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¿Una generación plástica?

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El uso del término “plástico” tiene una acepción ganada que, por lo general, alude a la falsedad y a la falta autenticidad, no es el que pretendo usar en este texto, aunque algo tiene por el aquello –tal vez- que todo ahí está para negar a su contrario.

Lejos en el recuerdo queda la banda sonora popular de aquella canción que comenzaba: “Ella era una chica plástica/ de esas que veo por ahí/ de esas que cuando se agitan/ sudan “Channel N° 3”, de Rubén Blades y Willy Colón[i]; y por ajena a nuestra realidad tampoco tiene que ver con la nombrada en los Estados Unidos como Plastic generation[ii].

De todas formas de plásticos se trata porque tienen interés de usar el último modelo de teléfono celular, que ya casi una extensión de sus manos; visitar ciertos locales donde frecuentan músicos o personas de la, para mí, a veces demasiado mimética, farándula local; romper los pantalones por la rodilla, aunque sean nuevos o cortarse el pelo en Donde Dorian. Cierto que no los hace del todo “plásticos”, aunque en alguna medida lo son porque estudian arte o diseño.

En los últimos años de la década de los setenta del pasado siglo XX, en el sector de las artes plásticas cubana comienza a aparecer una ruptura con la tradición historicista y germina un nuevo hacer y que en términos de resultantes del trabajo artístico, se pone de manifiesto la existencia de un contacto más inmediato activo de las obras con la vida del pueblo.

A partir de la década del 80, con la consolidación de las graduaciones y del conocimiento de los jóvenes egresados de las escuelas de arte, un grupo importante de aquellos primeros estudiantes, gracias al sistema de enseñanza y su red de escuelas de arte que creó la Revolución, se produce lo que se llamó la Década prodigiosa, “Renacimiento cubano” o Nuevo Arte Cubano[iii], un movimiento que perdurará hasta los años noventa.

La octava década del pasado XX es considerada el momento de cristalización de las corrientes postmodernas en nuestro país, asumiendo diversas formas artísticas en las que se canalizan, por el intermedio de las obras, realidades vigentes en la vida cotidiana cubana, con énfasis en la cultura popular y en las que asoma una fuerte carga crítica a la sociedad y su hacer cotidiano.

Aparece en la expresión plástica -que en la música ya había comenzado antes con la aparición del fenómeno de la canción social, en la que el juglar o cantor hace alusión a la vida cotidiana y a las preocupaciones más acuciantes de la existencia-, más vívidamente la manifestación de la conciencia y de las realidades inherentes a los asuntos más importantes del país. Comenzando por la actitud ante el arte mismo, su papel social y el reflejo de un saber crítico del creador lo que deriva también como sentimiento fundamental del conjunto de la sociedad.

Las duras circunstancias sociales, políticas y económicas, que marcaron las décadas anteriores y esa misma; el proceso de cambios comenzados después de 1959, los avatares de la propia supervivencia de la Revolución, el inicio y comprensión de otros cambios en el mundo; lleva a los artistas plásticos a asumir posiciones en las que, mientras unos se refugian en un arte más individual, otros emigran, porque dejan de considerarse transformadores; aunque en ambos caminos o casos, lo cierto es que algunos –la mayoría- se refugian en zonas donde decae el paradigma estético y en el que el mercado comienza a marcar tendencias.

Si bien es cierto que el arte se hace con arte, la consolidación institucional del Ministerio de Cultura (1976) y la creación del Consejo Nacional de las Artes Plásticas (1989), encargada en lo adelante de impulsar esta manifestación, así como la fundación del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, cobija a los artistas, curadores, críticos y se convierten estás instituciones en núcleo y apoyo de interesantes proyectos culturales.

Después corrieron otros años duros[iv], pero en medio de las difíciles circunstancias sociales y económicas en las que el sistema institucional se deprimió, así como varios de sus programas, se luchó por mantener el sistema de enseñanza artística y por buscar alternativas varias a su desarrollo, muchas de las cuales surgieron de los propios artistas, que diversificaron los espacios expositivos y convirtieron en muchos casos sus viviendas en galerías, inicialmente promocionales y posteriormente comercializadoras.

El tiempo ha pasado y ahora, los nacidos en esos años han comenzado a pintar.

ADN. Daniela del Riego, técnica mixta.

ADN. Daniela del Riego, técnica mixta.

De cierta forma en estos muchachos –nada de peyorativo en el uso del término- convergen las características que en sus mayores se hacen presentes como son la solidez teórica de un conocimiento de la historia del arte, la estética, las corrientes teóricas existentes a nivel internacional, la experimentación propia de quien quiere descubrir su y el mundo, el carácter crítico lógico, el eclecticismo en el estilo, lo popular, lo sociológico, pero en ellos se acentúan dos cuestiones que hasta el momento los “marcan, lo lúdico y un cierto grado de burla rayana en el cinismo, por ahora.

Lo interesante y que llama la atención al asistir a las conversaciones de estos incipientes artistas es que en ninguna de ellas falta el análisis. En todo diálogo reclaman reconocimiento, intenciones de redefinir los sistemas que han heredado de sus mayores, en los que solicitan nuevos paradigmas a seguir frente a nuestra historia y en los que percibimos grietas en los pilares sobre los que se sustentan sus conocimientos.

Un joven curador[v] explicaba que en “Lamernos los unos a los otros”[vi] de alguna manera los participantes dejan claro qué los motiva y que entre sus pretensiones está el hacer “Un análisis de la sociedad cubana, que implica el reconocimiento de una línea atemporal vinculando el pasado y el presente”. O sea, un tajo en la conciencia social, una visión más hacia el por qué suceden las cosas que al hecho en sí, una actitud muy crítica hacia lo obsoleto, los males y problemas estructurales de la sociedad en la que viven.

Lázaro Saavedra hijo, acuarela sobre cartulina.

Lázaro Saavedra hijo, acuarela sobre cartulina.

Repito que son estudiantes. Escuchando y conversando, se descubre que no quieren opinar sobre algunas cosas, que no usan palabras grandes ni trascendentales, contrario a las generaciones que los antecedieron, y en la mayoría de los casos prefieren que hablen sus obras y el vivir su cotidianeidad que los convierte y mimetiza con casi todos los estudiantes de otras carreras: cuidar a sus hermanos más pequeños, botar la basura, buscar los “mandados”, jugar. También se “escapan” algún que otro fin de semana para casa de amigos, al teatro hacia exposiciones y conciertos, a fiestas.

Sus currículos no alcanzan a llenar una cuartilla, sus dossier son pequeños, y en sus muestras descubrimos que todavía toman prestado de otras tendencias, están por ser.

Por ejemplo, en Open House[vii] la variedad de lo expuesto fue tal que causó asombro a los asistentes. Había de todo como en botica. Asistieron a la muestra profesores de la especialidad, pero también hubo curadores, pintores, curiosos y algún que otro “perdido”; sin embargo todos descubrieron una constante, el talento. Los artistas hacen obras que cambian la vida.

Sus vidas están más volcadas a “sufrir” la otredad del día a día que consiste en llegar también a la escuela no sin esfuerzos y también en querer ser, tratar de aprender y aprehender qué significa ser ciudadanos -en ciencia y conciencia- lo cual nunca es un es acto fácil. Aptitud hay. ¿Se malogrará? Solo el tiempo y la vida dirán. Las puertas del mundo para ellos están abiertas.

Son adolescentes tardíos. No tienen, como tocó a algunos, la necesidad de hacer cosas de hombre siendo aún niños. El porvenir es de ellos con banda sonora y todo; pero descubrirán en algún momento también que el futuro no es y no será como lo soñaron y descubrirán la nostalgia, pero ya habrán pasado cosas y el tiempo.

Cartel de presentación de la exposición Open House. Carlos Karakadze.

Cartel de presentación de la exposición Open House. Carlos Karakadze.

Se puede decir de ellos que primero dicen y luego se desdicen; es probable y hasta cierto, el “ser” lleva tiempo y el comprender el “estar” y “dónde” también, además hacen y harán las cosas bajo una sola mira, el arte y la libertad de crear y en eso no existen dudas. Son seres carentes de miedo, así la sociedad los ha educado.

Conversando con ellos se descubre que el color blanco, por ejemplo, para uno es nada, mientras para otro lo es todo. ¿Susto, sosiego o su contrario? Tratar de buscar y en el acto, toparse con sí mismos. Crear es más que un sueño en el que aún no tienen incorporado que el tiempo de duración de la celebridad es muy fugaz. Ya lo descubrirán.

Tienen los ojos tan abiertos que quieren devorar el mundo y sus mayores hemos pretendido traspasarles valores, ideas, consignas y conciencia, a veces sin mucho efecto –tal vez por los métodos usados-, darles ciertas “reglas” para emplear en la vida; descubro que no todas les sirven, que a ellos ni les bastan ni les satisfacen, quieren y pretenden hacer las suyas. Las nuestras terminarán saltándoselas. Otra cuestión que hay que tener en cuenta, tal vez la principal, aman, siempre aman.

A diferencia de otras generaciones no son portadores de rencores históricos, a veces parecería que tampoco tienen pasiones, lo cual, cuidado, no es cierto, nada está más lejos de eso. ¿Todo el mundo –ellas y ellos- es “plástico” entonces? Pues no y viceversa. Aclaran, con sus obras, que más bien lo serán.

Notas

[i] Canción contenida en el disco Siembra de 1978.

[ii] Jóvenes suburbanos que tratan de mostrar que también hay un mundo para ellos. Se oponen a los mensajes de la común forma de ser y a su razonamiento, tratan el mundo material con las mismas leyes de la red.

[iii] La exposición Volumen I (1981) resultó un momento de renovación estética del arte cubano y el punto de partida de toda la renovación ideo-estética que caracterizó la década, en lo formal y en la conciencia autocrítica. Se destacan Flavio Garciandía, Tomás Sánchez, José Manuel Fors, José Bedia, Gustavo Pérez Monzón, Ricardo Rodríguez Brey, Leandro Soto, Israel León, Juan Francisco Elso Padilla, Rubén Torres Llorca, Rogelio López Marín ¨Gory¨. Otras exposiciones de la década fueron: 4×4 (1982 y 1986); Hexágono (1983); Puré (1986); ABTV; Proyecto Hacer; Grupo Arte Calle; Grupo Provisional; Proyecto Castillo de la Real Fuerza. Verhttp://www.caimanbarbudo.cu/artes-plasticas/2012/12/utopia-enmendada-arte-cubano-contemporaneo/

[iv]Durante los años 90 varias exposiciones marcaron esta década. El objeto esculturado (1990), organizada por Alexis Somoza y Félix Suazo. Participaron 51 artistas bajo la idea de la inserción social del arte, mantenía el espíritu de los 80. Kuba o.k. Arte actual de Cuba (Alemania 1990); Las Metáforas del Templo” (1993) de Esterio Segura y Carlos Garaicoa. El I Salón de Arte Cubano Contemporáneo (1995), auspiciado por el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales. Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Artes_pl%C3%A1sticas_de_Cuba yhttp://www.ecured.cu/Arte_Cubano_Contempor%C3%A1neo

[v] Daniel G. Alfonso, crítico de arte.

[vi] Exposición colectiva inaugurada el 22 de abril del 2016. Centro de Desarrollo de las Artes Visuales. La Habana, Cuba.

[vii] Exposición colectiva inaugurada el 8 de marzo del 2016. Centro de Desarrollo de las Artes Visuales.

Se han publicado 3 comentarios



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  • lili dijo:

    Una mirada bien desprejuiciada hacia la obra joven. Felicidades a usted y a ¿Una generación plástica?

  • Lia dijo:

    Siento que es la primera vez que leo algo que realmente define a mi generación, y sobre todo a la que viene después de la mía, me encontré sorprendida mientras leía.

  • vladimir dijo:

    Gracias por tu tiempo. La intención es trasladarles respeto y “comprensión”, pidiendo también alguna para nosotros. El futuro son Ustedes.

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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