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El centenario de Margarita Lecuona

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Margarita Lecuona

Margarita Lecuona

Coincide este domingo con la fecha natal de la autora de dos clásicos del repertorio afrocubano tan cultivado por los jóvenes compositores que engrosaban las filas de quienes en el ámbito cultural, al arribar la década de los años treinta y en el transcurso de esa etapa del siglo XX, hicieron florecer de muy diversas maneras el interés por las raíz africana como componente esencial de nuestra identidad. Me refiero a Babalú y Tabú, piezas nacidas de Margarita Lecuona, por aquel entonces una inquieta  veinteañera que, desde sus años de adolescencia, había decidido conducir por el buen camino su innegable vocación por el arte.

Aunque -según se afirma en todos los trabajos que ofrecen información acerca de esta notable artista-su vínculo familiar con Ernestina y Ernesto Lecuona no era cercano, el solo hecho de  ser portadora de ese apellido debe haberle dado a sentir, desde siempre, unas ganas muy grandes de arte. La guitarrista y profesora Clara Nicola, ofrece su testimonio acerca de las excelencias de la joven discípula de guitarra a quien su madre, la insigne maestra Clara Romero de Nicola, tanto distinguía. Algo había resultado sintomático en relación con la altura que ella se proponía alcanzar cuando, más allá del dominio práctico que ya demostraba en la ejecución del instrumento, no había vacilado en inscribirse en los cursos que su maestra habilitó en la Sociedad Pro-Arte Musical, orientados hacia la técnica de la guitarra clásica. Al mismo tiempo, la vemos tomando clases de declamación y participando, en el desempeño de pequeñas caracterizaciones en los conciertos organizados por la institución, a la par que  debutaba como compositora e intérprete. Una reseña aparecida en la revista de Pro-Arte Musical en 1933 da cuenta del estreno de su composición Boca que miente, pieza temprana que, si bien no figura entre lo más divulgado de su producción, recibió una excelente acogida por parte de la crítica habanera y que, en aquella ocasión, interpretó a dúo con quien figuraría luego como una destacada compositora e intérprete: Lily Batet–.

Abrirse al mundo de la música popular cubana en el momento en que esta expresión trascendía los bordes de la isla a partir de la conjunción de compositores, obras e intérpretes que se encargaron de esparcir el gusto por lo cubano tanto en Europa como en el continente americano; hacerlo desde una guitarra y una voz de mujer y lanzar obras que se caracterizarían por auxiliar a cada intérprete a poner de manifiesto los rasgos más definidos de su personalidad, resultó -a mi juicio-un hecho admirable. Baste recordar que Miguelito Valdés llegó a conocerse, durante algún tiempo, con el sobrenombre de Mister Babalú; baste aproximarse a la interpretación de Bola de Nieve. Cualquiera diría que la obra no fue concebida antes de conocerlos sino hecha a la medida indistintamente, para cualquiera de esos dos grandes de nuestro universo musical.

Nada que ver con el modo de cantar que responde a la estética de la trova tradicional o el canto lírico, su voz bien timbrada, centrada en el estilo directo que caracteriza a quienes conocemos como cancioneras o cancioneros, apropiado para responder al clima expresivo de una canción que comienza a marcar pautas diferentes en relación con el cancionero de las primeras décadas del siglo, la vemos coincidir y, en su condición de mujer que se acompaña con guitarra, contrastar con los compositores noveles que, provenientes de puntos diferentes de la isla, arriban a La Habana en los primeros años de la década de los cuarenta, todos pianistas y cultivadores de un estilo de canción que coincide plenamente con las características formales de la suya. Se trata de autores como René Touzet, Orlando de la Rosa, Mario Fernández Porta, Julio Gutiérrez, Juan Bruno Tarraza o Bobby Collazo. Así, se presenta junto a ellos en emisiones radiales o en conciertos, lo mismo en teatros que en cabarets. Su vida  activa en este medio, la coloca, junto a otros solistas, dúos y tríos, entre los artistas mejor cotizados en emisoras como la CMQ. Su lucha incesante por mantener viva la producción musical propia, se extiende hasta el momento en que  la televisión arriba al panorama musical cubano.

Piezas como Eclipse y Por eso no debes, figuran entre lo más logrado del cancionero de esos años. Amante del lado armónico que tantas posibilidades ofrece a esta expresión, la vemos formar su propia agrupación vocal a la que se refiere el compositor Bobby Collazo en sus recuentos: el Trío Babalú, integrado por dos voces masculinas y la de la propia compositora. Su historia, en relación con nuestra vida musical, oscila entre ausencias y presencias. Se habla acerca de temporadas viviendo en Argentina o en Estados Unidos, país donde fijó su residencia en los últimos años de su vida.

Reconstruir la cronología de Margarita Lecuona  requeriría  un largo e interesante proceso de investigación en aquellos sitios donde se le vio desplegar su arte, abarcador de la música y el teatro. Confiemos en que algún día pueda realizarse este acto de justicia. Al menos, entre nosotros, se le recuerda cada vez que escuchamos la versión que Sara González dejara grabada, en el Volumen II de su serie discográfica Cantos de mujer, de una obra de la compositora que  ha quedado inscrita enytr los clásicos de la música cubana: la canción-bolero Eclipse.

Aparte del valioso testimonio que agradecemos a Clara Nicola Romero, así como a su colaboración a partir de materiales de su archivo personal, figuran, entre los trabajos consultados en busca de elementos que nos permitieran acercarnos a esta figura sin cuya presencia ningún recuento en materia de música popular cubana podría estimarse como completo, el Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba, de Radamés Giro; el Diccionario de mujeres notables en la música cubana, de Alicia Valdés; Cuando salí de La Habana, de Cristóbal Díaz Ayala y La última noche que pasé contigo, de Bobby Collazo.

Margarita Lecuona falleció en Nueva York en 1981.

Almendares, 18 de abril de 2010

Miguelito Valdés interpreta “Babalú”, de Margarita Lecuona

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  • omar arráiz dijo:

    Excelente información para nosotros los melómanos que estamos pendiente de los personajes que han hecho historia en la música latinoamericana en especial la Caribeña,esperamos sigan publicando trabajos similares. Gracias.
    Omar Arráiz, Venezuela.

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Marta Valdés

La Habana, 1934. Compositora, guitarrista e intérprete de sus obras. En 1955 se inició como compositora con su canción “Palabras”. La autora ha basado sus creaciones en géneros como el bolero y la canción dentro del estilo “feeling”. Entre los intérpretes de su obra se encuentran Elena Burke, Doris de la Torre, Bola de Nieve, Cheo Feliciano, Reneé Barrios y, más recientemente, prestigiosos artistas suramericanos y españoles que se han sumado a esta lista.

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