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Señales de los tiempos

14 septiembre 2010 | 3

Por Frei Betto

El mercado es el nuevo fetiche religioso de la sociedad en que vivimos. Antiguamente nuestros abuelos consultaban la Biblia, la palabra de Dios, ante los acontecimientos de la vida. Nuestros padres, el servicio de meteorología: “¿Lloverá?” Hoy se consulta el mercado: “¿Se desvalorizó el dólar? ¿subió la Bolsa? ¿qué tanto osciló el mercado de capitales?”

Ante una catástrofe o un acontecimiento inesperado dicen los comentaristas económicos: “Vamos a ver cómo reacciona el mercado”. Y entonces me imagino a un señor, Sr. Mercado, encerrado en su castillo y gritando por el celular: “¡No me ha gustado lo que dijo el ministro; estoy enojado!”. A la misma hora destacan los noticieros: “El mercado no reaccionó bien ante el discurso ministerial”.

Para las agencias de publicidad el mercado en el Brasil abarca unos 40 millones de consumidores: En este país de 190 millones de habitantes apenas una minoría tiene acceso a los bienes superfluos. Los demás sólo a los de indispensable necesidad.

El gran desafío de las personas en edad productiva, hoy, es cómo insertarse en el mercado. Deben ser competitivas, estar cualificadas, disputar los espacios. Saben que el sistema recomienda no tomar en serio las connotaciones éticas y mirar como quimérica una planificación de inclusión de las mayorías. El mercado es ahora internacional, globalizado; se mueve según sus  propias reglas y no de acuerdo con las necesidades humanas.

La crisis de la modernidad es por tanto también la del racionalismo. Al comienzo de la modernidad, principalmente en la época de los iluministas, la religión era considerada superstición. Los campesinos en la Edad Media regaban sus campos con agua bendita, agradecían a los sacerdotes (que, dígase de pasada, cobraban por el agua bendita) y después alababan a Dios por la buena cosecha. Hasta el día en que apareció un señor ofreciéndoles una sustancia negra, el estiércol, que también costaba dinero, pero no dependía de la ira o del favor divino; bastaba con aplicarlo a la tierra y aquello facilitaba la cosecha.

¡El estiércol funcionó mejor que el agua bendita! Muchos campesinos perdieron la fe, porque la concepción de Dios predominante en la Edad Media era la de un Ser utilitario. (Por eso se suele decir, en teología, que Dios no es ni necesario ni superfluo; es gratuito, como todo amor).

Antes se hablaba de producción. Quien tenía un capital necesitaba invertirlo, producir. Hoy se habla de especulación. El dinero produce dinero. Cada día, a través de los ordenadores, miles de millones de dólares vagan por el planeta en busca de mayores ganancias. Pasan de la Bolsa de Singapur a la de Tokio, y de ésta a la de Buenos Aires, de ésta a la de Sao Paulo, de ésta a la de Nueva York, y así sucesivamente. Ahora en Singapur probablemente estarán discutiendo qué hacer con US$ 6 mil millones disponibles en el mercado.

Antes se hablaba de marginalización. Alguien marginalizado en el empleo todavía tenía esperanza de volver al centro. Hoy la marginalización cede el puesto a otro término: exclusión; el ser humano excluido no tiene esperanza de volver, porque el neoliberalismo es intrínsecamente excluyente. La exclusión no es un problema para él, tal como la marginalización era para el liberalismo: es parte de la lógica de crecimiento del sistema y de la acumulación de riquezas.

Antes se hablaba del Estado, lo importante era fortalecer el Estado. Un ministro de la dictadura militar llegó a declarar: “Vamos a hacer crecer el pastel, después veremos cómo lo repartimos”.Sólo que el pastel aumentó y el gato se lo comió, y no se vio el resultado. Aquellos mismos políticos que preconizaban el crecimiento del Estado defienden hoy su destrucción, con el sofisticado lema de la ‘privatización’.

No soy radicalmente contrario a la privatización, ni estatista a ultranza. Hay países ricos -como Francia y el Reino Unido- en los que los servicios públicos estatales funcionan muy bien. No es por ser públicas que las empresas y los servicios deben funcionar negativamente. La historia es otra: muchos políticos, que debieran ser personas públicas, están prioritariamente ligados a empresas privadas, de modo que no tienen interés en que las cosas públicas, estatales, funcionen bien. El mayor ejemplo de esto es el servicio de salud del Brasil. Son US$ 8 mil millones por año circulando en las áreas privadas de la salud, que atienden apenas a 30 millones de personas de una población de 190 millones. ¿Por qué el SUS habría de funcionar bien? Antes alguien se enfermaba y daba gracias a Dios por conseguir una plaza en el hospital. Ahora las personas mueren de miedo al tener que ir al hospital. El hospital se ha convertido en la antesala del cementerio.

La privatización no sólo es económica; es también filosófica, metafísica. Tiene reflejos en nuestra subjetividad. También nos volvemos seres cada vez más privatizados, menos solidarios, menos interesados en las causas colectivas y menos movilizables ante las grandes cuestiones. La privatización invade incluso el espacio de la religión: proliferan las creencias ‘privatizantes’, que tienen conexión directa con Dios. Esto resulta estupendo para quien considera que el prójimo incomoda. Es la privatización de la fe, destituyéndola de su dimensión social y política.

En fin, hoy se habla de globalización; qué bien que el planeta se haya transformado en una aldea. Lo preocupante es constatar que ese modelo es, de hecho, la imposición al planeta del paradigma  anglosajón. Por eso, ¡mejor llamarlo globocolonización!

Se han publicado 3 comentarios



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  • Luison Abad dijo:

    Estimado Rdo. Frei Betto . Deseo hacerl una pregunta que , como respetado teólogo que es espero no tenga inconveniente en contestar
    ,siempre que yo sepa exponerla : ¿ Qué opina Ud. acerca de los “Evangelistas” norteamericanos tan cercanos políticamente a los
    “Neo . Cons” ? ¿ Representan a una “Iglesia de clase” (si es que el término , en su criterio , es aceptable ? . Muchas gracias y , en particular , por su participación en la configuración de esa “Teología de la Liberación” que , a mí personañmente me acerca y reconcilia con la religión al rescatar valores universales indiscutibles . ” Se puede no creer en Dios y creer en las Religiones
    pues ofrecen al Hombre la posibilidad de organizar sus miedos , sus
    temores, sus entuertos , sus anhelos y su Ética ” , Richard Ford en su famoso libro . Un saludo afectuoso . Luison Abad desde Madrid .

  • F.JUAN ÁGUILA dijo:

    “GLOBOCOLONIZACIÓN”

    Algunos crean palabras y frases para hacer penetrar las ideas en la mentes de millones de personas. La publicidad se encarga de ello. Millones de unidades de cualquier moneda son invertidas en la llamadas “Campañas publicitarias” .Es importante el “Marketing”, saber vender, etc.

    Hay quien dice que los alimentos penetran por los ojos; pues la necesidad de comprar se crea a través del mismo órgano, la Visión.

    La “Globalización, es cierto que nos la envolvieron en aquel famoso papel de “Celofán” atado con cintas de colores y que finalizaban con un lazo. Ya el regalo gustaba aunque no lo hubiésemos abierto y visto, ni nos dijeran de qué se trataba.

    Con la Globalización quedaban atrás palabras como: Subdesarrollo, (Enmascarada con la de Países en vías de desarrollo), Colonización (enmascarada con Neocolonización, o sea cosa nueva, mejor).

    POR ELLO, GLOBOCOLONIZACIÓN ES LA PALABRA QUE NOS SITÚA EN LA JUSTA REALIDAD, DESEMASCARADA.

    ES LA PALABRA QUE DEFINE LA SITUACIÓN DE LOS POBRES DEL MUNDO, EN NOMBRE DE LOS CUALES F. BETTO, SIEMPRE HABLA.

  • Luison Abad dijo:

    D. Juan Águila , El término que Ud. propone es una “trouvaille” como
    dicen los franceses ,(que fueron quienes acuñaron “mundialización”
    para rechazar “globalización”) , y significa “acierto” . Y lo es
    realmente . Tal vez para uso nuestro y , de paso , además de darle
    contenido social e histórico a “globalización” , llamar las cosas
    por su nombre . Todo esto es efecto de la “definición de conveniencia” que tan bien manejan los “think tanks” imperiales y
    que Chomsky , allá por los sesenta , denunciaba proponiendo el
    concepto de “Etimología de conveniencia” ( como las banderas) , amén de la revolución que desencadenó en la “Comunicación” para felicidad de los linguistas y entusiasmo de los expertos en Metodología y Didáctica de la Enseñamza de Idiomas . Con mucho gusto nosotros vamos a emplear “Globocolonización” desde ya . Saludos . Luisón Abad .

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Frei Betto

Frei Betto

Teólogo brasileño y uno de los máximos exponentes de la Teología de la Liberación. Es el autor del libro “Fidel y la Religión”.

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