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Premio Casa: Un mapa de letras latinoamericano (+ Fotos y Programa)

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Jurados del Premio Casa.

Jurados del Premio Casa.

Nada hay para la lectura como el retiro. En una habitación aislada o una celda de prisión –grandes  hombres nunca han leído tanto como en la prisión–, el exclusivo acompañamiento del libro permite un diálogo próximo, una coexistencia en el tiempo narrado, una complicidad intensa en el silencio. Siguiendo esa señal, por trece años se han ido los jurados del Premio Casa a 253 kilómetros de La Habana para leer. Y leer.

A la ciudad de Cienfuegos, muy cerca de su costa, llegan con las más de 370 obras que concursan en esta edición.

Intentando interrumpir lo menos posible su faena, dialogamos con algunos de ellos.

LECTURAS

Este año registra récord la cantidad de obras concursando en cuento, categoría que corresponde, entre otros, a Alejandra Costamagna*. Sobre la lectura comenta:

AC: Estamos justamente en pleno proceso, empezamos el lunes con la lectura. Somos cinco jurados y son como doscientos y tantos manuscritos. Me he topado en general con una calidad bastante buena. Como jurado de concursos uno aprende a hacer una lectura que a la superficie puedes darte cuenta de cuando algo amerita profundizar más. Me ha sorprendido que hay muy buen nivel.

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Alejandra Costamagna, de Chile. Foto: Abel Carmenate.

Algunos no están teniendo una calidad como para seleccionarlos, pero los sigo leyendo porque me interesan justamente esas particularidades de ciertos rincones de Cuba, Ecuador, Paraguay, donde sea… Es como hacer un mapeo de lo que se está escribiendo hoy en Latinoamérica. Es un premio poder acceder a ese mapeo, a esa panorámica de qué es lo que se está escribiendo en este momento en el cuento, cómo también se va renovando, va volviendo a ser clásico en algunos casos, pero cómo a partir de lo clásico en algunos casos también se desordena.

Es un plus también cuando aparecen mencionado un cierto universo que uno puede identificar, puede imaginar, entrar a él como una proyección de una realidad posible. Hay mucho, por ejemplo, de una visión de una Cuba de puertas adentro que uno desconoce de otra forma.

Por su parte, Eric Nepomuceno**, a cargo junto a otros tres miembros de evaluar las obras de literatura brasileña, y quien pronunciara las palabras inaugurales del Premio, entiende que:Un concurso siempre es irregular. Sería magnífico un concurso de puras buenas obras, aunque ahí no sería concurso. Hay libros malos, hay libros muy malos, hay libros buenos, hay libros muy buenos y, al menos, dos libros buenísimos. Yo ya tengo mi candidato, me falta leer un par de obras, pero dudo que superen a ese.

DOS POÉTICAS, UN LENGUAJE

Entre los jurados, algunos se han desempeñado o hasta tienen formación como periodistas. Atendiendo a ciertas categorizaciones, a algunos les podría resultar curioso que un periodista juzgara obras literarias.

Alejandra Costamagna, formada como tal, considera quetanto el periodismo como la literatura trabajan con una materia prima que es el lenguaje. La diferencia es qué hacen con ese lenguaje. Creo que el periodismo trabaja en ese sentido mucho más en función de acercarse a una cierta verdad y la literatura, por el contrario, es más bien hacia la verosimilitud. Pero fuera de eso, que me parecen términos muy generales, creo que las fronteras hoy día están bastante mezcladas. Me interesa mucho lo que está ocurriendo con la crónica, que es el perfecto puente entre ambos. Me parece interesante que ese límite se difumine.

Me interesa que en Latinoamérica está pasando algo que es muy vivo con la crónica. Carlos Monsiváis, que para mí es el gran cronista del siglo que ya comienza, también incluyo nombres en Chile, como Pedro Lemebel, o en Argentina Martín Caparrós o Leila Guerriero… Colombia también tiene grandes cronistas y me parece que es un género que está muy vivo porque creo que la realidad latinoamericana da ese material y esa potencia que es insoslayable.

Eric Nepomuceno trabajó como periodista desde los 17 años, aunque no lo estudió nunca. “Estudié Filosofía, sin terminar, no tengo grado universitario. Es algo más o menos común en mi generación. Soy de 1948, en el 68 yo estaba en la Facultad, pero Brasil era un país complicado. Empecé a trabajar en televisión y me parecía más atractivo el trabajo que el estudio. –Me arrepiento, por cierto–. Adquirí formación periodística aprendida en las redacciones. Sigo creyendo que el periodista se hace trabajando y no estudiando: el estudio es complementario.

Yo estoy convencido de que el periodismo es un género literario, como la novela, como el cuento. Pero es un género con sus reglas, con sus presiones. La gran diferencia entre lo que se llama literatura de ficción y literatura de no ficción, es que en la literatura de ficción tienes que poner algunos datos de la realidad para convencer al lector de que la mentira que dices es verdad, y en la literatura de no ficción, en el periodismo, un dato inventado te desmonta, te derrumba toda la verdad. Son tiempos narrativos distintos.

El periodista tiene que, por deber moral, reproducir su verdad –yo no creo que exista una sola verdad–. Debe sostener su verdad, bien escrita, bien fundamentada, ser lo más objetivo posible.

Nunca vi el periodismo de otra forma que no fuera la de un género literario. Cuando me siento a escribir un artículo o una crónica o una semblanza de alguien, sigo exactamente las reglas de escritura que uso cuando escribo mis cuentos: buscar un tiempo narrativo y convencer al lector de lo que estoy contando.

El brasileño Eric Nepomuceno. Foto: Abel Carmenate.

El brasileño Eric Nepomuceno. Foto: Abel Carmenate.

MR: Se ha dicho que una obra literaria puede complementar o incluso sustituir a la prensa en su función testimoniante. ¿Qué cree sobre esto?

EN: Muchas de las obras de Ernst Hemingway nacieron como crónicas de la Guerra civil española. Era corresponsal de guerra, pero aquello estaba escrito de manera tan preciosa, tan precisa, que luego lo publicó como si fuera material de ficción y no lo era. Se presentó el año pasado aquí en Cuba un libro que se llama Los últimos soldados de la guerra fría, del brasileño Fernando Morais, un reportaje que cuenta la historia de los Cinco Héroes cubanos. Es una historia tan increíble, tan absurda, que podría ser una novela de espionaje. Y es puro periodismo.

Es un género muy sacrificado el periodismo. Siempre lo fue, pero siempre hubo grandes textos literarios publicados en diarios y revistas.

Hay contextos distintos. Yo creo que desde hace muchas décadas, nosotros que escribimos en América, escribimos América. Creo que comprenderás mi país mucho más leyendo a Rubem Fonseca, a Jorge Amado, mucho más que leyendo los libros de los politólogos, los antropólogos, de los sociólogos. Esas son narraciones frías de observador frío. Jorge Amado te lleva a Bahía. Si lo lees sientes el olor de Bahía y el olor del mar. Tú ves caminar a las mujeres, a los hombres… El pulso, el latido de la vida está en la literatura de ficción más que en la literatura de análisis. La literatura de análisis, de los sociólogos, los explicólogos todos, te explica; los narradores te cuentan.

Eso pasa también con la música, con el arte en general. La función del arte es ayudarte a ver. No te explica nada: te lleva.

NUEVAS TECNOLOGÍAS, NUEVAS LECTURAS

En un mundo de migraciones y de interconexiones que acortan las distancias simbólicas, lo local se siente amenazado, aunque algunas teorías aseguran que precisamente la globalización ha posicionado el discurso sobre lo local y lo identitario. ¿Se puede seguir hablando de literatura latinoamericana en un mundo conectado como el de hoy (si bien esa conexión excluye a muchos), donde se desdibujan algunas fronteras, y hay otros factores que lo cuestionan?

AC: Ese concepto ha sido bien discutido y varios han anunciado la muerte de la literatura latinoamericana, incluso algunos le ponen nombre: “¿Quién fue el último escritor latinoamericano?- Roberto Bolaño”. Pero no me gustan las etiquetas y creo que la literatura en ese sentido debe cruzar fronteras, sobre todo con las redes sociales, y todo lo demás. Pero sí siento que los autores responden también a una identidad y un contexto en que su literatura se origina. Para mí, en ese sentido, hay coordenadas importantes de dónde se produce y con qué matrices surge esa literatura. Yo no sé ya si llamarla latinoamericana o cómo, pero sí me parece que hay cosas importantes que distinguen a una literatura facturada en un lugar y en otro.

Esa literatura que aspira a ser universal y de un lenguaje en el que todos comprendamos las palabras y el léxico pierde bastante de lo local y de la identidad que también generan los distintos espacios.

Lo adecuado es asumir la igualdad dentro de la diversidad, aceptar esa diferencia que también nos constituye. Sería igual muy difícil hablar de una literatura latinoamericana. Yo hablaría de las literaturas latinoamericanas.

Eric Nepomuceno, por su parte, considera que “la interconexión lo que permite es esa movilidad. Yo sí creo que lo que un cubano escribe, un brasileño no lo puede escribir. Un boliviano escribe diferente a un chileno. Creo que en América Latina somos como los dedos de una mano: cada uno tiene su marca digital, pero uno solo no hace nada, los cinco sí. Entonces creo en las literaturas locales porque creo en la patria chica y en la patria grande. Un cubano, Senel Paz o el chino Heras, al escribir está escribiendo Cuba y está escribiendo América. Igual que si Galeano escribe es un uruguayo escribiendo y está escribiendo América, Ricardo Piglia o Mempo Gardinelli en Argentina. Es una lista infinita…

Serás universal siempre que seas local. Está la literatura regional, que es otra cosa, pero cuando Senel está contando de La Habana, él también está contando Río, y está contando Guadalajara o La Paz o Quito. Es decir, tiene sentido la literatura local siempre que también sea universal, independientemente de internet o lo que sea. Cuando no había nada de eso, yo leía a Carpentier o a Virgilio Piñera, y estaba leyendo Cuba, pero estaba leyendo a un ciudadano de América y del mundo.

MR: ¿Las nuevas tecnologías y la manera de relacionarse a través de ellas y con ellas, ponen en riesgo la literatura tal como la conocemos?

EN: La literatura siempre estuvo en riesgo, desde que Gutemberg inventó la imprenta. Lo que creo es que la computadora, internet, etc. son herramientas facilitadoras y por tanto peligrosas. No sé en Cuba, pero en el mundo la manera de escribir cambió. Nadie escribe cartas. Hay un lenguaje de diminutivos. “ntp” me escribió una amiga joven, y tardé horas en entender que era “No te preocupes”.  Es un lenguaje telegráfico que me suena pobre. No me gusta. Soy viejo para esas cosas.

Sin duda se trata de un instrumento facilitador, veloz. La internet es una maravilla de comunicación, de información, etc. Pero excepto artículos periodísticos, todo lo escribo a mano. Cuando empieza a ganar vuelo entonces voy a la computadora, porque escribo mucho más despacio a mano que en el teclado, entonces las palabras tienen otro peso, otro ritmo. Dejo así que ganen su ritmo propio, su tempo. Y no corrijo en la pantalla. Imprimo, corrijo sobre papel, paso la corrección a la pantalla. Yo soy la alegría de la papelería del barrio porque una traducción como la de Cien años de soledad, son mil hojas de papel hasta llegar a la… versión final no existe nunca: hasta llegar a que el editor me pone una pistola en la nuca y me dice “entrega o disparo”.

El primer escritor que yo vi usando computadora, en el año 1983, fue García Márquez. Era como un juguete de niño. Todavía se usaban los disquetes. Recuerdo que él me decía: “Aquí está, aquí está: El amor en los tiempos del cólera”. Y era un disquito así. Creí que era una novelita así. “Para caber en esa porquería tiene que ser un librito de cien páginas”, me dije.

Fue el primero y él argumentaba eso: que cualquier herramienta que le facilitara el trabajo sería bienvenida. Hace treinta años. Yo no tenía computadora. Mi primera computadora fue del año 96. Usé siempre máquina de escribir, hasta que ya no había, nadie reparaba la cinta, entonces, derrotado, asumí mi derrota con un mínimo de dignidad y me compré una computadora.

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Eric Nepomuceno: “Estoy convencido de que el periodismo es un género literario”.

AMÉRICA ESCRIBE DIFERENTE, AMÉRICA ESCRIBE

Alejandra, además de periodismo y sobre todo, ha hecho cuento y novela. Cortázar, haciendo una analogía con el boxeo, decía que la novela se gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock out. Ella lo describe así:

AC: En general creo que eso es así en términos de los géneros en su origen, de manera tradicional; pero precisamente a mí me interesa cuando hay esa mixtura, cuando de pronto en la novela también ves que empieza a romper esa frontera. La novela que también se fragmenta, por ejemplo, o cuenta con otros recursos que no son los tradicionales de una presentación, un clímax, un desenlace. Me parece que están bien esas normas como base.

Alguien decía una vez que la novela es como una casa y el cuento es como una habitación dentro de esa casa. Hay muchas comparaciones apropiadas; pero para mí, básicamente, más que un asunto de extensión, tiene que ver con que el cuento es un perfecto artefacto de intensidad. Para mí en el cuento en el fondo lo más importante es lo que no dice y lo que se está diciendo mientras se dice otra cosa. Ricardo Piglia, que también es un gran cuentista y teórico del cuento, decía que un buen cuento cuenta siempre dos historias: la que vemos en la superficie y la que corre por debajo. Y el buen cuentista es el que es capaz de ir hilando las dos historias sin que esa herramienta sea evidente. Tiene que ver un poco con lo que decía Hemingway sobre el iceberg, el buen cuento es donde uno ve apenas la punta del iceberg, y todo lo que está bajo la superficie del agua y que nosotros como lectores no vemos, es lo que pesa, esa tensión. Me parece que eso aplica más para el cuento que para la novela.

La novela es un andamiaje que permite más ramificaciones, más digresiones y que en ese sentido las lee también con la mente en otra disposición.

MR: ¿Genera nostalgia la época de los grandes nombres, autores-hitos…?

AC: No creo que haya que tener nostalgia: el boom fue un momento histórico y estuvo muy bien que existiera, a pesar de que detrás del boom hubo muchos escritores que han quedado silenciados porque no alcanzaron a subirse a ese carro de la fama; que duró poco, porque vinieron todas las dictaduras militares.

Pero este es otro momento histórico, otro contexto, están pasando otras cosas. Hay algo que yo veo como la figura de Bolaño, que definitivamente no marca un antes y un después de que exista la literatura latinoamericana, pero sí su figura podría ponerse como una gota que rebalsa un vaso de agua de un tipo de literatura que llega un momento en el que se agota, pero se agotan las copias de esa literatura, no los originales. En ese sentido, Bolaño abre el panorama a variedad, a otro tipo de estéticas que hoy también se difuminan, y no es que se cree un comando de bolañitos, sino que se puede mirar literatura desde un lugar que es más anti solemne, menos grandilocuente, que valida también el humor para hablar del horror, cierta ironía y otras coordenadas que probablemente son más fragmentarias, que responden a un contexto en el que sin duda las redes sociales, internet, generan otra forma de situarse en el mundo. Y eso hace que las estéticas también se vayan adecuando.

Entonces no me parece que haya que mirar con nostalgia el momento de los grandes nombres. Estamos en otro momento en que tal vez son mucho más validadas las épicas pequeñas, las figuras del día a día, lo cotidiano, la fragmentación. Es como la frase de Chéjov (ruso y no contemporáneo, pero es sumamente válido para lo que pasa hoy): “La gente está almorzando, almorzando nada más. Y entre tanto cuaja su felicidad o se desmorona su vida”. Un poco eso es lo que creo que pasa con la literatura latinoamericana hoy: lo que se cuenta es lo que ocurre en el día a día, y en ese día a día podemos ver las otras grandes historias que están ocurriendo debajo, no es la gran historia que queda, el icono, sino más bien el conflicto más pequeño, el de todos los días.

CASA, UN PREMIO LITERARIO DE MÁS DE CINCUENTA AÑOS

AC: Me parece que es maravilloso que exista esta continuidad en el tiempo. Es un concurso que desde dentro puedo asegurar que hemos tenido absoluta libertad para deliberar.

El premio tiene un prestigio insoslayable y en general uno ve los premiados y los jurados que han existido hasta hoy y siente que es un orgullo ser parte de este jurado. Me parece muy valiosa esta iniciativa y sobre todo la dinámica que establecen, de poder hacer estos retiros en los que verdaderamente uno lee dedicado, sin interrupción.

EN: Basta mirar a la cantidad de años; es decir, 55 años con la fuerza y el prestigio del Premio Casa. Ese premio perderá vitalidad el día que la Casa deje de concederlo; pero mientras exista, aun cuando no es el premio más fuerte en dinero, es el premio más querido y con una característica importante: es el único que abarca todos los géneros. Porque hay importantísimos premios de poesía, de novela, de cuento… En este no, hay todo, hasta teatro; o sea, reconoce la dramaturgia como literatura.

La vitalidad del premio es la de Cuba, de la Revolución, con sus altibajos, con sus equívocos, con sus vueltas; pero ahí está, se renueva, permanece. Veo el premio muy parejo a ese proceso que vive Cuba desde hace 55 años.

Hay algo curioso, Cuba tiene una marca única en América. Antes, en los años 60, 70, tener un premio en Cuba, particularmente para brasileños –no se olvide que teníamos en el pasaporte un sello que decía “Válido para todo el mundo, excepto Cuba” –, pero para cualquier latinoamericano venir a Cuba, venir a la Casa era un privilegio. Hoy día por suerte eso se normalizó: sigue siendo un premio cubano y hay en eso un atractivo extra, pero ya no es determinante, la calidad misma del premio se impuso.

Cienfuegos.

Cienfuegos.

* Narradora y periodista chilena (Santiago de Chile, 1970). Se licenció en Comunicación Social por la Universidad Diego Portales y cursó el Máster en Literatura por la Universidad de Chile. Ha recibido numerosas becas y reconocimientos literarios; obtuvo el Premio Altazor en la categoría Narrativa por el libro de cuentos Últimos fuegos (2005); fue finalista del premio Planeta-Casa América de Narrativa Iberoamericana con la novela Dile que no estoy (2007) y obtuvo la beca Conacyt para realizar un doctorado en Literatura en la Facultad de Filosofía y Humanidades en la Universidad de Chile (2012-2015). Es autora, además, de los libros En voz baja (novela, 1996), Ciudadano en retiro (novela, 1998), Malas noches (cuento, 2000), Cansado ya del sol (novela, 2002), Naturalezas muertas (novela, 2010) y Animales domésticos (cuento, 2011). Cuentos suyos han sido incluidos en diversas antologías.

** Narrador, editor y periodista brasileño (Sao Paulo, 1948). Colabora en los periódicos Página 12 y La Jornada, y ha sido corresponsal en Buenos Aires, Madrid, México y América Central. Sus narraciones han sido traducidas a diferentes idiomas. Ha sido finalista en dos ocasiones del Premio Jabuti: en 1994 con el volumen de cuentos Cosas del mundo, y en 2009 con los cuentos de Antología personal. Como traductor lo obtuvo en dos ocasiones, por Doce cuentos peregrinos, de Gabriel García Márquez, y Las armas secretas, de Julio Cortázar. Entre sus títulos se encuentran, además, los libros de cuentos Contradanza y otras historias, y A Palavra Nunca, 40 Dólares e outras histórias, Coisas do Mundo y Quarta-feria; las novelas Memórias de um setembro na parça y O livro da Guerra Grande (colectiva), y los libros periodísticos Cuba: Anotaçoes sobre uma Revoluçao, Zapata: Terra e Libertade, Nicarágua, um país acossado, O Massacre y Bangladesh, tal vez.

Vea el Programa de actividades del Premio Casa 2014

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Mónica Rivero

Mónica Rivero

La Habana, 1989. Graduada de Periodismo (2012) en la Universidad de La Habana. Twitter: @lamagoch

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