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Videoclips e industria: ¿Matrimonio feliz?

En este artículo: Cuba, Cultura, Música, Video Clip
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lucas2012_r2_c1Quiero dejar claras dos posturas eminentemente necesarias antes de esbozar mis opiniones sobre el tema. La primera es de carácter personal, y tiene que ver con mi presencia en varios Premios Lucas como jurado hace muchos años, y al que no fui convocado más. Por ello, no voy a referirme al hecho de Lucas, véase la autenticidad —o no— del fenómeno audiovisual cubano, para evitar algún criterio infundado o mal habido de aquellos que conocen mi paso por el jurado, y puedan argumentar que hablo desde el dolor o el desprecio.

La segunda postura tiene que ver con mi distanciamiento sobre el hecho creativo que rodea al video per se, es decir, a sus directores, ya que no es mi intención criticar o ponderar el trabajo integral de un creador determinado, sabiendo de antemano que la principal diferenciación estilística del clip es su nacimiento como obra por encargo en pos de una necesidad expresiva y, por vasos comunicantes, de una macro necesidad de mercadotecnia. Por ello prefiero enmarcar mi texto en el camino de la consecuente necesidad de hilvanamiento entre la industria de la música, en la Cuba de hoy, y la funcionalidad del clip, de sus diversos esquemas en  ocasiones miméticos o que son reflejo de una subculturización a todas luces, gestada en la más decadente imagen edulcorada y simplista de la vida.

Creo que debemos partir de lo que considero el problema primario: la no existencia de un mercado de la música en nuestro país. Al no convivir juntas las necesidades creativas y, por ende, económicas de la discografía y la música en Cuba, el mercado pierde un componente esencial que, en otros contextos (ni buenos ni malos, sino simplemente otros) pudiera funcionar de manera más flexible y dinámica. Tal y como está diseñada nuestra arquitectura artística, el Estado subvenciona gran parte del hecho artístico: la enseñanza, los grupos, solistas, discos y teatros; lo cual ha dado un valor moral, subjetivo y de fuerte impacto en la sociedad durante estos años de Revolución. Ahora bien, ¿tiene esa línea una comunión necesaria con la realidad? ¿Acaso merecen todos el mismo trato, musicalmente hablando?

El ánimo estatal de llevar la cultura a cada confín del país —que se verifica a través de una acertada política—, no tendría por qué contraponerse a un diseño competitivo, y quizás hasta de mercado, que provea cierta jerarquización porque, al final, no todas las propuestas musicales de estos años han sido válidas. Desafortunadamente, esa política que surgió como zurrón para la protección de géneros y la consolidación de cubanísimos proyectos, ha devenido, en ocasiones, en proteccionismo innecesario a ciertas zonas que ni son cultura, ni son creativas; dándole a muchos la potestad de exigir dividendos o prebendas que sabemos, en buen cubano, no merecen. Y con esos truenos es muy difícil concertar un diseño que permita publicitar, mostrar y mercadear con la música en terreno propio, pues las instituciones de la cultura no pueden lucrar ni poner el hecho económico por encima del artístico. Esta razón conlleva entonces a que un artista no se preocupe por la promoción de su concierto, o de llenar algún teatro porque de su total, mediano o mínimo aforo su bolsillo no se verá afectado o beneficiado, pues todo, absolutamente todo, es subvencionado por el Estado.

Amén de esa imposibilidad de publicidad, que solo persigue el contacto del artista con su público, surge entonces otro problema consistente en la dicotomía monetaria que hace que un disco tenga que producirse —a causa del bloqueo— en moneda fuerte y, por consiguiente, venderse en moneda convertible. Dicho de manera expedita: los discos se demoran en su proceso de fabricación y puesta en el mercado nacional, por lo que los músicos en un 80% optan por un paliativo por cuenta propia, y es el producirse sus audiovisuales, con énfasis en el videoclip. ¿Y por qué puse los ejemplos de las subvenciones y la doble moneda como causas directas? Porque en mi opinión, para poder generar dinero que se traduzca en comprar instrumentos, accesorios, vestuario, afiches y demás, los músicos tienen que acceder a espacios no masivos y a veces ni siquiera culturales, para lo cual sí necesitan de la publicidad que brinda el clip. Además, ante la lentitud del proceso fonográfico y el auge de la piratería que desangra no solo al artista, sino al propio Estado, el videoclip es la manera más directa de no perder actualidad ni público ¿Cómo puede haber un mercado casi privado del videoclip en Cuba, con Premio incluido, donde muy pocas entidades del disco están representadas?

Poniendo las cosas en orden, en Cuba solo existen tres casas discográficas de gran impacto: la Egrem, Bis Music y Producciones Colibrí. Una cuarta, Producciones Abdala, desde hace años posee una discreta presencia en el país, por razones económicas; sin embargo, no es desdeñable su catálogo. Otras entidades que aportan —aunque pocos— fonogramas al país, son el Centro Pablo de la Torriente Brau, Producciones Habana Radio, Ojalá y algunos Centros Provinciales de la Música. Es decir, las contamos con las manos y nos sobran dedos. ¿Y esas pocas casas discográficas hacen tantos videoclips al año? La respuesta, sobradamente, sabemos que es no. Y no voy a cuestionar la validez de lo estatal o lo realizado de forma particular, pero en materia musical no creo que sea la ley del libre albedrío la que deba prevalecer, pues entonces no tendrían razón de ser ni el Instituto Cubano de la Músicao el propio Ministerio de Cultura. Un producto musical de mediocre factura, que coquetea con la más absoluta maquinaria de mal gusto, no debe ser el que se publicite a todo bombo y platillo por nuestra TV de carácter público, y aclaro que estoy hablando de mediocridad y mala factura musical.

Ahora bien, para ser justo y ético, algunos buenos músicos tienen que buscar en el videoclip por cuenta propia la manera de expandir su arte, pues las casas disqueras ya están sobregiradas en cuanto a presupuestos para tales fines. Y aquí entonces habría que repensar bien el asunto, a sabiendas de que hoy, tanto en Cuba como en buena parte del mundo, lo que verdaderamente está moviendo al artista es la modalidad de venta en caliente, en espacios festivos donde el público, eufórico y delirante, compra de manera impulsiva el disco del artista con el cual está disfrutando ese momento recreativo; así adquiere productos musicales que no han llamado su atención antes, aun cuando muchos de ellos estén disponibles en las tiendas correspondientes.

Entonces, ¿qué determina en un elevado grado, que ese concierto se llene para que, por consiguiente, la disquera pueda vender el disco, la gorra, la manilla y toda la mercadotecnia al respecto? Sin dudas, el elemento primordial es el clip,  lo que me conduce a plantear que nuestras empresas discográficas tienen que reestructurar sus presupuestos y, tal vez, dedicarle más a la producción de videoclips que al propio CD que, en muchas ocasiones y previamente pirateado, al más puro estilo de Jack Sparrow, se torna mustio en las tiendas. Claro, en Cuba la industria no produce la mercadotecnia alrededor del artista, solo el CD y un afiche, casi siempre hecho de manera apurada; lo cual anima y propicia que el propio artista se haga dueño de sí mismo y que, en su afán de recuperar lo gastado o de producir lo necesario para nuevos desafíos, no tenga en cuenta elementos como el buen diseño, el uso correcto o adecuado de la fotografía, el uso de colores y otros factores.

Como sucede en muchos casos, lo popular no va ligado a la calidad, y una zona de mal gusto se ha ido esparciendo en nuestra sociedad a velocidad inusitada. Eso explica, de algún modo, cómo mediante la legitimación televisiva en programas de moda, la propagación de una ¿canción? plagada de acordes simples, con letra escrita por un estudiante de segundo grado, unido a una mala imitación de Chayanne o Shakira, conduce al delirio a centenares de espectadores. Lo que sucede es que cada día el populismo se impone al buen criterio, y es polémico que la mayoría de los clips de hoy sean de músicos que no están promocionando un disco y que algunas veces ni siquiera pertenecen a una empresa de la música. Súmese a esto que algunos de los artistas más populares de hoy, profesan esa religión llamada merengue electrónico, y sus clips reflejan realidades, actitudes, atmósferas e historias bien coherentes para Londres o París. Digo esto porque, dicotómicamente, La Habana se ha tornado un lugar ideal en lo fotográfico y místico para muchos músicos de talla internacional, mientras los cubanos hacen el movimiento contrario: buscan en otras realidades la satisfacción de sus expectativas. En lo musical sucede un fenómeno casi similar: mientras Marc Anthony, Gilberto Santa Rosa, José Alberto el Canario y otros buscan en este tesoro sin fin (y ganan Grammys, Grammys Latinos, etc.), muchos músicos locales trastocan la brújula e invierten el catalejo.

Hace varios años, publiqué un artículo donde valoraba ―como ahora― varios afluentes del clip cubano, y de la industria. Muy poco ha cambiado. La música que se consume en Cuba no es aquella por la cual somos famosos: llena más un teatro un grupo de reguetón que Omara Portuondo y, amigos míos, la pirámide continúa al revés. No abogo por desmontar lo hecho, lo logrado; ni por censurar la mediocridad. Clamo porque el buen gusto y los presupuestos sean bienvenidos y mejores utilizados, y porque el clip cubano sea visto no por exaltar azoteas o solares, o músicos colmados de bufandas haciendo un picnic en un terreno árido como Texas o el Sahara. En eso la creatividad juega un papel primordial, pero el mercado hace lo suyo: si la competitividad solo es privilegio del mismo equipo, todos aquellos que quieran cambiar las reglas serán desterrados. Pero, ¿en nombre de quién o de quiénes?

La industria de la música debe sustentarse con estudios, ya sean de mercados establecidos o potenciales, donde los psicólogos, semiólogos, productores y demás especialistas, hallen los modos de seducir y complacer, tratando a cada rama según los intereses de sus respectivos mercados potenciales. Sin embargo, tales campañas están basadas en factores y presupuestos que acá no son iguales, además de que manejamos otros criterios acordes a nuestra realidad social y política, a nuestra independencia cultural. Pero al final del camino, las campañas publicitarias de muchos músicos cubanos se guían por gustos personales del jefe en turno, o de aquel que dicta poner lo que su propia conciencia le sugiere, como lo sucedido hace unos años con el tema El chupi chupi, donde muchos medios de comunicación y expertos quisieron echarle toda la culpa al autor, cuando en mi opinión fueron los propios programas de TV y radio quienes potenciaron hasta el cansancio la controversial canción, para luego lavarse las manos y acatar la prohibición, descargando toda la culpa en el compositor e intérprete.

Sé que imponerle a un joven hoy día que delire por Eliades Ochoa o Chucho Valdés, es casi un sacrilegio. Deberíamos potenciar el mercado joven, sin desconocer que la sociedad no se reduce a ese segmento, consumidor de bailes y modas, de peinados raros y normas transgresivas. Y ahí, precisamente ahí, volvemos a tropezar con el mismo muro: el seguir creyendo y haciendo arte de forma monotemática, solo para una zona de la audiencia que, en cualquier otro escenario, no dicta todas las normas del mercado ni del gusto. Al contrario, las construcciones de esos mercados y de otros en vías de consolidación van buscando un tamiz más profundo y con cierta holgura económica que permita, en un mismo plazo, suplir a aquel adolescente que si bien tiene sus gustos propios, no está en edad laboral y, por lo tanto, no es independiente, económicamente hablando, por otras franjas de espectadores con poder adquisitivo real para contribuir, de una manera u otra, a la sustentabilidad y el crecimiento del arte. Claro que para lograr tales propósitos se han de trazar esquemas y configurar patrones de visualidad que reflejen realidades cercanas a ese otro segmento, las cuales responden a su vez a los referentes culturales e identitarios que se constituyan en prioridad de la sociedad y el país donde se genere el hecho cultural en cuestión.

(Tomado de La Jiribilla)

Se han publicado 24 comentarios



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  • Javier Nd dijo:

    muy bueno el comentario Oni

  • Lillian dijo:

    A los interesados en el tema les recomiendo visitar el siguiente link https://culturayresistenciablog.wordpress.com/2016/05/12/industrias-culturales-y-juventud-en-el-sistema-mundo-el-videoclip-mainstreamcomo-mercancia-y-como-reproductor-de-ideologia-por-jon-emanuel-illescasmartinez/
    Es la tesis doctoral de Jon Illescas,
    “INDUSTRIAS CULTURALES Y JUVENTUD EN EL SISTEMA MUNDO. EL VIDEOCLIP MAINSTREAM COMO MERCANCÍA Y COMO REPRODUCTOR DE IDEOLOGÍA“ que se refiere ampliamente a esta problemática con un análisis de 500 videoclips de todo el mundo. Se los recomiendo, ojala la conexión les acompañe…

  • ANGEL dijo:

    Coincido con el autor del artículo en casi un 100.0 %. No obstante quisiera agregar que mientras criterios como este no vengan acompañados de medidas concretas y mientras que temas como este no se debatan donde corresponde (y se informen a la población) seguiremos cosechando bodrios en la tv o en los teatros y despilfarrando los recursos del Estado.

  • Pioneer dijo:

    Cuando veo esfuerzos de controlar la obra humana y los resultados son tan desastrosos me convenzo mas de la necesidad de dejar al mercado lo que es del mercado, hace ya un tiempo emití un comentario en un artículo que tocaba este escabroso tema y decía que cuando la decisión de que es “útil” y “valido” recaía en una persona o una institución terminaba por prostituirse el sentido mismo de las cosas , la obra humana es tan variada como tan coloquial y no hay súper fuerza alguna que centrada en una o más personas pueda discernir a que y como se le va a dar recursos o que y como se va a propagandear sin que esto lleve irremediablemente a que se haga al final algo personalizado y por consiguiente errado, no tenemos más que mirar al resto para saber que lo esencial brilla por sí mismo porque las relaciones mismas entre los hombres cuando no hay un control que privilegie y quiero decir aquí que existe este privilegio en muchas partes no soy tan iluso como para creer que no, donde hay un privilegio, un decisor, un árbitro encumbrado, ahí mismo termina la justeza sobre lo que se hace, sin una forma expedita de comercializar el arte y que esta se pueda autofinanciar e importar si fuese necesario este tema será un círculo vicioso y lo lamentable es que este pérsicamente es el segmento que más “libertades” tiene en Cuba, para que hablar de los demás que tienen estos y otros muchos males. El transporte, la agricultura y con esta la alimentación en general, el suministro de agua, la vivienda y muchos segmentos vitales más que necesitan de inyección de ideas que logren resolver estos disimiles retos que hoy condenan a nuestro país , el hecho de que los fondos destinados a la cultura que nos pertenece a todos sean dilapidados muchas veces en caprichos culturales de algún decisor es el símil de cuando otro decisor en otra esfera se come los recursos viales en arreglar la carretera que lleva a casa de su abuela aunque la única que viva en esos lares sea la madre de su progenitor.

  • yam dijo:

    De acuerdo con Ud.

  • Leudy dijo:

    Oni mi hermano chapeaux

    Como sucede en muchos casos, lo popular no va ligado a la calidad, y una zona de mal gusto se ha ido esparciendo en nuestra sociedad a velocidad inusitada. Eso explica, de algún modo, cómo mediante la legitimación televisiva en programas de moda, la propagación de una ¿canción? plagada de acordes simples, con letra escrita por un estudiante de segundo grado, unido a una mala imitación de Chayanne o Shakira…Súmese a esto que algunos de los artistas más populares de hoy, profesan esa religión llamada merengue electrónico, y sus clips reflejan realidades, actitudes, atmósferas e historias bien coherentes para Londres o París. Digo esto porque, dicotómicamente, La Habana se ha tornado un lugar ideal en lo fotográfico y místico para muchos músicos de talla internacional, mientras los cubanos hacen el movimiento contrario: buscan en otras realidades la satisfacción de sus expectativas. En lo musical sucede un fenómeno casi similar: mientras Marc Anthony, Gilberto Santa Rosa, José Alberto el Canario y otros buscan en este tesoro sin fin (y ganan Grammys, Grammys Latinos, etc.), muchos músicos locales trastocan la brújula e invierten el catalejo.
    Pero al final del camino, las campañas publicitarias de muchos músicos cubanos se guían por gustos personales del jefe en turno, o de aquel que dicta poner lo que su propia conciencia le sugiere, como lo sucedido hace unos años con el tema El chupi chupi, donde muchos medios de comunicación y expertos quisieron echarle toda la culpa al autor, cuando en mi opinión fueron los propios programas de TV y radio quienes potenciaron hasta el cansancio la controversial canción, para luego lavarse las manos y acatar la prohibición, descargando toda la culpa en el compositor e intérprete.
    Sé que imponerle a un joven hoy día que delire por Eliades Ochoa o Chucho Valdés, es casi un sacrilegio. Deberíamos potenciar el mercado joven, sin desconocer que la sociedad no se reduce a ese segmento, consumidor de bailes y modas, de peinados raros y normas transgresivas.
    Simplemente genial!!!!!!!!!!!!!

  • Revenge dijo:

    No se puede analizar el rumbo y el resultado de la creacion artistica ignorando quienes son sus clientes meta. Quienes son, en Cuba? No precisamente los que tienen un mayor nivel cultural o una mayor amplitud de miras, capacidad de analisis y expectativas. Estoy de acuerdo! Conque un videoclip debe ser hermoso, acudir mas a las emociones que a las neuronas… porque cuando bailamos o nos sentamos a escuchar musica queremos, la mayor parte de las veces, desconectar. Pero las neuronas siguen estando en el cerebro! Y algunos, por mucho que desconectemos, somos capaces de detectar que la mayoria de estos videoclips son cada uno una copia mas mala del otro, que la mujer y hasta la adolescente, en virtud de su fisico, se muestran como un objeto visible, tocable, besable y hasta babeable; que se reduce la riquisima imagineria de nuestro pais al almendron, la playa, la viejita con el tabaco y el potrero… Por no hablar de los mensajes de violencia, ostentacion, guaperia y melodrama baratos… No me hablen de la ‘escasez de recursos’ porque con un software se hacen maravillas – una vez mas, cual es el impacto real de los 10000 graduados de la UCI en nuestra sociedad- y lo demas es creatividad, talento y deseo de perfeccionarse y no meramente de imitar ‘lo que se usa’.

  • Alejandro dijo:

    Solo digo una cosa, muy deacuerdo con usted. Antes el Lucas no me lo perdía, pero ahora, hay tan mala calidad en los videos que no se puede ver. LLeno símbolos extrangeros, Machete laxer, gerra de las galasias, futbol, Mesi y Cristiano Ronaldo. Videos llenos de mujeres en tanga, Lugares llenos de lujos nada que ver con Cuba. En fin nos están robando la cultura. Solo tengo 36 años y no se si con la velocidad que va el mundo ya seré muy viejo, pero me duele pensar que ese sea el mundo que le toque a mis dos pequeños hijos :(

    • Alfredo dijo:

      Alejandro:
      Muy de acuerdo con usted. Llueve y llueve sobre lo mojado.
      Cuando ahora anuncian Lucas, ya bien se sabe lo que viene: más de lo mismo, o peor.
      Reiteraciones y reiteraciones y, sobre todo, arremeter contra la calidad y la cubanía.
      Pueden haber sus excepciones, pero son tan pocas que la mediocridad casi no deja que se aprecien.

  • jpuentes dijo:

    Está en crisis la profesionalidad?. Existen procesos incentivistas para hacer musica cubana en Cuba?. EL que pone el dinero es el que manda?. Por qué el filme “Zafiros, locura azul” incentivó la musica de los Zafiros en los jóvenes y despues volvió a quedar en el olvido?. Acaso, existe algun paralelismo historico en cuanto a la salsa, que musicos cubanos emigraron a EU para hacer esa musica con puertoriqueños en Nueva York?. Problemas culturales -acaso de logistica- en los decisores de las puestas?. Todo esto yo lo llamaría “la audencia del dinero” y no del arte.

  • Enrique Martinez dijo:

    Otro buen artículo que da la posibilidad de opinar. En mi opinión ( y valga el pleonasmo), no creo que “dejar al mercado lo que es del mercado” solamente resuelva el problema. Al parecer eso es lo que hizo China en cierta etapa, según leí en algún lugar; pero China no tiene bloqueo ni recibe el bombardeo continuo de campañas, presiones y mentiras en todas las direcciones, que apenas si permiten dirigir el país. China tiene otros problemas. La situación con la cultura y el mercado (incluyo las artes) constituye el reflejo de lo que está pasando en la sociedad cubana (con todos los agravamientos de indisciplina generalizada, corrupción, burocratismos, malcriadez, etc) y desde las particularidades de cada rama, manifestación o actividad económica, deben resolverse de manera holística, sistémica. Luego nadie va a venir a revisarnos La Casa, como canta Tony Ávila. La casa la tenemos que revisar nosotros mismos sin reblandecer los cimientos; tanto los implicados que somos todos como los decisores.
    Toda la historia de nuestro país, y hasta la universal, está marcada por el encuentro de las diversas ideas de los revolucionarios sobre un mismo tema. Ese enriquecimiento lo tenemos que enfrentar también y sacar el mejor provecho.
    Vuelvo a repetir como en otras ocasiones, para realizar todo eso hay que cambiar la mentalidad primero para poder “cambiar todo lo que debe ser cambiado”. La mentalidad primero.

    Saludos.
    Enrique Martínes Hernández.

    • Pioneer dijo:

      Enríque , creo otra vez y con pleonasmo incluido, que los “decisores tendrán que decidir” pues los demás somos simples observadores cuando no hay un mecanismo eficiente de participación ciudadana en ninguna decisión de peso, aspecto que como sabe es una realidad a gritos, y habla locuazmente sobre este tema que trato el hecho que ninguna información sobre una ”decisión” que se lee tiene nada que ver con lo que el mortal que imprime la calle piensa , lejos estamos de poder participar y por lo tanto quienes “deciden” tendrán que “resolver” el problema, no queda de otra.

  • Tomás H. Vidal Cordero dijo:

    Oni BUEN artículo sobre delicado tema, fíjate si es así que como consecuencia de…, se replica socialmente y permea instituciones educativas en donde se reproducen todos los negativos inpactos, dejando y promoviendo en actividades oficiales que “los muchachos” se diviertan con “lo que le gusta”. No hay que discriminar géneros pero si censurar lo fatuo, lo banal, el mimetismo, lo grosero….y ahí existen consejos de dirección y organizaciones de todo tipo para abordar y cerrarle el paso a estas cosas.

  • luis rios rodriguez dijo:

    Que grande eres Oni, como me recree leyendo esto que acabas de escribir, una vez mas se demuestra la decadencia en la que hemos caido y hacia donde vamos, los videos clip de cuba solo responden a un fenomeno, y ese es el dinero,
    saludos y mis respeto para UD.

  • JM dijo:

    estoy de acuerdo con el articulo, no lo está publicando cualquiera persona, ojala todo el que de verdad sienta las cosas las exprese como lo hace él, 100 % contigo ONI repito lo que publicaste al final del camino, las campañas publicitarias de muchos músicos cubanos se guían por gustos personales del jefe en turno o de aquel que dicta poner lo que su propia conciencia le sugiere. y csto se sabe y nio pasa nada entonces no podemos decir que tenemos casas discográficas

    yo

  • DE CUBA CON ♥ dijo:

    El video clip de Ibeyis es BELLO y en los Lucas fué nominado pero y es mi modesta opinión, gano el presupuesto y no lo BELLO.

    Cada vez que veo a alguien que no deja huella en la memoria colectiva peses a llevar produciendo obras y obras por décadas agradecer a instituciones por la promo que recibe para ver que repite IDEM resultado, saco las mismas conclusiones.

    No sería más saludable hacer producciones artísticas con multiples propuestas de artístas sea en la música, la danza, la plástica, el teatro, el cine en formatos de DVD para que el público en fin en su natural gusto popular escoja entre esas digamos 16 canciones, 10 cortos, 30 muestras de artistas plasticos en cada DVD que pueden ser tantos DVD donde en uno hallan 16 canciones de 16 artistas y agrupaciones y en otro 16 canciones de otras tantas agrupaciones así hasta que los aspirantes se agoten pero la búsqueda del público estimule la producción de esa multimuestra por llamarla de alguna manera hasta que se filtre por el tamíz el fenómeno del talento que el jez y parte y parte no deja nacer?

    • DE CUBA CON ♥ dijo:

      y la inversión en divisas de algo así sería mínima por que la gente está mareada de lo regular y el arte regular y regulado…….

      • DE CUBA CON ♥ dijo:

        marea

  • Licett dijo:

    Estoy completamente de acuerdo con usted

  • francotirador_insomne dijo:

    Como lector me parece un buen artículo. Como ciudadano sigo esperando la solución, consciente que parte de esta pasa por percatarnos del problema. Como usuario de espacios públicos sueño con que surjan iniciativas institucionales que limiten la imposición de consumir productos de calidad ajena.
    En mi opinión, no veo como problema la realización, privada o no, de propuestas de calidad ajena pues detrás de la idea hay individuos cuyas inquietudes responden a ese tipo de trabajo; lo que verdaderamente me alarma es la exagerada masificación del consumo de propuestas de calidad ajena, y la mirada pasiva, por no llamarla cómplice (consciente o no) de las instituciones culturales que se han visto abrumadas por la efectividad con que han aprovechado los espacios dejados a las nuevas tendencias; no se trata de censurarlas pues han demostrado la eficacia de su estrategia se trata de ir a disputarle en sus propios terrenos.
    Las agrupaciones nacionales de gran formato* les ha costado trabajo competir y han perdido público o cambiado la factura de su propuesta frente a sus oponentes equipados con tecnologías que les permiten cubrir las exigencias de su público sin grandes formatos*. Diversifiquemos la propuesta y démosle más espacios a propuestas de pequeño formato que tendrían que estar lideradas por lo práctico de su formato por el duo hombre y guitarra: la trova.
    Se me ocurre pensar en proyectos como el Mejunje, en la zona central de Cuba, que ha logrado diversificar la propuesta cultural creando espacios para manifestaciones tradicionales que extrañamente son consideradas en la actualidad como alternativas. Si una idea como esta, con los más bajos presupuestos financieros, ha logrado disputarle, dominar y consolidarse frente a las nuevas tendencias con principios firmes, es posible al menos; soñar.

    Notas
    calidad ajena: teniendo en cuenta que la expresión mala o buena calidad es usada para definir una opinión personal sobre la calidad y puede cambiar de una persona a otra.
    ** En ambos casos usadas para hacer referencia a cantidad de instrumentos.

  • Roberto.b dijo:

    De acuerdo en todo con Oni… y mi pregunta para él y para todos los entendidos es: ¿Cómo es posible que en un país donde existen organismos encargados de regular la cultura, y dentro de esta la música, se haya apoderado de casi todo el espacio un ritmo que no tiene nada que ver con nuestras tradiciones como es el Reggeatón?
    ¿Por qué se le permite a las instituciones culturales que en muchos casos tienen equipos de audio del estado difundir masivamente esa música, que muchas veces es grabada ilegalmente?

  • Sarabanda Pérez dijo:

    Comparto muchas ideas expuestas en este comentario, se aporta desde el conocimiento. Solo disiento cuando se dice que pensar que los jóvenes puedan gustar de Eliades Ochoa o Chucho Valdés, es casi un sacrilegio. Estimo que lo auténtico e identitario, en fin, lo que es bueno, siempre emerge de entre lo banal o de poca cultura. En estos días, disfrutando del programa televisivo Bailando en Cuba, he podido apreciar, como joven, ciertas melodías famosas y llenas de sabrosura que años atrás marcaron pauta musical en el país, como ese “A romper el coco”, de Irakere, o el clásico “Bacalao con pan”, que antes interpretaran los jóvenes concursantes de Sonando en Cuba. Ojalá se retomaran en el panorama sonoro cubano, pues son más que patrimonio, clases magistrales de cubanía, en cuanto a interpretación musical se refiere, y con ella el buen bailador soltó amarras y pies hasta quedar literalmente sin aliento, pero complacido a sus anchas.

  • Lourdes dijo:

    Muy bueno el comentario, casi siempre esos vídeos tienen una letra chabacana, sin sentido, que no expresan nada, repiten y repiten la misma grosería, hasta cuando…

  • Dago dijo:

    Estimado Oni, no es “Lucas” el promotor del mal gusto que, bueno según de donde se mire, a lo mejor para un reguetonero Omara Portuondo, Barbra Streinsad , The Beatles ,Carlos Varela etc son de ” mal gusto ” y para un Lírico Night Wish es una pésima puesta en escena y de muy mal gusto. nada hermano, que cada cual mira desde su punto de vista. En los años 90´s entró el boom de la salsa,unido a una pila de ” aventureros ” de poca monta que llegaban de Europa con infulas de empresarios, repartieron ” cuentecitas de colores ” y ya cualquiera se pensaba que era cantante , podía formar una orquesta , autotitularse con el epíteto más estrafalario y poner a cuatro mulatonas a menear el culo para que los turistas soltaran el $$$ junto a todo el mecanismo que comenzó a rodear este tipo de cosas, se acabó la Nueva Trova porque no daba $$$ y había muchos trovadores diciendo cosas molestas y llenando los teatros.Ya en los años 60´s, cuando Cuba estaba teniendo una EDAD DE ORO en lo que a música se refiere, pués coincidían al mismo tiempo, solistas cuartetos, trios , combos ,jazz boleros, orq. tipo jazz band, feeling, hasta se crearon nuevos ritmos que pusieron a Cuba sanamente de cabeza como el Mozambique y el Pilón…A alguien se le ocurrió que todo aquello era cosa de gente ” bayusera ” ,vagos, borrachos , mujeriegos y un gran etc, muchos artistas de calibre optaron por marcharse, otros fueron silenciados de los medios condenándolos al olvido o borrados de todos los medios de difusión, otros andan todavía andan por ahí
    cargándo con el peso de los años y los recuerdos . Se habla de crisis de valores ,falta de educación, malos modales , baja calidad en la educación primaria, secundaria…Profesionales con faltas de ortografía ,con vocabulario limitado ,con mala apariencia personal, hay falta de vivienda, lo que conlleva al casi hacinamiento habitacional, baja tasa de natalida, la población envejece y vive pegada al TV alucinando con las novelas extranjeras donde todo el mundo es bonito y hay comida cantidad…se le echa siempre la culpa a los americanos de la llamada “penetración cultural ” cuando toda la bazofia lacrimógena , chea ,simplona ,populista ,machista y no sé cuantas cosas más nos llega desde latinoaméricaaaaaa…!!, desde el Sur hermano…Y todo eso más todo lo demás se le mete en loa piel a un gran sector de la población y ese gran sector consume música, Tv , cine etc y quiere ver y oir cosas de acuerdo a su estrecha dosis de neuronas,súmale a todo esto que ya cualquiera tiene un aparatico de MP3 o tiene que escuchar lo que al chofer de la guagua o el almendrón le dé la gana…Y lo más jodido es que todos tienen razón en consumir lo que quieran consumir y nadie tiene el derecho de criticarlos por eso…Yo te digo que todo ese ” mal gusto ” que vemos en nuestras calles y en nuestro medios es un problema ” endemico ” de nosotros y que estamos exportando en cantidades considerables a Miami…Entonces , como decía el maetro Elio Revé …” DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO…? “. Lucas es la creación de un soñador de los buenos , de un fanático al audio visual , que no es ningún neófito y que sigue de pié, defendiendo todo lo que se hace en Cuba en materia de Video Clip, se premia al realizador y al especialista ,que pueden hacer maravillas de una chusmería o de una tontería como de una buena canción, Lucas no es culpable de la ausencia de una industria de la música, tampoco es culpable de ser ” la carreta ” que está delante de los bueyes.Un abrazo mi hermano Oni, y perdona la muela,tu amigo de siempre Dago.

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Oni Acosta Llerena

Oni Acosta Llerena

Musicólogo. Realiza programas de crítica y promoción musical en la TV y la radio cubana. Colabora con Cubadebate

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