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Ser revolucionario en Cuba, hoy

En este artículo: Cuba, Política, Revolución, Sociedad
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¿Qué significa ser revolucionario? Los estudiosos del marxismo saben que en sus orígenes, el partido socialdemócrata se fracturó: los reformistas, cada vez más alejados de las concepciones de Marx, se quedaron con el nombre y los revolucionarios crearon el partido comunista. La polémica “reforma vs. revolución” tiene una larga historia. Ahí están los textos de Lenin, de Rosa Luxemburgo, entre otros.

Pero la definición o la opción revolucionaria, y su existencia práctica, no son exclusivas de un partido o de una clase social, aunque sí de una época. Porque los burgueses fueron revolucionarios en su momento. Y el movimiento anticolonial en la era del imperialismo tuvo por lo general un carácter revolucionario. José Martí creó el Partido Revolucionario para lograr la independencia de Cuba, y dicen que hablaba de la revolución necesaria que habría de iniciar una vez alcanzado el poder.

Por eso, me gusta hacer referencia a la tradición cubana del término. Cintio Vitier, por ejemplo, asumiendo los riesgos reductores de cualquier agrupamiento, establece dos tendencias “espirituales” en el último tercio del siglo XIX: la revolucionaria (independentismo, modernismo literario, antievolucionismo) y la reformista (autonomismo, preceptismo literario, evolucionismo positivista).

Lo cierto es que Revolución es Creación, salto sobre el abismo, o sobre el muro de la aparente imposibilidad –“seamos realistas, hagamos lo imposible”, decían los estudiantes parisinos del 68–, mirada de cóndor, pero es sobre todo una toma de partido “con los pobres de la Tierra”. Si tomamos a José Martí como modelo de revolucionario, observaremos en él tres características que se repiten en Fidel Castro:

1. Opción ética antes que teórica: se adopta una teoría para luchar contra la explotación, y no a la inversa. Es vocación de justicia social. “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”, escribía Martí. “El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”, acotaba Ernesto Che Guevara. “Es precisamente el hombre, el semejante, la redención de sus semejantes, lo que constituye el objetivo de los revolucionarios”–ha dicho Fidel. El poeta revolucionario salvadoreño Roque Dalton se burlaba de las posiciones esnobistas de la pequeña burguesía en estos versos:

Los que
en el mejor de los casos
quieren hacer la revolución
para la Historia para la lógica
para la ciencia y la naturaleza
para los libros del próximo año o el futuro
para ganar la discusión e incluso
para salir por fin en los diarios
y no simplemente
para eliminar el hambre
para eliminar la explotación de los explotados.

Hay revolucionarios que desconocen la teoría marxista. Y hay académicos marxistas muy conocedores de cada texto, de cada frase de Marx, que jamás han salido a la calle, que son incapaces de sentir, de vibrar, con el dolor o el júbilo ajenos, que no militan; esos académicos “marxistas” no son revolucionarios. Tampoco son continuadores de Marx. Uno de los resortes formadores y auspiciadores de una Revolución, es la solidaridad.

2. Radicalidad en la comprensión y en los actos; el revolucionario busca la raíz del problema, aún cuando no pueda extirparla de inmediato, aún cuando se equivoque al señalarla, y pasa rápidamente a la acción. A diferencia del reformista, no pretende mitigar el dolor o enmascararlo, sino eliminar la enfermedad.

3. El revolucionario es una persona de fe. No en el sentido religioso. Ninguna declaración mejor que la que hace Martí (otra vez Martí) a su hijo, en la dedicatoria del Ismaelillo: tengo, le dice, “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti”. Fe en el pueblo, en sus capacidades. El revolucionario entiende los límites aparentes de lo posible, y los trasgrede, porque cree en el pueblo. En esto también se diferencia el reformista, que por razones de clase desconfía o subestima al pueblo. Creer, no es extirpar la duda; los revolucionarios vivimos la angustia de la duda, que es la del conocimiento. Sin embargo, el cínico es contrarrevolucionario, aunque no lo sepa.

Algunos ideólogos de la contrarrevolución reducen la actitud revolucionaria al acto violento, al uso de las armas. Como si las revoluciones armadas no ocurrieran en respuesta a la violencia del poder burgués. Ser un radical –ir a las raíces–, no es optar por la violencia. En su afán por desideologizar hasta el mismísimo concepto de revolución, pretenden hacer pasar como acciones revolucionarias las revueltas violentas de los politiqueros de la seudo república, que querían hacer valer el poder personal.

Ni siquiera los antimachadistas o antibatistianos eran necesariamente revolucionarios. Y contraponen el socialismo revolucionario al que llaman “democrático” (socialdemócrata), porque aquel no respeta el orden burgués. El socialismo no solo puede, sino que debe ser democrático, aunque no en el sentido que el sistema capitalista otorga al término. Debe y puede ser más participativo, más inclusivo, más solidario, más representativo. Debe y puede defender la individualidad, no el individualismo, porque el socialismo es el único camino capaz de transformar a las masas en colectivos de individuos.

Ciertas cualidades o virtudes éticas constituyen el fundamento o la base sobre la que se erige un revolucionario. Pero es una ética esencialmente política, social, no privada, que no puede vaciarse o desligarse de las contradicciones fundamentales de la época. No se es revolucionario con respecto a los intereses personales, sino de cara a la sociedad. Hay personas conservadoras –por razones biográficas, y quién sabe si hasta por razones genéticas–, que repelen los cambios bruscos, la incertidumbre de lo nuevo, que disfrutan el orden y la rutina.

No son contrarrevolucionarias. En sus Palabras a los intelectuales (1961), Fidel Castro decía: “Nadie ha supuesto nunca que (…) todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Ser revolucionario es también una actitud ante la vida, ser revolucionario es también una actitud ante la realidad existente (…)”. Y agregaba más adelante: “Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad no constituyan el sector mayoritario de la población; los revolucionarios son la vanguardia del pueblo, pero los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo (…) la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo; a contar, no sólo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos que aunque no sean revolucionarios, es decir, que aunque no tengan una actitud revolucionaria ante la vida, estén con ella. La Revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”.

Allí donde una Revolución ha triunfado, el adjetivo –que en el globalizado mundo del oficialismo burgués suele endilgarse como insulto–, se convierte en elogio. Una persona es trabajadora, “buena gente” y revolucionaria. La cotidianidad puede descontextualizar el sustrato rebelde y el significado político del término y reducir la condición del revolucionario a la honradez o a la decencia.

A veces, puesto que la Revolución ha tomado el poder, se identifica con el buen comportamiento o la corrección. Decimos: “en el fondo él (ella) es revolucionario(a)”, como si dijéramos que, más allá de sus apariencias, “es una persona noble”. Y creemos que el niño o el joven “más revolucionario”, es el que “se porta bien”. De cierta forma, el calificativo se aburguesa. Esto parece casi inevitable, pero no lo es: una Revolución en el poder necesita establecer su “normalidad”, su gobernabilidad.

Defenderse como poder político es la premisa de cualquier poder político, mucho más cuando se trata de un contrapoder acorralado por el Poder Global –que no solo acecha en el plano físico (material, militar), sino también en el espiritual, en el ámbito de la reproducción de valores–, y su normalidad es una “anormalidad” fuera de sus fronteras geográficas.

Ser revolucionario es participar en la consolidación del gobierno revolucionario, establecer un frente común con ese gobierno, para defender cada conquista y establecer las nuevas metas, aún cuando los grados de participación en la determinación de esas metas son aún insuficientes o se ejercen de manera formal. La democracia socialista, esencialmente superior, tiene todavía un largo camino por recorrer. Ser revolucionario también es participar desde la crítica comprometida. Criticar no es enunciar un hecho cierto, es actuar sobre él, empujarlo hacia su solución. Lo que otorga veracidad y justeza a una crítica no es el hecho enunciado, es su sentido. Si se desideologiza la crítica, se deshuesa, y se falsean sus enunciados.

De manera imperceptible, ocurre un lento proceso de separación o destilación del contenido “rebelde” que toda actitud revolucionaria presupone. Esto no es bueno. Vienen entonces los que enarbolan la rebeldía y la contraponen al ser revolucionario –vieja aspiración de la subversión imperialista: promover la rebeldía antirrevolucionaria, lo que significa decir, que los rebeldes sean antirebeldes, que aspiren a ser “normales”, inconformes frente a la rebeldía y conformes frente a la enajenación global–, o en sus antípodas, aquellos que consideran que el ser rebelde es el verdadero ser revolucionario.

Estos últimos pueden perder el sentido de orientación, porque la rebeldía a secas, habitualmente manipulada por el mercado capitalista, tiene una larga historia de convivencia y a veces de connivencia con el capitalismo. La rebeldía juvenil no es ni puede ser enemiga del espíritu revolucionario; ser revolucionario es la forma superior de ser rebelde. Sin la inconformidad que propicia la rebeldía y sin su disposición para romper moldes, normas, esquemas, es difícil ser revolucionario.

Las universidades cubanas no pueden ser “de o para los revolucionarios”, son centros formadores; deben ser, eso sí, formadoras de revolucionarios. De sus aulas salieron Mella y Fidel. El capitalismo (la cultura del tener) intenta domar la rebeldía incentivando sus formas primarias: el desacato, la irreverencia; intenta aislar al rebelde, concentrarlo en sí mismo, explotar al máximo su expresión individualista, transformarlo en un cínico. El socialismo (la cultura del ser), pretende encauzar esa rebeldía hacia la acción transformadora, ponerle mayúsculas, hacerla partícipe de las causas más justas de su época.

Vivo en el barrio centrohabanero de Colón, y muchas personas en mi entorno deben enfrentar enemigos más concretos e inmediatos que el imperialismo norteamericano, al menos eso parece, cuando la corrupción, la burocracia, la doble moral, la insensibilidad, el “sálvese quien pueda” se imponen. Creo, como ellos, que ese es el enemigo principal.

Pero no podemos confundir su nombre: se trata del capitalismo, de su capacidad para regenerarse dentro del socialismo, que no es más que un camino (no un lugar de llegada) hacia otro lugar, hacia otra esperanza o certeza de vida mejor. Si desvinculamos ese nombre de aquellas manifestaciones, o las enlazamos erróneamente al camino socialista que hemos emprendido, perdemos el rumbo. No podemos ser revolucionarios hoy, en este mundo globalizado, si no somos anticapitalistas, si no somos antiimperialistas. Si no sentimos como propios las conquistas, los peligros, las humillaciones, de otros pueblos. Si no defendemos la unidad de los revolucionarios cubanos y la de los pueblos latinoamericanos frente al imperialismo.

No podemos ser revolucionarios si creemos que el mundo tiene el largo y el ancho de una calle, o de un barrio, o de un país. Si aceptamos los consensos que otros construyen, y no construimos los nuestros. Si vaciamos cada palabra de los contenidos de combate, porque de inmediato serán llenadas de otros contenidos, por aquellos que nos combaten.

Martí, Mella, Guiteras, el Che, Fidel, se parecen demasiado, para que nos inventemos ese asunto de las generaciones. No han dejado de ser jóvenes. Cambian las tareas, las coordenadas, pero no las actitudes, los principios, el horizonte al que siempre nos acercamos sin llegar. Por otra parte, nadie se hace revolucionario de una vez y para siempre.

Hay que nacer como revolucionario cada mañana, cada día. Los papeles no están predestinados ni son inmutables: el héroe de 1868 pudo convertirse en traidor veinte años después; el indeciso de entonces, quizás empuñó las armas con dignidad en 1895; el guerrero valiente de la manigua pudo dejarse seducir por la corruptora política neocolonial; el enérgico antimachadista, desilusionarse de sus ideales de juventud o convertirse en un profesional de la violencia; el revolucionario de la Sierra o del Llano, acomodarse o enredarse en las redes del burocratismo; el escéptico de aquellos días, transformarse en un miliciano fervoroso, en un héroe cotidiano e invisible; el dirigente juvenil, acodado en el balcón de la buena conducta y los aplausos, convertirse en un repetidor de consignas vacías y el profesional rebelde, crecer como tal hasta hacerse revolucionario.

Entre unos y otros, disfrazados, están los oportunistas, los “pragmáticos”, los cínicos de siempre. A todos los cerca la historia y, de sus actos múltiples, solo perdura el instante de eticidad fundadora que sostiene a la Patria: “ese sol del mundo moral” que ilumina y define a los seres humanos, según la frase que Cintio rescatara de José de la Luz y Caballero. Una Patria que es Humanidad, que no está en la “hierba que pisan nuestras plantas”, o en unas costumbres siempre en evolución, sino en un proyecto colectivo de justicia. Una Patria que aspira a fundirse con la Humanidad, y que mientras, defiende su espacio para fundar, para crear, para proteger la dignidad plena de sus hombres y mujeres.

Se han publicado 54 comentarios



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  • José Manuel Giménez Aruca 54091200128 dijo:

    Creo que los textos de Rosa Luxemburgo siempre han sido imprescindibles, aunque se han relegado y, aquí, casi no se les conoce. Es mi criterio de que en Cuba este es un excelente momento para estudiarlos y darles la importancia que siempre han tenido.

    • Sergio dijo:

      Y conocemos lo peor, de lo peor como aquel terrible y horroroso Manual de Konstantinov.

      Es un gran problema que hemos tenido en Cuba con la enseñanza de la Filosofía. Marx, por muchos aportes que hay hecho, su teoría fue fundamentada en la realidad del siglo XIX, que en nada tiene que ver con lo que hay hoy, e incluso ni con la de la segunda mitad del siglo XX, en la hubo grandes filosofos con escritos, textos, ideas muy acordes al momento, y que en Cuba, por H o por B, nunca se dieron a conocer en nuestras escuelas. Sartre (la polemica entre Sartre y Albert Camus es LO MEJOR de lo MEJOR), Pul Sweezy, Ian Steedman, etc., etc., etc,,,, incluso, FREUD, quien dijo, y para más que ACERATADAMENTE, que el Marxismo: “las obras de Marx, como una fuente de revelación, han tomado el lugar de la Biblia y el Corán”, y yo lo he sentido así toda una vida. Es mi opinión claro está.

      Pero lo peor que ha pasado en Cuba es que la cultura del DIALOGO se perdió, por muchas cosas que no voy a entrar a analizar. En el articulo se han plasmado varias cosas de porque en Cuba, el DAILOGO de Ideas es practicamente NULO. Se acata lo que “viene de arriba” y punto. Por lo cual se ha creado, una clase social, diría yo, del FALSO REVOLUCIONARIO, y lo vemos a diario.

      Articulo que llama a la reflexión, ojala y fuese una refelxión de verdad,,,, a camisa quitá ´.

      Saludos,

  • carlos dijo:

    en mi modesta opinion me parece genial este trabajo ,dicho de una manera muy sencilla y digerible para cualquier lector , pero deberia publicarse en el Granma de” papel” para que lo puedan leer n el barrio centrohabanero de Colón y en todos lo barrios….
    salud

  • Bernardo dijo:

    Felicito a Ubieta por este análisis profundo y actualizado.

  • Henry. dijo:

    Yo me pregunto: porque a más de medio siglo de revolucion todavia tenemos que (tomo las propias palabras del autor) “…muchas personas en mi entorno deben enfrentar enemigos más concretos e inmediatos que el imperialismo norteamericano, al menos eso parece, cuando la corrupción, la burocracia, la doble moral, la insensibilidad, el “sálvese quien pueda” se imponen. Creo, como ellos, que ese es el enemigo principal….

  • engin demiriz dijo:

    gracias Ubieta por este alentador analisis. Soy Turca, ahora vivimos en una situacion muy delicada y hemos perdido nuestra esperanza para el futuro pero su articulo me ha sacudido.

  • Eusebio Castillo Marcial dijo:

    Muy bueno el tema. La palabra Revolucionario se ha satanizado por los poderosos medios de comunicación internacionales, lo vemos todos los días en muchos países en la calle, en el contacto con la gente. Cuando vemos por lo que luchan la gente en otros países, las promesas que le hacen sus políticos: salud, educación, seguridad, ….. los cubanos que sabemos que eso no es una preocucion nuestra, que formamos una revolución si nos imaginamos que nuestra atención medica no fue la adecuada, que nuestros hijos salen a la 7 de la mañana para las escuela y regresan a la 5 de la tarde mientras mama y papa trabaja, sin procupasion por Drogas, secuestros, violaciones, sin drogas, descriminacion, con licenciado en deporte que lo atienda, instructores de arte, etc etc, etc, que puedes salir a la calle un que te pongan una pistola en la cabeza, o te vea en medio de un tiroteo…….etc, etc, etc.., parafraseando a Maceo y haciendo un Simón: Seria la única forma que yo pelee del lado de España.
    Tenemos problemas económicos, bloqueo que nos asfixia por mas de 50 años, problemas como todo el mundo, pero los valores del Cubano no abundan en el mundo,el alto índice de educación del cubano, solo es y sera posible con una revolución socialista, los logros en la salud, la educación, en los índice de desarrollado humanos, de justicia social, igualdad, seguridad…..solo es posible en revolución. Nadie que se engañe, he vivido años en varios paises trabajando y he vivido en carne propia esas experiencias.
    El gran problema de nosotros es el económico, por eso el Cubano emigra, se arriesga y dada nuestra raza pera decirlo de alguna manera, cultura, dignidad, laboriosidad, inteligencia, picardía, c……, el cubano se impone. Pero con esto problemas resuelto el cubano no emigraría tanto, que no son lois que mas emigran.
    Cubanos no perdamos nuestra cubania, nuestra mística, nuestro valores, nuestro son, pimienta, tabaco y ron. Cubano 100 %.
    En cuba todos los padres somos puro, viejo y vemos a todos los muchachos como nuestros hijos, lo cuidamos, aconsejamos; Todas las viejitas son madre y abuelas, las cuidamos; los hijos de tus amigos son tus sobrinos, por que tus amigos son tus hermanos.. y mucho mas no perdamos esos valores, nadie sabe lo que tiene hasta que no lo pierde… salgo a trabajar pero noviembre vuelvo para cuba, donde todos mis hijos estudian en la Universidad como los de muchos, sin tener la preocupaciones de que están metido en drogas y otros males sociales.
    Discupen pero esa es mi opinión desde la experiencia. Soy profesional y mis hijos están a punto se ser lo, eso solo es posible gracias a cuba, a la Revolución que tanto sataniza. Mi papa y mi mama negro, semianalfabeto, pobre no tenían para formarme.
    Los mayorías de los profesionales cubanos somos hijos de obreros, pobres. Jamas olvidad.

  • Julio dijo:

    Ubieta como siempre, pulsando la realidad social, y, transmitiendo enseñanzas para los revolucionarios. Subrayo de su trascendental artículo una expresión que lamentablemente no es un hecho singular “Vivo en el barrio centrohabanero de Colón, y muchas personas en mi entorno deben enfrentar enemigos más concretos e inmediatos que el imperialismo norteamericano, al menos eso parece, cuando la corrupción, la burocracia, la doble moral, la insensibilidad, el “sálvese quien pueda” se imponen. Creo, como ellos, que ese es el enemigo principal”
    Si se fuera consecuente y práctico con los pronunciamientos de Fidel, lo que hoy se pone de manifiesto en cualquier barrio del país no existiera. Palabra a los intelectuales, año 1961, que tanto se ha valorado necesita empoderamiento popular. Es tan difícil convertir en instrumento transformador la expresión “la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo; a contar, no sólo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos que aunque no sean revolucionarios, es decir, que aunque no tengan una actitud revolucionaria ante la vida, estén con ella. La Revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”.
    Pero, con la visión de calificar como incorregiblemente reaccionarios a los corruptos, a los burócratas y a los simuladores.
    Los académicos marxistas desconectados del pueblo hacen más daño a los revolucionarios que desconocen la teoría marxista que el imperialismo.

  • Ventura Carballido Pupo dijo:

    Exelente material. Lo he multiplicado con el envió a 138 contacos; es una manifiesta guia para el conocimiento filosofico de estos tiempos y de todos los tiempos. Felcito a su autor Enrique Ubieta,

  • Marlene Azor Hernández dijo:

    Empecé a leer y creí que Ubieta me describía,cuando llegué al párrafo que dice que ser revolucionario es establecer un frente común con ese gobierno, para defender cada conquista y establecer las nuevas metas.Ahí dejé de leer, contrario a toda visión revolucionaria Ubieta nos define al revolucionario aquél que es “un asalariado del estado” como denunciaba el Che y entonces vemos cómo este autor pasa a ser un señor reaccionario y conservador. No sé cómo Cubadebate publica algo tan conservador.

    • O'Hito dijo:

      Pues creo que te dejaste por leer la mejor parte. La crítica que hace es profunda, seria y muy responsable.

    • Darvis desde China dijo:

      Está siendo usted intolerante. Lea el artículo en su totalidad, y descubrirá el elevado valor de sus ideas. No es necesario que las comparta. La animo a escribir un ensayo exponiendo sus puntos de vista. Saludos.

    • Randol dijo:

      Ay, Marlene, por favor… Ubieta no se refiere a un “frente de sumisos”, sino a un “frente común”; y “frente común” significa unión de intereses, unión para la acción. Es claro que ese “frente común” nunca será todo lo homogéneo que se quiere (y se quiere no para domesticar cerebros, sino para luchar por una meta común – unidad en la diversidad, vaya!); pero menos posible, y, por tanto, hipócrita, es aspirar a lograr un consenso con enemigos jurados (no con adversarios ideológicos, que es otra cosa).

      Ahora bien, ese “frente común” no debe tampoco buscar el sometimiento de aquellos que son “incorregiblemente reaccionarios”. Porque someter a algunos a la exclusiva voluntad de otros es un acto de violencia que solo justificaría una guerra total, una de bombas y muertos por doquier. Y ni así sería moral, pero, bueno, sería una realidad de cualquier manera.

      Unidad para la acción, frente común para metas comunes… Cuando no hay interés por la acción y tampoco intereses comunes (sea de la parte que sea), pues no hay “frente común” que valga… Eso está muy claro a lo largo del texto. Deberías haber terminado de leerlo.

  • Ricardo Hernandez dijo:

    Ese espíritud revolucionario es el que debe caracterizar a la gran masa juvenil de Cuba.

  • Carlos de New York City dijo:

    ” Desde Ayer , Desde Siempre Dire que ser REVOLUCIONARIO es unicamente Llevar Tu VERDAD a Todas partes ”

    Carlos de New York City

  • michael vazquez montes de oca dijo:

    Hoy hacen falta ideas como esta

  • GFRJ dijo:

    Magnífico artículo, hacía mucho tiempo no leía algo parecido, sin consignas, concreto, a tono con estos tiempos, enmarcado por elementos de la historia y lo cotidiano, que refleja la actitud de muchos de nosotros, del pueblo, pero a la vez una llamado a la reflexión de lo que estamos haciendo y cómo hacerlo mejor sin enjuiciar a nadie. desde mi humilde opinión, Excelente. Felicidades.

  • 12345 dijo:

    Por favor no confundir Revolución con socialismo o conunismo, seria un grave error hacerlo

    • Carlos de New York City dijo:

      RESPUESTA : 12345
      ” El error es tuyo mismo porque ser Revolucionario es llevar la verdad que el Socialismo es Mejor que el capitalism salvaje y animal que al mencionar el Comunismo deberia de ser Siempre el Poder mismo pueblo la clase trabajadora y en el comunismo todo avanzar desde abajo hasta arriba, ? ya ves ? tu mismo confundiste y te equivocaste?

      • Sergio dijo:

        Le pregunto: Que sabe usted de comunismo, si nunca lo ha visto, si nunca ha tenido una evidencia de su existencia?, como puede ser tan categorico?.

        Sobre el Socialismo,,,, a cual socilaismo se refiere, al NORDICO?, pues es sí ha sido supeiror, hasta el día de hoy.

        Saludos,

      • El Migue dijo:

        Dale, a salirle al paso. No se ha equivocado en lo absoluto, la revolucion francesa no fue una revolucion socialista, menos comunista. tu argumento es muy subjetivo por lo tanto no creo que solo porque tu lo dices tienes la razon

  • el de siempre dijo:

    Es muy bueno el artículo, hay que estudiarlo y convocar al debate constructivo. No debemos equivocarnos, hay momentos en la actualidad en que algunos que no han comprendido lo que se escribe en ese comentario, solo ven las manchas, yo creo que a partir del diálogo contructivo se hace Revolución. El ejemplo lo tenemos en nuestro PCC, como le ha dado al pueblo la posibilidad de expresarse con respecto a lo que discute, porque ese Partido es el pueblo.
    Estoy de acuerdo que hay que retomar la bibliografía para que seamos más revolucionarios y más conscientes de lo que hacemos. Hay que actualizar la bibliografía y cómo. Estudiemos a Fidel y veamos la bibliografía actualizada, nuestro Fidel ha contextualizado de manera excepcional lo que tanto ha estudiado.

  • Mexico2 dijo:

    Magnifico escrito. Sería bueno que el texto “Ese Sol del Mundo Moral” se estudiase en nuestras escuelas (estuvo 20 años censurado, o al menos no publicado en Cuba), en este libro Cintio Vitier da una lección de historia de Cuba, de ética y moralidad. Como usted dice los revolucionarios no nacen siendo revolucionarios (Félix Varela en palabras de Cintio en Ese Sol del mundo moral, llego a Cádiz siendo reformista y a New York siendo independentista, por lo cual nunca pudo regresar a Cuba), otros al contrario fervorosos revolucionarios y luego fueron traidores. Hoy en día otros defienden desde supuestas posiciones revolucionarias lo que necesariamente debe ser cambiado. Lo que debe ser cambiado no debe ser defendido por los revolucionarios, pues deben estos tener sentido del momento histórico y propiciar los cambios, por ejemplo hacer nuestro socialismo más democrático y participativo y propiciar el empoderamiento real de las personas.

  • Eldis Vargas Camejo dijo:

    De forma resumida, para mí, ser revolucionarios es: ser patriotas, independientes, soberanos, dignos, solidarios, valientes, evolutivos, modernos, creativos, innovadores, arriesgados, firmes, humanos, justos, éticos, sinceros, desinteresados, modestos, colaboradores, respetuosos, sacrificados, internacionalistas, incondicionales, antiimperialistas y nunca ingenuos; pero sobre todo, socialistas, martianos y fidelistas!!!

  • Alexis dijo:

    Soy un joven cubano que le fascina la historia de su país. Senti esa historia en este artículo. Un análisis muy claro y necesario en la Cuba de hoy. Ojalá y tenga mucha más difusión este texto. Excelente trabajo mis felicitaciones para Enrique.

  • Fuenteovejuna dijo:

    Un análisis que toca a fondo el fervor de estos tiempos. Tiempos que necesitan de los verdaderos y no de los falsos…, para acabar la obra de la revolución.

  • juan carlos corcho vergara dijo:

    Muchas gracias Enrique por el artículo, pienso leerlo cada tarde después de concluida mi jornada diaria y confrontar cuan revolucionaria fueron mis actitudes en el día, soy de los que aspira a serlo hasta el fin de mi vida, hay momentos en que uno siente incertidumbre sobre determinado comportamiento o actitud que asumimos en el bregar de la vida, creo que este artículo es muy ilustrador y muy útil para este empeño. Fidel decía algo así de que el revolucionario tiene que serlo hasta en la intimidad de su pensamiento, y yo le agrego que también es una constante aspiración del que pretende serlo en cuba. Gracias nuevamente

    • juan carlos corcho vergara dijo:

      Rectifico y yo le agrego que también debe ser una constante aspiración del que pretende serlo en cuba. Gracias nuevamente

Se han publicado 54 comentarios



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Enrique Ubieta

Enrique Ubieta

Ensayista y periodista cubano. Director de la publicación “La calle del medio”.

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