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Guanina: El último día del año 1958

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Guanina, escenario del combate el 31 de diciembre de 1958, ultimo celebrado por la Columna 19 “José Tey”, del Segundo Frente Oriental “Frank País”. Foto: Archivo.

Ya el combate de Sagua de Tánamo había concluido, aunque con una costosa victoria: veintiún combatientes rebeldes ofrendaron sus valiosas vidas por su liberación.

Las tropas de las Columnas 17 y 19 que participaron en él tenían nuevas misiones y tomaban los variados caminos del Segundo Frente Oriental “Frank País” para realizar otros combates que contribuyeran a la liberación de la patria.

Sagua de Tánamo había sido, prácticamente, una batalla. Desde el 9 de noviembre que, formando parte de la Operación “Flor Crombet”, comenzó el cerco por las tropas de la Compañía B “Pedro Sotto Alba” de la Columna 19 “José Tey”, hasta el 24 de diciembre, se había estado combatiendo día a día y con mayor intensidad desde el 16 de diciembre, cuando a las 11 de la noche combatientes de ambas columnas irrumpieron en el poblado por varias direcciones, en ataque-comando contra las posiciones fortificadas del enemigo… ¡Siete muertos solamente para entrar!

Con las armas capturadas en el combate se pudieron reforzar ambas columnas y la Compañía B a mi mando, pudo tener cinco tropas móviles de 25 hombres cada una al mando de un 1er. Teniente y con armas automáticas o semi automáticas. Cada una llevaría el nombre de uno de los caídos en los combates:

  1. “Juan Paz Camejo”  1er. Teniente Ricardo Cisneros Díaz
  2. “Pedro Álvarez Pileta” 1er. Teniente Antonio Lamorú Velázquez
  3. “Abraham González Reyes” 1er. Teniente Orlando Montero Núñez
  4. “Rolando Monterrey Caballero” 1er. Teniente Luis Argelio González Pantoja
  5. “Joaquín Díaz Cominches” 1er. Teniente Ernesto Ramos Latour.

Con personal de la Compañía B “Pedro Sotto Alba” también se le creó una Unidad Móvil, la Núm. 6 “Reinaldo Grimón Ferreira”, al 1er. Teniente César Lara Roselló de la Comandancia de la Columna. Se asignó para que acompañara al jefe de la Columna.

Inmediatamente, al terminar el combate, el Comandante Belarmino Castilla Más, Aníbal, jefe de la Columna 19 “José Tey”, convocó en el pueblo a los dirigentes de la lucha clandestina del “26 de Julio” y a los representantes de las instituciones civiles para organizar el poder civil y comenzar los trabajos de reconstrucción del poblado de Sagua de Tánamo, casi destruido por la aviación de la dictadura y el fuego dado por las partes contendientes.

Al frente de las tropas de la Compañía B designé al subteniente Julián Rizo Álvarez, quien en representación del mando militar debía poner a todos los combatientes de la Compañía B, no organizados en las Tropas Móviles, en función de ayudar a la Administración Civil, establecida según la Orden Militar #53 del 16 de diciembre del jefe del Segundo Frente Oriental “Frank País”, Comandante Raúl Castro Ruz, en la que se reglamentaba el “Sistema de Administración Municipal” para los pueblos y ciudades  que se fueran liberando. Junto al sub teniente Renato Rabilero Duarte y José Pérez Martín, el sub teniente Rizo Álvarez integró la primera Comisión del Gobierno Revolucionario en Sagua de Tánamo.

El jefe de la Columna 19 había recibido la felicitación del Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, Fidel Castro Ruz y también la nueva misión: La toma y liberación de Mayarí.

Carta de Fidel Castro a Belarmino Castillo (Aníbal)

Palma Soriano, dic. 26,58, 7:30 p.m.

Aníbal:

Te felicito, Lussón acaba de informarme todo. Tu objetivo ahora es Mayarí. Envía fuerzas con toda rapidez a tomar el camino de Mayarí a Preston. Deben ser lo suficientemente numerosas para impedir que la guarnición se retire. A mi entender el esfuerzo que venía de Preston y que tengo noticias de que pasó hacia Mayarí, tiene el objetivo de retirar la tropa de este punto.  No creo que en las actuales circunstancias puedan pensar en otra cosa que en retirarse de Mayarí.

Después que hayas asegurado el camino por donde único pueden retirarse, tienes tiempo para preparar el ataque sistemático contra la posición.

Todo marcha por aquí bien.

Raúl está reunido hoy conmigo; ya hemos tratado este asunto. Para ahorrar tiempo te envío directamente las instrucciones, ya que en este momento él no está aquí y quiero que el portador salga con toda urgencia.

¡Mucho éxito!

Fidel Castro Ruz

Carta del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz al comandante Belarmino Castilla Más, Aníbal, el 26 de diciembre de 1958, donde lo felicita por la liberación de Sagua de Tánamo y Cayo Mambí y le plantea la nueva misión: la liberación de Mayarí.

Para el cumplimiento de esta misión, el Comandante Aníbal instaló su Puesto de Mando en el batey de Juan Vicente y para allá fueron partiendo las Tropas Móviles de ambas compañías de la Columna, la A “Orlando Regalado” bajo el mando del Comandante Gilberto Cardero Sánchez.

Me demoré unos días en salir para Mayarí, por estar ocupado en coordinar todas las fuerzas y recursos para la recuperación de Sagua de Tánamo. El 28 en la noche recibí al Coordinador del “26 de Julio” en Moa, Luis Abdala, quien me trajo la buena noticia de que las fuerzas de la tiranía, bajo el mando del capitán Elías Fernández, habían abandonado el poblado industrial y las fuerzas rebeldes bajo el mando del Sargento Manolito Leyva habían entrado triunfantes en Moa.

Con esta noticia incorporé fuerzas y recursos de Moa a la reconstrucción de Sagua de Tánamo.

Fue muy emocionante transitar por el terraplén de Sagua de Tanamo-Cayo Mambí-Nicaro-Mayarí a pleno día, admirando la belleza de los campos de la región y recibir la alegría de los habitantes de la zona acostumbrados a vernos solamente de noche.

Al pasar por Cayo Mambí en horas del mediodía del 29 de diciembre fuimos “emboscados” por el fotógrafo profesional, Marcel, quien nos obligó a retratarnos para su cámara de cajón, gracias a él podemos presentar hoy este querido recuerdo.

Pasamos por Río Grande, poblado del combate donde Joaquín Díaz Cominches e Ibrahím Álvarez Céspedes habían ofrendado sus vidas el 19 de septiembre al enfrentar a las fuerzas de la dictadura bajo el mando del capitán Amador Cruz, jefe de la 77 Compañía de fusileros de la Guardia Rural, en Cayo Mambí. Temprano aún llegamos a un lugar conocido por Naranjal debido a la abundancia de esa fruta, y pudimos disfrutar de un rico fricasé de puerco en compañía de la móvil del teniente González Pantoja, acampada en ese lugar. ¡Ya íbamos comiendo mejor!

Llegamos al batey de Juan Vicente el día 29, ya anocheciendo. El ataque a Mayarí lo tenía planeado el Comandante Aníbal para las 11 de la noche del 30 de diciembre, por lo que rápidamente nos esbozó su idea al Comandante Cardero y a mí. Nos mostró la carta recibida del Comandante Fidel Castro y nos informó que una vez que tomáramos Mayarí, mi Compañía tenía la misión de ir para Holguín a reunirse con fuerzas rebeldes de los comandantes Abelardo Colomé Ibarra y Eddy Suñol y por la costa Norte ir hacia el occidente del país a reforzar al Comandante Camilo Cienfuegos, en Las Villas.

La hora y fecha del ataque estaban condicionadas a la recepción de un refuerzo de 40 hombres y un blindado construido de un buldócer D-8, que nos enviaría el Comandante Antonio Enrique Lussón, jefe de la Columna 17 “Abel Santamaría”.

Al otro día, muy temprano, realizamos un reconocimiento alrededor de la ciudad con todos los jefes de las tropas que iban a actuar. En él, el Comandante Aníbal nos fue puntualizando las misiones.

Pudimos apreciar la belleza de la ciudad de Mayarí, con sus muchas casas coloniales, la mayoría de madera con techos de zinc. Lamentábamos que se tuviera que pelear como en Sagua de Tánamo y este pueblo también sufriera lo despiadado de las bombas y el ametrallamiento de los aviones del tirano, y el fuego destructivo que dejara sin hogar a más cubanos.

En la tarde del 30, el Comandante aplazó el ataque para el 31 de diciembre, pero esa noche todas las fuerzas se acercaron más a la periferia de la ciudad y se reforzó la emboscada en la carretera de Mayarí al Central Preston, hoy Guatemala. En ella, estaba la aguerrida Tropa de Choque móvil del 1er. Teniente Ricardo Cisneros Díaz, Jotor.

Unos 300 combatientes rebeldes estaban listos para la acción aquel último día del año 1958. Similar cantidad de defensores de la dictadura estaban cercados dentro de la ciudad formando parte del Escuadrón 74 de la Guardia Rural, de la 76 Compañía Operacional, la represiva policía, los masferreristas y chivatos.

Esa noche me quedé junto al Comandante Aníbal en el batey de Juan Vicente expectantes hasta el último minuto. Con las primeras luces del amanecer se comenzó a sentir un fuerte tiroteo en la carretera de Mayarí a Preston, y para allí partimos de inmediato.

Por el camino supimos que el enemigo había abandonado Mayarí y se encontraba detenido por las fuerzas rebeldes en la zona de Guanina. Con el mismo combatiente que vino a nuestro encuentro, el Comandante Aníbal le envió una orden al 1er. Teniente Ramos Latour de ocupar la ciudad y crear condiciones en el hospital para atender las bajas que se tuvieran del combate que ya había comenzado.

Toda la zona eran campos de caña. En el camino nos cruzamos con un jeep que venía de donde se combatía. En él varios combatientes traían el cadáver de Mario Surí Terrero. El Dr. José Ramón Balaguer Cabrera, jefe de los Servicios Médicos de la Columna, lo revisó y le apreció un balazo por el costado izquierdo que le había perforado el corazón y le ocasionó la muerte instantánea. Aún tenía sus verdes ojos abiertos. Se los cerré con tristeza; había sido un magnifico compañero, muy serio y responsable que formaba parte de la tropa de mineros bajo el mando del cabito Romero.

Seguimos adelante, cruzamos la línea del tren de Mayarí a Preston y llegamos a las alturas que Fidel le había señalado verbalmente ocupar a nuestro jefe de Columna. Desde allí se dominaba la carretera y el batey donde trataban de ocultarse, protegerse y defenderse los guardias.

Allí estaba el 1er. Teniente Antonio Lamorú, Ñito, que de inmediato me puso al tanto de la situación. En la carretera se veían los distintos vehículos utilizados para la evacuación de Mayarí. Se apreciaba que había más de 300 enemigos cercados. El Subteniente Mayito Griñán nos mostró el lugar desde donde combatía Mario Surí cuando fue impactado por el proyectil enemigo. Su sangre, aún fresca, se veía abonando la tierra cubana.

Todos los que llegamos ocupamos posiciones y comenzamos a dispararles a todos los guardias y casquitos que divisábamos. Al poco rato vino el 1er. Teniente Jotor hasta nosotros. Me dio los detalles de lo que había ocurrido por la mañana. De cómo estando en la misma carretera el Sargento Juan Bory Menencier, Tanganica, había sentido ruidos y de pronto se encontró que silenciosamente venía toda una caravana de vehículos desde Mayarí. Sin demora abrió fuego con su calibre 30, al igual que lo hicieron los demás que se encontraban despiertos en la emboscada, pero que no habían logrado impedir que pasara una tanqueta y algunos jeeps para Preston.

Le di a Jotor un poco de municiones y regresó a su posición con las instrucciones de seguir resistiendo.

Al poco rato llegó el Comandante Aníbal y me informó que estaba al habla con el Comandante Esteban Cuza Garbey, jefe del Escuadrón 74 de la Guardia Rural, que se encontraba en el Central Preston y había enviado al cura párroco de Mayarí, Esmerido Sánchez, con el mensaje verbal de que deseaba discutir la rendición de la tropa sitiada.

El Comandante Aníbal le había exigido que viniera a donde estaba su tropa sitiada a parlamentar, por lo Aníbal me dio instrucciones de intensificar el fuego sobre los sitiados, pues tenían comunicación con su jefe y era necesario que le informaran que tenían una situación cada vez más complicada.

Aníbal se dirigió a la posición ocupada por el Comandante Gilberto Cardero, jefe de la Compañía A “Orlando Regalado”, para darle las mismas instrucciones. Con Cardero estaban las tropas rebeldes de los aguerridos tenientes Pancho y Melquiades González, Roberto Letucé y Perfecto Álvarez Bárcenas y el Sargento Ernesto Darías Peña, quienes cerraban el círculo de fuego por el Este del caserío de Guanina.

Le escribí instrucciones al Teniente Pantoja y a los demás jefes y envié al Sargento Sergio Eugenio Carbó, Papiro, a reforzar la posición en la carretera a Mayarí, para que de ninguna forma la tropa sitiada lograra regresar al pueblo. Papiro estaba muy contento. Combatía con el garand del 2do. Jefe de la Compañía B, el querido 1er. Teniente Pepín Lupiáñez, herido en el combate de la carretera de Cayo Mambí a Sagua de Tánamo el 23 de diciembre. Me mostró que la sangre de Lupiáñez le había dado un color especial a la madera del fusil.

Llego el Sargento Armando Garriga y me informó que tropas del Central Preston habían tratado de venir por la vía férrea y habían sido rechazadas por tropas rebeldes al mando de los1ros.tenientes Rolando Matos, Matador, e Ibrahím Blez.

En horas del mediodía vino de nuevo Aníbal y me informó que el Comandante Cuza Garbey estaba en dispuesto a regresar con el cura párroco y le había manifestado su disposición a la rendición, pero que era necesario que me llegara a la carretera a hablar con el Capitán Royo Sierra, que se encontraba dentro del cerco para gestionar su rendición.

El Capitán Royo Sierra, era el jefe de la Compañía 76 en operaciones. Del 10 al 18 de noviembre siendo jefe del Cuartel de la Mina de Ocujal había resistido los ataques de las tropas de la Compañía A “Orlando Regalado”, más 60 combatientes de la Columna 17 “Abel Santamaría” al mando del 1er. Teniente Manuel Céspedes Fernández y de un pequeño refuerzo de la Compañía B “Pedro Sotto Alaba”, todas las tropas bajo el mando del Jefe de la Columna 19 “José Tey”.

En compañía del Dr. Balaguer Cabrera, el Teniente Wicho Calvo y de Douglas Deas Correoso, me dirigí a la carretera. A medida que iba bajando de la colina me iba encontrando a los combatientes rebeldes que atrincherados rústicamente mantenían el estrecho cerco rebelde.

Allí estaba la móvil de Pantoja en la misma falda de la colina, al que le di instrucciones de que a la primera señal bajara a confraternizar con los sitiados con extrema buena forma.

En la propia carretera estaba Jotor, con él Juan Bory Menencier, Tanganica, Jacinto Toledo, Teodoro Delgado, Maresma, los dos Terrero, Samprón, Pepe Cisneros, Misael Rodríguez, Baracoa, los Texido y otros de “Los valientes de Jotor”.

La entrevista se realizó en una caseta de Parada de Ómnibus al borde de la carretera. El Capitán Royo Sierra llegó acompañado por dos oficiales. Era un hombre blanco, grueso, de pelo negro y unos 35-40 años. Se le notaba muy nervioso, pues el casco con su nombre “Capt Royo” lo mismo se lo colocaba en la cabeza, como lo sostenía en sus manos, que lo ponía en el piso de cemento de la caseta.

Le dije que su jefe, el Comandante Cuza Garbey, estaba en disposición de rendir la tropa sitiada pues ya era inútil toda resistencia y derramamiento de sangre de cubanos y que yo había recibido instrucciones de mi jefatura de ofrecerle una honrosa rendición donde recogeríamos todas las armas de combate, aunque los oficiales conservarían sus armas de cintura, les daríamos atención a todos los heridos y toda la tropa podría ser evacuada para el Central Preston.

El Capitán Royo Sierra no se decidía, pero en eso se asomó y vio cómo los rebeldes habían ido bajando a la carretera y ya se comenzaba a confraternizar con los soldados sitiados, los que muy contentos recibían con los brazos abiertos a los rebeldes depositando los fusiles en la tierra.

-Ya ve Capitán, ya nadie quiere seguir derramando sangre de hermanos -le dijo el Dr. Balaguer Cabrera.

En esos momentos, llegó hasta nosotros el Comandante Aníbal, quien ratificó las condiciones de la rendición y junto con el Capitán Royo Sierra y sus dos oficiales acompañantes, nos encaminamos por el medio de la carretera hacia donde confraternizaban los guardias y los rebeldes.

El Comandante Cuza Garbey regresó de Preston con el sacerdote. Un importante papel tuvo en esta victoria la actuación del cura párroco Esmerido Sánchez, quien exponiendo su vida trataba de evitar más derramamiento de sangre entre cubanos. Y lo logró.

Doce habían sido los muertos de las fuerzas de la tiranía y 19 heridos, y uno mortal por parte nuestra y dos heridos.

Los heridos los evacuamos rápidamente para el Hospital de Mayarí, pues el 1er. Teniente Freddy Ramos Latour, conocedor de la ciudad, temprano en la mañana ocupó todas las dependencias y organizó los aseguramientos necesarios en estrecha coordinación con el movimiento clandestino y la población, que feliz ayudaba en todo lo que hiciera falta. El Sargento ER Manuel Dosil López se ocupó de preparar óptimamente el Hospital.

Uno de nuestros heridos fue el Comandante Gilberto Cardero en un muslo. Su fuerte constitución física le permitió seguir en la carretera ayudando en la organización de la recogida de las armas, identificación de los muertos y la evacuación de los prisioneros sin dilación para el Central Preston.

Otro de nuestros heridos fue el temerario Sargento Papiro Carbó Ricardo, quien por su gravedad había sido evacuado en una ambulancia para Marcané, donde funcionaba un hospital con óptimas condiciones. El cirujano era el prestigioso Dr. Figueredo. Lamentablemente fallecería 5 días después.

Durante las conversaciones con el Comandante Cuza Garbey en la carretera, este señaló la necesidad de apurarnos, pues en cualquier momento podrían aparecer los aviones de la Fuerza Aérea.

Recuerdo cómo el teniente Wicho Calvo Montes de Oca, jefe de la Inteligencia de la Columna 19, le dijo:

-No se preocupe Comandante, que probablemente esos aviones estén evacuando fuera de Cuba a los principales culpables de esta lamentable guerra fratricida.

Solo faltaban horas para que, en uno de esos aviones que tanto dolor habían causado a la población cubana durante los casi 7 años de feroz tiranía, huyera para siempre de nuestro país, uno de los tiranos más corrupto y asesino que desgobernó la nación cubana.

Faltaba poco para que el pueblo de Cuba, gracias al sacrificio de sus mejores hijos, pudiera gritar con alegría: ¡Viva Cuba Libre!

Armando Rabilero Duharte, capitán José L. Cuza Téllez de Girón, teniente médico José R. Balaguer Cabrera, sargento Andrés Agüero Lamorú. Delante Emilio Surí y Lesmes Jardines Ferrer. Cayo Mambí el 29 de diciembre de 1958. Foto: Marcel / Archivo.

El comandante Esteban Cuza Garbey, el cura párroco Esmerido Sánchez, el Comandante Belarmino Castilla Más, Anibal, el 1er. teniente Luis Calvo Montes de Oca y el chofer del cura párroco. Foto: Archivo.

Se han publicado 4 comentarios



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  • Pedro Luis González Domínguez dijo:

    Transcurría el centenario
    del Apóstol y la nación
    se hundía en la corrupción,
    era la patria un calvario.
    Un déspota, un sanguinario
    la bandera mancillaba,
    pero por fin despertaba
    el honor y la virtud,
    digna de una juventud
    que en armas se levantaba.

    De jóvenes una hornada
    dirigida por Fidel
    siendo a su legado fiel
    asaltó el Cuartel Moncada,
    dieron la gran clarinada,
    Cuba entera se conmueve
    y nadie a negar se atreve
    que fue el preludio certero
    de aquel primero de enero
    del año cincuenta y nueve

    El veintiséis sin consuelo
    asesinados caían
    aquellos que pretendían
    tomar por asalto el cielo.
    Fueron noches de desvelo
    pero jamás claudicaron,
    ante sus muertos juraron
    liberar a esta nación
    y hoy disfrutan la emoción
    de saber que lo lograron.

    Triunfó la revolución
    marcó el Moncada el sendero
    y aquel primero de enero
    ya era libre la nación.
    Qué pena que en un avión
    el tirano se escapara,
    al saber que en Santa Clara
    su imponente tren blindado
    se lo había descarrilado
    la tropa del Che Guevara.

  • Luis dijo:

    Muy buena narración de los momentos épicos de nuestra aplastante Victoria contra la tiranía. Siempre es bueno poder leer y aprender más de esos díficiles momentos y de héroes casi anónimos que regaron su sangre por esta Revolución y su País.

  • senelio ceballos dijo:

    GLORIA ETERNA A LOS BRAVOS MUERTOS EN COMBATE!!!....Muy historico, educactivo articulo..Gracias desde Rusia

  • Pedro Margolles dijo:

    Buen articulo del querido Pepito Cuza. Es muy necesario que los protagonistas escriban. Ya han pasado 60 años, y es muy importante que no se pierdan los testimonios de los actores de aquellos hechos gloriosos de la patria, que trajeron la libertad del pueblo cubano aquel 1ro de enero de 1959.
    Los que leemos estos relatos historicos debemos estimular con nuestros comentarios a ellos a que sigan escribiendo; que sigan sacando de sus viejas mochilas estos valiosos recuerdos.

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José Luis Cuza Téllez de Girón

José Luis Cuza Téllez de Girón

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