuatro minutos toma este último intento por redimir a un testigo que desde que se sentó en el estrado ya estaba perdido. A la 1:28 el fiscal cede el podio de vuelta a McKenna.

Podría ahorrarme mi habitual comentario respecto al testimonio de este individuo con solo referirte la reflexión de la víspera de Maggie Shuss, quien dijo que no habían podido recuperarse del todo del daño infligido a Basulto en los días previos; pero este sujeto tiene mucho que ver con toda esta historia como para dejar pasar su turno en el estrado sin dedicarle algunos análisis. No obstante, antes de hacerlo, te ofrezco un comentario similar al de la señora Shuss, en esta ocasión debido a la pluma del caricaturista José Varela del The Miami Herald.

El señor Varela es un artista muy ingenioso y con cierta audacia. En el trabajo aparece Basulto cuando es conducido a la prisión tras su testimonio, mientras la jueza recuerda a los marshalls que los acusados somos nosotros. Nos demuestra con esta caricatura que el paso de Basulto por el estrado, mírese con el prisma que se mire, tiene una sola interpretación: que los acusados en este juicio se han convertido en los acusadores. De manera que, independientemente del espíritu que haya animado al artista, el mensaje que nos entrega a través de su trabajo es inequívoco.

Y tras brindarte la versión del artista oficial del Herald, paso a brindarte la mía, como he hecho con todos los testigos. Aunque esta vez debo comenzar con un poco de historia.

Hermanos al Rescate se creó aproximadamente en mayo de 1991 en el hangar de IFC (International Flight Center),[2] que tantas veces visitaste conmigo mientras yo me dedicaba a mi trabajo como instructor. La víspera de la fundación del grupo, José Basulto llamó a casa de nuestro ocurrente y carismático amigo, el capitán Eduardo Ferrer –en el momento en que este se afanaba en consultarme sobre un plan para cargar un avión pequeño de explosivos y lanzarlo desde un barco contra Cuba–, para invitarlo a la formación de Hermanos al Rescate al día siguiente. Así yo también me incorporé al grupo y de paso a la vida política del mundillo anticastrista.

El personal inicial de Hermanos al Rescate estaba constituido mayormente de antiguos miembros de los grupos de infiltración, que bajo los auspicios de la CIA participaban en la guerra sucia contra Cuba, así como otros exmiembros de la Brigada 2506, y algunos mercenarios que, bajo la misma bandera, participaron en la intervención congoleña que diera al traste con el gobierno de Patricio Lumumba y culminara con su asesinato. A la convocatoria se unieron personas más jóvenes, generalmente deseosas de acumular horas de vuelo en sus aspiraciones de convertirse en pilotos de aerolíneas, cosa muy común en este país donde una preciada hora de vuelo en bimotor cuesta ciento sesenta dólares.

Desde un inicio Basulto anunció que el grupo tendría tres propósitos fundamentales: salvar balseros, denunciar al mundo lo que él llamara la necesidad de los cubanos de huir en busca de libertad y, finalmente, enviar un mensaje de hermandad al pueblo en la Isla. Aunque creo que él enumeraba los objetivos en ese orden, la vida demostraría posteriormente que no necesariamente el primero tenía que ser el más importante, pues llegado el momento, Basulto demostraría no solo que entre sus prioridades no se hallaba la seguridad de quienes siguen los cantos de sirena emanados del norte, sino que desestabilizar a la Isla y crear problemas para Cuba tenían el mayor peso entre sus designios.

Así comenzó una operación, en un principio modesta, que fue creciendo en la medida en que se difundían las imágenes de balseros rescatados y la comunidad se interesaba en donar dinero. Hay que reconocer que Basulto escogió hábilmente un tema de fácil explotación, amparado en la política criminal diseñada desde hace tanto tiempo por este país para utilizar políticamente las salidas ilegales de Cuba. Es innegable que a pesar del trasfondo turbio de todo esto, la actividad concreta de salvar vidas en alta mar despierta simpatías, y ello contribuyó tanto al crecimiento explosivo de la operación como al entusiasmo de los participantes. Es imposible dejar de entusiasmarse cuando se ve un alma sola flotando en una balsa, en medio del mar, sin tener seguramente la más mínima noción de hacia dónde queda el pedazo de tierra más cercano, o cuán lejos o cerca está ese pedazo de tierra. Y de repente uno se convierte en el único hilo que arrebata al balsero de la muerte.

Esta súbita ola de popularidad y el consiguiente incremento de las operaciones no dejó de afectar el ego de algunos del grupo, por lo que varios de los miembros originales fueron separándose tras chocar con el jefe. Este, por su parte, delegó en algunos de los elementos más jóvenes a quienes les resultaba más fácil imponer su personalidad; pero estos a su vez también terminaron chocando con otros de su generación a quienes afectaban con sus prácticas preferenciales y amiguistas; de manera que el grupo no necesariamente quedó en manos de los miembros más desinteresados y mejor intencionados. Claro que esto nunca trascendió públicamente y Hermanos al Rescate se fue creando una aureola de organización humanitaria que la acompañaría por años.

Durante cuatro años el grupo se dedicó fundamentalmente a la tarea de salvar balseros, mientras las labores de propaganda y subversión se realizaban de una manera más sutil y solapada. Su jefe ciertamente nunca dejó de prestar atención a otros ángulos; recuerdo que en el verano del año 92, justo tras el huracán Andrew de triste recordación en Florida, Basulto me consultó con un mapa de la red eléctrica de Cuba en la mano, sobre la factibilidad de llevar por avión una carga explosiva que se pudiera poner bajo una torre de alta tensión en algún lugar de la Isla. De ahí se deriva una de las preguntas que le hiciera McKenna al testigo, haciendo que este le replicara preguntando a su vez al abogado si estaba haciendo el trabajo de la Inteligencia cubana.

Pero el hecho concreto es que el grupo buscaba balseros, y mientras lo hizo no tuvo el menor problema con las autoridades cubanas. Más de una vez los aviones de Hermanos al Rescate penetraron dentro del límite de las doce millas tras haber avistado una balsa desde más al norte, sin que nuestro país se molestara en llamarles la atención o despegar un Mig para interceptar al intruso. Fue la llegada del año 94, cuando nuestra economía tocó fondo y muchos en Florida comenzaron a afilarse los dientes, lo que acentuó en la mente de Basulto sus sueños subversivos y la esperanza de convertirse en una figura protagónica de la “inminente caída del régimen castrista”.

Por aquella época habían desertado unos pilotos de Cuba a los que el traidor Rafael del Pino unió en un grupo de vida tan efímera que su nombre no debe conservarse ni en la memoria del exgeneral. Basulto vio en este grupo un medio para subvertir la conciencia de los militares de la Isla, y se produjo un acercamiento que culminó con una reunión en casa de un exmilitar de las FAR, donde se analizó un programa que lanzaría el grupo formado por Del Pino. En dicha reunión se discutió durante cerca de media hora para convencer a Basulto de que el terrorismo no debía aparecer, al menos públicamente, como uno de los medios que se emplearían para el derrocamiento del gobierno en Cuba. Es sugestivo que entre los que disuadimos al prócer de exponer públicamente sus inclinaciones terroristas se encontraba Juan Pablo Roque, a quien ahora quieren achacar cuanto plan violento pasó por la mesa de diseño de Hermanos al Rescate.

A esta reunión siguió un vuelo que se realizó el 17 de abril de 1994, la primera provocación protagonizada por Hermanos al Rescate en aguas cubanas. Ese día se hizo una conferencia de prensa previa al despegue en Opa-locka, donde se anunció con gran fanfarria el vuelo conjunto del grupo de Basulto y los exmilitares y pilotos cubanos. Tras la conferencia de prensa Basulto y Roque abordaron el N2506 en compañía de Bernadette Pardo de la cadena Univision, mientras otros lo hacíamos en dos aviones más para regalar a la ciudad de La Habana un espectáculo pirotécnico en el que uno de los aviones desplegó un rastro de humo volando paralelo al Malecón, a unas tres millas de distancia. Estas imágenes son las que Paul utilizó para mostrar a Basulto en su supuesta conversación con el Mig-23 que evolucionaba alrededor de nosotros, y se introdujeron durante la examinación del testigo.

Esta payasada inauguró una época de provocaciones destinadas a crear inestabilidad en Cuba, cuando se calculaba un aumento en la salida ilegal de balseros, lo cual era malinterpretado como una señal de que la Revolución se venía abajo. Los tiempos eran de euforia y se recibía con deleite a todo el que llegara ilegal con gran despliegue de propaganda. Todavía recuerdo la marcha triunfal de un individuo de nombre Leonel Macías al desembarcar del barco que había robado del puerto del Mariel tras asesinar a un joven oficial de la Marina de Guerra, hecho que fue parte de una serie que incluyó los sangrientos asesinatos para robar una embarcación en Tarará, el secuestro de una lancha de Regla, la tragedia del remolcador 13 de Marzo y el disturbio del Malecón el 5 de agosto de ese año.

Cada uno de estos hechos era celebrado con malsana euforia por la prensa de Miami y por todo ese elemento que, en su odio ciego, no pudo percatarse de que estaba halando demasiado de la cuerda. Inexplicablemente aquí no hubo una sola voz que llamara a la cordura, y cuando sucedió lo inevitable todo el mundo se escandalizó de que Cuba abriera las costas para que se fuera quien quisiera.

Mi primer y único vuelo con Hermanos al Rescate durante el éxodo conocido como la Crisis de los Balseros, fue en septiembre de ese año y todavía recuerdo los rostros abatidos de todo el mundo al regresar al hangar del grupo en Opa-locka. Lo peor del caso es que quienes hasta el día anterior llamaban a castigar a Cuba porque no permitía salir a los balseros, ahora clamaban por acciones militares contra la Isla por lo que llamaban “una agresión y un chantaje de Castro, utilizando a los balseros como arma contra Estados Unidos”. El paso de los días y la falta de acción militar de este país contra Cuba acabó por convencer a esta gente de que el negocio se iba a pique; y todavía me parece ver la imagen de Freddy Flaker cuando, en un gesto de impotencia, nos decía frente a IFC:

—Balseros de mierda…, me dan ganas de salir con un avión cargado de baterías y hundir balsas hasta que se me acaben.

Y pasaron los meses y la Revolución no se cayó, el gobierno americano no atacó, el negocio de los balseros se acabó y esta mafia, nuevamente, con sus ganas se quedó. La firma de los acuerdos migratorios entre ambos países, primero de manera provisional y luego definitivamente, en septiembre del 94 y mayo del 95 respectivamente, enterró las esperanzas de que la situación llevara a una confrontación, como soñaba esta tropa.

Su reacción mostró lo poco que les importaba la vida de los balseros “en busca de libertad”, pues al lanzarse a las calles de Miami en protesta por el acuerdo que permitía a veinte mil personas venir cómodamente y sin peligro, hicieron obvio que su preferencia apuntaba al mantenimiento de la situación anterior, es decir, emigrantes sometidos a una lucha macabra contra la corriente del Golfo, de los que tal vez llegaban unos tres mil al año, mientras otro millarcito quedaba bajo las aguas y unos pocos cadáveres que llegaban flotando al paraíso podían ser enterrados con mucha fanfarria y discursos hipócritas de cuanto politiquero se podía subir a la tribuna. No demasiado costo para el mantenimiento de esta industria del rencor. Después de todo estoy seguro de que ellos se cotizan muy por encima de un millarcito de balseros.

Así las cosas, solo les quedó el camino inaugurado por Basulto en su vuelo del 17 de abril para mantener su popularidad y sus finanzas. Basulto repitió la gracia durante su vuelo a la base de Guantánamo, en noviembre del 94, y luego, junto a Ramón Saúl Sánchez, exterrorista de larga trayectoria que había descollado durante las protestas de mayo del 95, completó una yunta que, combinando tirones individuales con alguna que otra coincidencia circunstancial, dio lugar a las flamantes flotillas. Ya el primero había jugado con los Mig sin consecuencias, y esta gente es bastante rápida cuando se trata de llegar a las conclusiones más convenientes, como la de que “podemos juguetear con Cuba y luego alardear en Miami sin problemas”.

De esta manera se fraguó la flotilla del 13 de julio de 1995, y la consiguiente violación del espacio aéreo sobre La Habana, bajo el pretexto de honrar a las víctimas del remolcador 13 de Marzo. A esta siguieron otras, la mayoría canceladas por mal tiempo o por percances de otro tipo, en las cuales siempre se anunciaba la posibilidad de irrumpir nuevamente en aguas cubanas clamando por un supuesto derecho al retorno. Pues para ellos no es suficiente con que las salidas de Cuba sean dramáticas. Si usted quiere regresar al país, no se supone que lo haga por un aeropuerto o puerto de entrada como en cualquier país del mundo. No, no, no. La única manera digna de visitar la Isla es a través de una flotilla junto a Ramón Sául Sánchez, retando a las autoridades cubanas, llevando cámaras de televisión y provocando un incidente entre Estados Unidos y Cuba; pues estos patriotas, más verdes que las palmas, más azules que el Caribe y más sabrosos que un batido de mamey, no pueden hacer nada de eso si no es en un avión o un barco matriculado en los Estados Unidos de América.

Así transcurrió el período entre la flotilla de julio del 95 y el lamentable incidente del 24 de febrero del 96. Que si voy, que si no voy, que si entro, que si no entro, que ahora sí, que no me aguantes Clinton porque yo soy un patriota cubano, que sí, mira Clinton qué malo es Fidel que no me deja, haz algo Clinton, que no lo hagas, y siempre con la prensa para arriba y para abajo, con un despliegue de alardes y de bufonadas cuya culminación fue el lanzamiento de volantes sobre La Habana en enero del 96. Todo esto, claro está, junto a las advertencias de Cuba y más alardes de parte de Basulto: “Los Mig de Castro no tienen ni gasolina”, le oí decir en una ocasión y después de todo era cierto, porque el Mig-2908 no vuela con gasolina sino con jet fuel.

Los hechos restantes han sido ventilados profusamente en este juicio, por eso he querido sustituir mis conclusiones sobre el testimonio de Basulto con esta retrospectiva; dado que al final lo que ocurrió no es más que el resultado de todas estas bravatas y de la combinación de odios, resentimientos, politiquería, revanchismo e intereses económicos que han terminado siendo parte de esta industria diseñada para vivir de las tensiones con Cuba y de la explotación de las emociones más primitivas del ser humano.

Después vendrían las lamentaciones y las acusaciones: Que si el gobierno norteamericano no quiso evitar el incidente. Que si los cubanos libres ya no lo eran tanto y había que demandar a Cuba por una suma millonaria por actos de terrorismo contra ciudadanos estadounidenses pacíficos. Que si el gobierno norteamericano actuó con mucha benevolencia ante el crimen castrista y tantas otras tonterías más.

Pero a veces es mejor que la historia hable por sí sola y por eso te la entrego tal como es, sin someterla a análisis.

Creo que de todo lo que dijo este personaje en el estrado de los testigos hay una sola afirmación sincera: el día del derribo Basulto estaba en negación. Basulto no creyó las advertencias de Cuba. Basulto no creyó que Cuba se atreviera a derribar su avión de matrícula norteamericana. Basulto pensó que podía dedicarse impunemente –como durante años– a sus actividades. Siendo cubano al sur del paralelo 24 y norteamericano al norte. Basulto se equivocó.

A la 1:28 ocupa el estrado de los testigos el señor Peter Ostrovski, agente de aduanas dedicado a la investigación de violaciones de las leyes de exportación y del embargo. Este agente fue el que entrevistó a Basulto en relación con las violaciones de la Ley de Neutralidad. Bajo la guía de McKenna básicamente repite los elementos que habían salido a relucir de dicha conversación, reitera que el entrevistado expresó simpatías por los grupos anticastristas, independientemente de su método para luchar contra Castro. El interrogatorio es breve y a la 1:35 Heck Miller puede disponer del testigo.

Heck Miller pregunta al agente si Basulto usó la palabra “ilegal” –todavía esta señora está atada a Basulto y lo sigue defendiendo– para referirse a los grupos que buscaban derrotar al gobierno cubano. Y el oficial, que no muestra mucho entusiasmo por la citación de McKenna, contesta que no. La fiscal entonces sigue en sintonía con Basulto, nuevamente trata de saber si había algún objetivo oculto en la visita de Ostrovski; pero las objeciones de Paul se lo impiden.

Pregunta luego al agente si sería justo decir que el entrevistado simpatizaba con los objetivos de los grupos anticastristas pero no con sus métodos. Tras la respuesta afirmativa del agente, la fiscal le pregunta si Basulto le pareció cándido y este, que parece serlo, le responde que sí, dando fin a la contraexaminación.

A tres minutos de la 1:45, Paul solamente entrega al agente su propio informe tras la entrevista con Basulto y le pide leer una oración: “El señor Basulto dijo que no reportaría sobre las actividades anticastristas aun cuando estas fueran ilegales”. McKenna recoge el papel de manos del agente y le pregunta:

—¿Fue eso lo que usted escribió?

—Sí.

—No más preguntas –concluye el abogado, y termina la semana.

Notas:
[1] Período de enfrentamiento entre las potencias imperialistas y el naciente campo socialista, tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque su nombre se deriva de la falta de hostilidades directas entre los principales contendientes, para muchos otros países no tuvo nada de fría.
[2] Servicio comercial de aviación localizado en el Aeropuerto Ejecutivo Kendall Tamiami, al suroeste de Miami. Lugar de reunión de pilotos contrarrevolucionarios. Fue en IFC que se fundó Hermanos al Rescate. Algunos de los equipos aéreos obtenidos para el aparato paramilitar de la Fundación Nacional Cubano-Americana fueron basados allí.

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

René González Sehwerert

René González Sehwerert

Héroe de la República de Cuba. Uno de los cinco jóvenes revolucionarios que se infiltró en grupos terroristas que desde la cuna de la mafia anticubana, Miami, organizan impunes sus ataques criminales contra el territorio cubano. Fue condenado a 15 años de prisión. Su causa contó con una enorme solidaridad internacional. Regresó a Cuba en el año 2013.

Vea también