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Cuando vuelan las cigüeñas

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grullas3Los desastres de la guerra, que siempre han producido obras de arte desde los tiempos de Goya, con sus impresionantes dibujos, es una constate en aquellos escenarios de los cuales sin dudas el más dramático en el siglo XX fue la llamada Segunda Guerra Mundial que los soviéticos nombraron con acierto: la Gran Guerra Patria.

Cuando vuelan las cigüeñas, es un filme soviético en blanco y negro, producido a finales de los años 50 del pasado siglo. Es una película que fue un asombroso logro artístico, marcó la reaparición de un veterano: Mijaíl Kalatózov (director) y la aparición de un fotógrafo: Sergei Urusevski quien revolucionó la cinematografía soviética y mundial con una sorprendente utilización creativa de la cámara en mano. Pero sobre todo por el descubrimiento de una actriz: Tatiana Samóilova, para la que no alcanzan los adjetivos. Una genuina belleza que supo expresar todos los sentimientos humanos de una joven mujer en el contexto de la guerra y conflictos de toda índole.

Aquí me detengo, pues antes de pasar a la necesaria incursión en este filme, quisiera recordar algunas películas soviéticas y que nos gustaría volver a ver: El fascismo corriente (también traducido como ordinario, cotidiano), un documental dirigido por Mikhail Romm, con un colectivo de alumnos que tuvieron acceso a las imágenes documentales filmadas por el propio ejército alemán. Aquí vemos a los jóvenes soldados bañándose en el río, con los juegos inocentes, propios de la juventud. ¿Quién podría decir que, algunos de estos soldados, intoxicados por la ideología fascista, asolaron y destruyeron la Unión Soviética, causándole 27 millones de muertos, la inmensa mayoría de ellos civiles?

Pero no me toca erigirme en tribunal, las cuentas de la guerra y sus crímenes ya se hicieron. Existió el juicio de Núremberg para los grandes criminales y no se puede culpar a Alemania de aquel genocidio inmenso.

También hay un filme: El 41, dirigido por el entonces debutante Grigori Chujrai: la emocionante Balada del Soldado, crónica de un joven que con un permiso regresa a su casa clamando: ¡Madre, estoy aquí!

Pero volvamos a Cuando vuelan las cigüeñas que es, sin dudas, un clásico. Este filme nos muestra la guerra desde otro punto de vista. Una pareja de enamorados interpretada por los actores: Alekséi Batálov y Tatiana Samóilova que se ven separados por la guerra. Los desgarramientos emocionales que sufren en la separación son expresados crudamente pero siempre dejan ver la esperanza del regreso.

La joven se queda en casa del novio, donde el padre del cual la acoge como una hija. Este hombre es un médico que lucha incansablemente en el frente que le tocó: atender la población en la retaguardia.

En la casa también cohabita un joven pianista. El conflicto surge: el joven se enamora de Tatiana y la asedia constantemente. Esta actitud, vista con los ojos de la guerra, es una canallada, viniendo de un joven que permanece en la retaguardia.

El tiempo pasa, y la joven Tatiana no tiene noticias del novio, sin embargo, el espectador si sabe lo que acontece porque el filme muestra la muerte del novio en medio de una emboscada.
La noticia no llega oficialmente, sino a través de otro soldado del batallón que le cuenta a la familia discretamente lo que sucedió. Pero Tatiana aún no se entera.

Una secuencia muy discutida y de hecho realizada con pobres elementos cinematográficos es una seducción-violación del joven pianista hacia la joven Tatiana. No quiero dejar de decir que estoy entre aquellos a quienes les parece gratuita la secuencia, además su tono cinematográfico desaliñado acentúa aún más el sentimiento de que no era indispensable. Lo único importante es que este incidente exacerba aún más el amor y la desesperación de la joven por reunirse con su novio, pues desconocía que había muerto.

En la película se nos muestra cómo la familia es trasladada a la extrema retaguardia. Este es un hecho poco conocido y fue un esfuerzo heroico que consistió en trasladar hospitales, fábricas, población, del territorio que corría peligro a esta situación en la retaguardia en el extremo oriente soviético. Esto explica el increíble heroísmo y talento que propició la continuidad de la fabricación de armamentos, incluyendo la creación del famoso tanque T-34 y cuadrillas de aviones con el fuselaje construido con madera siberiana.

Se puede decir sin vacilar que los alemanes fascistas nunca calcularon esto, pensaron que iban a tomar Moscú y por lo tanto el corazón de la Unión Soviética, en unos pocos meses en el verano de 1941. No voy a contar la historia conocida de que no pudieron llegar a Moscú y que en un esfuerzo y heroísmo que todavía causa asombro derrotaron a la Alemania nazi. El moderno armamento alemán fue contrarrestado en gran medida por el papel de las fábricas de armamentos en esta retaguardia.

En la vida cotidiana de la familia del novio de Tatiana el medico padre está agotado por el esfuerzo de la guerra, pero sigue trabajando, la joven colabora en el hospital y comparte la vida doméstica particularmente dura. A lo largo de todo el filme, el sufrimiento de la joven por la separación se deja ver constantemente: las familias desesperan, la guerra es muy larga y muy sangrienta: duró 5 años.

Pero con gran júbilo comienzan a regresar los soldados. Vemos en la estación de trenes los emocionantes encuentros de padres con hijos, parejas y los rostros de sufrimiento se iluminan. Aquí hay que detenerse para rendir tributo al increíble trabajo de cámara en mano de Sergei Urusevski quien, como un testigo excepcional se introduce entre las filas y sigue sin perder la imagen de la joven que esperanzada recorre vagones, se detiene en los rostros felices, pero no encuentra a su novio.

Después de una agotadora búsqueda que la cámara ha seguido todo el tiempo, un viejo combatiente que nota su desesperación, le da un ramo de flores.

Repito: esta obra clásica debía ser vista por todos, porque muchos de estos conflictos se repiten en el mundo moderno y aun sin guerras mundiales, la humanidad no debe olvidar estas memorias.

Se han publicado 3 comentarios



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  • Sabrina dijo:

    A mi también me gustaría volver a ver esa película. !El cine sovietico de entonces!, cuanta nostalgia del buen cine. !Cuanta nostalgia de nuestras salas de cine!, que eran tan amplias, tan limpias, tan climatizadas, tan silenciosas. Espero que la cinemateca se embulle y haga un ciclo de cine con esas películas que usted menciona. Gracias Miguel!

  • cachito dijo:

    Miguel felicitaciones por este gran artículo, y por darle vida a esos grandes personajes.

  • Cesar dijo:

    Espectacular pelicula.100 veces la he visto y cuando la exiben la vuelvo a ver,.Eso es lo que pasa cuando se ve,le lee o se observa una verdadera obra de arte.

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Miguel Torres

Miguel Torres

Miguel Torres, reconocido director de Cine y de televisión cubano, fue un connotado realizador del Noticiero ICAIC Latinoamericano. Ha sido profesor de la Escuela de Cine y de Televisión, tiene en su haber varios largometrajes y decenas de documentales.

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